vuestro Dios ha mandado enseñaros para que los pongáis en práctica en la tierra a la que vais a pasar para tomar posesión de ella. 2 Así temerás a Yahvé tu Dios, guardando todos los preceptos
y mandamientos que yo te prescribo hoy*, tú, tu hijo y tu nieto, todos los días de tu vida, y así se prolongarán tus días. 3 Escucha,
Israel; esmérate en practicarlos para que seas feliz y te multipli- ques, como te ha prometido Yahvé, el Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel.
V. 2 El TM no dice «hoy», pero sí el Pentateuco Samaritano y los LXX. Dada la importancia teológica que tiene el «hoy», como actualización constante de la Alianza, en el libro del Deuteronomio, parece razonable optar por su inclusión.
Este capítulo puede dividirse en cuatro partes: a) 6,1-3: evocación de los mandamientos como fuente de felicidad; b) 6,4-9: el manda- miento principal que nunca debe olvidarse: el amor total a Yahvé; c) 6,10-19: llamada a la fidelidad a Yahvé, prohibición de acudir a otros dioses bajo amenaza de destrucción y obligación de guardar sus mandamientos; d) 6,20-25: educación de los hijos en la Ley, en su observancia y en su motivación.
Los vv. 1-3 introducen la sección de Dt 6-11 (la cual a su vez incluye otras sub-introducciones en Dt 8,1 y 11,1). Dt 5,27 - 6,3 conforman un quiasmo, cuyo centro es 5,32-33, que sirve de puente entre el Decálogo y las exhortaciones a cumplir la Ley deuteronómica. La palabra tra- ducida por “mandamientos” (v. 1) está en singular, lo que ha hecho suponer a más de un autor que se refiere al gran mandamiento que se enuncia después en los vv. 4-9, el Shemá (otros creen que se refiere al De cá logo), mientras que los “preceptos” y “normas” se referirían al Có di go Deuteronómico (Dt 12-26). De alguna manera Dt 6-11 confor-
maría un gran comentario al Shemá. Dado que los vv. 2-3 han pasado de la segunda persona del plural (v. 1) a la segunda del singular, se consideran un añadido posterior. El guardar los mandamientos for- ma parte esencial del temor a Yahvé (véase Dt 4,10; 5,26; 6,13.24; 8,6; 10,12.20; 13,5; 14,23; 17,19; 28,58; 31,12-13) y es fuente de bienestar para todas las generaciones de Israel. Ben Sira, hacia el 180 a.C., iden- tifica la Sabiduría personificada con la Ley (Si 24), de modo que cum- pliendo ésta se adquiere sabiduría. En una clara analogía con este episodio, el Evangelio de Juan enfatizará que amar a Jesús implica también guardar sus mandamientos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14,15). La descripción del país a conquistar como una tierra que mana leche y miel (¡lo mismo se dice de Egipto excep- cionalmente en Nm 16,13!) ya apareció en Ex 3,8.17 y en Lv 20,24, pero es mucho más frecuente en el Deuteronomio (6,3; 11,9; 26,9.15; 27,3; 31,20; véase Jos 5,6). En textos ugaríticos, que emplean expre- siones semejantes aunque no iguales, en particular en “El combate de Baal y Mot”, la prueba de que Baal no ha sido derrotado por Mot (la muerte) es que los cielos lloverán aceite y los torrentes fluirán miel (véase KTU 1,6; III,12-13). El Cantar de los Cantares utiliza la leche y miel como imagen sensual del amor entre amantes (Ct 4,11; 5,1).
El mandamiento principal: el amor a Yahvé (6,4-9)
4 *Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios es el único Yahvé. 5 Amarás
a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con todas tus fuerzas. 6 Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. 7 Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en
casa como si vas de viaje, así acostado como levantado; 8 las atarás
a tu mano como una señal, y serán como una insignia* entre tus ojos; 9 las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas.
V. 4 Antes de «Escucha, Israel», los LXX dicen: «Éstos son los decretos y las normas que mandó el Señor a los hijos de Israel en el desierto, cuando fueron sacados de la tierra de Egipto». Se trata de la inserción de una fórmula introductoria similar a la de Dt 4,45.
V. 8 El término hebreo traducido aquí por «insignia» (o «señal», «recordatorio») sólo aparece aquí y en Ex 13,16 y Dt 11,18. Su traducción no es fácil, y en los targumes suele traducirse por «oraciones» o, del griego, «filacterias» («salvaguarda», «defensa», «amuleto»). Algunos sugieren traducir «cinta». En la Misná (Shabbat 6,1) este término está asociado a los adornos de la mujer.
Los vv. 4-9, más que una oración, constituyen una auténtica procla- mación de fe. Es el famoso Shemá (“escucha”). Para Jesús supone el mayor y primer mandamiento (véase Mc 12,29), al igual que para los rabinos, que lo consideran el más importante de los 612 mandamien- tos de la Ley. La frase YHWH ’eˇlo-hênû YHWH ’eh.a-d (lit. «Yahvé nuestro Dios Yahvé uno») del v. 4 es elíptica y omite todo verbo. Puede admitir cuatro traducciones: 1) «Yahvé es nuestro Dios, Yahvé es uno»; 2) «Yahvé es nuestro Dios, Yahvé solo»; 3) «Yahvé nuestro Dios es un (solo) Yahvé»; 4) «Yahvé nuestro Dios, Yahvé es uno». Las dos primeras traducciones no parecen probables, pues en el Deuteronomio YHWH
’eˇlo-hênû nunca aparecen como sujeto y predicado, sino como aposi-
ción entre sí (véase 1,6; 5,2; 6,20.24.25), y la cuarta traducción ofrece un sujeto discontinuo. Por esta razón, se prefiere la tercera traducción o similares como «Yahvé nuestro Dios es el único Yahvé», por la que opta la Nueva Biblia de Jerusalén. Esta traducción enfatiza la unidad de Yahvé (véase Is 44,5-6; 45,6.14.18.22; 46,9), quien no se despliega en diferentes formas o manifestaciones como los distintos Baales (véase 1 S 7,4), y quizá también su unicidad dentro de un estricto monoteís- mo: sólo Yahvé es Dios... y para todas las naciones (véase 1 R 8,60; Za 14,9). De esta manera, la fórmula podía conjugar dos ideas: por un lado, que Yahvé es incompatible con la adoración a otros dioses (lo que supone una defensa de la monolatría); por otro, que el culto a Yahvé no se puede fraccionar en diferentes cultos locales, como «Yahvé, Señor de los ejércitos» en Jerusalén, «Yahvé de Betel», «Yahvé de Samaría», «Yahvé de Hebrón» (lo que supone una defensa de lo que algunos auto- res denominan “monoyahvismo” frente al “poliyahvismo”).
La relación que ha de establecer el israelita con Yahvé debe estar basada fundamentalmente en el amor (v. 5; véase Jc 5,31), y no sim- plemente en una visión legalista. Es un amor recíproco (Dt 7,8; véase Os 1-3). Los términos “corazón”, “ser” y “fuerza”, que sirven para designar la búsqueda y entrega amorosa del israelita a Yahvé, son recurrentes en la literatura deuteronomista (Dt 4,29; 10,12; 11,13; 13,4; 26,16; 30,2.6.10; Jos 22,5; 23,14; 2 R 23,3.25). Este concepto de amor en el contexto de una estructura de alianza parece derivarse tan- to de los tratados del Próximo Oriente antiguo, en los que el vasallo es obligado a amar al soberano y servirle, como es el caso del “juramen- to de fidelidad de Asaradón” (del siglo VII a.C.), como de la insistencia
del amor mutuo desarrollada por los profetas. Se trata de un amor del corazón, que según la antropología hebrea incluye las emociones, la mente y la voluntad (véase Gn 8,21; Os 7,11; Jr 5,21), y de un amor de todo el ser humano en su integridad.
Los vv. 6-9, de cierto tono catequético, insisten en que Israel nunca debe olvidar las “palabras”, lo cual puede referirse tanto al Shemá como al conjunto de normas del Deuteronomio (Ex 13,9.16 enfatiza lo mismo, pero, más que con las palabras, lo relaciona con la acción sal- vífica de la liberación de Egipto). Llevarlas en el corazón significa hacerlas propias, siempre presentes, y cumplirlas a lo largo de la vida. Repetir estas palabras “en casa”, “de viaje”, “acostado” o “levantado” (v. 7), expresiones en conjunto de totalidad, significa repetirlas siem- pre (como en Dt 11,18-19). La expresión figurativa del v. 8 (no así el v. 9) de llevar atadas a la mano como una señal estas palabras fue toma- da literalmente por el Judaísmo posterior, que usó de filacterias (véase Mt 23,5). En Pr 3,3; 6,21 y 7,3 se habla en sentido figurado de las ins- trucciones sapienciales, que deben llevarse atadas a cuello y dedos y grabadas en el corazón, y en Ct 8,6 del amor de los amantes sellado en sus corazones. El Talmud de Babilonia recomienda que el rey lleve unido a su brazo el libro de la Ley (véase Sanedrín 22a; véase Dt 17,19). En Qumrán se han encontrado filacterias que contienen el texto de Dt 5,22-6,9. Según la Misná, las mujeres, los esclavos y los menores esta- ban dispensados de la recitación del Shemá y de las filacterias, aunque estaban obligados a la tefilá (oración que contenía diecinueve bendi- ciones), a la mesusá (pequeño recipiente que contiene fragmentos del Deuteronomio que suele colocarse al umbral de la puerta de entrada en las casas) y a la bendición de las comidas (véase Berakot 3,3).
Llamada a la fidelidad a Yahvé (6,10-19)
10 Cuando Yahvé tu Dios te haya introducido en la tierra que ha
de darte, según juró a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob: ciudades grandes y hermosas que tú no has edificado, 11casas llenas de toda
clase de bienes, que tú no has llenado, cisternas excavadas que tú no has excavado, viñedos y olivares que tú no has plantado, cuando comas y te hartes, 12cuídate de no olvidarte de Yahvé que te sacó del
país de Egipto, de la casa de servidumbre. 13 A Yahvé tu Dios teme-
14 No vayáis detrás de otros dioses, de los dioses de los pueblos
que tendréis a vuestro alrededor, 15 porque Yahvé tu Dios, que está
en medio de ti, es un Dios celoso. La ira de Yahvé tu Dios se encen- dería contra ti y te haría desaparecer* de la faz de la tierra. 16 No
tentaréis a Yahvé vuestro Dios, como le habéis tentado en Masá. 17
Guardaréis cuidadosamente los mandamientos de Yahvé vuestro Dios, los estatutos y preceptos que te ha prescrito, 18 harás lo que es
recto y bueno a los ojos de Yahvé para que seas feliz y llegues a tomar posesión de esa tierra buena que Yahvé prometió con jura- mento a tus padres, 19 arrojando ante ti a todos tus enemigos, como
te ha dicho Yahvé.
V. 13 Los LXX, Mt 4,10 y Lc 4,8 añaden «sólo», quedando la frase «sólo a él ser- virás».
V. 15 El targum Pseudo Jonatán añade «pronto».
Los vv. 10-12 recuerdan a Israel que nunca debe olvidar que el Yahvé de la promesa a los patriarcas (Abrahán, Isaac y Jacob) y que les liberó de Egipto es el mismo que les entregará gratuitamente las ciudades, viñedos y olivares de Canaán, que Israel no edificó ni traba- jó. Es decir, Yahvé sigue siendo el Dios de Israel tanto en el desierto como en la ciudad. Por tanto, sólo Yahvé es el Señor de la tierra y de su fertilidad, por lo que Israel no debe ni puede buscar apoyo en otros dioses locales. La invitación a recordar indica el carácter litúrgico de este material, ya que el objetivo principal de la liturgia es la anamne-
sis (hebreo zikkarôn), que recuerda y actualiza los acontecimientos
salvíficos del éxodo y la alianza. Los verbos “temer”, “servir” y “jurar por” del v. 13 resumen los deberes religiosos y morales que debe cum- plir todo israelita con respecto a Yahvé (véase Dt 10,20, donde se aña- de el deber de apegarse a Yahvé). Servir a Yahvé (v. 13), el Dios de la liberación, es lo opuesto a vivir en Egipto, «la casa de servidumbre» (v. 12), y «jurar en su nombre» significa reconocer que sólo Yahvé (y ningún otro dios; véase Jr 5,7) es el árbitro supremo en los juicios (véase Jr 12,16-17; Sal 63,12).
Los vv. 14-19 explicitan precisamente el celo de Yahvé y la prohi- bición de acudir a otros dioses de pueblos vecinos (lo que da a enten- der que los pueblos cananeos de la tierra ya han sido destruidos; véa-
se 7,1-2). Precisamente, el v. 15, que recuerda el celo y a la ira de Yahvé (véase 5,9), se sitúa justo en el centro de los vv. 10-19. Acudir a otros dioses es “tentar” a Yahvé (v. 16), es decir, ponerle a prueba como en Masá, donde el pueblo, ante la falta de agua, desconfió de su benevolencia (véase Ex 17,1-7; Nm 20,2-13; también Dt 9,22; 33,8; Sal 78,18.19.41.56; 95,9; 106,14). Tentar a Yahvé es, por un lado, no tomar en serio la amenaza del castigo del v. 15, y, por otro, lo opuesto a temerle y cumplir su voluntad (vv. 17-18; véase 5,31-33; 6,1). Hacer «lo que es recto y bueno a los ojos de Yahvé» (v. 18) es una expresión típica de la literatura deuteronómica (véase Dt 12,25; 13,19; 21,9; 1 R 11,36.38). El mismo Jesús se servirá de Dt 6,16 para rechazar la ten- tación del diablo (véase Mt 4,7). El v. 19, un tanto abrupto, suele con- siderarse una adición tardía, si bien no desentona con el contexto de la conquista de la tierra.
Educación de los hijos en la Ley (6,20-25)
20 Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: «¿Qué son estos
estatutos, estos preceptos y estas normas que Yahvé nuestro Dios os ha prescrito?», 21 dirás a tu hijo: «Éramos esclavos del faraón en
Egipto, y Yahvé nos sacó de Egipto con mano fuerte. 22 Yahvé rea-
lizó a nuestros propios ojos señales y prodigios grandes y terribles en Egipto, contra el faraón y contra toda su casa. 23 Y nos sacó de
allí para traernos y entregarnos la tierra que había prometido con juramento a nuestros padres. 24 Y Yahvé nos mandó que pusiéra-
mos en práctica todos estos preceptos, temiendo a Yahvé nuestro Dios, para que nos vaya siempre bien y nos mantenga en vida como el día de hoy. 25 Tal será nuestra justicia*: cuidar de poner en prác-
tica todos estos mandamientos ante Yahvé nuestro Dios, como él nos ha mandado».
V. 25 Los LXX traducen «compasión», y la Vulgata, «misericordia».
Los vv. 20-25 pueden considerarse una especie de catequesis judía para los niños. Se trata de la hagadá de la Pascua (véase Ex 12,26-27; 13,8-9). Cada niño debe ser instruido cuidadosamente en la alianza, en las acciones salvíficas de Yahvé (véase Ex 13,14) y en los deberes
correspondientes de Israel. Estos versículos, junto con Dt 26,5-10 y Jos 24,2-13, conforman lo que se ha denominado los “credos históri- cos” de Israel, que recuerdan a las generaciones futuras de Israel todo lo realizado por Yahvé a favor de su pueblo (véase Dt 4,34). El v. 22 parece combinar expresiones de Gn 12,17 («grandes y terribles», «contra el faraón y contra toda su casa») con expresiones de la tradi- ción de las plagas del Éxodo («señales y prodigios»; Ex 4,21; 7,3; 11,9- 10; véase Dt 4,34; 7,19; 26,8; 29,2; 34,11). El v. 23 enfatiza que el moti- vo de la liberación es la entrega de la tierra a Israel como cumpli- miento del juramento hecho a los patriarcas. El auténtico Señor de Israel no es el faraón, sino Yahvé (véase Lv 19,36-37; 25,42.55). El v. 24 da por supuesto que la entrada en la tierra ya se ha producido y utiliza, una vez más, la actualizante referencia temporal «el día de hoy». El término del v. 25 generalmente traducido por “justicia” pue- de tener el sentido de justicia moral o de inocencia legal. En este caso es traducido por los LXX como “compasión” y por la Vulgata como “misericordia”. En esta línea, algunos autores prefieren traducirlo por “favor”, entendiendo el versículo como «Y favor nos será conce- dido si tuviéremos cuidado de poner por obra todos estos manda- mientos...». La justicia es una de las cualidades fundamentales de Yahvé y se convierte a su vez en un imperativo ético para su pueblo Israel (véase Dt 33,21). Otros lo traducen como “mérito”, como en Dt 24,13 (sentido parecido puede tener en Gn 15,6).
Exhortación a destruir todo culto idolátrico (7,1-6)