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En sus orígenes

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III. E L MARCO DE LA BIOÉTICA

1. En sus orígenes

La ética de la vida tiene mucho que aportar aquí pese a su juven-

tud42. La utilización del término “bio-ética” para designar una nueva

40. Victoria Camps ha hecho ver como la ética de las virtudes es un complemento nece- sario de los dos grandes paradigmas de la ética moderna: la ética de los principios y la ética de las consecuencias. Ambos paradigmas o modelos resultan insuficientes si no se les añade un aspecto que no contemplan y es la formación de la persona, en la línea de lo propuesto por la ética aristotélica. Cf. CAMPS, V., “Principios, consecuencias y virtu- des”: en Daimon 27 (2002) 63-72 .

41. Cf. ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco. Libro X, cap.6 y 7.

42. Para ver un desarrollo de la misma, cf. GAFO, J., “Veinticinco años de bioética”: en

Razón y Fe 234 (1996) 401-414; 10 palabras clave en Bioética. Verbo Divino, Estella 1997;

disciplina ha cobrado, en poco más de treinta años43, plena carta de ciu-

dadanía. Está de moda hablar de bioética y ya prácticamente nadie siente incomodidad ante el término sino que, muy al contrario, es refe- rencia de lo “socialmente correcto” en las discusiones públicas sobre

los grandes temas y problemas surgidos alrededor de la vida44. Sin la

aparición de la bioética, posiblemente el amplio abanico de cuestiones que están tras ella permanecería ligado a un lenguaje propio de la moral religiosa, desvinculado de una ética secular y del debate social. Éste ha sido, sin duda, uno de los logros de la bioética moderna: uni- versalizar el debate ético45. Sin embargo, como pone bien de manifies-

(2001) 591-606; GRACIA, D., “Planteamiento general de la bioética”: en VIDAL, M., (DIR.), Conceptos fundamentales de la ética teológica. Trotta, Madrid 1992, 421-438; VIDAL, M.,/ ELIZARI, F. J., “La bioética”: en Moralia 7 (1985) 189-199; FEITO, L., “Panorama his- tórico de la bioética”: en Moralia 20 (1997) 465-494. Un recorrido por las fechas decisivas en la gestación de la bioética como nueva disciplina a lo largo del s. XX, tanto en el mar- co mundial como español, se encuentra en la síntesis de SIMON, P./ BARRRIO, I. Mª, “Un marco histórico para una nueva disciplina: la bioética”: en COUCEIRO, A. (ED.),

Bioética para clínicos. Triacastela, Madrid 1999, 37-71 .

43. El término aparece por primera vez en el año 1970. Cf. POTTER, V. R., “Bioethics, Science of Survival”: en Biology and Medicine 1 (1970) 127-153. (Existe trad. en castellano en POTTER, V. R., “Bioética, la ciencia de la supervivencia”: en Selecciones de Bioética, Bogotá 1 (2002) 121-138. En el texto, Potter afirma: “Una ciencia de supervivencia debe ser más que una ciencia sola, y por consiguiente propongo el término Bioética para poder enfatizar los dos más importantes componentes para lograr la nueva sabiduría que tan desesperadamente necesitamos: conocimiento biológico y valores humanos”; GRACIA, D., “El qué y el por qué de la Bioética”: en Cuadernos del Programa Regional de

Bioética 1 (1995) 35-53.

44. En el origen de la bioética moderna se encuentran los saltos cualitativos acaecidos en las ciencias biomédicas, sobre todo, a partir de la segunda mitad de este siglo. O lo que es lo mismo, la bioética ha sido y es arrastrada por la locomotora de los nuevos avances y su mismo origen hay que plantearlo desde este presupuesto. Es interesante preguntar- se el porqué del nacimiento de una nueva disciplina como la Bioética si ya contábamos con disciplinas preexistentes y habituales como la Ética, la Moral o la Deontología médi- ca. No se trata de una mera moda, sino que responde a algunos cambios importantes ope- rados en los últimos 30 años. Cf. GRACIA, D., “Problemas éticos en Medicina”: en GUA- RIGLIA, O. (ED.), Cuestiones Morales. Trotta, Madrid 1996, 275-277; “Planteamiento general de la bioética”: en COUCEIRO, A. (ED.), Bioética para clínicos. Triacastela, Madrid 1999, 19- 36; ABEL, F., Bioética: orígenes, presente y desarrollo. Instituto Borja de Bioética /Fundación Mapfre Medicina, Madrid 2001.

45. Cf. PELLEGRINO, E. D., “Bioethics at Century’s Turn. Can Normative Ethics Be Retrieved?”: en Journal of Medicine and Philosophy 6 (2000) 655-675. “At the Kennedy Institute ethics was pursued primarily as a branch of philosophy and an extension of the ancient field of medical and professional ethics. Its major orientation was to medical practice. At Wisconsin, bioethics was conceived as a more broadly scientific and inter- disciplinary pursuit. It had broader biological roots extending from ecology and popu- lations to molecular biology. Following this model, bioethics has become a quasi-utopian promise of a new biologically based ethics”. o.c., 656.

to D. Gracia, “su éxito ha sido proporcional a su propia indefinición. De hecho, cada uno lo ha interpretado a su modo y manera, de acuer- do con su profesión o ideología”46. Ha sido preciso crear toda una nue-

va disciplina que desborda la temática de las clásicas Ética o Moral Médica, ya que no sólo se hace referencia a los problemas que surgen en el ámbito sanitario, sino que se incluye una preocupación ética glo- bal por toda vida –bios–.

Así, por ejemplo, la grave problemática suscitada por el deterioro ambiental y por la preocupación por la extinción de varias formas vida en el planeta entran de lleno dentro de la temática bioética. Como afir- ma el mismo Diego Gracia: “(La bioética) no es una ética particular, ni menos una ética profesional; sino un nuevo modo de ver o enfocar los problemas éticos, el propio de nuestras sociedades en las postrimerías del segundo milenio. Hace algo menos de un siglo, en plena guerra fría entre Este y Oeste, los problemas éticos, cualesquiera que fueran, aca- baban desembocando en cuestiones de ética social, y a la postre en la toma de posición entre liberalismo y socialismo. Hoy las cosas han cambiado, y la gran confrontación no es ésta, sino otra que parece ser aun más grave, la dialéctica Norte-Sur, el problema de la vida y del futuro de la vida. Quizá por eso todas las cuestiones, por ajenas que parezcan, acaban siempre convirtiéndose en problemas bioéticos. Hace años escribí que la bioética es, por ello, la ética civil de nuestras socie- dades en los albores del siglo XXI. La ética de estas décadas será bioé- tica o, en caso contrario, no será nada”47.

46. Para el Dr. Gracia, “los médicos vieron en él el nuevo rostro de la clásica ética médi- ca o deontología profesional. Los biólogos y ecólogos, por su parte, consideraron que obedecía a la nueva toma de conciencia de las sociedades avanzadas por el futuro de la vida, ante las continuas agresiones al medio ambiente. Gran parte de la ambigüedad del término bioética se debe a la propia de las palabras que la componen. El término vida es tan amplio, que puede ser interpretado de modos muy distintos, tanto deontológicos (“santidad de vida”) como teleológicos (“calidad de vida”). De ahí que de la bioética se hayan dado también estas distintas versiones. Las éticas de raíz teológica, judías, cristia- nas y musulmanas, creyeron ver en la nueva palabra la expresión de su criterio de santi- dad de vida. Y las éticas seculares, sobre todo las utilitaristas, la hicieron sinónima de calidad de vida. Hay una última fuente de ambigüedad, ya que la propia estructura de la palabra no permite saber si se concede prioridad a la biología sobre la ética o a la éti- ca sobre la biología. En este segundo caso la bioética debería entenderse como “ética de la biología”, en tanto que en el primero vendría a significar “biología de la ética”. Lo pri- mero es una “eticización de la biología”, en tanto que lo segundo es una “biologización de la ética”. GRACIA, D., “Planteamiento general de la bioética”. o.c. (nota n 44), 19.

La bioética no es, propiamente hablando, ni una disciplina, ni una ciencia, ni una ética nueva48. Su práctica y su discurso se sitúan en la

intersección de muchas tecnociencias (principalmente, la medicina y la biología, con sus múltiples especializaciones), las ciencias humanas (sociología, psicología, politología, psicoanálisis, etc.) y disciplinas que no son exactamente ciencias: ética, derecho y, de una forma general, la filosofía y la teología. Sin embargo, en el seno de la bioética se advier- ten dos tendencias al menos a la hora de interpretar su estructura y tarea: la de Potter y la de Hellegers49.

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