El hombre es grande en todas las fases de su desarrollo; pero de adolescente — en el momento en que todo su ser en eclosión reclama en la noche el perfeccionamiento del hogar — ¿no es especialmente interesante y vulnerable a la vez? Uno de los principales aspectos del drama de la adolescencia es esta hambre de amor que el joven no puede todavía satisfacer eficaz v razonablemente.
Esta necesidad es una llamada que impulsa a prepararse; esta espera, el tiempo que se concede para aprender a amar. Hay que explicarlo aún a los jóvenes para iluminar su camino; y acaso también a los adultos, para ayudarles a guiar fraternalmente, en vez de juzgar con severidad "a los jóvenes de hoy".
— Muchacho o muchacha, no estás en la vida para vivir solo. En el pensamiento eterno de Dios, el hombre y la mujer deben encontrarse y unirse para formar UNO; «No es bueno que el hombre esté solo» (Gén. I).
— Estás llamado a formar parte de una comunidad con todos tus semejantes; pero ninguna de las comunidades que se
perpetúan —y ni siquiera la de la amistad — alcanza la profundidad de la unión conyugal,
— El matrimonio es la entrega voluntaria de un ser a otro ser, en el que todo el ser de uno se ofrece al otro para completarlo y desarrollarlo, recibiendo el todo del otro. De este modo el amor es misterio de unidad.
— Uniéndose uno a otro por el matrimonio, el hombre y la mujer, físicamente se equilibran y se desarrollan; psicológicamente se completan, se acaban y perfeccionan.
— Tan grande es en el matrimonio la mutua entrega de los
contrayentes, que tiene el poder de conferir la gracia por voluntad
de Cristo. Por el «sí» recíproco ellos mismos se administran el sacramento. Ellos son los ministros; el sacerdote es el testigo.
— La sexualidad afecta al cuerpo y te lo diferencia; pero también al carácter, a la psicología, a todo tu ser. Es, pues, todo el hombre quien pide para ti un complemento.
— Tener hambre y desear comer,
Tener sed y desear beber, no es malo; pero eres culpable
si comes y bebes únicamente por tu placer y no para nutrirte y aliviarte,
si comes y bebes más de la cuenta y de modo poco razonable,
hurtando en vez de adquirir con tu trabajo. Tener hambre tu cuerpo,
si usas tus fuentes de vida y tus tesoros de ternura para tu placer y de un modo desordenado, contra el plan del Padre.
— Quieres perfeccionar todos los compartimientos de tu ser: cuerpo, corazón, espíritu.
Tus «tentaciones» de adolescente sólo son en su comienzo «tentaciones» instintivas para labrar tu unidad y perfeccionarte.
— El niño que empieza a andar intenta apoyarse en todos los muebles que halla.
El hombre deshidratado corre hacia la fuente.
El adolescente insatisfecho procura apasionadamente tomar cuanto le falta.
Por su naturaleza, su primer movimiento no puede ser la entrega; necesita un duro esfuerzo para pasar del gesto de tomar
al de dar.
— Amar no es coger a otro para completarse, sino darse a otro para completarle.
Estarás dispuesto a amar auténticamente cuando tu ne- cesidad y principalmente tu voluntad de dar sean más fuertes que tu necesidad y tu voluntad de tomar,
— El deportista que rehúsa entrenarse para arrojarse pre- maturamente a la competición, muy pronto fracasa y «se estrella».
El pintor, el músico... que se resiste a aprender su «oficio» y quiere inmediatamente crear, se condena a la mediocridad.
El adolescente apresurado que no quiere prepararse a amar e intenta ya amar, se equívoca gravemente, fracasa, compromete la riqueza y la solidez de su futura unidad.
— Son precisos tres años para preparar, un Certificado de Estudios Primarios; ocho o diez para un Doctorado; ¿por qué no aceptar que se requiere mucho tiempo para amar?
— Para construir con más rapidez
puedes prescindir de los fundamentos de tu casa, puedes colocar el tejado sobre las paredes apenas levantadas, puedes pintar el enyesado húmedo…
y burlarte de tus amigos que pasan angustias por acabar una casa firme, grande y bella,
Pero muy pronto la humedad manchará las paredes de tu morada, baja y pequeña, y la primera tempestad la hará bambolear o la destruirá.
Si aceptas —por gusto — amores precoces, múltiples y fáciles, acaso conozcas la ilusión efímera de algún desarrollo — tejado sobre tus paredes inacabadas, pintura deslumbrante sobre tu enyesado húmedo— pero te preparas un hogar bamboleante, sin vigor y muy pronto ajado.
Las pasiones sensibles del adolescente no son amor, sino la turbación del muchacho que descubre la feminidad (no a una muchacha determinada) y la emoción de la muchacha que descubre la masculinidad (no a un muchacho determinado). Misteriosa turbación de todo el ser que descubre, primero oscuramente y luego cada vez con mayor claridad, cuanto le falta para su desarrollo. Quien construye un hogar sobre esta emoción profunda, construye sobre arena16.
16 Rarísimas veces una unión así, llevada a cabo a ciegas, cumple las condi-
ciones elementales de una sana armonía. Más tarde, el adulto, consciente al fin, sólo podrá con mucha dificultad apechugar con esta unión. Con mucha frecuencia, los hogares fracasados son hogares formados por jóvenes física o al menos psicológica- mente adolescentes.
— El adolescente es un niño que poco a poco recibe de ma- nos de Dios y por medio de sus padres la carga y responsabilidad de su cuerpo, de su corazón, de su inteligencia.
A él corresponde desarrollarlos, dominarlos, «tomarlos a su cuidado», para llegar a adulto. Entonces podrá lealmente ofrecerse entero a otro para completarlo y aceptarlo.
— Amar en un hogar es dar: la inteligencia, el corazón; es darse.
Adolescente, si dices a una muchacha: te amo; o te equívocas — y es un grave error —; o mientes — y es un odioso abuso de confianza —; puesto que diciendo: te amo, dices; me entrego; y
para entregarte antes has de poseerte. ¿Te posees ya?
— No es malo que se encuentren muchachos y muchachas: lo malo es que pierdan su tiempo jugando al amor.
— Si la profundidad de una inteligencia te seduce, si la claridad de un rostro te ilumina,
si la armonía de un cuerpo te emociona,
no alargues la mano para coger; utiliza esta fuerza que se desencadena en ti para prepararte silenciosamente a la entrega y a la aceptación.
— La adolescencia en tu cuerpo y en todo tu ser es la señal de Dios para advertirte que es hora de preparar la realización de tu unidad.
— Entrenarte a amar no es ensayarte muchas veces, sino respetarte y respetar a todos los demás, para ser capaz de res- petar profundamente el cuerpo y la persona de otro,
es enriquecer todo tu ser para poder enriquecer a otro; es conquistarte para poderte dar a otro;
es olvidarte, para no apoderarte de otro sino ofrecerte a otro; es abrirte a los demás,
aceptarles. comprenderles.
relacionarte con ellos, para poder así acoger a otro;
es unirte a Dios, para poderte unir en Dios a otro.
— Adolescente, sí quieres acertar en tu amor, apresúrate a aprender a amar, amando a todos tus hermanos los hombres.