Del Valle de San Buenaventura, marchó el General Villa a Las Cruces, donde pernoctó. De allí destacó una comisión de doscientos hombres a Madera, prosiguiendo é1 su marcha hasta Namiquipa, donde permaneció dos días para arreglar bien la columna. En este lugar, nombró segundo en Jefe de la Brigada al Coronel Ortega, quedándose como Jefe del
Regimiento, el Teniente Coronel Porfirio Ornelas. Asi mismo, nombró Jefe de su Estado Mayor al Teniente Coronel Eleuterio Hermosillo.
De Namiquipa se movilizó su columna a Bustillos, atravesando una
hermosa región cuya fertilidad parecía de los trópicos. Se veían por doquier pintorescas montañas cubiertas de pinos, cedros y encinos e inmensos plantíos de papas.
A los dos días se arribó a la hacienda del Rubio. Allí se supo que el llamado General Félix Terrazas, se encontraba en San Andrés, con una fuerza de 900 hombres. E1 General Villa determinó atacarlo el día 13 de Agosto y salió de Rubio en dirección a San Antonio de los Arenales, dando esa vuelta, para que no se percatara el enemigo del movimiento de
nuestras fuerzas; todo el día se caminó, llegando ya tarde a San Antonio. Nomás empezó a caer la noche, y volvieron a marchar rumbo a Bustillos y de allí a San Andrés, llegando a este lugar como a la media noche.
Ya aproximándose a las posiciones del enemigo, el cual no había sentido todavía nada, se le salió un tiro a un soldado, poniéndolo sobre aviso.
Inmediatamente acudieron todos a sus posiciones, haciendo fuego sobre los nuestros, los cuales contestaron, entablándose el combate. Toda la noche duró el tiroteo nutridísimo por parte de ellos, y en la mañana se pudieron ver sus fortificaciones. Estaban posesionados en una mesa que está cerca del pueblo, sumamente dominante. Allí había como cuatrocientos
colorados y otros por la orilla del pueblo y en todo el trayecto donde estaban los trenes.
Nomás amaneció y comenzó a funcionar su artillería consistente en dos cañones, los cuales disparaban rápidamente. El Regimiento González
Ortega atacó por el lado del pueblo y la Mesa y el lro., 2do. y 40. escuadrones del Primer Regimiento, y el Segundo Regimiento
con otras fracciones, atacaron las demás posiciones y las de los trenes donde se encontraba la artillería. Todo el día se combatió, disparando el enemigo sin cesar.
E1 Capitán Primero Celso Rayos pretendió con unos cuantos de los suyos, desalojar al enemigo, a los rojos de la Mesa. Con una rapidez y valor increíbles empezó a subir, pero al acercarse, una tempestad de balas salió de la fortificación y el valiente Oficial cayó para no levantarse más,
saliendo herido el Capitán Segundo Antonio Moreno. Rayos era un hombre humilde, uno de esos hombres que asombran con su valor. Desde la
revolución Maderista se levantó en armas, dando siempre muestras de una temeridad e intrepidez, digna de los hijos de Esparta. Agregábase a esto su inteligencia natural y su aptitud en el arte de la guerra, pues sus planes de estrategia, eran asombrosos.
En otro lugar muere también otro valiente, el Mayor Félix Rivero. Descendiente de una familia indígena, era de una sangre fría admirable, lanzándose siempre a la lucha con serenidad. De un carácter serio y poco comunicativo, estaba siempre listo para cumplir con su deber. El con su fuerza, fué la primera gente con que contó el General Villa cuando pasó de Estados Unidos.
Al caer la tarde, el Regimiento González Ortega había logrado penetrar en las primeras casas del pueblo y los que atacaban los trenes, habían
estrechado bastante a los defensores de ellos. Los que estaban en la Mesa, se bajaron, reconcentrándose en el pueblo. Al anochecer se dió la orden de asalto y armados con bombas de dinamita se arrojaron sobre las posiciones donde estaba emplazada la artillería. Después de ligera resistencia,
capturaron los dos cañones y el personal de artilleros, en tanto, otros asaltaban los trenes, reduciendo a la impotencia al enemigo.
Al amanecer, la batalla había terminado: más de doscientos prisioneros eran conducidos en grupos, fusilándolos inexorablemente. Tres Coroneles, dos Tenientes Coroneles, varios Mayores y multitud de Oficiales de menor graduación, fueron conducidos al patíbulo, donde pagaban con su
existencia su doble traición. Ni para los soldados hubo perdón, todos
eran voluntarios, conscientes del crimen que cometían al servir a la traición y por lo tanto, merecían la pena.
E1 campo donde se libró la acción, era imponente. Por todas partes
cadáveres, entre charcas de sangre. A este fin; narraré un caso que pasó la noche siguiente del combate.
Estaba una fracción haciendo vigilancia en unas lomas cercanas, y al
terminar su cuarto, uno de los centinelas se dirigió a uno de los que estaban tirados en el suelo, creyendo que era de sus compañeros, hablándole para que se levantara a relevarlo. Viendo que no contestaba, volvió a hablarle, moviéndolo: pero notando que ni aun así, le quitó el sombrero que tenía en la cara, y entonces retrocedió espantado a la vista de un cadáver que tenía toda la cara destrozada de un balazo.
La columna Terrazas quedó deshecha por completo. De los 900 hombres sólo pudo escapar é1 con unos treinta que fueron los que llegaron a
Chihuahua. Los que no murieron en el combate, fueron llevados al cadalso o se fueron para no volver más a reunirse con los traidores.
Se formaron gigantescas piras de carne humana, tapándolas con leña, les prendieron fuego. Otro día se veía un espectáculo dantesco y macabro. Manos rígidas que con los puños crispados se alzaban al cielo como en ademán de desesperación. Cráneos con los ojos salidos de las órbitas y el pelo chamuscado, e intestinos medio quemados fuera del vientre, y bustos separados del cuerpo.
El botín de guerra fué magnífico: todos los trenes con provisiones de boca y mercancías.
Los pertrechos recogidos fueron los dos cañones, más de setecientos rifles y relativamente poco parque. Por parte nuestra, tuvimos como 15 muertos y treinta heridos, entre ellos el Teniente Coronel Eleuterio Hermosillo y el Mayor Santiago Ramírez.
SEGUNDO ESCARMIENTO QUE LAS FUERZAS LEALES DABAN A LOS BANDIDOS DE BANDERA ROJA.
Había que cortar de raíz esa mala hierba, ese parásito que vegetaba en nuestro Estado. ¿Que para ello se necesitan hecatombes como la prete? Nada importaba. Después se le evitarían a la Patria mayores males. De San Andrés se dirigió la columna victoriosa a Bustillos, donde
permaneció varios días. En esto se tuvo conocimiento que una columna de dos mil hombres al mando de Mancillas y Caraveo, se dirigía contra
nuestras fuerzas. El General Villa determinó esperarlos en el Cañón de Mal Paso, ordenando que la columna marchase a ese lugar. En San Antonio de
los Arenales se le incorporaron el Teniente Coronel Granados y el Mayor Carlos Carranza, con una columna de 300 hombres. Se prosiguió la marcha hasta Pedernales, donde estuvo acampada dos días la gente y a la
aproximación de los federales se retiraron nuestras fuerzas a La Junta. En vista de que estaba la gente escasa de parque por la reciente batalla de San Andrés, no habiendo podido reponerlo y previendo que al librar el combate quedarían casi totalmente agotadas sus municiones, optó el General por dirigirse a Camargo, con el objeto de reunirse con las demás fuerzas del Sur. De la Junta partió rumbo a Bachiniva, y poco
antes de arribar, se incorporó a la columna el Coronel Dávila, procedente de Sonora, trayendo 60,000 cartuchos, comisión que le había dado el General Villa antes de salir a la Ascensión.
De Bachiniva, dando la vuelta por Rubio, acampó en Bustillos.
Completamente despistado quedó el enemigo, siguiendo a los trenes donde iban 150 hombres al mando del Mayor Julio Acosta, los cuales, llevaban la misión de conducir los heridos a Agua Prieta, Sonora.
Entre tanto, la Brigada Villa, atravesando por Carretas y Satevó, arribó a Ciudad Camargo. Allí supo que los constitucionalistas que habían atacado a Torreón, después de diez días de combate, derrotados por el enemigo, se tuvieron que retirar.
Envalentonados por el triunfo, quisieron movilizarse a Chihuahua, pero el General Maclovio Herrera que se había movilizado precipitadamente de Jiménez, los rechazó por dos veces en Santa Clara.
E1 General Villa determinó ir con todas las fuerzas de Chihuahua, a la toma de Torreón.