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II 0.2.3 .Pragmática literaria

II. 3.4 ¡Esto es Troya!

II.3.7. Érase una vez la revolución

Érase una vez la revolución

José Manuel Ballesteros Pastor (1998) Everest-Punto de Encuentro

Grupo de alumnos: 1º ESO

IES JAIME FERRÁN CLÚA 2007-08

(I). NIVEL DE COMPLEJIDAD ESTRUCTURAL

BAJO

Segmentación Acto único; 53 pp. Personajes 16

Inicio Abrupto

Tiempo-Espacio Estructura lineal con elipsis.

(II). NIVEL DE DIFICULTAD DE VOCABULARIO

(Pronunciación y comprensión) MEDIO

Nivel culto Heraldo, voz abaritonada, manijero, altisonante, soez

Nivel estándar Sí; informal: chorva, viejo, chata

Argot juvenil _

(III). NIVEL DE CONOCIMIENTOS PREVIOS

ALTO

Histórico-político Revolución francesa y sus personajes: Luis XVI, Napoleón; clases sociales: burguesía, aristocracia Social-artístico _ Intertextual _ (IV) NIVEL DE IMPLICATURAS PRAGMÁTICAS ALTO Intencionalidad Implícita

Principal: lucha histórica de clases

Secundaria: ineptitud de gobernantes, sátira a las dictaduras

(V). GRADO DE COMICIDAD

MUY ALTO

SIMPLE Y COMPLEJA

Situacional Sí: actualizaciones

Carácter Rey ( caprichoso); Rosita ( pija) Napoleón ( chulo) Escatológica Sí ( leve : parece un poco estreñido)

Dilogía Sí: Su graciosa majestad. Oye que yo soy muy serio. Ironía / Parodia Sí: ¡Liberté, fraternité, chocolaté!

(VI) EMPATÍA PERSONAJES

MEDIO

Napoleón y Rosita

Por comicidad. Él un chulo, ella una pija. caprichosa

(VII) COMPRENSIÓN GLOBAL (VIII) INTERÉS COMPRENSIÓN GLOBAL (IX) FACILIDAD REPRESENTACIÓN

0 1 2 3 4 5 6 7 8 V A L O R A C N Estruc tura Voc abul ario Conoc imie ntos Impl icatur as Com icida d Pers onaje s Com prens ión Inter és Repr esent ación INDICADORES DE IDONEIDAD

Érase una vez la revolucón/ José M. Ballesteros Pastor/1º ESO /

a) Perfil de alumnos

Grupo flexible reducido de nivel bajo en la materia de Lengua Castellana y Literatura. Escasa motivación por la lectura y desinterés académico, en general.

b) La obra y el autor

José Manuel Ballesteros67 es escritor de narrativa infantil y juvenil, con obras como la serie Las aventuras de Pepe68 y ha escrito otras obras de teatro juvenil: La foto

de Navidad, Joe Bombitas” (inédita), Historias del love feroz” (inédita). En sus obras

declara tener en cuenta el destinatario adolescente al plantear el tema: “Solo me ha condicionado el que fuese un tema educativo y actual, pero como plataforma para estimularle (al adolescente) la capacidad de reflexión, de toma de conciencia de sí mismo y de la realidad que vive y a la que tiene que dar respuestas. Pero sin mediatizar o manipular el tema con ninguna ideología subyacente, sino la propia dinámica creada por los conflictos del planteamiento. La finalidad es sobre todo recreativa, pero como un primer paso para captar luego la atención hacia otros objetivos”. Insiste en no manipular ideológicamente al lector. “No querer dirigir al adolescente hacia mis ideas

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Declaraciones del autor que han sido obtenidas en cuestionario personal que adjuntamos en Anexo VI. 2 68

Ediciones el Almendro de Córdoba. Una media docena de novelas con el mismo protagonista en distintos escenarios.

personales, sino despertarle para que él elabore sus propias reflexiones, las contraste con las de otros y vaya, así, creciendo en la madurez de su persona y en el análisis de la realidad”. También le ha influido en la construcción de personajes arquetípicos, con los que pudiese identificarse fácilmente.

Respecto al género que predomina en sus obras, depende del tema. “Generalmente mezcla entre cómico y dramático. Cómico en el armazón; dramático en el fondo”.

Entre los diferentes recursos de comicidad declara usar la ironía. “La ironía, pero huyendo siempre de la grosería y la chabacanería. Una ironía sacada de lo que rodea al adolescente: televisión, modas, maneras de hablar...; incluso de él mismo, y dándole un giro que sorprenda y aligere el texto y el drama. Es decir, actualizando lo más posible el texto.”

Su teatro es esencialmente dramático y prescinde de los vínculos con lo narrativo. “El narrador en el teatro debe ser la acción en sí misma, la palabra y el movimiento de los personajes ante el espectador. Es lo característico de este género; por eso es teatro. La palabra (y el silencio) es el alma del teatro”.

Respecto a la puesta en escena explicaLa escena está concebida de la manera más sencilla, seleccionando los elementos más expresivos; con las menos complicaciones posibles, para hacer de la obra algo asequible a todas las posibilidades de montarla: número de actores, local, nivel de experiencia en teatro; incluso la posibilidad económica”

En relación con el lenguaje, el autor defiende la “sencillez, expresividad, juegos de palabras... Vocabulario adaptado a la trama, dejando cierto margen de libertad para variar el texto y adaptarlo a las circunstancias del grupo que lo va a representar; para la improvisación. Texto conciso, sin parrafadas; con un intercambio ágil entre los distintos personajes, y muy acompañado por la escenificación, por la mímica: movimientos; cambios en los registros de la voz, en los tonos, en el volumen...”

Entre las corrientes en las que ubica su teatro destaca “Desde el teatro del astracán al del absurdo, pasando por el surrealista, el esperpento y el teatro “pánico” (Fernando Arrabal), pero huyendo siempre de intelectualizar el texto”

La edición de Punto de Encuentro presenta una portada atractiva, con la ilustración a color de un Napoleón con gafas de sol. No incluye más ilustraciones.

c) Indicadores negativos de idoneidad

La mayor dificultad en la construcción del significado de la obra consiste en el conocimiento del mundo que se presupone en los lectores implícitos. En realidad, parece que el dramaturgo quiere enseñar historia a través de la farsa, valor añadido al propiamente literario. Ya desde la acotación inicial encontramos referencias históricas (Luis XVI, Nobleza, Burgueses, Pueblo Llano, Aristocracia), musicales (minué). El lector no reconoce el periodo histórico, ni los acontecimientos fundamentales como la Revolución Francesa, por lo que no capta el sentido de frases que hacen alusión a sus símbolos como “¡Vayamos a la Bastilla! (Ballesteros 1998: 21), ni tampoco a los filósofos Rosseau y Voltaire (Blanco, 2001: 28) o el propio Napoleón. Del mismo modo ocurre con la anécdota de la obra, la prohibición de dejar pasar al baile real a los burgueses, que es lo que mueve la revolución, con acciones como la del Hijo, que se quita el lazo del cuello, lo arroja al suelo, y lo pisa gritando “¡Fuera privilegios! Todos somos iguales”. A los alumnos se les escapa el significado pues la acción no tiene sentido, si no es como trasunto del acontecimiento histórico (Blanco, 2001: 33). En realidad, la obra es idónea para explicar de forma entretenida qué fueron las revoluciones burguesas. Pero, la reflexión a posteriori se hace imprescindible.

La edición no presenta notas para la puesta en escena, sino que es a través de la acotación como se van desvelando los elementos escénicos. Así los lectores no tienen dificultad para imaginar la división en tres zonas, una para cada grupo social. Pero, algo más complicado les resulta recrear mentalmente el efecto de acción congelada, que ha sido preciso explicarles, o el juego de luces descrito.

Algunos recursos de humor resultan fallidos. No se infiere la parodia de los nombres Señor de Lapatacoja y Conde Laperdí, ni el sentido de la expresión mal comprendida por el rey su “graciosa majestad”. Igualmente falla en el lector implícito

el reconocimiento de temas musicales parodiados, como la canción “Si vas a París, papá” o “La calle de Alcalá”, (Blanco, 2001; 36)

Algunos términos desconocidos dificultan la comprensión, por ejemplo Heraldo, manijero, remedan, cofradía, tiranía, altisonantes, soez.

La obra presenta un ejemplo de repropuesta, en términos de Cervera (II. 0.1.6), al introducir la canción “Un carro de trigo / pasó por aquí. /Brillaba la calle/ y yo no lo vi”. Se repite en varias ocasiones y los lectores no saben dar sentido a su aparición, ni a los versos.

d) Indicadores positivos de idoneidad

Los diálogos fluidos, de apenas una oración o enunciado permiten una lectura atenta. En especial las escenas de reivindicación del pueblo en la que pueden participar muchos lectores con una frase (Blanco, 2001: 21-22). Este protagonismo coral resulta idóneo ya que aunque los personajes son tipos sin desarrollo, de ahí su nombre genérico- Hombre, Mujer, al que se le añade un número-, provoca que todos se sientan partícipes.

El personaje que genera una mayor empatía es Rosita, la joven burguesa que desea ir al baile con un vestido nuevo y suplica a su padre que le permita asistir. Su frivolidad no resulta un obstáculo, porque la hace más cómica. Así cuando exclama: “¡Oh, papi, vayamos a la Revolución! ¡Tiene que ser tan divertida!” (Blanco, 2001: 35) o cuando más adelante habla con toda confianza de “¡Napo!, que es más sexi” , a quien ha conocido en el club y del que se dice que es un gran bailarín y excelente militar. Se enamora locamente, por lo que los diálogos entre ambos son seguidos con devoción por el grupo. De nuevo este componente sentimental tiene inevitablemente éxito entre los lectores adolescentes, por más surrealista que sea el encuentro. Recordemos que la etapa se caracteriza por ese estado emocional cambiante, las ensoñaciones y los primeros devaneos amorosos.

Junto a ella el personaje de Napoleón, motorista guaperas será acogido con entusiasmo. El personaje desarrolla su comicidad por la vía lingüística empleando argot coloquial: chorva, viejo, passa, muermo, guapetona. Especialmente hilarante es la escena en que habla por teléfono con la Guerra para pedir armas y cuando adopta el estereotipo de espía. El chico que interpretaba el papel, improvisó una voz secreta tapándose la boca, espontáneamente, para darle mayor verosimilitud (Blanco, 2001: 47)

Otros personajes son también tipos cómicos muy recurrentes como la madre protectora que teme que su hijo se enfríe en la Revolución, o preocupada por lo sucio que ha vuelto (Blanco, 2001: 39), y por quedar bien ante su yerno. O Josefina, que aparece como si anunciase un producto de limpieza, lo que provoca la risa al reconocer

el hipotexto: “Soy una mujer moderna. Uso “Ajajax “bioactivo” (Blanco, 2001: 51)

Surgen escenas cómicas verbales basadas en elementos simples como la repetición a velocidad creciente de una frase a modo de “pelea de gallos”, por ejemplo entre Heraldo / Pueblo y Burgueses en las páginas 17-19, que sí divierte a los lectores, capaces de leer cada vez con más soltura. Especialmente eficaz es el humor que alude a

conocimientos que supuestamente deben tener los lectores. Así, cuando se alude al desconocimiento de la ortografía de la palabra volar por parte del conde (Blanco, 2001: 25) y cuando Rosita demuestra no saber que Napoleón es un general lo que provoca la consabida frase de su padre “ No sé qué es lo que os enseñan ahora en las escuelas” (Blanco, 2001: 42); o bien aspectos escatológicos como cuando se compara el baile de rey “como si estuviese un poco estreñido” (Blanco, 2001: 26), o cuando la madre le dice al hijo revolucionario que si lleva los calzoncillos limpios (Blanco, 2001: 35) . Los nombres de los nobles muy ridículos sí les divierten como Vizconde de Medio Ojo, Caballero de San Pompilio, Ayudante del Retrete de su Majestad, Duque de las Dos Piernas y Un Brazo etc. En varias ocasiones el humor reside en el disparate verbal, al unir términos aparentemente disociados como Legalité / Té/ Café (Blanco, 2001: 34) que genera situaciones surrealistas, mecanismo fácilmente reconocible y que resulta hilarante a estos jóvenes lectores. Otras veces la comicidad debe imaginarse pues se basa en elementos no verbales lo que no provocan en la lectura el mismo efecto que imaginamos será en la representación. Así cuando se reproduce un paso de Semana Santa, con sus cofradías, ritmo y esfuerzos pero soportando el Pueblo no a los Santos, sino el peso de los Nobles; o cuando los Burgueses y Pueblo se pelean por ocupar el trono; sí, en cambio, hace reír a los lectores la acotación en la que el Heraldo hace una pedorreta con la boca (Blanco, 2001: 30)

La lectura de la obra fue valorada positivamente por los alumnos, que si bien no comprendieron ciertas alusiones históricas y de humor, sí les resultó muy atractiva. La estructura lineal y su brevedad, junto con la sencillez de la puesta en escena y la pluralidad de personajes, la hacen idónea para la representación por adolescentes de 3º de ESO. Ante la dificultad de reconocimiento de los acontecimientos históricos aludidos parece más recomendable su lectura en 2º de ESO, aunque con las explicaciones pertinentes el texto se puede leer en 1º de ESO.