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THE AGE OF PROSPERITY

In document Renovación nº 59 Julio 2018 (página 72-74)

El evangelio dice que no pongamos nuestra confianza en las cosas materiales donde el orín las pudre…

yor humanización, y que no tenemos nada más que hacer que seguir nues- tro impulso. La oración de súplica sólo tiene sentido si nace de nuestra necesidad esencial, nuestra falta de amor, y no es una búsqueda de cosas accidentales o transitorias, sino un de- seo de que el Amor, que es Dios mis- mo, nos pueda llenar más y más. Por- que entonces, es el Espíritu mismo que le grita a Dios en nosotros, como Pablo dice en Rm 8,26.

10. La decadencia de la llamada di- mensión vertical de la fe.

Esa nueva imagen de Dios significa la caída del énfasis tradicional dado a la piedad y a la obediencia. Ese énfasis sugiere muy claramente que uno ve a Dios como un soberano en las alturas, una visión que marca el cristianismo pre-moderno. ¿Con qué lo deberíamos de reemplazar? Con el énfasis en la dimensión horizontal, esto es, el cui- dado, el servicio y el compromiso ge- neroso por una sociedad más humana, lo que Jesús llamó Reino de Dios. En- tonces Dios, el Amor Absoluto no po- drá más que empujar el cosmos, que es la expresión de sí mismo, hacia una mayor evolución, hacia más amor… y esto no hará sino retroalimentar la plenitud del amor. Él empuja a los se- res humanos hacia la meta pidiéndo- nos que dejemos el ego y nos unamos con los demás seres humanos.

Por eso, la tarea esencial de un cris- tiano consiste en el compromiso hacia la humanidad y el cosmos, la llamada

diaconía, mucho más que en la litur- gia. Jesús mismo nos hizo saber que la reconciliación con el «hermano» tiene prioridad sobre el hacer sacrifi- cios, y que no está de acuerdo con los que claman «Señor, Señor», sino con aquellos que hacen la voluntad de su Padre. Y la voluntad del Padre es lo

que aquí hemos definido como el Amor Absoluto.

9. Conclusión

¿Qué es lo que queda después del mo- numento milenario católico, si uno abandona el Theos y de hecho se con- vierte en un fiel «a-teo»? No tengan duda: queda la esencia. Y esa esencia no es la definición del credo, no es un libro con palabras infalibles de Dios, no son los diez mandamientos, no es una jerarquía autocrática, no son los sacramentos y el sacerdocio, o la misa y los rituales de la liturgia, no es la oración de petición ni la obediencia a las reglas de la iglesia. Es la concien- cia de que participamos en un cosmos que es la autoexpresión, continuamen- te en movimiento evolutivo, del Espí- ritu creativo, que es Amor, junto con el deseo de movernos hacia ese Amor, siguiendo a Jesús, que conocemos como el eternamente vivo, porque es y era totalmente amoroso. Para al- guien que piense así, por supuesto, es difícil sentirse cómodo, como en casa, en la vida diaria de una Iglesia pre- moderna, con sus conceptos y usos de formas de piedad. Pero esa persona no debería dejar la comunidad. Debería de considerar que la forma de fe pre- moderna ha sido un camino para innu- merables cristianos y para una muy grande parte de la humanidad hacia una profunda unión con el Amor Ab- soluto. Y continúa siendo un camino para todos nuestros amigos cristianos que todavía no ven que los tiempos han cambiado.

Al principio parece que la fe y la mo- dernidad se excluyen. Pero no sólo no lo hacen, sino que se complementan y enriquecen uno a otra. La fe cristiana enriquece la modernidad liberándola de su ceguera frente a una Realidad

que nos trasciende totalmente a la vez que nos abraza. Sin esa intuición la confesión humanista del valor absolu- to de la persona humana y de los dere- chos humanos pierden su fundamento indispensable. Porque sin un Amor Absoluto, creativo, que impulsa al cosmos y a la humanidad a una mayor evolución, la raza humana es sólo una rama de la familia de mamíferos un poco más evolucionada y no tiene nin- gún valor absoluto. Esa evolución de

homo sapiens sería sólo el resultado accidental de una mutación ciega y de la selección natural durante largos pe- ríodos astronómicos. Además, la per- sona humana con sus derechos invio- lables sería sólo el resultado de la evolución orgánica de un zigoto que, con la visión humanista moderna, no tiene ningún derecho. ¿De dónde ven- dría entonces ese valor absoluto?

Por otro lado, la modernidad enrique- ce nuestra fe y la complementa, libe- rándola de la imagen antropomórfica de Theos en lo alto del cielo que ha heredado de las generaciones prehis- tóricas, y que  todavía no se arriesga a abandonar, aunque no era más que re- sultado de pura ignorancia. Esa ima- gen, en realidad, ha siso una mampara entre nosotros y el Amor Absoluto. En el mejor de los casos es un dedo que apunta a Él/Ella/Eso. Y tenemos que mirar hacia la Realidad Última, y no a ese dedo. Además, si el cosmos es una auto-expresión del Misterio que es Dios, entonces yo también per- tenezco a esa auto-expresión y Dios se vuelve inconcebiblemente cercano a mí, se vuelve más profundo que mi realidad más profunda. Y así, lo pue- do encontrar –y ésa es mi más profun- da necesidad– siempre y en todas par- tes. Al mismo tiempo, la modernidad purifica la fe tradicional de la intole- rancia, del deseo de poder, del fanatis- mo, de las supersticiones, las ilusiones y los miedos que proliferan en todas las religiones. Enriquece la fe con su insistencia en lo existencial, lo intra- mundano, lo racional, lo real.

La modernidad y la fe sin duda van juntas, y es bueno que así sea, porque se necesitan mucho mutuamente. R

Espiritualidad

Isabel Pavón

Escritora. Formó parte de la extinta ADECE (Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos). Ciencias bíblicas y Apología

DA PENA Y VERGUËNZA ver el avance de la teología de la prosperidad. Esos bienes materiales con los que quie- ren engañar a muchos cristianos, ya sean pobres, paupérrimos o ansio- sos de lucrarse más de lo que ya es- tán.

Algunos que salieron de otros vicios, están totalmente enganchados a ella y sus líderes lo saben, incluso es posible que les hayan ayudado a salir de una adicción anterior para engancharlos a otra.

A estos guías espirituales y a sus súb- ditos les pregunto: ¿Tenía Jesús pose- siones?, ¿quién las heredó a su muerte?, ¿se hicieron ricos los apósto- les?, ¿no se mantenían ayudándose unos a otros con lo poco que recibían?, ¿fue ese el mensaje de Je- sús?

¿No se mezclaban los primeros cris- tianos entre los más pobres, entre los enfermos, entre los desheredados?

¿Repartían grandes cantidades de di- nero?, ¿casas?, ¿ropas lujosas?, ¿os- tentosas propiedades?, ¿rebaños?, ¿predicaba Jesús que el principio de su enseñanza era hacerse rico? Preci- samente el evangelio dice que no pon- gamos nuestra confianza en las cosas materiales donde el orín las pudre.

Hay personas que desde hace ya mu- chos años están llevando a error a quienes, con ansias de prosperar, no prosperan. Les hacen creer que si no se enriquecen hay algo que está fa- llando en sus vidas, que su conver- sión no es verdadera. Con el evange- lio como excusa los tratan como ilu- sos. Les facilitan una larga retahíla de número de cuentas bancarias naciona- les y extranjeras para que hagan sus ingresos, porque verdaderamente son ellos los que se enriquecen a costa de la fe de los necesitados y este enrique- cimiento lo ponen como ejemplo a los demás, para terminar de convencerlos de que con ellos pasará lo mismo, pero no dan el número de la cuenta de estos sumisos. Les hacen hincapié en varios versículos que les vienen a pelo.

Oprimen. Esclavizan. Acusan. Ame- nazan. Mienten. Condenan. Estos lí- deres no son necesarios en nuestras iglesias. No se necesitan dioses fal- sos que vendan bendiciones a cam- bio de dinero. El evangelio de Jesús no da riquezas. Pobres seremos siem- pre y nos acompañaremos unos a otros. El evangelio da vida. Vida abundante. R

THE AGE OF

PROSPERITY

El evangelio dice que no pongamos nuestra confianza en las cosas materiales donde el orín las pudre…

Espiritualidad Espiritualidad

Jesús murió como murió…,

porque vivió como vivió

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In document Renovación nº 59 Julio 2018 (página 72-74)