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Acontecimientos y reacciones ante la guerra La importancia de Cuba para el

En los anteriores capítulos hemos tratado el fenómeno indiano desde puntos de vista económicos y sociológicos, a partir de ahora nos centraremos en una visión periodística de la oligarquía indiana. Su papel dentro de la prensa, la propaganda y contrapropaganda realizada antes, durante y después de la guerra hispano cubana norteamericana. Dentro de esta oligarquía prestaremos más atención a los miembros y periódicos asturianos. El porqué de esta elección, esta no sólo en el peso de la colonia de asturianos en Cuba, a nivel económico y social, sino que al terminar la guerra cuando España pierde la soberanía de la isla, a favor de los Estados Unidos, será un indiano quien ostente la representación española en esa nueva coyuntura para Cuba.

Al hablar de la guerra de Cuba viene a la memoria el 98, pero los desafíos al imperio español vienen de lejos. A lo largo del siglo XIX se pone de manifiesto la importancia de la Gran Antilla para España. Es una pieza clave en la obtención de recursos para el Estado.

“Así, Cuba se transformó a lo largo del siglo XIX en una pieza clave en la configuración del Estado liberal; no olvidemos que, culminada la independencia de las repúblicas americanas, la Gran Antilla se convirtió en el mayor entorno colonial que poseía la metrópoli para la obtención de un excedente económicamente necesario a varias instancias: por un lado como proveedor de recursos de las exhaustas arcas del Erario Público, sujeto a un déficit crónico; por otro, como elemento equilibrador de la balanza comercial metropolitana”519.

Los movimientos independentistas se producen a mitad del siglo XIX, y sus causas

son variadas, pero la principal puede resumirse en el “natural desacoplamiento” entre metrópoli y colonia. Además de otros factores externos como el incipiente imperialismo de la nueva potencia emergente: los Estados Unidos. La actitud españolista de la oligarquía indiana, pronto tomó una forma activa ante el conflicto al crear el Cuerpo de Voluntarios. Esa elite de comerciantes, banqueros y empresarios formó batallones y abrió diversas suscripciones para sofocar la insurrección. Entre los más destacados cabe citar a Antonio Quesada, -a la sazón Alcalde de La Habana y Presidente de la Lonja de Víveres de esa ciudad, y Presidente de la Cámara de Comercio- quien reunió doscientos mil pesos en diversos donativos para crear un batallón de caballería. También la Asociación de Dependientes del Comercio se moviliza para recaudar fondos, con los donativos recogidos quería adquirir un buque de guerra. Entre los miembros de la oligarquía indiana que hicieron grandes aportaciones están el marqués de Pinar del Río, el marqués de Cienfuegos, el marqués de las Regueras, el marqués de Argüelles y otros. Hechos reflejados en la prensa, como el Diario de la Marina, donde estos oligarcas poseen acciones, o contribuyen a su fundación. Estos comportamientos reflejan el espíritu patriótico que domina en la colonia española de Cuba y en el comercio. Postura que apenas se modificó durante los años de la guerra. Si bien no podemos constatar de forma fehaciente, que los miembros de esta oligarquía indiana desarrollasen una campaña de propaganda definida, sí acertamos a ver cierta tipología de sus objetivos, al

observar en cada una de sus actuaciones hechos que podemos considerar como actos claramente propagandísticos a favor de la españolidad de Cuba, de diferentes categorías: política, económica, militar, didáctica o pedagógica e ideológica. Una muestra, fueron los actos de bienvenida de las tropas llegadas de España, como por ejemplo el recibimiento en La Habana con que se agasajó al Batallón Asturias, hecho que constituye una forma muy clara de la propaganda españolista de los indianos. O los banquetes, y otros eventos organizados por los coroneles del Cuerpo de Voluntarios, - indianos en su mayoría- para agasajar a sus integrantes, y así demostrar su fuerza ante los insurrectos.

Mientras, en la metrópoli se confía en la superioridad española, las voces que mencionan el desasosiego que vive la Gran Antilla no son escuchadas. La atención está puesta en la actitud de los separatistas, tachándoles de desagradecidos, de traidores a la patria común: España. La calma del primer momento, por la confianza en una pronta y segura victoria, se tornó en preocupación, las noticias comienzan a ser desfavorables. Tras diversos enfrentamientos con los independentistas -dirigidos por Máximo Gómez- las tropas españolas sufren un serio revés en el pueblo de Coliseo. Hecho que llena de estupor al gobierno español, quien al objeto de atajar la situación, reemplaza al capitán general Martínez Campos, cuyos métodos conciliadores no fueron efectivos ni aprobados por la oligarquía indiana, que no estaba de acuerdo con las estrategias del “Pacificador”, prefieren firmeza ante los insurrectos. Su candidato, es el general Weyler, con fama de implacable, le creen capaz de resolver el asunto. Entienden que es la persona idónea para terminar con la anarquía separatista. De otra parte, sectores de la prensa -peninsular y cubana- resaltan la preocupación por los acontecimientos, pero confían en un pronto apaciguamiento de la situación, provocada por los desaciertos gubernamentales y, los abusos de los españoles residentes en la isla. Nunca se proponen la concesión de la autonomía como la solución al conflicto, al contrario, periódicos como El Comercio de Gijón, denuncia que tras ésta, se esconde la independencia. Cuestión en lo que coinciden la metrópoli y los indianos. Ambos no están dispuestos a que se resquebraje la unidad de España, y ponen todos los medios a su alcance para evitarlo. En esos momentos ven el peligro muy cerca, y su respuesta es mucho más exaltada:

“Ante las amenazas a la integridad de la patria no somos ni siquiera políticos; somos españoles, descendientes de aquellos que derrocaron en Covadonga el poder de la media luna y once siglos después juraron en el histórico campo de San Francisco de Oviedo la guerra al Emperador de los franceses que pretendía someter a su dominio al pueblo hispano”520.

La oligarquía indiana está impregnada de un “nacionalismo españolista” del que ya

había hecho gala en otras ocasiones, como en la guerra del Riff, donde también colaboraron, al abrir una suscripción la Asociación de Dependientes de La Habana. Más tarde, sería el Casino Español quien centralizase la recaudación. El Centro Asturiano dona 500 duros-oro, el marqués de Pinar del Río 1.000 pesos, Segundo García Tuñón y Ramón Argüelles Alonso, contribuyen con 330 pesos cada uno521. En esta ocasión, se muestran convencidos de la primacía española. Se reproducen las manifestaciones patrióticas, desean una fulminante resolución de la cuestión. Un asunto que afectaba a

520 EL CORREO DE ASTURIAS, La Habana, 31 de marzo de 1895, en ROLDÁN DE MONTAUD., I., La Unión Constitucional… op. cit., p.367.

521 ERICE, F., “Patriotismo burgués y patriotismo popular: los asturianos ante la guerra de Cuba (1895-

sus más directos intereses, muchos habitantes de las zonas rurales de Cuba, abandonan el campo y se dirigen a las ciudades. Su efecto repercutía en sus negocios: peligran el azúcar y el tabaco, y las manufacturas de estos productos. Un escenario que se complica cada vez más y afecta a la economía de la isla, que atraviesa diversas crisis económicas y grandes ciclos expansivos que multiplicaron con rapidez inusitada los grandes patrimonios de la oligarquía indiana. En 1894 se acentúa la crisis, tanto que repercute en el Banco del Comercio y, éste a su vez sobre el Banco Español. Un problema grave, que no sólo afecta a los hacendados y productores, sino a toda la sociedad. En la Gran Antilla la vida siempre fue muy cara, pero ahora se produce una enorme escalada en los precios sobre los bienes de primera necesidad, que acrecentó una situación, ya de por sí, muy complicada.

La industria tabaquera sufrió grandes pérdidas, aproximadamente nueve millones de pesos oro. La región de Pinar del Río, la tabaquera por excelencia, mostraba un aspecto de devastación, hasta el punto de que el general Weyler, dictó un bando prohibiendo de manera temporal la exportación de tabaco en hoja, procedente de Pinar del Río, a excepción de las exportaciones a la metrópoli. La situación alarma a fabricantes, obreros, comerciantes y a todos los que viven del sector, por ello la Administración colonial actúa, aunque será preciso combatir los errores, recelos y las “miras interesadas”, en un momento donde el interés supremo reside en la patria. Dicho bando de Weyler, informa de que tanto los ferrocarriles, como otros transportes marítimos y terrestres, no admitirán conducir este cargamento a otros lugares. La exportación del tabaco de Vuelta Abajo, queda autorizada en exclusiva por el puerto de La Habana. Al objeto de no privar al Erario de los recursos que estas exportaciones aportan, los fabricantes de La Habana, concertarán con la Hacienda el pago de las cantidades en que se estime ese rendimiento, se tomará de base el promedio de los beneficios obtenidos durante el último trienio. Esta prohibición estará vigente hasta que no se modifique el arancel de exportación522. Hemos mencionado este bando publicado por el general

Weyler el 16 de mayo de 1896, porque como hemos visto en páginas anteriores, una gran mayoría de las fábricas de tabaco, pertenecen a la oligarquía indiana. En un intento de atajar el problema de raíz, y poner fin a la guerra, la metrópoli aumenta el número de efectivos en la isla, hasta rondar los 18.000 hombres. Pero el malestar social continúa y así lo recogen los periódicos, tanto peninsulares como insulares:

“Por aquí estamos muy mal y va la cosa peor. Es raro quien tenga un real;

la pobreza es general y el hambre...tambor mayor.

El azúcar...por el suelo El trabajo...por el lodo Las monedas...por el cielo Y la hacienda...con el celo de ejecutarnos por todo.

La Perla de las Antillas es una Antilla sin perlas le ha metido en las costillas

numerosas cuentecillas falsas que no hay más que verlas”523.

522 WEYLER, Valeriano, Memorias de un general, prólogo de Carlos Seco Serrano, Barcelona, Destino,

2004, p. 279.

523 ROMERO FAJARDO, “Epístola. Brochazos y Pinceladas”, en BARCIA ZEQUEIRA, Mª del Carmen,