Los dos mil hombres que formaban la Brigada Villa, se embarcaron en la Estación de Jiménez, en cuatro trenes que los condujeron hasta Bermejillo. Adelante se encontraba el General Herrera con la Brigada Juárez,
compuesta de 800 hombres. De Bermejillo, unida la Brigada Morelos al mando del General Tomás Urbina, partieron las fuerzas a Mapimí, donde pernoctaron. De allí se movilizó la columna a la hacienda de la Goma, pasando en este punto el río Nazas, y yendo a acamparse en la vecina hacienda de la Goma.
E1 General Villa acompañado de dos hombres de su Estado Mayor, fué en su automóvil a ver al General Calixto Contreras, para que cooperara con sus fuerzas al ataque. A los dos días llegaron dichas fuerzas al mando del General Ceniceros y 500 hombres del General Arrieta. El total de la División expedicionaria, se componía de ocho a nueve mil hombres.
Sabiendo que el enemigo no avanzaba de Avilés, orden6 el General en Jefe que la Brigada Juárez, al mando de su General Herrera repasara el Nazas, yendo a combatir a Emilio Campa, que al frente de 800 hombres venía por el otro lado del río con la intención de flanquear nuestras fuerzas. Como a la una de la tarde, encontrándose todas las fuerzas ya a caballo, en las labores que se extienden al frente de la hacienda, empezaron a cañonear un cerro que se encuentra como a dos kilómetros del lugar donde estábamos. Inmediatamente se dió la orden de avanzar. E1 cuerpo de Díaz y de
González Ortega, se adelantaron a todo galope a atacar al enemigo,
trabándose pocos momentos después el combate. Después de dos horas de lucha, fueron desalojados de los primeros cerros. Se dio entonces la orden de avanzar la artillería que iba al mando del Mayor Margarito Gómez. El enemigo se hallaba posesionado de los cerros que están junto a un
rancho llamado Monterrey. Allí volvió a reanudarse la batalla, sosteniendo un encarnizado duelo de fusilería y artillería. El Mayor Margarito Gómez, Jefe de la Artillería, fué herido por una metralla en un brazo, y el Mayor Enrique Portillo, es atravesado en una pierna, por una bala de fusil. La batalla continúa interminable, hasta que al fin son desalojados de
Monterrey los contrarios, replegándose a Avilés donde se hicieron fuertes. E1 Coronel Ortega avanza con la Brigada Villa sobre el pueblo, en tanto
que el General Urbina salió con la Caballería, apareciendo por la
retaguardia, para cortarles la retirada. 50 prisioneros que se hicieron de Loma a Avilés, fueron fusilados en la falda de un cerrito que esta antes de llegar al pueblo, cuando se estaba aun combatiendo. El combate se
desarrollaba entre tanto, en los alrededores de Avilés, estando completamente sitiados 1os federales en la Capilla y en una casa de dos pisos. Nuestras fuerzas atacaron con brío, tomando sus últimas posiciones como a las cinco de la tarde.
Incalculables fueron las pérdidas de los huertistas: mas de cien prisioneros fueron hechos, pasándolos a todos por las armas; el General Alvirez y todo su Estado Mayor murieron. Muchas son las versiones que corren acerca de la muerte del General Alvirez: mientras unos dicen que se suicidó, otros dicen que murió en el combate, no faltando quien asegure haber visto que lo mataron. Las fuerzas que tenía Alvirez en Avilés, eran cerca de
unos mil hombres de los cuales se salvaron unos cuantos que fueron a Torreón a dar la noticia del desastre. Los pertrechos de guerra recogidos, fueron dos cañones Cannet, una ametralladora y una cantidad considerable de armamento y municiones. Dos oficiales artilleros y un Capitán Primero de apellido Torres, fueron perdonados por el General Villa, a instancias del Capitán Eduardo Marín. Torres correspondió después con la mayor de las ingratitudes, traicionando a su benefactor.
El General Herrera había conseguido otra victoria sobre las hordas orozquistas. E1 combate se libró en iguales proporciones y número. 800 hombres traía Campa, y 800 el General Herrera. Dos cañones traía uno y dos el otro. Con dos ametralladoras y dos fusiles Rexer, como llevaba la Brigada Juárez.
Allí se vió la superioridad militar de nuestras fuerzas, sobre las huestes rojas. El General Herrera les quitó toda la artillería, cogiendo algunos prisioneros, y haciéndoles huir en precipitada fuga hasta C. Lerdo.
Después avanzó la División sobre Torreón, llegando como a las once de la noche a los cerros que están al pie de la ciudad. A las doce en punto se rompió el fuego con los primeros puestos avanzados del enemigo desalojándolo de ellos. Toda la noche se combatió encarnizadamente, avanzando nuestras fuerzas hasta arribar a las cúspides de los cerros. Otro día al amanecer, se habían tomado todas las posiciones, quedando al enemigo solamente el Cerro de la Cruz y las fortificaciones de la ciudad. Nuestra gente extendida desde el cañón del Huarache hasta la entrada del Ferrocarril, atacaba con denuedo.
En la noche, el General Herrera había tomado Ciudad Lerdo, replegando al enemigo hasta Torreón. Este valiente e incansable luchador, no se daba ni un momento de descanso. Después de la toma de Lerdo, marchó sobre Torreón a ayudar a los demás compañeros.
Todo el día hubo un duelo incesante de artillería. E1 General Villa recorría incesantemente la línea de fuego, dando órdenes y estimulando a los
combatientes. Montado en su brioso corcel, con su revólver en la mano, parecía el genio de la guerra. Dos veces intentó la caballería de los
colorados salirse de la población, pero fué rechazada con grandes pérdidas. A la caída de la tarde, habían perdido las posiciones del Cerro de la Cruz, teniendo que bajarse a la población. Desde ese momento no pensaron ya los federales más que en huir, preparándose para evacuar la plaza, lo cual
determinaron efectuar a la señal de tres cañonazos. Llegó la noche y los nuestros atacaron con ímpetu terrible, entrando desde luego a la población;
el enemigo no resistió, huyendo precipitadamente por la alameda.
Antes de salir quemaron un cuartel, donde tenían un depósito de un millón de cartuchos y dos mil rifles mausser. Dejaron diez cañones sin cierre, y como cuatro ametralladoras también descompuestas.
Para las doce, estaban los constitucionalistas en plena posesión de la plaza de Torreón.
Veinticuatro horas había durado la batalla. Las pérdidas que tuvieron fueron pocas, relativamente, en relación a la importancia del combate. Entre los muertos se encontró el oficial Blas Flores, uno de los más valientes de la División. E1 Capitán Primero Manuel Medinaveytia salió herido.
Una vez en Torreón, el General Villa se dedicó a organizar bien la División, que desde entonces se llamó del Norte, equipándola y
proporcionándole vestuario. La artillería la puso a las órdenes del Mayor Martiniano Servin. Desde esa época comenzaron a percibir haberes las fuerzas, pues logróse conseguir fondos.
Ocho días se permaneció en Torreón, y ansioso el General de marchar al Norte, dio orden de que todas las brigadas se prepararan para la marcha. Se había sabido que una fuerte columna marchaba de Chihuahua hacia el Sur. Principiaron a salir los primeros trenes, donde iban los Estados Mayores y la infantería. Toda la caballería emprendió la marcha por tierra.
Componíase entonces la División del Norte de las siguientes Brigadas: Brigada Villa, al mando del Coronel Toribio Ortega, Brigada Morelos al mando del General Urbina, Brigada Zaragoza al mando del General
Eugenio Aguirre Benavides, Brigada Yuriar al mando del General B. Yuriar, y Brigada Juárez al mando del General Maclovio Herrera, formando un total de 4,000 hombres.
En Torreón se quedó como Jefe de Armas el General Calixto Contreras con la Brigada de su mando: La caballería atravesó el inmenso desierto qne se extiende desde Torreón a Jiménez, en seis días, pasando vicisitudes
inenarrables. Caminando por un terreno árido y seco donde no había agua para los caballos, muchos no pudieron soportar tal escasez y quedaron en el desierto. La gente también sufrió mucho, pues no teniendo víveres ni
habiendo en todo el trayecto en donde adquirirlos, hubo regimientos que mataban las mulas y los caballos para comer carne. Por fin se arribó a Jiménez y allí se supo que una columna de dos mil rojos y federales, al mando del General Castro, se encontraba en Ciudad Camargo, llegando sus avanzadas hasta la Estación Díaz.