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Combate en Ciudad Camargo.

In document Gral Toribio Ortega Biografia (página 70-78)

A la salida del General Villa de Ciudad Camargo, concertaron los Jefes restantes atacar la capital del Estado, para cuyo fin se movilizaron de Jiménez y Parral las fuerzas del Coronel Maclovio Herrera, y de Ciudad Camargo las del Coronel Hernández, formando un total de 1,300 hombres. Herrera se dirigió con su gente a Mápula y de allí a los Charcos, y

don Rosalío a Aldama.

Las avanzadas de los nuestros llegaban hasta las posiciones enemigas, registrándose leves tiroteos sin llegar a un asalto en forma, por considerarse inferiores en número y sólo esperaban la llegada de las fuerzas de Villa y Ortega para dar el ataque. Por lo pronto, impidieron la entrada de toda clase de víveres a la población. Allí se declaró la ley marcial, impidiendo a los habitantes circular por las calles después de las ocho de la noche y

prohibiendo la salida de la ciudad; toda la guarnición era presa de gran pánico, pues creían de seguro, en el ataque. Veintidos días duró el asedio a la ciudad, la que sufría ya la escasez más completa de víveres.

Hallándose en el Mineral de Santa Eulalia un destacamento de

Constitucionalistas al mando de un oficial de los Herrera, fue sorprendido por el enemigo. Algunos lograron escaparse, siendo el resto capturado y pasado por las armas.

Entre tanto don Rosalio Hernández se hallaba en Villa Aldama con su columna de trescientos hombres. En esos días, un refuerzo imprevisto vino a aumentar sus fuerzas. E1 Capitán segundo Margarito Gómez, que era comandante de una batería de fusiles Rexer del ejército federal, se salió de Chihuahua, sacándose dos de dichos fusiles, 18,000 cartuchos y

el personal de la batería, dirigiéndose a Villa Aldama, donde se unió a nuestras fuerzas.

El llamado General del Estado y Jefe de la División, Salvador R. Mercado, queriendo desalojar a los leales, del pueblo de Aldama, envió al Coronel Manuel Landa al frente de 800 hombres, compuestos del 70. Regimiento y orozquistas. Sabedor el Coronel Hernández de la aproximación de dicha columna, se preparó para esperarlos, posesionando su gente en la sierra cercana. A1 avistarse las avanzadas, cambiáronse los primeros tiros y poco después se trababa el combate. Los federales intentaron ganar el desfiladero que está antes de llegar a Aldama; pero son rechazados con grandes

pérdidas. Los dos fusiles Rexer dirigidos por el Capitan Gómez les hacían también grandes bajas. Dos veces intentaron dar una carga de caballería para capturarlos; pero tuvieron que retroceder, debido al nutrido y certero fuego que les hacían. Viéndose en la imposibilidad de vencer, principiaron a abandonar el campo de batalla, lo cual, notado por nuestras fuerzas, cargaron sobre ellos hasta vencerlos por completo, quitándoles dos ametralladoras y haciéndoles buen número de prisioneros.

Un inesperado acontecimiento vino a cambiar la situación.

E1 Coronel Herrera recibió parte de Jiménez, que Pascual Orozco,

procedente de Torreón, se aproximaba con una columna de mil hombres. Sin demora alguna, ordenó Herrera la movilización de sus fuerzas al Sur, y cuando llegó a Camargo, ya Orozco estaba en Jiménez. De allí se dirigió a San Isidro, hacienda que está a dos kilómetros de la vía, donde acampó esperando la llegada del grueso de sus fuerzas, que a las órdenes del Teniente Coronel Trinidad Rodríguez, se habían quedado atrás. Orozco en efecto, había salido de Torreón, con una columna de 800 hombres, compuesta en su mayor parte de infantería, reclutados al estilo federal, por medio de la leva.

Al arribar a Jiménez, el pequeño destacamento que allí había a las órdenes del Coronel González, se reconcentró a Camargo. El traidor del Norte envió un telegrama al General Chao, que se encontraba en Parral y tomando el nombre del Coronel Herrera, manifestóle que el enemigo se aproximaba y que urgía le mandara refuerzos. Esto era con el fin de prepararle una emboscada y capturarlo; pero previendo eso el General Chao, mandó un tren de pasajeros, el cual apenas se aproximó al puente, fué recibido a balazos. Fallido el plan, ordenó a Caraveo que con toda la infantería, marchara a la estación de Díaz. En la mañana, acercándose un tren con gente nuestra del lado de Camargo, al percatarse de la presencia del enemigo, se detuvo apeandose la gente.

El Coronel Herrera había tomado el mando de la gente, y dirigióse a atacar a los orozquistas que se encontraban parapetados tras el bordo de la vía. Desde unas lomas que están al frente de la estación principió el fuego. El Coronel, dando pruebas de un valor temerario, intentó atacarlos yendo al frente de su gente; pero dadas los posiciones inexpugnables del enemigo y lo plano del terreno, era del todo imposible levantarlo de allí. Con

nutridas descargas de fusilería fué recibido y en la refriega perdió su caballo y él salió herido de un pie. Desde aquel momento, la confusión en nuestras filas fue grande, terminando en una completa dispersión. Parte de nuestra fuerza, ganando por el río de Parral, se fué a la Boquilla, mientras la otra se retiró a Camargo.

Reuniendo todos los dispersos que pudo y las fracciones de distintas

fuerzas, el Teniente Coronel Trinidad Rodríguez decidió esperar en Ciudad Camargo a los vándalos rojos.

Extendiendo su gente al derredor de la ciudad, atacó con brío y denuedo al enemigo; pero a los pocos instantes de lucha, se retiró la fuerza que estaba por el lado de Ojo Caliente, dejando comprometidos a los demás.

Rodríguez hace esfuerzos sobrehumanos de valor; con una audacia increíble penetra hasta el centro de la ciudad, y allí hace personalmente fuego al enemigo con un fusil Rexer. Este se encontraba posesionado en los puntos elevados de la población y con las ametralladoras hace fuego

terrible sobre los nuestros, los cuales desalentados, principiaron una retirada.

Al salir el Coronel González es alcanzado por el fuego de una

ametralladora, matándole el caballo, logrando apenas ponerse él en salvo. La retirada se efectúa hacia la estación de Conchos y de allí envía una comisión a la Junta Revolucionaria de El Paso, pidiéndole parque, pues su fuerza estaba sumamente escasa de é1. A continuación se movilizaron a Naica.

El traidor del Norte emprendió su marcha triunfal a la capital del Estado, donde fue recibido con muestras de gran regocijo por sus hermanos en la traición y el crimen.

Mucho se ha discutido acerca de este asunto; el haber dejado pasar a

Orozco, algunos pretenden arrojar responsabilidades en ciertos jefes que en el momento preciso no acudieron a prestar auxilio. Sea de esto lo que fuere, lo que está fuera de duda es que Herrera y Rodríguez se portaron como valientes cumpliendo con su deber, y si la fortuna les fué adversa, esa

derrota es un timbre de honor para ellos porque lucharon hasta el último momento.

CAPITULO XI.

Salida del Coronel Ortega de Guadalupe. Sangriento Combate en Ranchería.

Llegada a San Buenaventura. Arribo de la Brigada Villa.

Ya hacía un mes que el General Villa se encontraba en Ascensión y Ortega en Guadalupe, acabando de equipar bien sus fuerzas. E1 ataque de Ciudad Juárez se había aplazado por varias razones, determinando el General en Jefe marchar al Sur a reunirse con las demás fuerzas. Conociendo el peligro en que se encontraba el Coronel Ortega completamente aislado, y teniendo al frente al enemigo más fuerte en número y elementos, envió al Mayor Santiago Ramírez con trescientos hombres a Guadalupe, a fin de que llevaran el parque y estuviera más potente la columna al atravesar la vía. Llevaba éste un oficio del General, donde le ordenaba a Ortega que se movilizara a Casas Grandes, donde se reunirían.

A los dos días de haber llegado Ramírez, se emprendió la marcha,

componiéndose la columna de seiscientos cincuenta hombres, contando los 300 de la Brigada Villa. Antes de salirse, tuvo noticia cierta de que un convoy de trenes, llevando una gran cantidad de dinero, provisiones y armas, iba a salir de Ciudad Juárez con dirección a Chihuanua. El Coronel Ortega, de acuerdo con el Mayor Ramirez decidió atacarlo. A :narchas forzadas se adelantaron hasta la vía, llegando a una estación llamada Ranchería, dejando los carros en un rancho de nombre Los Charcos con una escolta de 100 hombres.

Desde las cuatro, hora en que llegó la columna, ordenó el Coronel que el Mayor Ramírez se posesionara de la vía distante como un kilómetro de la estación, con la orden terminante de no hacer fuego hasta no enfrentar el primer tren. E1 Regimiento González Ortega, que este era el nombre de la fuerza del Coronel se posesionó de unos cerros que están al Oriente de la vía y al mero frente de la estación. En un cerrito que se halla más

cercano, donde hay una cruz, emplazó la ametralladora.

E1 plan de ataque era que Ramírez rompiera el fuego, haciendo un

movimiento por el Sur sobre ellos, al par que el Coronel Ortega asaltaba los trenes por la retaguardia y frente.

Ese día no se vió siquiera un humo en lontananza, pernoctando la gente en sus posiciones.

Otro día, como a las diez de la manana, percibióse a1 Norte la primera humareda y poco después se veía el primer tren. Consecutivamente se fueron acercando otros hasta completarse nueve. A1 arribar a la Estación el primer tren, notaron las huellas de lumbres y reses destazadas que el dia anterior había dejado nuestra gente, caminando despacio hasta pararse. E1 Mayor Ramirez, viendo la superioridad numérica del enemigo, al cual no se podría vencer, ordenó se diera el toque de retirada, tiempo en que la ametralladora de las posiciones de Ortega abría el fuego.

La columna enemiga se componía de mil hombres al mando del General Mancillas, integrada por el 15 y el 33 Batallón, la Defensa Social al mando de Alberto Terrazas, y la gente de Salazar al mando de Carlos Martínez. Al estarse apeando la Infantería, la ametralladora abrió el fuego, con tan feliz puntería, que muy pronto el borde quedó lleno de cadáveres.

Intentaron entonces organizarse y marchar en columnas sobre las posiciones, pero otra serie de descargas los desbandó por

completo, dejando abandonados dos trenes. Entretanto, por el Oeste, el 15 Batallón y un piquete de caballería persiquió a la gente de Ramírez, que una vez levantado de sus posiciones, ya no pudo volver a recuperarlas, teniendo que retirarse.

Quedaron sólo los 250 hombres de Ortega, que estaban posesionados al Este. Enviaron contra ellos el 33 y la Defensa Social en numero de mil, quienes avanzaron protegidos por el fuego de dos cañones y cuatro ametralladoras, y al mismo tiempo cuatrocientos dragones al mando del llamado Teniente Coronel Carlos Martínez, efectuaba un movimiento envolvente por tras de los cerros. La lucha se trabó con un encarnizamiento horrible.

Nuestra ametralladora fué inutilizada de un metrallazo. Dos veces intentaron ascender hasta nuestras posiciones, siendo rechazados con grandes pérdidas, dejando el cerro cubierto de cuerpos. La última, uniéndose toda la infantería, logró subir a las cimas, trabándose

el combate cuerpo a cuerpo. Los nuestros cogen algunos prisioneros y los fusilan inmediatamente.

La resistencia que se hizo, es sencillamente heróica, todo el personal de la ametralladora cae en su puesto, salvándose únicamente dos oficiales; pero les fue materialmente imposible resistir, y ante la inmensa superioridad numérica, principió a retirarse nuestra gente bajo una lluvia de balazos. Por todos lados estaban casi sitiados, quedando solamente una salida por la que marcha precipitadamente la gente.

E1 Coronel Ortega es el último que abandona el campo de batalla,

protegiendo la retirada de los suyos. La Caballería de Martínez persiguió aun como dos kilómetros, devolviéndose. La ametralladora inutilizada por el cañonazo, cayó en poder del enemigo, y un express con parque.

Sensibles pérdidas tuvimos que lamentar: la muerte del Mayor Manuel Benavides y del Capitán Primero Silvestre Juárez y de trece soldados, contando como veinte heridos, entre ellos el Teniente Coronel Isaac Arroyo y los Capitanes Pedro y Cruz Jasso e Indalecio Varela.

Las bajas del enemigo fueron superiores: 150 hombres muertos y más de doscientos heridos, según el relato de un prisionero.

Antes de terminar, relataré la muerte heróica del Capitán Primero Silvestre Juárez, digna de los antiguos tiempos de Grecia y de Roma.

E1 Capitán Juárez era un anciano de 89 a 90 años de edad, natural de Coyame, Estado de Chihuahua. Decidido partidario de la justicia, su alma se templó al calor de mil combates en las pasadas revoluciones. En 1910, al levantarse el Coronel Ortega, en Cuchillo Parado, se le presentó en unión de sus dos hijos, lanzándose a combatir con la fe y entusiasmo de un joven de veinte años. En los combates siempre se le veía andar encorvado

por el peso de los años, recorriendo la línea de fuego, con el fusil al hombro, con una naturalidad y sangre fría, que admiraba, buscando los lugares de más peligro para entrar en la lucha. Cierta ocasión en que se trataba de los vecinos de Coyame, porfiristas consumados, de que el Gobierno Usurpador les había prometido ciertos terrenos, le preguntó uno: ¿Y ustedes qué tierras pelean? Entonces el digno anciano se levantó contestándole con noble orgullo: nosotros no combatimos por recompensas, ni por adquirir nada, sino por la causa, porque somos patriotas.

Días antes de su muerte, conversando yo una tarde con é1, me dijo

tristemente: “Yo tenía dos hijos, uno murió en la Revolución de 1910 y el

otro en la de Orozco. Sólo quedo yo. Presiento que en ésta su quedaré; pero no le hace, así todos nos habremos sacrificadopor la Patria”. Su-blimes

sentimientos de las almas nobles y grandes.

E1 día del combate en Rancherías, al partir, una bala le atrevesó una pierna, impidiéndole subir a caballo. Nadie se percató de que allí se quedaba. Al verse herido, se parapetó detrás de una peña y esperó tranquilo con el rifle en la mano.

Al llegar el enemigo, un oficial se ade- lantó, y al verlo, hizo fuego sobre é1, dejándolo muerto en el acto y lo mismo sucedió a otro que venía tras el oficial. Iba a seguir disparando, cuando llegaron otros por detrás, y uno de ellos le dió con la culata del fusil haciéndolo que perdiera el sentido. Al volver en si, le preguntaron que quién era. Con valor espartano les

contestó: Soy Silvestre Juárez, Capitán Primero de las fuerzas de Ortega. Fusílenme.

Aquel héroe de inmortal memoria, no imploraba piedad, sino que ordenaba su propia ejecución. Entregaba su cuerpo a los asesinos y ofrecía su alma de patriota en holocausto a la Patria. Los asesinos bañaron en sangre las canas de aquel venerable anciano, dejándolo inerte en la cúspide de aquel fatídico monte. Y allí quedó encogido el cuerpo y pegado a la peña que le había servido de fortaleza para ajusticiar a los traidores, con los ojos abiertos, mirando al cielo, a donde dirigió su última mirada al elevarse su alma. Así lo encontramos otro día. Todos los compañeros y

correligionarios, se descubrieron con respeto a su vista.

Honor eterno a ese sublime mártir que supo llevar con honra el nombre de Juárez y morir permaneciendo digno de é1.

Otro día se volvieron a reunir las fuerzas de Ramírez y del Coronel Ortega, tomando la dirección de Villa Ahumada. De allí se emprendió la marcha al Valle de San Buenaventura, donde se tuvo orden de esperar al General Villa. San Buenaventura es un hermoso pueblito situado en un valle fertilísimo. Casi la mayor parte de sus edificios están rodeados de huertas y jardines, que le dan un aspecto muy pintoresco. Sus habitantes son hospitalarios y de buenas costumbres, notándose su adhesión a nuestro partido.

A los seis días de haber llegado a é1, se tuvo noticia de que el General Villa llegaría otro día. E1 Coronel Ortega, con toda la fuerza, salió a recibirlo, haciendo la presentación de su oficialidad. E1 pueblo de San Buenaventura, acoge con entusiasmo al valiente General.

CAPITULO XII.

Memorable Batalla de San Andrés.

In document Gral Toribio Ortega Biografia (página 70-78)