IV. L A BIOÉTICA GLOBAL
2. Bioética global en relación con la justicia
2.1. El acceso a las comunicaciones y los avances en biotecnología Enumerando dos ejemplos que han dado lugar a una nueva con-
ciencia global, los avances en biotecnología y el acceso a la informa- ción, intentaremos mostrar a continuación la urgencia y radicalización en la búsqueda de un marco nuevo para la justicia. Podríamos citar también el problema ecológico, pero preferimos omitirlo por conside- rar que está más ligado en su origen al desarrollo industrial del siglo XIX que al desarrollo de las nuevas tecnologías sin las cuales no se hubiese producido lo global.
Paradójicamente, cuanto más se diversifican e incrementan las demandas de igualdad y de libertad en la actualidad, más desprotegi- dos se encuentran los ciudadanos, dado que los estados nacionales no pueden realizar como antes sus tareas tradicionales de proveer inte- gración, seguridad y bienestar. La globalización contemporánea pro- voca un incremento en la utilización de sistemas globales de informa- ción. Ideas, servicios, bienes de consumo, palabras, imágenes y soni- dos, entre otros, circulan por el mundo a velocidades increíbles. Para Thurow, “desde el punto de vista tecnológico, los costos de transporte y comunicación han bajado sustancialmente, y la velocidad con la cual se viaja y se transmite ha aumentado exponencialmente. Esto ha hecho posible crear nuevos sistemas de comunicaciones, dirección y control dentro del sector empresarial. Los grupos de diseño e investigación se pueden coordinar en diferentes partes del mundo; los componentes se pueden fabricar en el lugar del mundo que sea más barato y enviar a puestos de montaje que minimicen los costos totales. Los productos armados se pueden despachar rápidamente hacia donde sean necesa- rios a través de sistemas de flotas aéreas puntuales”85. Esta difusión de
85. THUROW, L., El futuro del capitalismo. Cómo la economía de hoy determina el mundo de
información y tecnologías de comunicación86ha dado lugar a lo que se
conoce como “división digital” entre aquellos que tienen acceso a la red y aquellos que no. La división es particularmente importante en países infradesarrollados donde existe poca difusión o ésta se limita en forma exclusiva a los sectores urbanos y capacitados de la población. Sin contar con la posibilidad de conectarse a la red mundial de comu- nicación que beneficia de diversos modos a aquellos que están conec- tados, la división digital es entonces un claro caso de distribución desi- gual de los recursos, de justicia. Todos estos cambios, en general, han de tener que ver con el modo en que se concibe a la justicia.
En el incremento de las tecnologías en la “era de la información” se podría ir hacia un pessimum, y no a un optimum. Fukuyama ha mostra- do la ambigüedad de estas tecnologías al abrir la posibilidad de que el futuro sea “posthumano”87. Lo cual lleva a preguntarse por lo esencial
de la naturaleza humana, a poner de nuevo sobre el tapete ese viejo tema que ha ido siendo relegado paulatinamente por el mundo liberal. Pero lo verdaderamente sorprendente no es que lo aborden de nuevo autores como Fukuyama, sino también otros tan reacios a tratar una
posible naturaleza humana como Habermas88. Por otra parte, la segun-
da mitad del siglo XX se ha caracterizado por una aceleración de los cambios en todos los órdenes. Después de la Segunda Guerra Mundial la humanidad entró en una dinámica de cambios rápidos y profundos en todos los aspectos de la vida. Los cambios subsiguientes a la desco- lonización han supuesto una nueva configuración del mapa geopolíti- co mundial. Los cambios económicos y sociales han llevado a la llama- da globalización, con todos los problemas que ésta ha suscitado. Los cambios en los conocimientos científico-técnicos también han sido muy notables en todas las ramas de la ciencia. Pero, en especial, son la infor-
86. Cf. BARROSO, P., “Bibliografía sobre ética de los medios de comunicación social y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación”: en Documentación de las
Ciencias de la Información 24 (2001) 397-438.
87. Cf. FUKUYAMA, F., El fin del hombre. Consecuencias de la revolución biotecnológica. Ediciones B, Barcelona 2002. Sorprende que un autor como Francis Fukuyama, que ha trabajado con ahínco como paladín de las doctrinas neoliberales, al servicio del “merca- do global” que instaura el capitalismo contemporáneo, cuando repara en la importancia de las biotecnologías y en lo arriesgado de sus consecuencias, vuelva su atención a los Estados para que, en sus respectivos ámbitos y también mediante acuerdos internacio- nales, hagan valer su poder mediante legislaciones que las regulen. O.c., 27 ss.
88. Cf. HABERMAS, J., El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal? Paidós, Barcelona 2002.
mática y la biología las dos nuevas ciencias que en el último cuarto del siglo XX y comienzos del siglo XXI están conformando la cultura glo- bal. Así como la primera mitad del siglo XX quedó marcada por la pro- fundización en el conocimiento de la materia, en lo que se ha llamado la era atómico-nuclear, en la segunda mitad del siglo son la informática y la biología molecular las que tienen la hegemonía en el mundo de la telemática, de las comunicaciones, de la nueva medicina, de la tercera revolución verde, etc. En estas disciplinas, la ciencia y la técnica tienen un maridaje indisoluble: es la tecnociencia89, que cristaliza en el tecno-
cosmos. Ya Ortega y Gasset en su meditación de la técnica predijo, en 1933 en un curso dado en Santander, el papel de la técnica en la segun- da mitad de siglo. Ortega definía la técnica como “la reforma que el hombre impone a la naturaleza en vista de la satisfacción de sus nece- sidades. Éstas, hemos visto, eran imposiciones de la naturaleza al hom- bre. El hombre responde imponiendo a su vez un cambio en la natura- leza. Es, pues, la técnica la reacción energética contra la naturaleza o cir- cunstancia que lleva a crear entre éstas y el hombre una nueva natura- leza puesta sobre aquélla, una sobrenaturaleza”90.
La década de los años setenta del siglo XX podemos llamarla como década de la biotecnología. Desde muy antiguo la humanidad, sin saberlo, ha utilizado los seres vivos para la obtención de bienes consu- mibles en las fermentaciones del vino y del pan, la fabricación de que- sos, etcétera. Los organismos vivos se utilizaban tal como los daba la naturaleza. Sin embargo, las enzimas de restricción descubiertas por Daniel Nathan y Hamilton Smith, enzimas que cortan el ADN dando extremos adhesivos, posibilitaron la técnica del ADN recombinante. Era posible cortar un trozo de la cadena ADN en el que se encuentra un gen determinado e introducirlo en otro ADN de otro organismo vivo que de ahora en adelante portará un gen foráneo incorporado. El hom- bre había entrado en el sancta sanctorum de la vida91: el genio se había
escapado de la lámpara, puesto que se puede entrar en un genoma, cor- tar la molécula del ADN, introducir genes extraños a la especie y, con-
89. Cf. HOTTOIS, G., Le paradigma bioéthique: Une éthique pour la technoscience. De Boeck, Bruselas 1990; HICKMAN, L. A., John Dewey´s Pragmatic Technology. Indiana University Press, Bloomington/Indianápolis 1990; Tehnology as a Human Affair. McGraw- Hill, Nueva York 1990.
90. ORTEGA Y GASSET, J., Meditación de la técnica. Revista de Occidente, Madrid 1977, 32. 91. Cf. NOSSAL, G. J., Los límites de la manipulación genética. Gedisa, Barcelona 1988; NEWELL, J., Manipuladores de genes. Pirámide, Madrid 1990.
secuentemente, producir organismos transgénicos92. De este modo, en
la historia de la Genética hay un antes y un después del ADN. Es una historia que se puede dividir en dos lapsos de tiempo más o menos equivalentes. El nacimiento de una nueva ciencia que diera cuenta de la herencia de los caracteres biológicos habría de producirse cuando se pudiera responder a las preguntas: ¿cuáles son las leyes por las que se transmiten los caracteres biológicos de padres a hijos? y ¿cuál es la base molecular de la herencia, es decir, qué son los genes? De ahí que pueda dividirse la historia de la Genética en los dos períodos a los que nos hemos referido: desde el año 1865, en que Mendel hizo públicos sus experimentos, relacionados con las leyes de la transmisión de los carac- teres biológicos hereditarios, y 1900, año en que Hugo de Vries, Karl Correns y Erich von Tschermak-Seyseneg redescubren las leyes de Mendel, hasta 1944; y desde 1944 hasta nuestros días. Es en 1944 cuan- do Avery y sus colaboradores identifican el ácido desoxirribonucleico como la base molecular de la herencia, es decir, descubren que los genes son ADN, y en 1953 Watson y Crick proponen el modelo estructural de doble hélice. Por otra parte, en la década que abarca de 1975 a 1985 se desarrolla la tecnología de los ácidos nucleicos que hace manipulables a los genes. Esta posibilidad de manipulación de los genes da lugar a lo que se ha llamado la “nueva genética”, esa revolución de las biotecno- logías, acaso tan decisiva en la historia de la humanidad como las revo- luciones agrícola, industrial o informática93, dando lugar de paso a una
“dogmatización del gen”, a un prometeismo genético.
Llegamos a junio de 2000, cuando la revista Time, como todos los medios, nos da cuenta de que se ha realizado por primera vez el borra- dor del genoma humano y muestra juntos a los dos campeones del pro- yecto en sendas carreras, la carrera pública y la privada, es decir, Collins, director del Proyecto Genoma Humano (PGH) americano y, por extensión, internacional, y Venter, que siempre insistía en el dere- cho de patentes y se empleó en una empresa biotecnológica (Celera
Genomics), siendo realmente quien avanzó más que ninguno en el pro-
yecto. Según una humorgrafía, en el cielo un ángel anuncia al Señor: “Señor, descubrieron el código del genoma humano”, y el Señor res-
92. Cf. AA. VV., Introducción a la Biotecnología vegetal: Métodos y Aplicaciones. Publi- caciones Obra Social y Cultural Cajasur, Córdoba 2001.
93. Cf. LACADENA, J. R., Genética y bioética. Universidad Pontificia Comillas/Desclée de Brouwer, Madrid 2002, 15-51.
ponde: “Malditos hackers, voy a tener que cambiar la contraseña”. Esto es ilustrativo, porque habla de la genética y genómica, reflejando una circunstancia particular, pues se juntan la tecnología biogenética con la cibernética o informática94, lo que en realidad ha permitido un avance
asombroso del proyecto. La unión de las dos tecnologías, la biogenéti- ca con la cibernética, se expresa en las metáforas biológicas que inun- dan la realidad informática, la de los virus y las patologías de las máquinas, por las cuales nos estamos identificando con nuestras pro- pias creaciones. Pero también empieza a surgir mística del gen, una mistificación de la genética, como si ésta nos fuera a revelar el misterio del ser o de lo que somos aunque en ciencia, hasta ahora, nunca hubo revelación, ni cabe esperarla, porque las revelaciones son relatos reli- giosos. De la mistificación genética se está sólo a un paso del manique- ísmo genético: la polaridad del bien y del mal, que encierra un conoci-
miento peligroso95. Evidentemente, la posibilidad de manipular los
genes ha abierto la caja de Pandora, estimulando la imaginación y desafiando con interrogantes de todo tipo tanto a la acción como a la reflexión humanas. Un gran número de tales interrogantes son éticos, y tal vez podrían concretarse en los siguientes ámbitos: manipulación genética humana, organismos modificados genéticamente y animales transgénicos. En lo que hace a la manipulación genética humana, cabría considerar todavía con Lacadena los siguientes niveles:
• Manipulación molecular (análisis molecular del genoma humano, secuenciación del genoma, diagnosis preimplantacional o prena- tal molecular, identificación por “huellas dactilares” del ADN) y utilización de genes humanos.
• Manipulación de células humanas (células somáticas, células germi- nales, hibridación celular interespecífica, reproducción y mani- pulación de embriones humanos).
94. Cf. ABASCAL, F.,/VALENCIA, A., “Bioinformática”: en MAYOR, F.,/ALONSO, C. (COORDS.), Gen-Ética. Ariel, Barcelona 2003, 139-160.
95. A diario comprobamos la expresión pública de los pros y contras de la revolución bio- tecnológica en la polémica sobre los alimentos transgénicos, las patentes animales, los xeno- transplantes y, en general, la mercantilización, comercialización o comodificación de la vida. Si hay una onda negativa que ve el agravamiento de la crisis ecológica con la biotec- nología, hay también una onda positiva que ve en ella el medio para revertir aquella. Así, las tecnologías reproductivas salvan de la extinción a ciertas especies. En síntesis a priori, la biotecnología, por un lado, parece abrirse ante nuestros ojos con todos los bienes y, por el otro, el origen de todos los males para la humanidad. Sobre este tema es muy interesante el numero monográfico “Los problemas morales de la biogenética”: en Igesoría 27 (2002).
• Manipulación de individuos humanos (eugenesia positiva, eugene- sia negativa).
• Manipulación de poblaciones humanas96.
A nadie se le oculta que cada uno de estos niveles, incluso cada uno de los aspectos que se contemplan en ellos, requiere un tratamiento éti- co específico, porque los problemas que se plantean en ellos no son en
modo alguno los mismos; de ahí que la Gen-Ética97sea hoy uno de los
ámbitos más trabajados en el conjunto de las éticas aplicadas98. A la
nueva Genómica, es decir, al estudio de toda la masa de genes, le ha de seguir una “gennómica” (si se permite el neologismo), una nómica, homología o teoría normativa del gen; novedad semántica ésta que mostraría muy claramente que, así como la biología hoy no puede caminar sin la bioética, la genética exige una normativa del gen, una gennómica. No es posible avanzar actualmente en la investigación científica sin criterios morales, sin principios normativos. Con más razón eso es así en la ciencia genética, como ciencia de la igualdad y la diferencia que es, es decir, una ciencia siempre del buen gen y el mal gen, y que exige, en cualquier caso, una posición de valor. Por eso la genética, invariablemente, ha estado vinculada al tema de la eugenesia, con su historia ominosa en el pasado. Sobre el panorama que de entra- da presenta la genética, ahora se inserta la posibilidad de una gennó- mica y tenemos que acompasar el desarrollo del conocimiento científi- co de los genes con una apreciación, una valoración y unos principios normativos para la investigación en y para sus aplicaciones.
Pero quizá la característica mayor de la biotecnología no sea su imperiosa novedad y aceleración, ni siquiera la posibilidad, ya hoy rea- lidad, de la manipulación genética de los organismos vivos, sino la constatación de que el hombre ha pasado de ser sujeto de la manipula-
ción a ser él mismo el objeto de su propia manipulación99. Queda en
96. Cf. LACADENA, J. R., Genética y bioética, o.c, 21-23. 97. Cf. MAYOR, F., Gen-Ética: en o.c., 307-343.
98. Cf. SANMARTÍN, J., Los nuevos redentores. Anthropos, Barcelona 1987; “El desafío de la Gen-Ética”: en Tendencias científicas y sociales 19 (1990) 8-9; GRACIA, D., “Problemas filosóficos de la ingeniería genética”: en AA. VV., Manipulación genética y moral. Fundación Universitaria CEU, Madrid 1988, 57-120; GAFO, J., Problemas éticos de la mani-
pulación genética. Paulinas, Madrid 1992; Diez palabras clave en bioética. Verbo Divino,
Estella 1997; ROMEO, C., Del gen al derecho. Universidad Externado de Colombia, Bogotá 1996; FEITO, L., El sueño de lo posible. Universidad Pontificia Comillas, Madrid 1999 .
99. Cf. NÚÑEZ DE CASTRO, I., “Respeto a la vida humana y a su integridad perso- nal”: en V Congreso Nacional de las Reales Academias de Medicina. Sucesores de Nogués, Murcia 1989, 85-93 .
poder de los seres humanos la posibilidad de manipular el comienzo y el final de la vida humana. Nos encontramos, pues, ante una nueva revolución. No es una revolución más, como en su día pudieron serlo la revolución industrial, la revolución social o incluso la revolución nuclear. No es una posibilidad de manipular con los genes, sino, más profunda y radical aún, es la posibilidad de manipular en los mismos genes, saltándose ese fino equilibrio logrado en la evolución de las especies desde que el primer organismo vivo apareciera sobre la super- ficie de la Tierra, hace aproximadamente tres mil quinientos millones de años, hasta la aparición del homo sapiens sapiens, nuestra especie bio- lógica. De hecho, el comportamiento ético del hombre, es decir, la orde- nación voluntaria de su conducta conforme a un marco referencial de valores, es una consecuencia más de su devenir evolutivo100. Las nue-
vas posibilidades abiertas en el campo de la genética, por un lado, generan interrogantes morales hasta ahora desconocidos y, por otro, nos obligan a reformular de una manera totalmente nueva cuestiones y conceptos que hasta ahora funcionaban de forma adecuada. Así ocu- rre, en particular, con las teorías de la justicia101. Por ejemplo, los avan-
ces en biotecnología dan lugar, entre otros problemas, a que millones de agricultores en países desarrollados puedan llegar a ser controlados por aquellos que detentan los derechos a la tecnología. Permiten crear nuevos productos que prometen calmar el hambre, mejorar la nutri- ción y reducir la pobreza que padece gran parte de las personas del globo. De este modo, los agricultores pasan a depender de estos pro- ductos y se ven forzados a abandonar sus tradicionales modos de vida. Las grandes empresas del mundo desarrollado mantienen los derechos sobre la propiedad intelectual de sus productos, los que venden a los agricultores de los países en vías de desarrollo. Estos productos, debi- do a su efectividad para combatir las enfermedades de los cultivos y demás, atraen fácilmente a los agricultores. No será extraño entonces que los agricultores de los países en vías de desarrollo pasen a depen-
100. Cf. AYALA, F. J., “The Biological Roots of Morality”: en Biology and Philosophy 3 (1987) 235-252.
101. La reverenciada obra de RAWLS, J., Teoría de la justicia. Publicada en 1971 en inglés, se editó en 1978 y una segunda edición con correcciones en 1995, ambas por la editorial FCE, está articulada sobre estos ejes fundamentales. Ideas que con matizaciones van a estar presentes en posteriores escritos: Justicia como Equidad. Tecnos, Madrid 1986;
Liberalismo Político. FCE, México 1996. Como afirma Robert Nozick, “ahora los filósofos
políticos tienen que trabajar según la teoría de Rawls, o bien explicar por que no lo hacen”. NOZICK, R., Anarquía, Estado y Utopía. FCE, México 1988, 183.
der de la tecnología y que, al final, las grandes empresas multinacio- nales perciban un enorme aumento en sus ganancias. El alimento, necesidad básica vital, estaría así constituido por productos patentados por estas empresas.
Otro ejemplo. Estamos acostumbrados a que exista un acuerdo rela- tivamente amplio en torno al concepto de persona y la discusión se sue- le centrar en el tipo de bienes primarios que habrían de distribuirse entre un conjunto dado de individuos que dé acceso a un sistema igual de oportunidades partiendo de una “posición original”102. Pero la posi-
bilidad de transformar los talentos personales y, así, modificar algunos rasgos de nuestra población de acuerdo con criterios actuales abre un importante debate en la medida en que dichos cambios pueden consi- derarse recursos y, así, objeto de redistribución. Por otro lado, el hecho de que ciertas alteraciones puedan o incluso deban realizarse con vistas al bien de futuros individuos, conlleva el riesgo de que se abra paso una homogeneización social empobrecedora o de que se eliminen valiosas formas de vida y de cultura. Desde el momento en que somos capaces de modificar a las personas en aspectos esenciales, debemos tener en cuenta que la justicia puede exigir algunas alteraciones sobre las mis-