las personas pueden
nacer en un sexo y
decidir ser de otro
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ción del agua, por lo que pide a los gobernantes de Mercosur «una nor- mativa más estricta» sobre el efecto potencial negativo sobre la biodiversi- dad, agravado por el desarrollo de la demanda de biocombustibles en Euro- pa" ("Ganadores y perdedores"). Por su parte, los sindicalistas de Eu- ropa y del Cono Sur plantearon a las autoridades de ambos bloques sus principales preocupaciones y exigen- cias para que la negociación avance hacia un verdadero acuerdo de asocia- ción que permita reforzar las relacio- nes políticas, sociales, económicas y culturales entre ambas regiones y que sea capaz de potenciar el respeto a los derechos humanos, el empleo digno, el desarrollo sostenible y los valores democráticos, evitando que se consti- tuya en un mero tratado de libre co- mercio ("Sindicatos de Europa y Lati-
noamérica exigen transparencia en las negociaciones").
De esto se deduce que Europa no es únicamente una unión de mercados o de bancos –aunque haya mucho de eso–, sino de naciones en torno a una Idea, una idea conocida por Estado de Bienestar, quizá la última utopía de nuestros días. Una utopía, la primera en la historia, puesta en práctica sin violencia y con tremendos resultados positivos para su población. Esta uto- pía molesta, y mucho a los poderosos de este mundo. Es un mal ejemplo para sus ciudadanos sometidos a todo tipo de incertidumbres, un precedente peligroso que cuestiona sus políticas económicas de desigualdad.
Europa es como una piedra en la bota de los Imperios rojos y azules
que se están repartiendo el mundo a su propio gusto. Por eso hay tantos ti- burones que quisieran acabar con la utopía europea, y lo cierto es que es- tán muy cerca de conseguirlo. Europa, además, y desgraciadamente, no se valora a sí misma, "Europa no se quiere", como documenta magistral- mente el periodista Arturo San Agus- tín (El buitre sobre el Tíber. Península, Barcelona 2008).
Europa ha apostado, y fuerte, por los derechos humanos, tiene expe- riencia suficiente para saber qué son los regímenes absolutistas, los juicios sin garantía; la tortura y la mutilación;
la discriminación por cuestión de reli- gión, raza o sexo. Es preocupante que en muchos círculos latinoamericanos, incluso llamados cristianos, se hable despectivamente de los derechos hu- manos y se los trate de pura ideología al servicio de los zurdos y de los te- rroristas. Lo malo es que esto se con- tagie al ciudadano europeo que no se quiere, que no se valora. De momen- to, parece que este ciudadano, o sus representantes, están haciendo frente a los nuevos apóstoles de la desigual- dad.
Ahora, vayamos al grano, ¿qué es eso de ideología de género que, según nuestro periodista de Protestante Digital, se está imponiendo sobre las pobres naciones latinoamericanas?
La expresión ideología de género es, hasta donde se puede seguir la pista, un término propio del papa Juan Pablo II, para quien, en consonancia con la doctrina católica tradicional sobre la sexualidad, es profundamente ofensi- vo decir que las características sexua- les no están determinadas por Dios y la naturaleza, y que las personas pue- den nacer en un sexo y decidir ser de otro. Para el católico conservador la homosexualidad no es natural, pertur- ba la idea de una identidad sexual cla- ramente definida por Dios y la natura- leza, y por tanto es una inclinación al mal, una inclinación a violentar la vo- luntad divina.
A esta ideología de género, o más co-
rrecto, contra ella, se han sumado la mayoría de las iglesias evangélicas, y con tal entusiasmo que ha dado lu- gar al extraño fenómeno del "ecu- menismo del odio". El evangelicalis- mo es por lo general muy adverso a la Iglesia católica, hasta el punto de que el mismo término "ecumenismo" es objeto de condenación. Sin embargo, en muchos países se está dando ese "ecumenismo del odio", que consiste en buscar el apoyo de los católicos y de las Conferencias Episcopales de los distintos países de Latinoamérica para manifestarse conjuntamente contra la "ideología de género". Así hemos po- dido observar en un mismo evento la presencia de evangélicos fundamenta- listas, ultracatólicos de HazteOir y al- gún que otro obispo.
El cristiano conservador está en todo su derecho de aferrarse a su convicción de la vivencia de sexuali- dad "como Dios manda", el proble- ma surge, inevitablemente, cuando la mayoría de los gobiernos demo- cráticos liberales admiten, por una parte, la licitud de una ética que,
por motivos religiosos, se opone a la homosexualidad; y por otra, en cuan- to garantes de las minorías, admiten en un mismo pie de igualdad a aque- llos ciudadanos de distinta orientación sexual a la anterior, y por ley exigen que sean respetados y reconocidos sus derechos como cualquier otro ciuda- dano.
A nivel privado y de fe, claro que existe una tensión ineludible entre el rechazo religioso de lo homosexual, y la protección de este por parte del Es- tado constitucional, pero la conviven- cia pacífica exige, por ley, que nadie sea discriminado por cuestión de raza, religión o sexo. El reto para las iglesias cristianas es cómo conjugar esta ley constitucional con su propia ley religiosa, sin infringir ni una ni otra.
Pero la cuestión es más compleja, pues detrás de este movimiento de protesta y rechazo de lo homosexual se encuentran fuerzas económicas muy poderosas, que están utilizando para sus intereses la llamada "ideolo-
gía de género"; a la que tienen mucho interés de presentar como una conspi- ración contra la familia, pero que lo que realmente están haciendo es manipular los sentimiento de mu- chos creyentes y ciudadanos conser- vadores para desviar la atención de los verdaderos problemas del pue- blo: la creciente precariedad económi- ca del ciudadano, que ni aun teniendo trabajo puede salir de la pobreza; la privatización de los bienes o derechos sociales a la educación, la salud y la seguridad. Detrás de la agenda contra ideología de género se esconden mu- chos intereses de corte económico y político, que poco a poco se van intro- duciendo en las sociedades emergen- tes para perpetuar la vieja esclavitud. Mucho nos temenos que la cuestión homosexual se está utilizando como una cortina de humo para ocultar in- tereses económicos que no quieren operar a la luz del día.
Por último, se puede desaprobar la homosexualidad en todas sus for- mas por motivos de conciencia y de creencia, pero nunca, y menos en
La expresión ideología
de género es, hasta
donde se puede seguir
la pista, un término
propio del papa Juan
Pablo II, para quien,
en consonancia con la
doctrina católica
tradicional sobre la
sexualidad, es
profundamente
ofensivo decir que las
características
sexuales no están
determinadas por Dios
y la naturaleza, y que
las personas pueden
nacer en un sexo y
decidir ser de otro
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cuanto cristianos, se puede alentar o fomentar el odio al homosexual. Es más, tampoco se puede guardar si- lencio ante el abuso, la violencia e in- cluso el linchamiento de este, y no me estoy refiriendo a gobiernos de carác- ter teocrático como el existente en al- gunos países musulmanes, donde col- gar o arrojar desde una torre al homo- sexual está al orden del día, sino a na- ciones de ese Mercosur que, según César Vidal, "sienten repugnancia" por la ideología de género que Europa quiere imponerles. ¿No será que Eu- ropa quiere que los derechos humanos se respeten, aunque sea un poco? El Señor Vidal, que es muy viajado, no puede ignorar que, por ejemplo, en Colombia aumentan homicidios de homosexuales y transexuales, que "en muchos lugares de América Latina, salir a la calle como homosexual sig- nifica estar expuesto a graves amena- zas, palizas o incluso la muerte". Por cierto, Colombia ya permite el matri- monio gay, pero la resistencia de sec- tores religiosos se vio reflejada en 2016 en las campañas de rechazo al histórico acuerdo de paz con la gue-
rrilla de las FARC, al que acusaban de promover una "ideología de género" .
Según Marilia Brochetto, de CNN,
casi 600 personas murieron a lo lar- go de América Latina por la violen- cia contra la población LGBT entre enero de 2013 y marzo de 2014, se- gún un informe de la CIDH (Comi- sión Interamericana de Derechos Hu- manos) de 2015. ¿Sabían que en los primeros meses de 2017 en América Latina y Estados Unidos se han regis- trado al menos 41 crímenes contra la comunidad LGBT, a los que se suman múltiples agresiones e incluso torturas? (telesur). La ONG Transgen- der Europe coloca en números absolu- tos a Brasil primero entre 33 países con asesinatos de personas LGBT re- gistrados en 2016, con 123 casos, se- guido por México, 52 (Vanguardia). Según la ONG Grupo Gay de Bahía,
entre el 1 de enero y el 20 de sep- tiembre de 2017 en Brasil se han re- gistrado un total de 277 asesinatos de personas LGTB, lo que supone un promedio de 1,05 al día, superan- do así el dato de 2016 con una media de 0,95, lo que a todas luces, también es una auténtica barbaridad.
El pasado 7 de noviembre de 2017, la filósofa estadounidense Judith Butler, fue "quemada en efigie" como bruja en São Paulo. Judith Butler es conocida por ser feminista y defensora de la igualdad de género. Fue a Brasil a difundir la versión en portugués de su libro Parting Ways: Jewishness and the Critique of Zio-
nism (Caminos Divergentes. Una crí- tica judía al sionismo"), grupos con- servadores aprovecharon el acto cultu- ral para arremeter contra ella como "bruja comunista", defensora de la "ideología de género" y "atentar en contra de la familia". Portaban muñe- cas gigantes representando la filósofa a las que prendieron fuego (El descon- cierto.cl).
Las iglesias, los individuos, pueden estar en contra de la homosexualidad, pero guardar silencio frente a estos actos de violencia es hacerse cóm- plices de los mismos y está muy lejos del espíritu de Jesucristo.
Significativamente, "si nos fijamos en la religión como variable, lo que encontramos es que cuanto más ca- tólico sea el país, más probabilida- des habrán de aceptar la homose-
xualidad y viceversa. Cuanto más protestantes son, menos probabilidades tienen de acep- tar esto y menos probabilida- des tienen de tener una legisla- ción activa sobre los derechos de los homosexuales". Las per- sonas LGBT que viven en países dominados por iglesias evangéli- cas tienden a ser las que tienen más dificultades. Las iglesias ca- tólica y evangélica tienen puntos de vista similares sobre la homo- sexualidad, aunque hay diferen- cias notables. Aunque ambos se oponen a la homosexualidad, "el clero católico tiende a ser menos opuesto a los estatutos contra la discriminación que el clero evan- gélico" (cnn). La prueba está precisamente en los mismos paí- ses latinoamericanos donde para- dójicamente se asesinan a tantos homosexuales.
América Latina ofrece una na- rrativa contradictoria. "Mien- tras que muchos derechos LGBT en los Estados Unidos están en- redados en disputas legales en estados individuales, en América
Latina, las leyes sobre el matri- monio entre personas del mismo sexo y la adopción, el cambio de género en las tarjetas nacionales de identidad y las leyes contra la discriminación entraron en vigor en la década pasada, muchos de ellos antes de que la Corte Supre- ma de Estados Unidos legalizara el matrimonio entre personas del mismo sexo" (cnn).
Es triste comprobar que para muchos cristianos conservado- res parece que el problema más grave de la familia y del país, no es la pobreza, la violencia, el machismo, el abuso infantil dentro del círculo familiar, la inseguridad, la desatención sa- nitaria, la falta de escolariza- ción, la xenofobia, la discrimi- nación social..., todo parece indi- ca que para muchos buenos ciu- dadanos y creyentes ejemplares el único problema, el más amena- zante, es, son, los chicos gays, las chicas lesbianas. R