El Papel que Representa
en la Actual Revolución.
El Estado de Chihuahua es el primero y único que se encuentra libre de traidores, gracias a los heróicos esfuerzos de sus valientes hijos. La mala semilla que fructificó por algún tiempo, sembrada por el fatídico
Orozquismo, esa vegetación parasitaria de nuestras grandes tragedias públicas, se había cortado a cercén, arrojándola incinerada y sin vida al estercolero de la Historia. El Orozquismo, esa facción vandálica que tanto mal nos causó, solo fué un aborto de la piratería política del Cientificismo. Con la toma de Ojinaga, San Isidro y la extirpación completa de
pretorianos y vándalos, quedó el Estado de Chihuahua vindicado de la traición del estúpido patán de Guerrero.
La mancha que este canalla arrojó a su Estado natal, fué borrada por los mismos hijos de Chihuahua, que celosos de su buen nombre y honra,
combatieron sin descanso hasta limpiar ese ignominioso borrón que se veía en su glorioso blasón, en su heráldica de gloria.
Los hijos del heroico Estado de Chihuahua fueron los primeros que contestaron algrito de guerra de Carranza, lanzándose con entera fe y esperanza a la lucha, en reconquistade sus libertades.
La situación en que se encontraba el Estado, como dijimos en el primer capítulo de esta historia, era bastante difícil. Por una parte, los pretorianos se habían hecho de todas las poblaciones importantes del Estado, donde contaban con fuertes guarniciones. Por otra, el bandolerismo rojo, se había aliado con el pretorianismo, y siendo la capital la cuna de ese
oprobioso partido, había aprestado un contingente enorme a los usurpadores; con una circunstancia altamente significante: que esos desgraciados ilusos defensores de una mala causa, no eran las hordas pusilánimes de un Cheché Campos, de un Emilio Campa o un Benjamín Argumedo que huían a los primeros disparos o se encerraban en las plazas con sus cómplices los federales. No. Hay que hacer justicia completa, diciendo la verdad.
Los colorados de Chihuahua, dieron muestras de un valor a toda prueba, saliendo siempre en nuestra persecusión; díganlo las batallas del Saucillo, San Andrés, Ranchería, Díaz, Tierra Blanca y Ojinaga, en que se batieron como valientes, lo que no atenúa siempre el crimen de combatir contra el Pueblo que enarbolaba el glorioso pendón de la Libertad y el derecho. La crisis por la que atravesaba nuestro querido Estado, era sencillamente espantosa. Aun se veían los escombros y las ruinas que el soplo
desvastador del orozquismo había dejado. Por todas partes, haciendas incendiadas, campos sin cultivo por falta de brazos, pues los pacíficos habitantes huían atemorizados ante la barbarie de los rojos y comarcas solitarias que antes estaban pobladas y llenas de vida y animación. La escasez era terrible, sin levantar cosechas, pues nadie quería sembrar, y destrozados y solos los criaderos de ganado, estaban a completa disposición de las gavillas de bandidos que vivían del abigeo.
Caballada se puede decir que no había ya, pues los doce o quince mil hombres de Orozco se habían proveido de caballos del Estado.
En tales condiciones entró el Constitucionalismo en nuestro Estado natal. Al principio, hasta sin un Jefe que dirigiera el movimiento, pues el
Gobernador González había sido asesinado y el General Villa no sabía aun nada de cierto. Hernández, Chao y Herrera, que fueron los primeros en levantarse, no desmayaron ni un momento, y con sus fuerzas aun débiles, se lanzaron sin temor a la lucha.
El General Villa pasa el Bravo con nueve hombres y sin más elementos de guerra que su inmensa fe en la justicia de la causa, y pronto empieza a organizar una fuerza, que muy pronto es un regimiento, y más tarde llega a la categoría de Brigada. Después es una División la que está a sus órdenes. Inenarrables son los trabajos y visicitudes que pasó nuestra gente en esta campaña, siempre desprovista de parque, tenían que pertrecharse del que le quitaban al enemigo, pues para comprarlo en los Estados Unidos, era
necesario en primer lugar, dinero, del cual se carecía casi siempre y por otra parte, el que con mil sacrificios llegaban a comprar, se pasaba con miles de contratiempos, por la estricta vigilancia que ejercían las
autoridades de los Estados Unidos en la frontera, cuando no era confiscado por ellas o caía en poder del enemigo ya estando en territorio nacional. La gente duró como siete a ocho meses sin sueldo alguno, pues hasta Torreón no comenzó a percibir haberes, manteniéndose como podían, con carne de res y tortillas de harina, y muchas veces carne sola, frugal
alimento que tuvieron por mucho tiempo. Con una paciencia y resignación admirables, sufrían aquellos heróicos soldados todo, plenamente
convencidos de que sus sacrificios eran en bien de la Patria y que tarde o temprano tendrían una recompensa.
Estos luchadores humildes, estos héroes abnegados, son dignos del mayor encomio y de figurar en las páginas más brillantes de la historia. Ellos son el instrumento que de la victoria, el brazo fuerte de los hombres grandes. Sólo aquel que haya combatido a su lado, que los haya acompañado en la azarosa vida de la campaña, podrá comprender cuanta abnegación se encierra en esos dignos hijos del pueblo. Harapientos, descalzos, comiéndose un pedazo de carne cruda, los veréis en el campamento, poseídos de una alegría y buen humor poco común. En la noche se
escuchan sus alegres cantos, sus sentimentales canciones, donde enzalsan las acciones de sus jefes en sus famosas tragedias.
En los combates los veréis animosos y valientes entrar a la lucha
vitoreando al héroe legendario de inmortal memoria, al mártir Madero y a su querido General Villa, e impávidos recibir la muerte. Cuántos de ellos dejan una numerosa familia en la orfandad. Cuántos exhalan su postrer suspiro dejando a seres queridos sin amparo y sin sustento: pero fijo su pensamiento en la Patria. Urge que el Gobierno Constitucionalista ponga su atención y pensione a todas las familias de esos valientes, que murieron en el campo de honor, defendiendo la honra ultrajada de su Patria.
¡Invictos y gloriosos héroes de la clase humilde, yo os admiro y respeto vuestra memoria con veneración! iA vosotros dedico esta humilde página como homenaje a vuestra heroicidad y patriotismo! ¡Vosotros humildes hijos del pueblo, sóis los más dignos de la Patria y vuestra memoria, es timbre de gloria para nuestra raza!
Prosiguiendo con la relación interrumpida, terminaremos con la siguiente conclusión.
Ningún otro Estado en la República se hallaba en la situación precaria y crítica del nuestro, causa a las revoluciones anteriores, porque había pasado éste y ninguno igualmente se levantó con tan poca fuerza y elementos de guerra.