menor que tenga cualquier tara o defecto, porque es una abominación para Yahvé tu Dios. 2 Si hay en medio de ti, en alguna
de las ciudades que Yahvé tu Dios te da, un hombre o una mujer que haga lo que es malo a los ojos de Yahvé tu Dios, violando su alianza, 3 que vaya a servir a otros dioses y se postre ante ellos, o
ante el sol, la luna, o todo el ejército de los cielos, cosa que yo no he mandado, 4 y es denunciado a ti; y tú le has tomado declaración
y has indagado a fondo, si se comprueba como verdadera la acusa- ción: que se ha cometido tal abominación en Israel, 5sacarás a las
puertas de tu ciudad a ese hombre o mujer, culpables de esa mala acción, y los apedrearás, al hombre o a la mujer, hasta que mue- ran. 6 Por declaración de dos o tres testigos se podrá ejecutar a un
reo de muerte; no se le hará morir por declaración de un solo tes- tigo. 7 La mano de los testigos será la primera que caerá sobre él
para darle muerte, y luego la mano de todo el pueblo. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti.
Fuera de Dt 17,1 que encaja mejor unido a 16,21-22, este capítulo contiene tres secciones claramente delimitadas: a) 17,2-7 (cómo juz- gar un caso de idolatría); b) 17,8-13 (los jueces levitas); c) 17,14-20 (la ley sobre el rey).
El v. 1 no es una normativa dirigida expresamente a los sacerdotes. Más bien se dirige a todo israelita, a quien se pide que no reserve al sacrificio para Yahvé ningún animal del ganado mayor o menor que tenga tara o defecto alguno (véase 15,21), lo cual se considera “abomi-
nación”. El Código de Santidad sacerdotal detallará cuáles pueden ser estas taras (véase Lv 22,20-25). En Ml 1,8 se atestigua y denuncia la práctica de presentar en sacrificio a animales tarados físicamente.
Los vv. 2-7 tienen una clara conexión con la temática y vocabulario de 13,2-15: 17,3 y 13,3.7.14 («servir a otros dioses»); 17,4 y 13,13.15 («indagar»); 17,5.7 y 13,10.11 («caer la mano», «apedrear hasta morir»); 17,7.12 y 13,6 («hacer desaparecer el mal»); 17,13 y 13,12 («oír», «temer» y «no hacer...»). El v. 2 especifica el caso de un hombre o mujer que viola la alianza. Sorprende el igualitarismo (aunque qui- zá negativo) con el que aquí se menciona a la mujer, quizá porque ésta aparece muy vinculada a determinados cultos, como los tributados a la Reina de los Cielos (Jr 7,17-18; 44,15-25) o a Tammuz (Ez 8,14). La expresión «violar (transgredir) la alianza» sólo aparece aquí en todo el Deuteronomio, pero no es extraña en la Historia Deuteronomista (véase Jos 7,11.15; 23,16; Jc 2,20; 2 R 18,12). El v. 3, que prohíbe (el hebreo no tiene una palabra para “prohibir”, por lo que recurre a un circunloquio, «no he mandado») adorar a otros dioses o astros, pare- ce indicar que dicha expresión se entiende como una transgresión especialmente del primer mandamiento del Decálogo. En otros luga- res donde se habla de abandonar o romper la alianza el sentido parece ser el mismo (véase 4,23; 29,24; 31,16.20). Con relación a 13,7-12 (el caso de un pariente próximo o amigo que incita a la idolatría), estos versículos establecen algunas diferencias o matizaciones: 17,4-6 con- templa el caso judicialmente (necesidad de indagar y de al menos dos testigos) y públicamente (en las puertas de la ciudad), mientras que 13,7-12 parece circunscribirse al ámbito personal (aunque con poste- rior trascendencia pública; véase 13,12), y 17,7 establece que deben ser los testigos los primeros en arrojar la primera piedra contra el cul- pable, mientras que 13,10 atribuye este deber al acusador. Probable- mente, 17,2-7 sea una actualización o revisión de la normativa de 13,7-12.
Los jueces levitas (17,8-13)
8 Si el caso a juzgar te resulta demasiado difícil*, casos de san-
gre, de pleitos, de lesiones*, casos de litigio en tus ciudades, te levantarás y subirás al lugar que elija Yahvé tu Dios, 9 y acudirás a
los sacerdotes levitas* y al juez que entonces esté en funciones. Ellos harán* una investigación y te indicarán el fallo de la causa.
10 Tú te ajustarás al fallo que te hayan indicado desde ese lugar que
elija Yahvé, y cuidarás de actuar conforme a cuanto te hayan ense- ñado. 11 Te ajustarás a las instrucciones* que te hayan dado y a la
sentencia que te dicten: no te desviarás ni a derecha ni a izquierda del fallo que te señalen. 12 Y si un hombre procede insolentemente,
no escuchando al sacerdote que se encuentra allí al servicio de Yahvé tu Dios, o al juez, ese hombre morirá y tú harás desaparecer el mal de Israel. 13 Así todo el pueblo se enterará y temerá y no
actuará más con insolencia.
V. 8 (a) Lit. «maravilloso».
(b) Lit. «entre sangre y sangre, entre pleito y pleito, entre lesión y lesión». V. 9 (a) La versión siríaca entiende sacerdotes y levitas como dos grupos distintos. (b) Al traducir «harán», la Nueva Biblia de Jerusalén sigue aquí a los LXX y al Pentateuco Samaritano. El TM dice «harás».
V. 11 Lit. «ley». Los LXX dicen «cumple la ley».
Los vv. 8-13 contemplan los casos considerados demasiado difíci- les para los jueces ordinarios, y que son adjudicados a los levitas. La palabra hebrea que se traduce aquí como “difícil” significa propia- mente “maravilloso”. Este término suele referirse a situaciones que exceden el conocimiento humano (véase Dt 30,11; 2 S 13,2; Jb 42,3; Sal 131,1; Pr 30,18), lo que explicaría la necesidad de recurrir, ade- más de a jueces ordinarios, a sacerdotes levitas. Ambos tipos de jue- ces deberán hacer una investigación (v. 9; el verbo hebreo en cuestión es empleado aquí para referirse indistintamente a la investigación judicial y a la sacerdotal). Se produce, además, un cambio de lugar del juicio: se pasa de las puertas de la ciudad (17,2.5) al lugar elegido por Yahvé (vv. 8.10). Probablemente los procedimientos de los levitas consistieran en juramentos de inocencia u ordalías impuestas a las partes (véase Ex 22,7.10; Nm 5,11-31; 1 R 8,31-32) o en el uso de los
urim y tumim, pequeños objetos que se echaban a suertes para adivi-
nar la voluntad de Yahvé (véase Dt 33,8). Los vv. 10-11 exigen al impli- cado el acatamiento total de la sentencia, ya que se supone viene del mismo Yahvé por la intercesión del sacerdote. El v. 11 distingue cla- ramente entre “ley”, probablemente el veredicto de la investigación
sacerdotal, y “sentencia”, que sería la decisión final del juez civil a partir de las conclusiones del sacerdote levita. Si el implicado actúa insolentemente sin acatar la sentencia deberá morir para que desapa- rezca el mal (v. 12; véase 13,6; 17,7), para servir de ejemplo a todo el pueblo (v. 13; véase 13,12). La Misná especifica que quien se rebele contra la sentencia de este tribunal deberá morir por estrangula- miento y ser ejecutado en Jerusalén durante la siguiente fiesta de peregrinación (Pascua, Semanas o Tiendas) para que todo el pueblo pueda enterarse, temer y no obrar más presuntuosamente (Sanedrín 11,2.4). En 2 Cro 19,8-11 se describe cómo el rey Josafat estableció como administradores de justicia, conjuntamente a levitas, sacerdo- tes y cabezas de familia.
La “Ley del Rey” (17,14-20)
14 Si, cuando hayas entrado en la tierra que Yahvé tu Dios te da,
la hayas tomado en posesión y habites en ella, dices: «Querría poner un rey sobre mí como todas las naciones de alrededor». 15 podrás
poner sobre ti un rey, el que elija Yahvé tu Dios; de entre tus herma- nos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a un extranjero que no sea hermano tuyo. 16 Pero no ha de multiplicar sus caballos,
ni hará volver al pueblo a Egipto para aumentar su caballería, por- que Yahvé os ha dicho: «No volveréis a ir jamás por ese camino.»
17 Que no multiplique sus mujeres, para que no se descarríe su cora-
zón. Que su plata y su oro no los multiplique demasiado. 18 Cuando
suba al trono real, deberá escribir para su uso una copia de esta Ley*, tomándola del libro de los sacerdotes levitas*. 19 La llevará
consigo; la leerá todos los días de su vida para aprender a temer a Yahvé su Dios, observando todas las palabras de esta Ley y estos preceptos, para ponerlos en práctica. 20Así su corazón no se engrei-
rá sobre sus hermanos y no se desviará de estos mandamientos ni a derecha ni a izquierda. Y así prolongará los días de su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.
V. 18 (a) Los LXX leen «esta segunda ley» (deuteronomion touto). (b) Otra traducción posible «hará que los sacerdotes escriban...».
Los vv. 14-20 conforman la denominada “Ley del Rey”. Algunos