1897 puede calificarse como un año de inmovilización entre ambos bandos, todo indicaba que en ese instante no había ningún claro ganador sino que estaban ante un empate. En esa situación se constituye el gobierno liberal de Sagasta que traerá cambios para Cuba. En septiembre llega a España el abogado neoyorquino Steward Lindón Woodford, portador de instrucciones concisas del presidente McKinley. Estados Unidos no va a tolerar una guerra larga. España debe conceder una amplia autonomía y terminar con las concentraciones del general Weyler, además de aceptar la mediación estadounidense en el conflicto. Al mes siguiente, el gobierno español responde con una nota firme, y de talante conciliador. Cumplirá las medidas que ya anunció en junio, concederá una “amplia autonomía”, sin que ello signifique que Cuba dejará de formar parte de España. Sagasta recuerda a los Estados Unidos su obligación de permanecer neutral, cosa que no cumple, pues de hacerlo, los insurrectos carecerían del avituallamiento necesario para continuar la lucha543. Como gesto de “buena voluntad”,
Sagasta releva al capitán Weyler, por el general Blanco en la Capitanía General de Cuba. Cambio que no obtiene el beneplácito de la oligarquía indiana, muy identificados con las políticas seguidas por Weyler, y totalmente contrarios a un Estatuto de Autonomía. Estas medidas, adoptadas por el Gobierno, corresponden a las directrices marcadas por el nuevo ministro de Ultramar, Segismundo Moret. Tesis que venía defendiendo gran parte de la prensa, durante el invierno y primavera de 1897, que ya se había posicionado enfrente de la táctica weyleriana, a pesar de que estaba dando resultado. Esta vez las presiones ejercidas por la oligarquía indiana para mantener al capitán general, y continuar con su política, no surten efecto. El descontento por el cambio, se hace notar en la sociedad habanera. Así lo observamos en las memorias del general Weyler, donde relata la reacción que su relevo provoca. Dice que recibió numerosos telegramas desde todos los sectores de la sociedad cubana: voluntarios, comerciantes, banca, liga española de color, casino y otros centros de La Habana. Todos demandan al Gobierno que medite su actuación, y que le reponga en su mando. Señala que hasta hubo una gran manifestación de unas quince mil personas. La Habana se engalanó para la ocasión, con gran profusión de banderas nacionales en los balcones y se cerraron comercios; el gentío acudió a las puertas del Palacio de los Capitanes Generales, para mostrar su adhesión al depuesto general Weyler. Mientras en Madrid y Washington, corren rumores acerca de que en realidad, estas muestras se deben a que el general, se niega a aceptar lo dispuesto por el gobierno de la Regente, incluso el New
York Herald le envía un telegrama, preguntándole sobre la cuestión, al cual responde
Weyler en estos términos:
“(…) jamás he creado, ni crearé al Gobierno, constituido, sea cual fuere, ninguna situación difícil, pues siempre y en todas las ocasiones he sido y seré el primero en acatar, respetar, obedecer y hacer cumplir sus resoluciones, no admitiendo de las manifestaciones, más alcance que el del afecto a mi persona y política”544.
El periódico estadounidense da las gracias por la respuesta, y dice que publicará su
contenido en París y Nueva York a fin de acallar los rumores. Pero éste no era el único rumor, pues se escuchaba que los insurrectos aprovecharían la interinidad en la Capitanía General, para dar un golpe de efecto, por lo que Weyler, decide continuar en su puesto hasta la llegada de su sucesor, el general Blanco. Antes estos sucesos, los
543 AZCÁRATE, Pablo., op. cit., págs. 48-50. 544 WEYLER, V., op. cit., p. 244.
ánimos de la población de la isla están muy exaltados, incluso se piensa en impedir el embarque del general en el Montserrat. Para su despedida, de nuevo se organiza otra manifestación, en esta ocasión, además de la enseña nacional, los simpatizantes de Weyler, muestran en sus solapas y sombreros, unas escarapelas muy llamativas, con la imagen del general depuesto pintada en porcelana, y adornada con los colores nacionales545. No hemos podido hallar ninguna fotografía, ni mucho menos una
escarapela original, pero nos preguntamos ¿De quién fue la idea, de lanzar esta campaña de propaganda? y ¿A cargo de quién - o quienes - correrían los gastos de las citadas escarapelas? Suponemos que un hecho así, sería ideado por aquellos fieles seguidores de la política weyleriana, capaces de movilizar a la gente y de sufragar, organizar y repartir dichos símbolos propagandísticos, que no serían otros más que miembros de la oligarquía indiana. Ellos estarían detrás de esas manifestaciones, de promover la agitación de la población de La Habana para apoyar a Weyler. También en esta ocasión se cierran los comercios, para que así todo el que lo desee acuda a despedir al general Weyler. Recordemos que el sector del comercio, está en manos, mayoritariamente de indianos. El mismo Weyler, afirma que varias comisiones acuden al palacio de los capitanes generales y le dedican “encomiables” discursos. Mientras tanto, en la plaza donde se ubica el palacio, el gentío es tal, que el capitán general sustituido, se ve obligado a salir al balcón y dirigir unas palabras a sus seguidores. Dado el cariz que estaban tomando las protestas, y para evitar roces con el gobierno de Sagasta, y con Washington, Weyler decide instalarse en el barco que le trasladaría a la península, y abandonar la capitanía general como lugar de residencia. Él mismo, describe su partida, dice que fue caminando hacia el embarcadero, pero que el fervor que le profesaban le llevó prácticamente “en volandas” entre aclamaciones y vivas “al último y único capitán general de Cuba” que lanzaba el público apostado en los muelles del embarcadero, y los que, desde remolcadores, lanchas, botes y otras embarcaciones, escoltaban al barco en que zarpaba rumbo a la metrópoli546. Durante la travesía, el Montserrat sufre una avería en sus motores y se ve obligado a atracar en Gibara, hecho que es interpretado como un posible levantamiento del general, para desde allí sublevar al Ejército. Weyler relata que al llegar se puerto, fue recibido con el mismo calor que se le prodigó en La Habana, pero que conocedor de lo que podía interpretarse, en cuanto fue posible, partieron rumbo a Puerto Rico, hasta zarpar rumbo a la madre patria547.
En cuanto a la oligarquía indiana, se muestran contrarios al nuevo capitán general Blanco. Le ven demasiado laxo para solventar el conflicto. Dudan de su eficacia y capacidad para dirigir la contienda. La publicación en El Reconcentrado, del artículo de su director, Ricardo Arnautó titulado “Fuga de Granujas,” donde se alude con claridad, a los militares y funcionarios, que abandonaron la isla cuando el general Weyler es sustituido, provoca la indignación en el sector integrista. El editorial crítica al comandante Fonadavieja, al capitán Sánchez (que regresaba a España al haber fallecido su esposa), el que fuera alcalde de Guanabacoa Sr. Marurí, amigo del general Weyler, el Sr. Porrua, quien fuera gobernador de La Habana548. Como inmediata consecuencia de
esta publicación, la redacción del periódico es asaltada, -los días 14 y 15 de enero de 1898- por un grupo de personas al grito de ¡Viva Weyler! ¡Muera Blanco! y se suceden otros intentos de asalto en las redacciones de otros periódicos habaneros, como La
545 Ibíd. 546 Ibíd. 547 Ibíd., p. 245.
548 SOLAR, David, “Una guerra por encima de las posibilidades españolas”, Historia y Comunicación
Discusión e incluso, el mismo Diario de la Marina, de clara tendencia españolista. Los
asaltantes, recorren las calles habaneras a los gritos de ¡Viva Weyler! ¡Viva España! hasta el mismo Palacio de la Capitanía General, entonces prorrumpen en gritos contra el recién llegado, general Blanco, diciendo: ¡Que se vaya! Sobre los asaltantes existen varias posturas, la mayoría se inclina a pensar que éstos eran Voluntarios. Sin embargo, los telegramas cruzados entre el general Blanco, y Moret ofrecen una versión distinta, exculpándoles de estos hechos. Blanco informa de los sucesos cometidos por un grupo de oficiales amotinados a El Reconcentrado y, otros periódicos. Parece comprender el asalto a este periódico, sin embargo dice que ni en La Discusión ni en el Diario de la
Marina hay nada que vengar, lo que demuestra así el carácter político de la asonada. Se
queja de que ahora, con estos episodios se reanime el “decaído espíritu de los rebeldes" por unos actos promovidos por los "mismos elementos que debieran ser el más firme apoyo de la resoluciones del Gobierno"549. En otro telegrama, Blanco indica que se ha repetido el motín esa noche y que fue reprimido por fuerzas del Ejército y los Voluntarios. Madrid esta alarmado ante el cariz de los motines, y Moret responde que:
“Esos antipatrióticos motines exigen severa represión. Gobierno recomienda a V.E. la mayor energía para castigar culpables y prevenir nuevos desórdenes. De otra manera la autoridad de V.E. será pronto desconocida. Revertida V.E. de fácil extraordinarios para deportar a los causantes de esos excesos y creo muy oportuno hacerlo sobre todo con personas significadas y de alta posición. Cuanto más liberal es un Gobierno, mayor debe ser su energía en conservar el orden. Imponga sobre todo respeto a la prensa recordando al efecto mis instrucciones. MORET”550.
A este estado de incertidumbre se añaden rumores de atropellos a súbditos americanos, Blanco responde a Moret que no son ciertos, y que se halla "firmemente resuelto a mantener el orden a toda costa"551. En otro telegrama fechado a 14 de enero.
Moret señala a Blanco que ha podido confirmar que los sucesos del motín a El
Reconcentrado y otros periódicos, se sabían con antelación en Madrid, antes de que
sucediesen en La Habana. Se anunciaba que se darían gritos carlistas y que los Voluntarios tomarían parte. Señala que el objetivo de tal plan, además de socavar la autoridad del general Blanco, es provocar una crisis que impidiese la elección de nuevas Cortes, y suspender la autonomía, para enviar de nuevo a Weyler como máxima autoridad. Al día siguiente, 15 de enero de 1898, el general Blanco implanta la censura previa para evitar más artículos que solivianten los ánimos. Continúa su información puntual a Moret, que indica que no hay novedades, pero se lamenta de tener que distraer tropas para traerlas a combatir esta insurrección en unos momentos donde tenía “esperanza fundada de una próxima paz”. Dice que los insurrectos estaban profundamente desalentados y que cobraron ánimos ante esos sucesos. Le parece imposible que eso ocurra por quienes se llaman “españoles”552. Días después- el 18 de
enero- Blanco informa a Madrid de que reina la tranquilidad y el orden, y que está “sumamente satisfecho” del comportamiento de los Voluntarios. Incluso señala que fueron a felicitarle los coroneles y primeros jefes del Cuerpo, reiterándole su sentimiento de lealtad al Gobierno y a su autoridad. La publicación del citado artículo
549 A.H.N., Ultramar, Cuba, Gobierno, leg.4970. Telegrama del general Blanco a Moret, 13 de enero de
1898.
550 A.H.N., Ultramar, Cuba, Gobierno, leg.4970. Telegrama de Moret al general Blanco, 13 de enero de
1898.
551 A.H.N., Ultramar, Cuba, Gobierno, leg.4970. Telegrama del general Blanco a Moret, 13 de enero de
1898.
552 A.H.N., Ultramar, Cuba, Gobierno, leg.4970. Telegrama del general Blanco a Moret, 15 de enero de
de Arnautó, nos sorprende, no llegamos a comprender como en plena guerra se permite, esa licencia de libertad de prensa, que supone ataques directos a la Corona por medio de sus representantes en Cuba. Quizás esa tolerancia fuera debida a un intento del general Blanco de diferenciarse de su antecesor, menos magnánimo. Mientras, en la metrópoli, el tono de las informaciones se radicaliza ante los hechos, que califica de “muy graves,” aunque recuerda que no es la primera vez que oficiales españoles atacan un periódico, como ocurrió el 13 de marzo de 1895, cuando unos trescientos oficiales asaltan en Madrid El Resumen por criticar desde sus páginas la falta de voluntarios para cubrir las vacantes en Cuba. En esta ocasión, la autoridad civil no supo controlar a la autoridad militar. Santos Juliá destaca que se trata de la primera intervención militar tras la Restauración553. Hecho que entonces motivó la dimisión del gobierno de Sagasta, quien
ahora ostentaba de nuevo el poder. El Imparcial señala que si ese motín en La Habana tiene éxito, conllevará el descrédito internacional para España y su gobierno, tras los esfuerzos realizados por solucionar el conflicto de manera pacífica554.Altercados de este tipo no pueden tolerarse. Resulta un tanto extraña la unanimidad existente entre culpar a los Voluntarios de los sucesos, y como sin embargo, el general Blanco se muestra complacido de su comportamiento, y se siente satisfecho de las felicitaciones y apoyo de sus coroneles y primeros jefes. Por tanto, no acertamos a señalar quien estuvo detrás de estos hechos. ¿Fue un grupo de descontrolados? O ¿Fue la oligarquía indiana en un intento de demostración de fuerza? ¿Se echaron atrás por las consecuencias y decidieron situarse al lado del general Blanco, mostrándole su apoyo? Hemos mencionado este hecho, porque como veremos más adelante, los miembros más destacados de la oligarquía indiana son coroneles del Cuerpo de Voluntarios, y como hemos visto acuden a felicitar a Blanco por imponer el orden. Incidentes que son de vital importancia, y conforman la excusa perfecta, aprovechada por la prensa estadounidense, que exagera las noticias, hasta llegar a decir que los ciudadanos extranjeros corren un serio peligro, y resulta imprescindible que un barco de la Armada americana arribe al puerto de La Habana, como medida de protección de sus compatriotas, según indica el cónsul Fitzhugh Lee.
Altercados, como el mencionado del asalto a la redacción de El Reconcentrado, preocupan a Madrid. No quiere disturbios entre españoles en Cuba. Esta vez no cede ante las presiones de la oligarquía indiana, como prueba el citado telegrama de Moret al general Blanco, fechado el 13 enero 1898, donde insta a un castigo ejemplar hacia “personas significadas y de alta posición”555. Al día siguiente, 14 de enero de 1898, un
bando del capitán general Blanco, restringe la libertad de prensa, e instaura de nuevo la censura previa. Circunstancia que no impidió a la prensa integrista continuar con sus críticas, veladas y directas, tanto a la persona del general, como a la autonomía recién instaurada. La Lucha, publica el 22 de enero de 1898, un editorial que no deja lugar a dudas, titulado: “Primero las armas, después la política.” Editorial y título demasiado explícito, pues la prensa se halla ahora ante un dilema: si se muestra partidaria de las políticas de Sagasta y Moret, podría producirse un levantamiento militar en la Península. Es necesario que los Estados Unidos valoren los esfuerzos del gobierno español para alcanzar la paz en la colonia, pero ese apoyo no se atisba, y la prensa española se muestra pesimista al respecto.
553 JULIÁ, Santos., “El león no quería pelea”, en VILLAVERDE, Fernando (ed.), op. cit., p. 18. 554 “El dolor de España”, EL IMPARCIAL, 14 de enero de 1898, p.1.
555 A.H.N., Ultramar, Cuba, Gobierno, leg.4970. Telegrama del general Blanco a Moret, 13 de enero de