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En sus logros

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III. E L MARCO DE LA BIOÉTICA

3. En sus logros

En este periplo la Bioética ha logrado por ahora tres cosas impor- tantes52. La primera ha consistido en involucrar a toda la sociedad, y ya

no sólo a los llamados especialistas, en un continuo diálogo de carácter universal y pluralista en torno a sus problemas vitales: salud, vida, muerte, dignidad, etc. Aunque la bioética es ética, los problemas que aborda exigen un enfoque interdisciplinario. Ningún especialista posee toda la formación y la información necesarias para acometer esta empresa en solitario. Es indispensable la participación de los científicos y de los clínicos, de los expertos en derecho, en las ciencias sociales, en filosofía y en teología, poniendo en común las aportaciones de sus res- pectivas disciplinas. El papel propio del filósofo y del teólogo –y de la figura nueva del bioeticista– es el conocimiento de la tradición filosófica y teológica, incluyendo las metodologías aptas para el razonamiento moral. Por otra parte, los problemas biomédicos y ecológicos nos afec- tan a todos. No pueden convertirse en un coto cerrado, en la compe- tencia exclusiva de los cenáculos de expertos. La aportación del “hom- bre de la calle” es muy importante. En los ámbitos clínicos, por ejemplo, es indispensable la representación de los usuarios de los servicios.

La segunda aportación de la bioética radica en que ha logrado colocar en una misma mesa de reflexión a ciencias tan aparentemente antagónicas, con epistemologías opuestas, como las ciencias llamadas

“duras” y las ciencias sociales o “blandas”. La bioética aborda los pro- blemas atendiendo a la totalidad de la persona y a la totalidad de las personas. En este sentido, los problemas, particularmente las cuestiones biomédicas, se abordan desde una perspectiva holística, sin perder de vista a la persona en su totalidad bio-psico-social-espiritual. Además, la bioética ha nacido con vocación global en un doble sentido: atención a la dimensión comunitaria de las cuestiones (por ejemplo, las cuestiones de justicia) y a la salvaguarda de la vida en todas sus manifestaciones en este planeta (el legado ecológico de Potter).

En tercer lugar, una importante aportación de la bioética es su construcción interdisciplinaria, donde todos son “interlocutores váli- dos”53, y esta construcción es ampliamente aconfesional, en el sentido

de que puede liberarse de cualquier ideología o poder dominante. Existe una bioética confesional y los teólogos han jugado un papel cla- ve en el nacimiento y la promoción de la bioética54. Con ocasión de los

nuevos descubrimientos en el orden bio-médico, son probablemente los teólogos los primeros alertados. Sin embargo, rápidamente se abre paso una doble toma de conciencia. Los teólogos, conscientes de vivir en un mundo pluralista y de que se debaten cuestiones que interesan a todos los ciudadanos, sienten la necesidad de no encerrarse en un enfoque puramente religioso (menos aún confesional) e incluso quie- ren secularizar su lenguaje. En la búsqueda de un lenguaje común, los distintos interesados han adoptado espontáneamente un enfoque secular a la cuestión.

Si para algunos55 la bioética habría de biologizarse, sustrayéndola

del terreno de la filosofía pues, en el fondo, tanto la moral como la éti-

53. Cf. HABERMAS. J., Conciencia moral y acción comunicativa. Península, Barcelona 1991; Escritos sobre moralidad y eticidad. Paidós, Barcelona 1991.

54. Algunos de los grandes nombres de nuestra disciplina provienen de la teología cristiana: Ramsey, McCormick, Walters, Childress, Reich, Jonsen y May, por mencionar solamente algunos de los más destacados pensadores en los orígenes de la disciplina en USA. No obstante es preciso reconocer que la bioética se define cada vez más como una disciplina secular.

55. Cf. WILSON, E. O., Sociobiology: The New Synthesis. Cambridge, Mass.-London 1975. En una frase muy citada, y debatida, el sociobiólogo Edward O. Wilson escribió: “Tanto los científicos como los humanistas deberían considerar la posibilidad de que haya llegado la hora de sacar por un tiempo la ética de manos de los filósofos y biologi- zarla”. O.c., 562. Para él, “...los filósofos éticos intuyen los cánones deontológicos de la moralidad consultando los centros emotivos de su propio sistema hipotalámico-límbico. Esto ocurre también con los que enfocan su atención sobre el desarrollo, aun cuando tra- tan de ser lo más estrictamente objetivos que sea posible”. O.c., 563.

ca serían el fruto de la dinámica evolutiva humana56, sin embargo resul-

ta extraordinariamente difícil reducir la bioética, entendida como ética

aplicada57, a mera biología58 apartándola de aspectos tales como el

esclarecimiento conceptual, el análisis de las creencias y sus relaciones con los hechos y las normas, la explicitación de los vínculos con otras ciencias o saberes, la aportación de modelos y métodos para la resolu- ción de conflictos, etc. “La ética –según A. Cortina– en su tarea reflexi- va topa en cada ámbito de aplicación con peculiaridades que le obligan a autodiferenciarse en campos diversos, por muy conectados que se encuentren entre sí: le obligan a bailar con parejas distintas, aunque sea

56. Cf. AYALA, F. J., Origen y evolución del hombre. Alianza, Madrid 1980 (sobre todo 169-190); AYALA, F. J.,/ DOBZHANSKI, TH. (EDS.), Estudios sobre la filosofía de la biolo-

gía. Ariel, Barcelona 1983; BUBER, M., Qué es el hombre? FCE, México1964; LORITE, J., Para conocer la Filosofía del Hombre o el ser inacabado. Verbo Divino, Estella 1992; MARÍAS,

J., El tema del hombre. Espasa, Madrid 1951; STEVENSON, L.,/ HABERMAN, D. L., Diez

teorías sobre la Naturaleza humana. Cátedra, Madrid 2001; TRIGG, R., Concepciones de la naturaleza humana. Una introducción histórica. Alianza, Madrid 2001; GEHLEN, A., El hom- bre. Su naturaleza y lugar en el cosmos. Sígueme, Salamanca 1980.

57. Cf. FERRATER MORA, J.,/ COHN, P., Ética Aplicada. Alianza, Madrid 1994; LÓPEZ DE LA VIEJA, M. T., “Principios morales en la Ética aplicada”: en Agora 16 (1997) 157-166; CORTINA, A., Ética aplicada y democracia radical. Tecnos, Madrid 1993; CORTI- NA, A.,/GARCÍA, V. D., Razón pública y éticas aplicadas: los caminos de la razón practica en

una sociedad pluralista. Tecnos, Madrid 2003. En líneas generales, podemos diferenciar tres

posiciones en la comprensión de la naturaleza de la ética aplicada derivadas de tres con- cepciones filosóficas de la moral. Quienes sostienen una actitud anticognitivista en el campo de la moral (en tanto consideran que se trata de un fenómeno emocional), consi- deran imposible que una disciplina teórica pueda contemplar tantos temas diversos como se pretende de la ética aplicada. Por otra parte, quienes asumen una actitud cog- nitivista y racionalista aceptan la unidad de la disciplina, pero no debido a un parentes- co temático, sino a causa de la apelación a un mismo procedimiento argumentativo. Distinguen entre un nivel teórico (que consta de pocos principios) y la especificidad de la aplicación (en donde interviene el experto). Por último, existe una suerte de punto medio entre las concepciones mencionadas: una interpretación de raigambre aristotélica, que rechaza el carácter deductivo de principios universales poniendo énfasis en el razo- namiento moral casuístico. Pero también interviene otra cuestión, pues ha sido sosteni- do desde distintos lugares que los problemas de la ética aplicada son problemas del pri- mer mundo. Si bien esta afirmación no carece de sentido, tampoco es del todo cierta, puesto que del hecho de que existan otros importantes y, tal vez, más graves problemas en los países subdesarrollados no se sigue que los temas que contempla la ética aplicada les sean indiferentes. El debate público sobre cuestiones como el aborto, la eutanasia, la manipulación genética, el sida. etc., son temas son temas que inevitablemente llegaran a todos. En este contexto, consideramos que la función de la ética aplicada es muy impor- tante como marco de clarificación teórica de las cuestiones, pero también lo es desde un punto de vista práctico, en el sentido de ofrecer criterios para resolver tales problemas.

58. Una critica a esa posición puede verse en TUGENDHAT, E., “No hay genes para la moral”: en Revista de Occidente 228 (2000) 101-107.

sobre el trasfondo de una melodía común. En este vals –por lo que en este momento nos importa– suele darse a la bioética por pareja aque- llos fenómenos de los que se ocupan las llamadas “ciencias de la salud” y la biotecnologías, fenómenos que despiertan un especial interés por serlo, ante todo, de la vida humana”59.

Por todo ello, la bioética, si quiere ser una ética para la vida perso- nal y social, no puede construirse sin unos elementos iniciales que atiendan a:

• un sistema de normas y deberes, extraídos de ciertos imperativos con pretensión de universalidad, que marcan el nivel mínimo consensuado por una sociedad y que se considera exigible para el logro de ciertos bienes básicos, considerados fundamentales, • un conjunto de bienes y fines que determinan los supuestos bási-

cos desde los que se articula y evalúa la concordancia de la acción con el fin perseguido, y

• un procedimiento de actuación, basado no sólo en el respeto a la norma, sino en la formación de los individuos en una matriz de valores, donde el desarrollo de una cierta sensibilidad y la cons- trucción de una cierta actitud son pilares básicos para que el dis- curso ético no caiga en un razonamiento vacío60.

Para Warren Thomas Reich, uno de los pioneros en el campo de la bioética, ésta se puede definir como “el estudio sistemático de las dimen-

siones morales –incluyendo la visión moral, las decisiones, las conductas y las políticas– de las ciencias de la vida, usando una variedad de metodologías éti- cas en un contexto interdisciplinario”61. Unos años más tarde, F. Abel for-

muló la siguiente definición: “La bioética es el estudio interdisciplinar

(transdisciplinar) orientado a la toma de decisiones éticas de los problemas planteados a los diferentes sistemas éticos, por los progresos médicos y bioló- gicos, en el ámbito microsocial y macrosocial, micro y macroeconómico, y su repercusión en la sociedad y su sistema de valores, tanto en el momento pre- sente como en el futuro”62.

59. CORTINA, A. Ética aplicada y…, o.c., 224.

60. Cf. JIMÉNEZ, L., Discernir y valorar: la filosofía, calidad de vida y otros estudios de filo-

sofía práctica. Ediciones Clásicas, Madrid 1998; ROMERALES, E., “¿El único fundamento

posible de la ética?”: en Isegoría 10 (1994) 140-149; SNARE, F., The Nauture of Moral

Thinking. Routledge, Londres 1992.

61. Cf. REICH, W. T. (DIR.), Encyclopedia of Bioethics, o.c.,. 62. ABEL, F., Bioética: orígenes, presente y desarrollo, o.c., 5-6.

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