• No se han encontrado resultados

CONSEJOS DE BELLEZA

In document Triunfo - Michel Quoist.pdf (página 97-102)

¡Cuántos hombres... cuántas mujeres están preocupados por su belleza! Si es preocupación, es legítima; si es obsesión, anormal. Se equivocan, principalmente, de un modo absoluto, en la naturaleza de los cuidados que han de poner en el embellecimiento de su cuerpo. Todos los esfuerzos que se procuran del exterior para destacar, rectificar, aumentar la armonía y la gracia del cuerpo y especialmente del rostro, dan sólo un resultado muy exiguo. La auténtica belleza proviene de dentro, nace del espíritu y se despliega con la irradiación del alma divinizada. Esta belleza atrae y tonifica a quienes la contemplan.

— ¿Qué «rouge» utilizas tú para tus labios, que champú para tus cabellos? ¿Prefieres que te corten el pelo con navaja? ¿Perdiste peso? ¿Mejoras tu línea? ¿Cuál es el color que mejor se te acomoda?...

Tienes derecho a preguntarte todo esto, sin obsesiones; pero si quieres ser bello, has de buscar en otra parte tratamientos de belleza más eficaces.

— Bueno es tener bellos platos a tu disposición; pero ¿de qué sirve el plato si está vado?

Bueno es poseer un buen marco para tu cuadro; pero ¿de qué sirve el marco si no hay cuadro?

Bueno es adornar la sala con una lámpara magnífica; pero ¿de qué sirve la lámpara si no hay luz?

Si Dios te dio un cuerpo proporcionado, un rostro bello, dale gracias; pero ¿de qué sirve tu cuerpo sin espíritu?

— Tu cuerpo es tu casa; eres su propietario, pero eres res- ponsable de él ante Dios. No te limites a blanquearla, cuida además su interior, puesto que la mirada del Señor penetra más allá de las fachadas.

Haz cuanto convenga para conservar la limpieza y la belleza de tu cuerpo, pero hazlo para ser grato a los demás, para ofrecerles la seguridad de una fuerza pacífica, la gracia de la frescura,

— Cuanto más bello es el camino, más poderosa es la tenta- ción de sentarse para disfrutar del paisaje, olvidando la finalidad del viaje.

La belleza de un cuerpo es un camino para llegar a la belleza del alma y por la belleza del alma a Dios. No te detengas en el camino, fallarías en lo esencial.

— La película de una foto en color es espléndida, cuando la luz la atraviesa; revelada sobre papel, desengaña, pues su viveza se extinguió.

Del mismo modo, la belleza se mide por la intensidad de espíritu que penetra la materia. Cuanto más profunda es la captación, más irradia la materia.

— Dices: hay manos de violento,

de avaro,

de artista, de sensible. Hay rostros de idiota,

rostros francos y «de Judas», abiertos y herméticos,

odiosos y respirando bondad...

— Tienes razón: los cuerpos, las manos, los rostros son in- dicio del espíritu para quien los sabe interpretar; ofrecen la viva descripción de las almas.20

— Nadie puede escapar al extraordinario poder «moldeador» de sus propios pensamientos, de sus emociones, de toda su vida interior, puesto que el alma es la forma del compuesto humano y da forma a la carne, como el genio del artista inspira su obra y guía su mano,

De grado o a tu pesar, tienes el rostro de tu alma.

20 «... nuestra forma representa nuestros hábitos psicológicos y hasta nuestros

pensamientos habituales. La forma del rostro, la de la boca, la de las mejillas, la de los párpados, y las de cada parte del rostro vienen determinadas por el estado habitual de los músculos planos, que se mueven entre la grasa, balo la piel. Y el estado de es- tos músculos proviene del de nuestro pensamiento... Sin que lo advirtamos, nuestro rostro se moldea poco a poco en conformidad con nuestros estados de conciencia. Y con la edad se convierte en la imagen cada vez más exacta de los sentimientos, de los deseos, de las aspiraciones de todo el ser...» Dr. Alexis Carrel, La incógnita del hom-

— En el cielo, nuestro cuerpo transfigurado tendrá sin mengua la belleza de nuestra alma.

— El candor del niño atrae siempre, sean los que sean los harapos o los brocados que le vistan; pero es una belleza fácil, es la belleza de las almas nuevas.

La belleza del anciano es siempre impresionante y tranquiliza, porque es la auténtica belleza que un alma irradia a través de la carne marchita.

— Si cuidas en ti la belleza «animal», lograrás una belleza limitada y tristemente vulnerable. Si engrandeces y embelleces tu alma, tu belleza de hombre podrá acrecentarse hasta lo infinito.

— El gusano que está dentro de una fruta de hermoso as- pecto, tarde o temprano atraviesa la piel y la podredumbre de dentro pasa fuera.

Si el mal anida en tu corazón, progresará por tu cuerpo y desbordará hasta en tu rostro.

— Hay «bellezas animales» que excitan el hambre de los cuerpos, rebajan a su nivel a quienes con avidez las contemplan y finalmente hunden en la desesperanza de la insatisfacción.

Hay «bellezas del diablo» que seducen, esclavizan y des- encadenan la guerra.

Hay «bellezas de Cristo» que apaciguan, encienden anhelos de pureza y guían con dulzura por el camino de Dios.

— La suprema belleza florece cuando la gracia atraviesa sin dificultad una naturaleza humana.

Da la mirada de un Padre de Foucauld a cualquier rostro, por deforme que sea, y quedara iluminado con auténtica belleza.

— Por concesión especial, Dios permite a veces que los santos reflejen en su propia carne algunos rasgos de Cristo; pero no es exclusivo de los santos el privilegio de irradiar al Señor.

Si vives de Cristo.

tu mirada se convertirá en mirada de Cristo, tu sonrisa en sonrisa de Cristo,

tu rostro en rostro de Cristo. — Para ser bello, detente:

un minuto ante el espejo, cinco ante tu alma,

In document Triunfo - Michel Quoist.pdf (página 97-102)