8 1 Poned en práctica todos los mandamientos que yo os prescribo
15 que te ha conducido a través de ese desierto grande y terrible
entre serpientes abrasadoras* y escorpiones, lugar de sed y sin agua, pero hizo brotar para ti agua de la roca más dura; 16 que te
alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para al final hacerte feliz. 17 No digas en tu corazón: «Con mi propia fuerza y el poder de
mi mano me he creado esta riqueza», 18 sino acuérdate de Yahvé tu
Dios, que es el que te da la fuerza para crear la riqueza, cumpliendo así la alianza que bajo juramento prometió a tus padres*, como lo hace hoy. 19 Pero si llegas a olvidarte de Yahvé tu Dios, si sigues a
otros dioses, si les das culto y te postras ante ellos, yo certifico hoy contra vosotros que pereceréis. 20 Lo mismo que las naciones que
Yahvé va destruyendo a vuestra llegada, así pereceréis también vosotros por haber desoído la voz de Yahvé vuestro Dios.
V. 1 «Entréis y poseáis (o “toméis posesión de”)», traduciendo literalmente, mejor que «lleguéis a tomar posesión de». La traducción literal permite captar mejor la secuencia de verbos.
V. 7 (a) Otros prefieren traducir la conjunción hebrea como «cuando» en lugar de «ahora».
(b) Los LXX, el Pentateuco Samaritano, 4QDeutf, 4QDeutj y 4QDeutn de Qumrán,
después de «buena», añaden «y extensa», como en Ex 3,8.
V. 12 El TM no tiene el lógico «en ellas», pero sí los LXX y 5QDeutcoit de Qumrán.
V. 15 Aparte de «abrasadoras», otra posible traducción es «venenosas» o «ponzoño- sas». Algún autor traduce «voladoras».
V. 18 El Pentateuco Samaritano y 5QDeutl 2,9 de Qumrán añaden «a Abrahán,
Isaac y Jacob», como en Dt 9,5.
Este capítulo puede dividirse de la siguiente manera: a) 8,1: exhor- tación parenética; b) 8,2-6: argumentación histórica sobre las leccio- nes del desierto; c) 8,7-18: amenazas y tentaciones del futuro al llegar a la tierra buena); d) 8,19-20: maldición condicionada. Se han pro- puesto otras estructuras quiásticas que subrayan el imperativo del
v. 11 como el centro de las mismas, como por ejemplo la siguiente estructura de los vv. 2-16: A) 8,2-6: el desierto; B) 8,7-10: la tierra; C) 8,11: imperativo central; B’) 8,12-13: la tierra; A’) 8,14-16: el desierto. Como ocurre con otros, no es un capítulo homogéneo: los vv. 1 (el pri- mero) y 19-20 (los últimos), probablemente obra de un redactor tar- dío, comienzan con la segunda persona del singular, pero concluyen dirigiéndose a la segunda persona del plural, mientras que el resto del capítulo se dirige a la segunda del singular, indicio probable de que dichos versículos son una inclusión redaccional que enmarca el capí- tulo. Varios autores consideran los vv. 7-11a y 12-18 como los más antiguos, y los vv. 2-6 y 11b una expansión tardía de índole legal.
Este capítulo sigue en parte la argumentación de 6,10-19. En su conjunto, previene a Israel de los peligros de olvidarse de Yahvé, una vez instalado en una tierra tan buena. La opulencia y bienestar, que contrasta con las penalidades “pedagógicas” vividas en el desierto, no deben hacerle olvidar que son don de Yahvé y que Israel sigue depen- diendo de él. “Recordar” (v. 2) y “olvidar” (v. 11) son verbos importan- tes en este capítulo, antagónicos entre sí y correlativos, respectiva- mente, a los verbos “guardar” (v. 6) y a “descuidar” o “incumplir” (v. 11) los mandamientos.
El v. 1 exhorta a guardar los mandamientos de Yahvé como fuente de beneficios para Israel: vivir, multiplicarse, entrar en la tierra pro- metida y tomar posesión de ella. Este versículo incluye el actualizante “hoy”. Por el contrario, el v. 20 describirá las consecuencias negativas de su incumplimiento. Ambos versículos abren y cierran en forma de inclusión el capítulo. El v. 1 (al igual que los vv. 11 y 19) subraya el papel mediador de Moisés, de modo que parece que es él, y no Yahvé, quien prescribe dichas normas.
Los vv. 2-6 muestran la pedagogía de las pruebas en el desierto, otro ejemplo de “evidencia desde la historia”. El v. 2 invita a recordar (verbo que vuelve a aparecer en el v. 18) el “camino” (el término hebreo puede significar tanto camino como “tarea a emprender”) que Yahvé hizo recorrer a su pueblo durante los cuarenta años vividos en el desierto (véase Dt 2,7; Am 2,10). Su finalidad consistía en «humillar- te», «probarte» y «conocer lo que había en tu corazón». Las pruebas por las que pasó Israel en el desierto son detalladas en los libros de Éxodo y Números. Aquí sólo se alude a ellas de manera general a tra-
vés de verbos que expresan sufrimiento («humillar», «pasar ham- bre»), y de manera particular aludiendo al episodio del maná (v. 3; véase Ex 16; Nm 11,16-23). Son presentadas como el reverso de la intentona israelita de “tentar” (el mismo verbo hebreo que “probar”) a Yahvé en Masá (véase Dt 6,16), y en Dt 9,1-10,11 se detallará cómo falló Israel ante estas pruebas. El episodio del maná debe hacer recor- dar al pueblo que depende de Yahvé. El verbo “conocer” (v. 2) vuelve a aparecer en Dt 28 en un contexto cargado de negatividad: la infide- lidad de Israel le puede llevar al destierro en naciones desconocidas (Dt 28,36) y a adorar a dioses igualmente desconocidos (Dt 28,64). La visión dura del desierto que muestra el Deuteronomio (y el Pentateuco en su conjunto) contrasta con la imagen idílica ofrecida por algunos profetas, que lo presentan como el lugar de los primeros amores de Yahvé y su pueblo (en Os 2,16 como una pareja de amantes, y en Os 11,1-4 como un padre y un hijo) o como una etapa positiva a la que hay que volver (Am 5,25; Os 12,10).
El v. 3 salta de lo particular (Israel y el episodio del maná; v. 3a) a lo universal (“el hombre”, la humanidad como colectivo; v. 3b). En el v. 3a aparece tres veces el verbo “conocer”, dos de ellas de forma nega- tiva (ni los israelitas ni los patriarcas conocían el maná; véase Ex 16,15; Dt 29,5; Ne 9,21) y una positiva («para hacerte saber...»). El v. 3b, desde una perspectiva claramente teocéntrica de la vida humana, enfatiza que el hombre no vive sólo de pan (aunque también), sino de todo cuanto sale de la boca de Yahvé, es decir, del cumplimiento de todo lo que dice (véase Nm 30,3; Jc 11,36; Is 55,11), y en particular de sus mandamientos. El papiro egipcio Harris 44,6 ofrece una frase muy similar: «uno vive de lo que sale de la boca de su [Dios]». Esta referencia al “hombre” como humanidad otorga al texto un cierto carácter universalista, que no volverá a aparecer en el libro. Am 8,11 (en contexto de castigo) y Sb 16,26 ofrecen ciertos paralelos a Dt 8,3b, pero con un acento no tan claramente universalista. Otros textos alu- den a la idea de que la Ley es vida (Dt 30,15; 32,47; Ne 9,29) o a que la Sabiduría personificada sacia el hambre y la sed en el ámbito espiri- tual (Pr 9,1-5; Si 24,19-21). Jesús cita expresamente Dt 8,3b en el con- texto de las tentaciones (Mt 4,4; Lc 4,4) y en el Evangelio de Juan se presenta como el pan de vida que sacia plenamente el hambre y la sed, en clara analogía con la Sabiduría personificada (Jn 6,30-36.68).
El v. 4, que subraya la providencia divina sobre Israel a lo largo del desierto con la imagen del vestido que no se desgasta y los pies que no se hinchan (imagen que se repite en Dt 29,4 y Ne 9,21), no tiene para- lelos en el resto del Pentateuco, aunque en el Poema de Gilgamesh puede encontrarse una frase similar: «(Gilgamesh) fue cubierto con una vestidura que, hasta el día que llegase a su ciudad, hasta que hubiese llegado el término de su viaje, no se estropearía, se manten- dría nueva» (XI, 244-246). Los vv. 5-6 reinciden en la imagen paterna y educadora de Yahvé, que corrige y disciplina a sus hijos, los israeli- tas, para que le teman y guarden sus mandamientos. Esta imagen paterna y educadora de Yahvé se encuentra también en otros textos (Os 11,1-2; Sal 94,12; Jb 5,17; Pr 3,11-12). Como en el v. 2, vuelven a aparecer en el v. 6 los términos “caminar” y “camino”, aquí como ima- gen de seguimiento fiel a Yahvé. Jr 5,4 y los textos de Qumrán (1Q5 9,21; 4,22; 8,10, etc.) emplean igualmente la imagen del “camino” en este sentido. En el Nuevo Testamento la imagen es recurrente: el mis- mo Jesús se define como el Camino (Jn 14,6; véase Mt 7,13-14; 22,16), y el seguimiento de Jesús también es definido como el Camino (véase Hch 9,2; 18,25-26; 19,9.23; 22,4; 24,14.22; también 1 Cor 4,17; 12,31; Heb 9,8; 10,19-23; 2 Pe 2,2).
Algunos autores consideran que los vv. 7-18, dado su estilo hímni- co y parenético, tendrían como “contexto vital” alguna de las fiestas agrarias mencionadas en Dt 26,1-15, y que pudieron ser compuestos para ser recitados en alguna de ellas. Los vv. 7-10 describen, en forma casi de poema, las bondades de la tierra prometida. La “entrada” en ella (v. 7) es la contrapartida de la “salida” de Egipto (v. 14). Se descri- be como una tierra “buena” (el mismo adjetivo es empleado reiterada- mente en Gn 1 para definir la bondad de toda la Creación) y rica en agua (v. 7), lo que contrasta con la aridez y penalidades del desierto. El v. 8 subraya la fecundidad de la tierra, incluyendo la producción de miel, proverbial signo de abundancia. Esta descripción altamente positiva es muy exagerada, ya que afirma que no falta de nada y que existe abundante hierro y bronce (v. 9), cuando es sabido que estos minerales no se encuentran en Palestina. Igualmente positiva, pero más modesta que la de Dt 8,7-10, es la descripción que se ofrece de la tierra en Dt 11,9-12. El apócrifo intertestamentario Carta de Aristeas, 112, describe la tierra rica en olivares, cereales, legumbres, viñas,
miel, árboles frutales y palmeras. El v. 10 ofrece un retrato exagerada- mente idílico de la vida en la tierra: los israelitas comerán hasta har- tarse y bendecirán a Yahvé. Paradójicamente, será precisamente esta sobreabundancia la que propicie todo lo contrario, el olvido de Yahvé, como señalan los vv. 11-14, y contra el que previenen los versículos siguientes. La idealización de la propia tierra no es exclusiva de Israel. En el texto egipcio La sabiduría de Merikaré, Egipto es descrito como una tierra de abundancia y orden frente a las tierras asiáticas, yermas y caóticas.
El v. 11 exhorta a no olvidar a Yahvé. Este olvido implica varias acciones: incumplir los mandamientos, normas y preceptos de Yahvé (v. 11b); olvidar la liberación de Egipto (v. 14); creerse autosuficiente (v. 17); y rendir culto a otros dioses (vv. 19-20). Los vv. 12-13 reflejan, exageradamente, una sociedad opulenta (aparece dos veces el verbo “crecer”, “multiplicar”), sin hambre, ganadera, urbanizada y rica en oro y plata... pero que por eso mismo se ha engreído y se ha olvidado de Yahvé y de toda la historia liberadora que protagonizó (vv. 14-16). Estos versículos resumen, repitiendo en parte los vv. 2-4 y ampliándo- los, esa historia: salida de la casa de servidumbre que fue Egipto (v. 14), travesía por un desierto grande y terrible (véase Dt 1,19) lleno de pena- lidades. Entre éstas son mencionadas las serpientes ponzoñosas y escorpiones, y la falta de agua (v. 15a) y de la protección divina que la proporciona (v. 15b) junto con el maná, en un contexto de prueba. Pero todo ello busca “al final” (este término presenta aquí un sentido positi- vo, no así en Dt 32,29 y Sal 73,17-19) la felicidad del pueblo (v. 16).
Los vv. 17-18, otro ejemplo de “monólogo interno” (véase 7,17-24), exhortan a recordar (véase 7,17-18; 9,4-7) que la riqueza en la tierra prometida no es fruto del propio esfuerzo personal de los israelitas (v. 17; véase 9,4), sino consecuencia de la fuerza otorgada por Yahvé a su pueblo, con la que cumple la alianza que prometió bajo juramento a sus antepasados (v. 18; véase 4,31; 7,12; 9,5). El verbo “cumplir” (o “confirmar”), aquí en relación con la alianza, también se aplica aná- logamente al cumplimiento de la palabra dada por Yahvé a los patriar- cas (véase Dt 9,5). El «como lo hace hoy» de este mismo versículo subraya, una vez más (véase vv. 1.11), la actualización de los conteni- dos teológicos del Deuteronomio. Los vv. 19-20, una fórmula de mal- dición similar en parte a la de 4,26, contrarrestan los beneficios de los
vv. 7-10 y amenazan con la destrucción total de Israel en caso de que caiga en la idolatría. Ésta se entiende como cualquiera de las siguien- tes acciones, concomitantes entre sí: seguir a otros dioses, rendirles culto, postrarse ante ellos y desoír la voz de Yahvé (véase 9,23). La destrucción que experimente Israel en ese caso será la misma suerte que sufrirán las demás naciones que habitan Canaán, con lo cual los privilegios de la elección quedarían anulados. Estos últimos versícu- los retoman la temática de capítulos precedentes (véase 4,25-26; 5,7.9; 6,14-15; 7,4) y empalman con el capítulo siguiente.
La victoria se debe a Yahvé, no a los méritos de Israel (9,1-6)