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EN LA ÉPOCA DE CARLOS

In document Gramatica de La Lengua Española (página 144-147)

Finalizada la Edad Media, comienza para las letras es- pañolas el siglo de oro, expresión que debe interpretar- se en sentido amplio, ya que abarca desde principios del siglo XVIhasta fines del XVII. Dada la diversidad de caracteres que presenta este período, es necesario divi- dirlo en dos épocas correspondientes a los menciona- dos siglos: el renacimiento y el barroco. En el siglo XVI, durante el reinado de Carlos V, domina una mentali- dad universalista, abierta al influjo italiano y a todas las tendencias estéticas que se extienden por el resto de Europa. La poesía adquiere un matiz italianizante, se aceptan con entusiasmo las ideas platónicas y la vida y el arte se impregnan de un tono de sereno optimismo. En este ambiente de bullicio literario y palaciego, el género más cultivado será la poesía.

EL HUMANISMO

El siglo XV había sido la gran época del humanismo italiano. El retorno a la cultura clásica, iniciado por Petrarca, fue imitado por una legión de escritores que propiciaron la resurrección de los autores grecolati- nos, que, más que olvidados, habían sido puestos al

servicio de la moral cristiana. En España, el movi- miento humanista contó con ilustres representantes, como los hermanos Valdés, Elio Antonio de Nebrija y Luis Vives. Juan de Valdés (1501-1541) estableció en su Diálogo de la lengua el criterio de la buena pro- sa como equilibrio entre latinismos y popularismos, y

Elio Antonio de Nebrija (1444-1522) escribió la pri-

mera gramática de la lengua castellana (Arte de la len-

gua castellana), que es también la primera gramática

impresa de una lengua vulgar. Por su parte, Luis Vi-

ves (1492-1540), sin duda la figura central del huma-

nismo español, fue lector de la reina de Inglaterra y catedrático en Oxford; fue autor de una extensa pro- ducción filosófica escrita enteramente en latín, sobre temas morales, sociales y lingüísticos.

LA POESÍA

Tras casi un siglo de duros intentos, se aclimata en Es- paña el sistema formal de la lírica italiana, gracias a la intervención del poeta barcelonés Juan Boscán,

DIÁLOGO DE LA LENGUA

Juan de Valdés defiende la claridad y la falta de afectación como criterio de la buena prosa: «Para deziros la verdad, muy pocas cosas observo, porque el estilo que tengo me es natural, y sin afetación ninguna escrivo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que sinifiquen bien lo que quiero dezir, y dígolo quanto más llanamente me es possible, porque a mi parecer en ninguna lengua stá bien el afetación. Quanto al hazer diferencia en el alçar o abaxar el estilo, según lo que scrivo, o a quien escrivo, guardo lo mesmo que guardáis vosotros en el latín.»

El humanista Elio Antonio de Nebrija y Don Juan de Zúñiga, maestro de Alcántara, que le está escuchando. Miniatura de la

145 quien, a instancias del embajador vene-

ciano, se anima a cultivar las formas métricas italianas. El principal méri- to de Boscán consistió en ser imitado por su amigo Garcilaso de la Vega, que adaptó definitivamente las nue- vas formas de versificar. La renova- ción de la poesía afecta no sólo a los metros, sino también a los temas y al estilo. El verso preferido por la poe- sía culta será de entonces en adelante el endecasílabo, mientras que el so- neto, el terceto, la lira y la canción sustituyen al romance y a la copla de arte mayor, típicos del siglo XV. El amor, la naturaleza y los mitos greco- latinos son los temas preferidos por los poetas renacentistas. El amor apa-

rece tratado, a la manera petrarquista, como un inten- so deseo insatisfecho, fuente de dolor y tristeza, o bien a la manera platónica, como un impulso lleno de espiritualidad. La naturaleza es el marco adecuado pa- ra los conflictos amorosos; es un mundo de armonía y reposo, símbolo de la perfección natural. Los mitos grecolatinos, desprovistos del sentido moral que les había impuesto el siglo XV, son también una fuente de inspiración. En cuanto al estilo, y a imitación de Pe- trarca, los poetas renacentistas buscan la belleza y ela- boran unas composiciones muy cuidadas, dotadas de una elegante naturalidad.

Garcilaso de la Vega

La máxima figura de la poesía de esta primera época es Garcilaso de la Vega (1501-1536). Aristócrata, mi- litar y profundo conocedor de la cultura clásica, de- dicó la mayor parte de su producción a un amor im- posible, puesto que la mentalidad renacentista impo- nía que la poesía se centrara en la «amada ideal» y, por tanto, imposible. Su producción poética es de re- ducidas dimensiones: una epístola, dos elegías, tres églogas, cinco canciones y treinta y ocho sonetos. Además de los sonetos, todos ellos de contenido amoroso, la obra más lograda de Garcilaso son las tres

Églogas. En ellas, el poeta utiliza el género pastoril pa-

ra expresar el sentimiento amoroso –un amor no co- rrespondido o la muerte de la amada– y describir el paisaje idealizándolo. La figura de la amada en la obra de Garcilaso no se limita a ser una mera encar- nación del ideal femenino, a la manera petrarquista, sino que es una mujer real, Isabel Freyre, quien le ins- piró al poeta una gran pasión amorosa. En cuanto a la naturaleza, el poeta describe un mundo de armo-

nía y reposo, que contrasta con su espíritu agitado, y que constituye un símbolo de la perfección natural. El estilo de Garcilaso se caracteriza, ante todo, por una elegante sobriedad, tanto en la descripción de sus sentimientos como en la descripción de la naturaleza; su lenguaje, llano y natural, es un ejemplo de claridad expresiva.

La reforma poética llevada a cabo por Boscán y Garcilaso obtuvo un rápido éxito en España, pero no llegó a eliminar totalmente los metros tradicionales, que siguieron cultivando algunos autores, reacios a adoptar las nuevas formas. Entre estos autores, cabe destacar a Cristóbal de Castillejo (1490-1550), autor de Reprensión contra los poetas españoles que escriben en

verso italiano.

EL TEATRO EN LA ÉPOCA DEL EMPERADOR

Dos autores representan la evolución del género en la primera mitad del siglo: Torres Naharro y Gil Vicen- te. Ambos parten del teatro de Juan del Encina y lo- gran crear unas piezas dramáticas que conjugan ele- mentos medievales y renacentistas, pero su técnica si- gue siendo rudimentaria. Bartolomé de Torres Naha-

rro (h. 1480-h. 1531) escribió ocho comedias,

reunidas en un volumen que tituló Propalladia. Estas LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO DE ORO. SIGLO XVI

Izquierda, edición conjunta de las obras de Juan Boscán y Garcilaso de la Vega, impresa en Barcelona en 1543. Derecha, retrato de Garcilaso de la Vega en un grabado del siglo XVIII. Con Garcilaso se adaptan definitivamente en España las nuevas formas italianas de versificar.

comedias, en cuyo prólogo se establece la primera teoría dramática de nuestra historia literaria, son una especie de entremeses costumbristas o historias con una intriga novelesca sencilla. Mucho mayor interés ofrece la producción dramática de Gil Vicente (h. 1465-h. 1536), nacido en Portugal, cuya obra está es- crita en portugués y en castellano. Entre su produc- ción religiosa destaca la Trilogía das barcas y, entre sus comedias, Don Duardos. El mérito del teatro de Gil Vicente consiste en saber aunar la tradición medieval –temas religiosos, estructura del verso– y el ambiente renacentista –temas mitológicos, exaltación del hom- bre y del paisaje–.

LOS LIBROS DE CABALLERÍAS

Los libros de caballerías, cuyo origen se sitúa en la Edad Media, consiguieron un notable éxito en el si- glo XVI y fueron el género novelesco más abundante en el reinado del Emperador. Una de las razones que justifican su popularidad es la exaltación del espíritu aventurero, que halló gran resonancia entre los espa-

ñoles en el momento de la conquista de América. Al primer Amadís le siguieron una serie de «Amadises», que prolongaban las hazañas del héroe y sus descen- dientes, así como una serie de «Palmerines». Los mo- ralistas clamaron repetidamente contra ellos, pero su éxito alcanzó a todas las clases sociales, hasta que de- cayó en el reinado de Felipe II.

El Lazarillo de Tormes

Frente a los dos géneros de «novela de evasión» –la novela de caballerías y la sentimental– aparece un nuevo género narrativo, que tiene en La vida de La-

zarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades su

obra maestra. Con esta obra (la primera impresión es de 1554 y de autor anónimo) se inaugura el género li- terario de la picaresca, que no tiene paralelo en nin- gún otro país. El pícaro, protagonista de estas obras, no es exactamente un aventurero; acepta la aventura en cuanto es indispensable para procurarse alimento y los móviles de su conducta son los que le dicta la rea- lidad cotidiana: la ley de la supervivencia en un mun- do de dureza y de hambre. Frente al héroe que lucha y cosecha victorias, el pícaro es el muchacho listo que sólo puede salir adelante gracias a su astucia, sin espe- ranza alguna de mejorar mediante un trabajo legítimo y medios honrados; recibe golpes de una sociedad que le es hostil y a la que dirige una mirada crítica y resig- nada a la vez. La novela picaresca se distingue de la narrativa de la época por unos rasgos de profunda ori- ginalidad. El hecho de escribirse en primera persona y de que no exista propiamente un argumento, sino que la sucesión de hechos alcance su unidad gracias a la experiencia personal del protagonista, hacen del gé- nero un precedente de la novela moderna. El Lazari-

llo de Tormes está escrito en forma de autobiografía

ficticia, una carta en la que el protagonista se dirige a un señor innominado y, con el pretexto de explicarle

LA NATURALEZA EN LA POESÍA DE GARCILASO

Garcilaso nos presenta una naturaleza idealizada, en la que todo tiende a producir una sensación de armonía y sosiego. Veamos algunos ejemplos de sus descripciones: Un «verde prado de fresca sombra lleno», en el que un «viento fresco, manso y amoroso» mece suavemente «los verdes sauces» o alguna «alta haya»; un «dulce y claro río», cuyas «corrientes aguas, puras, cristalinas» bañan con «manso ruido» alguna «verde y deleitosa ribera» «sembrada de flores» donde se escucha el «dulce canto» del ruiseñor o el susurro de «las solícitas abejas».

Grabado de la portada de La vida

de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, edición

del siglo XVI. Con esta obra se inaugura el género literario de la picaresca y por primera vez se presenta como materia de arte la vida de un personaje oscuro, que vive al margen de la sociedad.

su situación final, va narrando distintos episodios de su vida al servicio de varios amos: un ciego, un cléri- go avaro, un escudero pobre y hambriento, un fraile mercedario, un buldero farsante y un alguacil; episo- dios independientes entre sí, pero engarzados por el hilo conductor del hambre. La narración de Lázaro, escrita en un lenguaje espontáneo, directo y lleno de expresiones populares, constituye una de las mejores estampas ilustrativas de ciertos aspectos de la sociedad española del siglo XVI, que los demás géneros litera- rios habían silenciado.

El éxito obtenido por el Lazarillo de Tormes no su- puso una continuidad en el género; sólo medio siglo más tarde se reanudará el género picaresco, con unas características distintas, consecuencia de unas cir- cunstancias históricas también diferentes.

EL RENACIMIENTO

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