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Yo os ordené entonces: «Yahvé, vuestro Dios, os ha dado esta

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3 1 Luego torcimos y subimos camino de Basán Og, rey de Basán,

18 Yo os ordené entonces: «Yahvé, vuestro Dios, os ha dado esta

tierra en posesión. Vosotros, todos hombres en edad militar, pasa- réis armados al frente de vuestros hermanos los israelitas. 19 Sólo

vuestras mujeres, vuestros hijos* y vuestros rebaños (pues sé que tenéis rebaños numerosos) quedarán en las ciudades que yo os he dado, 20 hasta que Yahvé conceda reposo a vuestros hermanos,

como a vosotros, y ellos también hayan tomado posesión de la tie- rra que Yahvé vuestro Dios les ha dado al otro lado del Jordán;

entonces volveréis cada uno a la heredad que yo os he dado.» 21 A

Josué también le di entonces la orden siguiente: «Tus propios ojos han visto todo lo que Yahvé vuestro Dios* ha hecho con estos dos reyes; lo mismo hará Yahvé con todos los reinos por donde vas a pasar. 22 No les temáis, porque el mismo Yahvé vuestro Dios comba-

te por vosotros.» 23 Entonces hice esta súplica a Yahvé: 24 «Yahvé,

Señor mío, tú has comenzado a manifestar a tu siervo tu grandeza y la fortaleza de tu mano*; pues ¿qué Dios hay, ni en los cielos ni en la tierra, que pueda hacer obras y proezas como las tuyas? 25 Déjame,

por favor, pasar y ver la tierra buena de allende el Jordán, esa buena montaña y el Líbano.» 26 Pero, por culpa vuestra, Yahvé se irritó

contra mí y no me escuchó; antes bien me dijo: «¡Basta ya! No me hables más de ello. 27 Sube a la cumbre del Pisgá, alza tus ojos al

occidente, al Norte, al mediodía y al oriente; y contempla con tus ojos, porque no pasarás ese Jordán. 28 Da tus órdenes a Josué, dale

ánimo y fortalécele, porque él pasará al frente de este pueblo: él le pondrá en posesión de esa tierra que ves.» 29 Y nos quedamos en el

valle, enfrente de Bet Peor.

V. 19 Los LXX cambian el orden: «vuestros hijos, vuestras esposas...».

V. 21 «Vuestro Dios» omitido en el Pentateuco Samaritano. Los LXX leen «nuestro Dios».

V. 24 Los LXX y la versión siríaca añaden «y brazo extendido».

En estos versículos Moisés establece unas disposiciones dirigidas al pueblo en general (vv. 18-20) y a Josué en particular (vv. 21-22), que suponen un adelanto programático de cómo se llevará a cabo la con- quista de la tierra prometida. En primer lugar, deja claro que es Yahvé quien le da la tierra a Israel y se la entrega en posesión (véase 1,8). En cuanto al pueblo, los hombres en edad militar deberán cruzar el Jordán para conquistar la tierra, mientras que las mujeres, hijos y ganado se quedarán habitando las ciudades recién conquistadas de Transjordania (véase Nm 32,16-27; según Nm 32,16 deben ser ellos mismos quienes construyan sus ciudades). Cuando se produzca la conquista y la posesión sea segura, podrán reagruparse. El desarrollo y cumplimiento de esta conquista se hará realidad en el libro de Josué (véase Jos 1,12-18; 21,43-45; 22,1-6). En cuanto a Josué, el nuevo cau- dillo del pueblo a quien transfiere el liderazgo (explicitado en Dt 31,3-

8), Moisés le intima a que él y el pueblo no teman a los reinos a los que se enfrentarán, porque Yahvé se los entregará como hizo con Sijón y Og. Consejo que parece adelantarse a la orden que le dará Yahvé a Moisés en el v. 28.

Al igual que en 3,2, el recuerdo de las victorias pasadas debe aumentar la confianza de Josué. Es Yahvé quien combate por su pue- blo, como lo hizo en Egipto (véase 1,30). La idea de que Yahvé lucha por su pueblo volverá a repetirse en 20,4. El propio Josué recordará más adelante el cumplimiento de este aserto (véase Jos 23,10). Una vez más, Yahvé es el protagonista de todas las acciones liberadoras y favorecedoras de Israel, pasadas, presentes y futuras. A Israel sólo le queda cruzar el Jordán para que se haga definitivo el don de la tierra. Cabe destacar el contraste entre la conminación a no temer (en el sen- tido de pánico-temor) a los enemigos y la recurrente llamada a lo largo del libro a temer (en el sentido de temor reverencial) a Yahvé (véase 4,10; 5,26; 6,24; 10,12; 13,5; 17,19; 28,58; 31,12-13). Metafóricamente, cruzar el Jordán sería como un segundo nacimiento de Israel, tras el primero al cruzar el Mar de las Cañas (Ex 14,13-14).

Tras estas palabras al pueblo y a Josué, Moisés hace una súplica a Yahvé que es duramente rechazada: cruzar el Jordán y contemplar la tierra. Moisés la comienza (v. 24) presentándose sumisa y respetuosa- mente como “siervo” de Yahvé (véase Dt 34,5). Moisés reconoce la grandeza y fortaleza de la mano de Yahvé (véase Ex 15,6-7; Dt 5,24; 11,2-3), la cual se le hace manifiesta (sin mencionarlos, se refiere a acontecimientos como la liberación de Egipto y las más recientes derrotas de Sijón y Og). Igualmente subraya en forma de pregunta retórica la incomparabilidad de Yahvé (véase Sal 86,8; 89,7-9; 113,5- 6). El subrayado de la unicidad de Yahvé al comienzo de una oración a él dirigida es relativamente frecuente en la Historia Deuteronomista (véase 2 S 7,22-24; 1 R 8,23; 2 R 19,15-19). Por el contrario, la expre- sión «Yahvé, Señor mío» (’aˇdo-na-y YHWH; lit. “Señor Yahvé”) no es frecuente ni en el Deuteronomio (sólo volverá a aparecer en 9,26) ni en la Historia Deuteronomista (véase Jos 7,7). La tierra que desea atravesar Moisés es la «hermosa montaña y el Líbano» (v. 25). El Líbano es descrito generalmente con una vegetación exuberante (véa- se Sal 72,16; Ez 31,3; Os 14,6-8).

La respuesta irritada de Yahvé contrasta con la súplica reverencial de Moisés (v. 26). Éste explica que Yahvé se “irritó” (verbo poco fre- cuente; véase Sal 78,21.59.62; 89,39; Pr 14,16; 20,2; 24,21; 26,17) y que su rechazo es por culpa del pueblo (véase Dt 1,37; 4,21). Pero no especifica realmente la causa. Una vez más, puede tratarse del episo- dio de las aguas de Meribá en el desierto de Sin (véase Nm 20,12-13; 27,12-14). Esta negativa se repetirá en Dt 32,51 y 34,1-4. De esta for- ma, paradójicamente, el que fuera gran mediador e intercesor ante Yahvé por su pueblo (véase 9,25-29), fracasa cuando intenta mediar en su propio favor. De él sí puede decirse que sirvió a Yahvé realmente “por nada” (véase Jb 1,9). Moisés sufre en solidaridad con el pueblo que deja. Para la Historia Deuteronomista, esta aparente contradic- ción por la que Moisés se ve privado de la tierra prometida, puede también ayudar a reflexionar sobre la igualmente paradójica muerte del rey Josías (véase 2 R 23,29), de quien se dice que «no hubo antes rey alguno que como él se volviera a Yahvé» (2 R 23,25), e incluso sobre el desastre comunitario de un pueblo que sufre el exilio en Babi- lonia pese a que no todos sus miembros son culpables. A un único Dios (Yahvé) y a una única tierra corresponde un único pueblo solida- rio entre sí (todo él sufre o él todo se salva).

La descripción visual que hace Moisés de la tierra abarcando los cuatro puntos cardinales (v. 27; véase 32,48) representa una de las antiguas formas legales de tomar título sobre un territorio, y recuerda la misma imagen que vio Abrán de la tierra prometida por Yahvé a sus descendientes (véase Gn 13,14-15). Pisgá es la elevación del monte Nebo (actual Jebel Nebo, un monte de 802 metros) en Moab (véase Nm 21,20; 23,14; Dt 34,1). En el v. 28 Yahvé insta a Moisés a que dé órdenes (otros autores entienden aquí «invístelo del cargo»; véase Is 10,6; 1 S 13,14; 25,30), ánimo y valor a Josué, lo que ya se ha dicho en los vv. 21-22 que hizo Moisés. La tarea futura de Josué será doble: por un lado, pasará al frente del pueblo, y, por otro, le pondrá en posesión de la tierra. Esta doble tarea también será diferenciada en Jos 1,2-9. Moisés, a pesar del rechazo divino a su petición, seguirá siendo fiel y cumplirá lo ordenado por Yahvé.

El capítulo finaliza (v. 29) con todo el pueblo y Moisés quietos en el valle, enfrente de Bet Peor. Este nombre es la contracción de Bet Baal Peor, que significa literalmente «casa [santuario] de Baal Peor».

La omisión del nombre “Baal” suaviza la connotación negativa que tie- ne el lugar para Israel. Es una localidad situada en el territorio de Rubén, al norte del Pisgá, donde recibía culto el Baal de Peor (véase Nm 25,3). Allí, en Bet Peor, la generación testigo de la liberación de Egipto pudo mostrar su fidelidad a Yahvé, pero fracasó al caer en la idolatría (véase Nm 25,1-18; Dt 4,3-4; Os 9,10), causa de su destruc- ción. En ese mismo lugar, Moisés enseñará los preceptos y normas de Yahvé. Atrás queda el desierto y más allá la tierra. Para conquistarla, la nueva generación tendrá que cumplir fielmente las normas de Yahvé.

Exhortación a cumplir la Ley (4,1-14)

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