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I.3 Érōs en El Simposio

I. 3 γ Cuidado del cuerpo: Erixímaco

Una vez finalizado el discurso de Pausanias Platón realiza una distensión narrativa en el texto utilizando como recurso un juego de palabras al escribir que, Pausanias realizó una pausa en su discurso para que empezara el del siguiente86; el cual debía ser el de Aristófanes. Sin embargo el encomio del cómico no pudo ser llevado a cabo al caer este presa de un ataque de hipo, razón por la que le cederá su turno a Erixímaco, al médico, el cual le recomendará, so petición de Aristófanes, algún remedio para eliminar el hipo. Ya hemos aludido con anterioridad a la primera aparición de Erixímaco en el diálogo y en ella apuntábamos a la cuestión de encarnar el papel de la medicina, tanto por su profesión como por su tradición, al ser hijo de Acúmeno, otro médico. La aparición de Erixímaco resulta importante principalmente por dos motivos. El primero se refiere directamente al papel destacado de la medicina en la paideia griega, ya que las técnicas para el cuidado de sí, las epimeleiaheautou, en las que se incluye la gimnasia y la filosofía necesitan también de la medicina para que sean completas. En segundo lugar a su tradición familiar en cuanto a la profesión médica. Escribe Jaeger, (2000: 786):

“Aunque no hubiese llegado a nosotros nada de la antigua literatura médica de los griegos, serían suficientes los juicios laudatorios de Platón sobre los médicos y a su arte para llegar a la conclusión de que el final del siglo V y el siglo IV a. C. representaron en la historia de la profesión médica un momento culminante de 86Simposio. (185c.) “habiendo hecho una pausa Pausanias (...)”

cotización social y espiritual” (p, 783..) “Fueron los médicos griegos, diciplinados por el pensamiento normado de sus precursores filosóficos, los primeros que fueron capaces de crear un sistema teórico que pudiese servir de base de sustentación a un movimiento científico.”

La alusión directa a Hipócrates en Fedro nos abre la vía para la segunda cuestión a destacar sobre la presencia de un médico en el discurso sobre Érōs. En el citado diálogo se alude al hecho según el cual, el más versado en una cuestión, es el que más sabe de la naturaleza de la misma. Es por esto que le corresponderá al filósofo encargarse de descifrar la naturaleza del alma; mientras que el médico, se entregará al estudio de la naturaleza del cuerpo87. El recurso de Platón del filósofo rey presente en

República, termina por subrayar una cuestión: los médicos legislarán sobre los cuidados del cuerpo, los filósofos sobre los del alma.

Un buen gobernante en el ejercicio de poder que desempeña puede contrariar a los dioses creyendo estar haciendo el bien para la polis. Sucede que, si es posible hacer algo que contraríe a la polis no lo es por culpa de los dioses sino por el error y desconocimiento del rey. Es decir, por desconocer la Justicia. Es por eso que el buen gobierno debe estar en manos del filósofo como el humano más cercano a la verdad, a la Idea.

Lacan alude a la tragedia de Antígona para insistir en la necesaria unión -que hemos visto que se produce en Platón- entre el bien y el deseo. Y es que en la Antígona de Sófocles, el rey Creonte marcó unos preceptos que según él iban encaminados al bien de la polis (Sófocles, (2000b: §500-525.) Pero al no existir esa unión entre verdad y gobierno, Creonte cometió -no solo hybris- sino un error de juicio [ἁμαρτία], Lacan (S7. 1959-1960: 568-569): “a n'est pas au niveau du vrai héros qu'est l'ἁμαρτία, c'est au niveau de Créon qu'est cette erreur de jugement.”

Es por ello que resulta tan sumamente relevante el papel del filósofo rey, lo dictado sobre la naturaleza del cuerpo nos permite poner remedio, curar el cuerpo. Mientras

que necesitamos a alguien versado en lo relativo a los temas del alma para que ponga fin a los excesos de esta, ya que debe ser guiada, regulada. Esta cuestión gozaba de gran consenso en la época, así, leemos en Demóstenes (1985: 280):

“Podríais contemplar con enorme exactitud qué gran bien es obedecer a las leyes establecidas, y el despreciarlas y no obedecerlas, qué gran mal, si poniéndolos ante vuestros propios ojos, examinarais por separado los bienes que resultan de las leyes y las consecuencias que se derivan de la ilegalidad. Pues veréis que ésta produce actos de locura, intemperancia y codicia, mientras que las leyes dan lugar a hechos de reflexión, moderación y justicia. Y es evidente, porque de entre las ciudades, podríamos ver que las mejores administradas son aquellas en las que han surgido los mejores legisladores; pues las enfermedades del cuerpo cesan con los inventos de los médicos, mientras que el salvajismo de las almas lo expulsan los propósitos de los legisladores.”

La relación existente entre Érōs y la medicina va más allá de lo que resulta en apariencia ligado al discurso de Erixímaco. Su encomio empieza como crítica y complemento al de Pausanias. Si este último había hablado de la duplicidad de Érōs en las almas de los hombres, el médico apunta en su discurso, que esa presencia dual se encuentra en todas las cosas del mundo y no solo en las almas de los humanos.

¿Qué significado tiene la presencia de Érōs en las cosas?El recurso según el cual sirve como equilibrador, y como aquello que tiende a lo bueno, podía encontrarse ya en autores como Empédocles de Acragas, para el cual habían dos movimientos originarios de unión y desunión que identificó con la philía y a esta a su vez con la diosa Afrodita como atracción y por otro lado con la Discordiacomo movimiento repelente. En, Kirk, G. S. Raven, J. E. Y Schofield, M., (1987: 412.)

Podemos observar como la naturaleza en cuanto a portadora de érōs tiene una tendencia a la autorregulación, al equilibrio, es decir, lo que en términos médicos de la época se refería a la teoría humoral hipocrática88. El érōs tiende a buscar equilibrio en el cuerpo, todo cuerpo equilibrado es, por ende, un cuerpo sano. Lo que aquí empieza a vislumbrarse es el intento de Platón de crear una figura análoga entre el cuerpo

humano y el cuerpo del estado como veremos a continuación. Para ello necesita insistir en que el érōs del cuerpo cuando vaya errado reencontrará su equilibrio gracias a la participación del médico. Del mismo modo que finalmente Platón intentará señalar que esa es la misma tarea que tiene el filósofo respecto al alma, conducirla para que se produzca ese ansiado y necesario equilibrio.

La analogía entre la teoría hipocrática, o aún mejor, el parecido entre los cuatro humores que en equilibrio hacen que el cuerpo esté sano se pone de manifiesto en el encomio que Platón hace pronunciar a Erixímaco. Permitiéndonos a través de su discurso señalar el parecido entre la teoría humoral y una teoría sobre el cuerpo humano y el cuerpo político al que creemos, como ya hemos señalado, que va dirigido el Simposio. Así, leemos en el discurso del personaje Erixímaco: “Pues el estado sano del cuerpo y el estado enfermo son cada uno, según su opinión unánime, diferente y desigual, y lo que es desigual desea y ama cosas desiguales. En consecuencia, uno es el amor que reside en lo que está sano y otro el que reside en lo que está enfermo89.” De este modo el texto pone de manifiesto que el papel del médico es conducir al cuerpo al equilibrio. Estabilidad que viene causada por el érōs no errado, que es aquel que se dirige a lo bueno, a la salud, y así apartarlo del érōs desencaminado, que no es otro que aquel que apunta o dirige hacia lo enfermo. El médico juega un papel determinante y crucial en esta tarea, consistente en velar por la salud; ya que este es un guía experto en lo relativo al cuerpo.

En este punto ponemos acento en que, de modo taimado, Platón introduce la posibilidad de que érōs sea a priori tendencia, y que esta pueda ir encaminada tanto a lo sano como a lo enfermo. Esta cuestión no había sido introducida hasta el momento, ya que en el discurso de la tradición pronunciado por Fedro, érōs era imperativo divino, y por ende, un emisor de preceptos incuestionables. La novedad en el planteamiento platónico introducido por Erixímaco consiste en plantear de soslayo que, si érōs es una tendencia y no un dios que marca preceptos a seguir, la naturaleza humana entra en el discurso y con ella la posibilidad de ejercer un control mundano sobre érōs ligado a las

aphrodisia. De este modo, érōs deviene algo más cercano a la esfera humana.

Al desplazarse érōs de lo divino a lo natural se abre por tanto la posibilidad de la guía, de la educación y la sanación. Este encauzamiento hacia lo bueno, en cuanto al cuerpo se refiere, viene aquí representado por el papel de guía ejercido por el médico, el cual recuerdo el peso de la medicina en la paideia. En cuanto al alma, esta, será el objetivo principal del filósofo ateniense, razón por la que pondrá el discurso tocante a esta temática en boca de su interlocutor favorito: Sócrates.

Este -Sócrates- dado el peso conceptual del encomio que pronunciará, necesitará un trato especial en el diálogo Simposio. Ya que será él quien exponga por vez primera que Érōs no es un dios y por tanto deberá ser exonerado de sus palabras mediante un giro que le exima de culpa respecto a su acto de hybris90; asunto que Platón resolverá a la perfección al atribuirle el discurso del maestro a otro personaje: Diotima de Mantinea. De ese modo, Sócrates no hace más que reproducir lo oído, expone de modo indirecto su propio discurso y queda libre de responsabilidad. Todo ello en con la intención de aludir a la dualidad cuerpo alma y al intento de escapar de cualquier doxa en lo tocante a Érōs. Escribe Foucault (2004: 127):

“Nada sería pues más contrario a la naturaleza, nada más nocivo que querer hacer escapar las aphrodisia de la fuerza natural del deseo; nunca hay que intentar, por voluntad de disipación o para engañar al agotamiento de la edad, forzar a la naturaleza' No tener relaciones sexuales aneu epithymein, sin sentir deseo: tal es el consejo de Rufo en el tratado De la satiriasis. Pero ese deseo tiene dos caras: aparece en el cuerpo y aparece en el alma. Y es en su exacta correlación donde se sitúa el problema del régimen. Hay que hacer de tal manera que, aquí y allá, sus movimientos estén coordenadas y ajustados tan exactamente como sea posible. Rufo tiene una fórmula notable: "Lo mejor es que el hombre se dé a las relaciones sexuales cuando está apremiado al mismo tiempo por el deseo del alma y por la necesidad del cuerpo...Pero el alma, inversamente, puede escapar de las formas v de los límites del deseo que se manifiesta en el cuerpo. El término que Rufo y Galeno utilizan para designar este exceso es significativo: es doxa.”

90Resulta de suma importancia la relación existente entre hybris y adikia que según Castoriadis (2004: 194) es equivalente.

En cuanto a la relación entre el presente discurso y la teoría hipocrática humoral como estabilidad de los diferentes humores presentes en el organismo humano vivo, encontramos cuatro bloques claramente diferenciados en el encomio91: el relativo al amor como medicina, como música, como astronomía y como adivinación.

Lejos de realizar un estudio pormenorizado de cada una de las cuatro partes del elogio de Erixímaco, lo que nos es menester es señalar el motivo que estimamos de manera razonable que pudo tener en mientes Platón. Y es que del mismo modo que cuatro humores completamente distintos, sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra necesitan permanecer en equilibrio para la buena salud del cuerpo humano,92 también cuatro grandes grupos temáticos de actividades afectadas por el érōs necesitan gozar de buen equilibrio en el cuerpo de la polis para su buen funcionamiento: la medicina, la música, la astronomía y la adivinación.

Llegado a este punto una pregunta que parece resultar inevitable respecto a la importancia de la paideia es: ¿Dónde están aquí el teatro, el derecho93 y la filosofía en su papel de educadores de la polis? Fijémonos que tras el discurso del médico, vendrán los encomios de Aristófanes, Agathón, Alcibíades y Sócrates. Tal como muestra el encomio de Erixímaco en su papel de galeno, los cuatro bloques que menciona atañen al cuidado del cuerpo de la polis pero no al alma de la misma. Aquello que educa el alma es precisamente el teatro, representado por los discurso de Aristófanes y Agathón, las leyes y la justicia como servicio a la polis, encarnadas en el elogio que tras la aparente crítica a Sócrates realiza Alcibíades y finalmente la filosofía, personificada en la figura de Sócrates.

91La edición francesa Le Banquet, de Léon Robin los remarca e introduce en el cuerpo del texto del Simposio, mientras que la española se ciñe a no añadir ninguna cuestión externa al texto. Así, cabe subrayar la ayuda añadida que representan estos titulos añadidos en la edición francesa: “Amour et médecine”, “Amour etmusique”, “Amouretastronomie” y “Amour et divination.”

92Nótese la similitud entre los cuatro humores y la teoría expuesta por Platón en República (444d), sobre los cuatro tipos de ciudadanos: guerrero, artesano, idealista y racional como fruto de los humores melancólicos, sanguíneos, coléricos, o flemáticos.

93Si bien el planteamiento respecto a la ley ya había aparecido en el encomio de Pausanias aquí nos referimos al del derecho como fundamentación de la Justicia como cuestión ligada al ius naturalismo y por extensión como trabajo del filósofo y no del jurista

Una vez lleguemos a estos personajes en los apartados I.3.δ., I.3.ε., y I.3.ζ. nos centraremos en desarrollar lo aquí mencionado. Respecto a la cuestión de las leyes es preciso recordar que el elogio de Pausanias ya aludía a los modos de legislar y que Platón deja muy clara una cuestión: solo del conocimiento, de la Verdad, pueden brotar las leyes justas, basta con ver como el discurso del sofista nos conducía a la pluralidad de leyes que no a la justicia. Razón por la que Platón considera que únicamente las leyes justas son aquellas que provienen de la Idea de Justicia, id est, aquellas que puede transmitir el filósofo y no el relativismo sofista.

De modo que el discurso de Erixímaco se centra en eso que hemos considerado cuerpo de la polis. Pero, exactamente, ¿A qué se refiere cada uno de los cuatro bloques mencionados?

Si bien no parece haber duda sobre el papel de la medicina en comparación al de las leyes en la polis, tras la cita del discurso de Demóstenes, no resultan a priori tan obvias las otras tres cuestiones, a la vez que son de suma importancia para comprender la intención que hallamos tras el discurso del galeno. Por ello las mencionamos brevemente.

En cuanto a la música de cuyo seno brota la armonía o la no armonía de las melodías, se desprende el puro entretenimiento vacuo, aspecto este sobre el que Platón insiste en sus obras. Así, ya habíamos hecho referencia con anterioridad a este punto al mencionar la ausencia obligada de la flautista una vez que el simposio empezaba, como muestra de que se trataba de desarrollar una cuestión seria entre los presentes. Y es que para Platón la música pertenece al entretenimiento de baja ralea o bien como algo útil solo para amenizar ambientes y acompañar otros menesteres, como prueba de ello, el hecho de que la música de las flautistas94 sonaba en los banquetes hasta que todos beodos detenían la música para mantener relaciones sexuales con ellas.

Respecto a la tercera cuestión, la de la astronomía, es necesario señalar que lejos de ser este un asunto que pueda relacionarse con el desarrollo intelectual, con la esfera

del alma, tal como podríamos pensar al ligarlo con temáticas de cuño pseudo místico o adivinatorio contemporáneo, veremos que su valor en este diálogo es eminentemente práctico.

Su propiedad de utilidad deja el saber astronómico relegado junto a aquello que alimenta al cuerpo y no al alma de modo literal, ya que para los antiguos griegos, la astronomía permitía elaborar calendarios y predecir las buenas o las malas cosechas, el momento óptimo para realizar la siembra y la recolecta de los alimentos, id est: la ciencia que actualmente llamamos meteorología. Por tanto, se refiere a la importancia de esta especialidad en cuanto a su tarea de centrar sus esfuerzos en la posibilidad de hacer polis más fuertes, resistentes a las hambrunas, en ese sentido tan heideggeriano del besorgen, del aprovisionamiento imprescindible para la existencia de mundo95. Cuestión que el mismo Heidegger consideraba inherente en cuanto a conditio sine qua non al ejercicio de vela, esto es: estar vigilante.

Para finalizar queda hacer expresa mención al último punto que Platón pone en boca de Erixímaco: la relación entre amor y adivinación. Observemos que pese haber un contacto entre lo divino y lo mundano, ya que la adivinación de lo venidero es una cuestión desvelada por los dioses tal como apuntamos con anterioridad, al referirnos a la cuestión de la manía, no es ese tipo de relación una interacción entre hombre y dios, sino una posesión divina sufrida por un individuo. La presencia de un dios en un cuerpo humano que le sirve como amplificador de su mensaje.

En la adivinación no existe un esfuerzo por parte del alma humana para entrar en contacto con lo divino, sino la ausencia, la pérdida de conocimiento del hombre que se ve desplazado momentáneamente por un dios que le hace proferir el saber de lo que está por venir, en lo que viene a ser un papel de medium. También en el caso de las lecturas proféticas de indicios o símbolos, como los encontrados por augures o manes, son los dioses los que facilitan aquello que se va leer o interpretar.

95Aludimos explícitamente a la noción de mundo en Heidegger. Es gracias al aprovisionamiento que en la tierra puede haber mundo, como lo propiamente humano. Gracias al lenguaje el hombre puede hacer predicciones y esto le permite hacer menos hostil su entorno tal como podemos leer en: Heidegger, Martin. (2001.) “Construir, habitar y pensar.”

La adivinación, aparece en el discurso de Erixímaco como la prueba de amor entre los dioses y los hombres:

“Más aún: también todos los sacrificios y actos que regula la adivinación, esto es, la comunicación entre sí de los dioses y los hombres, no tienen ninguna otra finalidad que la vigilancia y curación de Eros. Toda impiedad, efectivamente, suele originarse cuando alguien no complace al Eros ordenado y no le honra ni le venera en toda acción, sino al otro, tanto en relación con los padres, vivos o muertos, como en relación con los dioses. Está encomendado precisamente a la