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acabar con los sindicatos sin poner en riesgo su imagen

pública y la generación de

“Simultáneamente a estos despidos, la compañía -Unión Fenosa (ahora Gas Natural Fenosa)- puso en marcha una serie de mecanismos para dividir a los trabajadores, entre ellas la creación de un comité de base paralelo al sindicato, en el que se concedían numerosas ventajas a quien formara parte del mismo. Los nuevos contratados, bajo la forma de “contratos corporativos”, son bonificados y conducidos a firmar que no se afiliarán a ningún sindicato” (entrevista a Pedro Ramiro y Erika González, de OMAL-Paz con Dignidad). Las experiencias con las fórmulas de sub- contratación llevadas a cabo por las ETNs, muestran este específico objetivo –el de acabar con los sindicatos- sin poner en riesgo su imagen pública y la generación de beneficios. Las vicisitudes en torno a la creación de contratas de la propia ETN, a la exclusiva determinación del carácter nacional de la empresa contratada o al recurso a las CTA son algunos de los ejemplos menciona- dos por los movimientos sociales y sindicales a la hora de escenificar la incansable bús- queda de la ruptura de lazos de solidaridad obrera por parte de las empresas:

“Estas empresas suelen ser ETT

constituidas por la misma empresa. Es más, el BBVA externalizó sus tareas a

través de Deval (¿?), pero fue

denunciado y puesto en la picota pública por las malas prácticas laborales que tenía la empresa, tras lo cual le dieron el contrato a ADECCO, que es una ETN. Pero el BBVA era accionista de Deval (¿?), solamente que fue puesta en tela de juicio, en evidencia. Ej.: un talonario de cheques en este país, vale más o menos 300.000 pesos, de 100 cheques. Con la venta de un talonario de esos se pagaba el salario de un trabajador durante 6 horas al día en el mes; es decir, más o menos 440.000 pesos, unos

220 dólares -el salario mínimo en Colombia está en unos 260 dólares-. Es decir, precaria la forma en que han venido vinculando trabajadores. Eso en el caso del BBVA, cuya plantilla hoy día no debe de superar los 3.200 trabaja- dores, y prosigue con tendencia a la baja con una permanente desvinculación directa para ser vinculado a través de un intermediario” (entrevista a Hildelbran- do León Cortes y otros, del sindicato UNEB).

“La característica intrínseca de las nuevas contrataciones es que todas se hacen por la vía de la tercerización. La mayor parte de las empresas, como Repsol lo que hace es tercerizar todas

las actividades de producción y

desarrollo, subcontratarlas a otras

empresas -buena parte de ellas

extranjeras, que llegan acompañadas de las ETNs-. Muchas de estas empresas son subcontratistas independientes. (…) En una primera etapa eran extranjeras, que además tenían el problema que se podían crear lazos de solidaridad entre trabajadores bolivianos tercerizados y otros trabajadores argentinos, mexica- nos, brasileros…. y en una segunda etapa se procede a contratar empresas regionales. Desde el punto de vista de condiciones laborales en sentido estric- to, se disminuye el trabajo: todos los puestos de antes quedan reducidos, de modo que 5 trabajos de antes se con- vierten en dos o un trabajo; las jornadas son amplias y el personal es más joven. Básicamente eso” (entrevista a Marco Gandarillas, del Centro de Documenta- ción e Investigación de Bolivia).

“De hecho nunca había habido tantas condiciones para generar la unidad entre las filiales, porque la gente busca, porque se ve afectada. Todas las empre- sas filiales han sido de carácter regional,

propias, históricas, formadas por los municipios, y tienen mucha cultura del arraigo de carácter regional, y llega EPM como una multinacional a romper la región y a imponer prácticas y condiciones de la matriz” (entrevista a Edgar White Uribe, del sindicato Sintraemsdes).

“Ha habido algunos experimentos

respecto a la constitución de las coope- rativas, pero el tema es que cuando se subcontrata de esta forma (readmisión de los trabajadores despedidos por medio de contrato mercantil con la cooperativa) se genera una relación colectiva con el contratante, digamos que es una relación más directa entre la gente contratada y la empresa. Aun así, algunos servicios se han provisto de esta manera, y hace varios años ya, pero eso generaba relaciones directas entre el contratista – ya sea el Estado o quien sea- y los contratados, y muchas peleas, porque ahí sí conocen sus derechos. (…) Entonces, la forma más eficaz es esta otra: se contrata a uno, que termine siendo el malo de la película, genera una utilidad que se basa fundamentalmente en subcontratar a personas, pagarles una miseria y establecer condiciones infrahumanas a quienes muchas veces son ex-compañeros de trabajo o familiares” (entrevista a Marco Ganda- rillas, del Centro de Documentación e Investigación de Bolivia).

Así, tenemos que en la práctica la dualización del mercado de trabajo ha sido capaz a menudo de poner en jaque al sindicalismo, al tener que defender posturas de uno u otro segmento de trabajadores y trabajadoras en base al mantenimiento de su poder en la empresa y el miedo a perder un poder consagrado durante años- e incluso a su propia supervivencia:

“Es muy difícil la afiliación de todos esos trabajadores, pero también debido a

problemas internos de los sindicatos, temores e intereses relacionados con las estructuras de poder -¿Quién va a dirigir el sindicato?,¿quién va a ser elegido?- y correlación de fuerzas” (entrevista a Carlos Bustos, de ICEM -Federación Internacional de Sindicatos de la Energía, Química, Minas e Industrias Diversas).

“Y que de ahí resulte un convenio de empresa, o lo que recoge Turquía, algo como un convenio de una suma de empresas, porque el sectorial no está ni contemplado... pero claro, poner en marcha esto es una cosa tremenda-

mente difícil, incluso desde la

perspectiva sindical, por las pugnas sindicales, no se ponen de acuerdo,

porque cambian las mayorías,…”

(entrevista a Isidor Boix, del sindicato CCOO- Federación de Industrias Textil, Piel, Químicas y Afines).

El resultado de lo expuesto ha sido que a veces, y más aún en contextos determinados, los sindicatos han alcanzado fundamental- mente a proteger un grupo de trabajadores y trabajadoras muy concretos, marginando a los trabajadores atípicos (Rosenbaum Rímolo, 2000:507). Sin embargo, bien es cierto que se percibe una suerte de debate interno en torno al proceder de éstos con la subcontra- tación laboral:

“La tercerización es, pues, clave en la precarización de las relaciones labora- les. Todo se hace a través de las contratistas. Lo que ocurre es que no tenemos la suficiente fuerza para enfrentar la tercerización y la desloca- lización productiva, por una razón bien sencilla: los trabajadores organizados en sindicatos apenas alcanzamos a tener el 4% de la población económicamente activa de Colombia. Ese 96-95% está expuesta a la explotación de esas ETNs,

porque ni están organizados ni tiene posibilidad de defenderse” (entrevista a Dani Rico, del sindicato USO).

“Es una discusión bastante interesante presente en el escenario político laboral, pero que desafortunadamente el sindi- calismo colombiano no lo ha convertido en una bandera de lucha. Hay que decirlo así. No se ha dado cuenta de que hoy la mayoría de los trabajadores son trabajadores en esas condiciones, y siempre ha insistido en organizar a los trabajadores con contrato indefinido. Existe un fallo de la corte constitucional que muestra que pueden ponerse al servicio de estos trabajadores y hasta ahora no se ha hecho ni una marcha, ni una movilización que convoque a la solidaridad con esos trabajadores. Se trata de una cuestión preocupante. Cómo esta cuestión ha afectado al sindicalismo, y cómo el sindicalismo no ha hecho nada para denunciar a las cooperativas” (entrevista a Cristóbal Silva, del Instituto Sindical Nacional).

“Creo que están establecidas la normas,

o sea, se tiene que tener una antigüedad de trabajo en la misma empresa, entonces, solo así pueden ser ellos sindicalizados. Entonces, la empresa limita todo esto y esto tendríamos que romper, porque, las personas van a un lugar de trabajo donde tienen que estar seguros y con todos sus beneficios. Y no tendrían que oponerse, los empresarios, a todo esto” (entrevista anónima, trabajador de PIL).

La experiencia parece sugerir que las ocasiones en que el movimiento sindical ha logrado materializar esta articulación de intereses ha sido precisamente cuando le

proceso de subcontratación alcanzaba

dimensiones estratosféricas y lo terrible de las consecuencias era muy evidente, entre las

que se hallaba la pérdida de la representa- ción sindical:

“En cuanto a los conflictos entre trabajadores derivados del recurso a la tercerización, la intervención sindical no ha sido una tarea fácil, y hay que particularizar cada caso, pero cuando se ha tenido éxito, en términos generales, ha sido en aquellos casos en los que la supervivencia del sindicato dependía de la incorporación de los trabajadores tercerizados. Es el caso de la Ross. En el caso de la Ross la empresa estaba fortaleciendo su producción en donde no existían sindicatos y trabajaban con tercerizados. Ellos estaban acabando, solos -a través de retiros, etc.-, con el núcleo de la empresa donde había presencia sindical. Entonces, este núcleo

pequeñito donde existían aún

sindicalizados, extendió su cobertura al sector tercerizado donde ellos estaban fortaleciendo su producción. Se exten- dieron, por ejemplo las reivindicaciones y las negociaciones a todos los trabaja- dores, bajo amenaza de huelga… y se hizo huelga en todos los sectores. Pero eso fue posible gracias a que el sindicato era de industria, y se ejerció presión sindical desde el ámbito internacional - se hizo la denuncia incluso en el sindicato de EEUU, origen de la ETN- y gracias a ello se firmó el convenio colectivo” (entrevista a Carlos Bustos, de ICEM -Federación Internacional de

“En Copetrol (…) aunque no

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