III. E L MARCO DE LA BIOÉTICA
2. En sus tendencias
De las dos grandes líneas de desarrollo de la bioética, la que hace referencia a los problemas más globales sobre crecimiento demográfi- co, medio ambiente y utilización de recursos (Potter) cede el paso muy pronto a la que se centra en los problemas de la clínica y la investiga- ción, que aparecen más inmediatos y urgentes (Hellegers). La bioética como reflexión sobre contenidos deja paso a una concepción de la bio- ética como procedimiento en la toma de decisiones clínicas científica- mente correctas y éticamente aceptables en situaciones de pronóstico incierto. Se va definiendo la bioética como disciplina y se asiste al naci- miento de otras éticas aplicadas como la ecológica o de políticas sani- tarias, o de gestión de recursos, con las que las ciencias de salud deben entrar necesariamente en diálogo. La complejidad de los problemas y el alcance de los mismos obligan a un esfuerzo de reflexión a un ritmo al que la filosofía y el derecho no estaban acostumbrados. Si bien pue- de decirse que la bioética salvó a la filosofía haciéndola descender del Olimpo de los dioses a las realidades más inmediatas, también puede afirmarse que las decisiones adquieren un carácter de mayor provisio- nalidad. Conviene pararnos para profundizar en la cuestión sobre el ser humano, la sociedad y el mundo que queremos dejar a las ge- neraciones venideras: un mundo más humano y saludable.
Dos citas de Daniel Callahan, escritas en dos momentos diferentes, nos colocan en la corriente dinámica de la evolución del diálogo bioé- tico. Así, en Bioethics As A Discipline, publicado en 1973, escribe:
48. Un recorrido por las fechas decisivas en la gestación de la bioética como nueva dis- ciplina a lo largo del S.XX, tanto en el marco mundial como español, se encuentra en la sín- tesis de SIMON, P.,/ BARRRIO, I. Mª, “Un marco histórico para una nueva disciplina: la bioética”: en COUCEIRO, A. (ED.), Bioética para clínicos. Triacastela, Madrid 1999, 37-71.
“La bioética no puede considerarse una disciplina en el sentido pleno de la palabra. La mayoría de los que la practican y se mueven en este terre- no provienen de diferentes campos del saber, inventando sobre la mar- cha. Si es cierto que desde la perspectiva filosófica y teológica, la bioéti- ca tiene un estatuto muy problemático, resulta también cierto que su estatuto dentro del marco de las ciencias de la vida todavía es menos sólido. La falta de aceptación general, de estándares académicos, de cri- terios de excelencia y la falta de normativa pedagógica y evaluativa pro- porcionan, también hay que confesarlo, oportunidades sin precedentes. Es una disciplina que todavía no tiene la pesada carga de tradiciones y figuras dominantes: su gracia más saludable es que todavía no es una disciplina en el sentido genuino de la palabra, tal como se entiende en las comunidades científicas y académicas. Uno se ve obligado a expli- carlo constantemente, y esto deja margen a la creatividad y a la redefi- nición constante. Tiene muchas ventajas el que sea una diana móvil. (...) La bioética como disciplina ha de estar bien diseñada y quienes la prac- tican bien entrenados, de manera que sirva eficazmente a médicos y bió- logos que han de tomar profesionalmente decisiones prácticas, aunque el precio sea el sacrificio de la elegancia de la disciplina”50.
Unos años más tarde D. Callahan, en su artículo para la Encyclopedia
of Bioethics, reconoce, acepta y justifica la bioética como disciplina que
se encuentra en la intersección de distintas ramas del saber:
“La palabra bioética, acuñada recientemente, ha pasado a significar más que un campo concreto de la investigación humana en la intersección entre la ética y las ciencias de la vida; es también una disciplina acadé- mica, una fuerza política en la medicina, en la biología y en los estudios del medio ambiente; también significa una perspectiva cultural impor- tante. La bioética entendida en el sentido más estricto es un nuevo cam- po que surge como consecuencia de los importantes cambios científicos y tecnológicos. Entendida, sin embargo, en un sentido más amplio, es un campo de conocimiento que se ha extendido y que, en muchos ámbitos, ha cambiado algunos enfoques del conocimiento mucho más antiguos. Se ha extendido hasta los ámbitos del derecho y las políticas de gobier- no; ha entrado en los estudios de literatura, historia y cultura en general; ha entrado en los medios de comunicación social y en las disciplinas de filosofía, religión, literatura; en los ámbitos científicos de la medicina,
biología y medio ambiente, demografía y ciencias sociales”51.
50. CALLAHAN, D., “Bioethics As A Discipline”: en The Hastings Center Studies 1 (1973) 66-73.
51. CALLAHAN, D., “Bioethics”: en REICH, W. T. (DIR.), Encyclopedia of Bioethics. The Free Press MacMillan Publishing Co., Nueva York 1995, 5º vol., 247-256.
A comienzos del siglo XXI ambas tendencias continúan vigentes, pero van configurando una “tercera” que consiste en considerar la bio- ética como una forma de reflexión y acción que contiene dos dimensio- nes esenciales: La macrobioética, que coincide con la ética ecológica
(“Ecoética”) y se ocupa del conjunto de la vida amenazada, tanto de las
generaciones humanas actuales y futuras como del conjunto de los seres vivos, e incluso de la vida de la Tierra. Y la microbioética, ocupada en los fenómenos de que tratan las “Ciencias de la Salud” y las biotecnologías, es decir, la Ética de la Atención Sanitaria y la Gen-Ética. Evidentemente, entre ambas dimensiones existe una estrechísima conexión, muy espe- cialmente porque la Ética de las Biotecnologías, la Gen-Ética, tiene unas consecuencias incalculables para el futuro de la vida humana y de la vida no humana.