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AHORRO Y EFICIENCIA EFECTIVAS PARA EVITAR EL DERROCHE ENERGÉTICO

In document Biomimesis Def (página 162-165)

Durante la última década en España, con una población prácticamente estabilizada, el despilfarro ha incrementado un 38% el consumo de energía. Aquí, a diferencia de otros países europeos, se consumía en 1998 un 26% más de energía por unidad de PIB que en 1972 (y sin embargo en el conjunto de los países de la OCDE consumía un 28% menos).

209 MMA (Ministerio de Medio Ambiente): Perfl ambiental de España 2004. Informe

La Unión Europea tiene como objetivo la reducción de la intensidad energética primaria (relación entre el consumo de energía y el PIB) en un 1% anual. Sin embargo, España viene aumentando año tras año la intensidad energética, un 5% en la década de los noventa, mientras que en la Unión Europea se redujo en un 9,6%.

El aumento de consumo de energía conlleva un incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero, donde el sector de la energía supone cerca del 80% del total. Por ello las medidas de ahorro y efciencia, en el sector eléctrico y en el sector transporte, y las energías renovables, son los únicos recursos energéticos limpios y sostenibles que nos permitirían cumplir con el Protocolo de Kioto (la única herramienta legal internacional para comenzar a luchar contra el cambio climático).

En noviembre de 2003 el Gobierno español aprobó la Estrategia de Ahorro y Efciencia Energética 2004-2012. Si bien fue un primer paso, las medidas recogidas son claramente insufcientes. La Estrategia sólo considera una reducción de la intensidad energética primaria del 7,2% en el periodo 2004-2012, pero respecto de los niveles de consumo previstos al fnal de dicho periodo. El ahorro de energía del 7,2% no es, pues, un ahorro real sobre el consumo actual, sino sobre el que se produciría en el futuro de no existir la Estrategia.

El plan del Gobierno no contempla programas de gestión de la demanda en el sector eléctrico y rechaza cualquier medida de fscalidad energética o ecológica. El apoyo público para aplicar la Estrategia es insufciente, unos 200 millones de euros anuales (apenas lo que cuesta construir unos 17 kilómetros de autovía), cuando deberían invertirse al menos 1.000 millones de euros anuales.

Además, la previsión sobre las que trabaja la Estrategia para el periodo 2008-2012 respecto al aumento de emisiones de CO2-equivalente, es que éstas podrían ser superiores al 60% en relación a 1990, muy lejos del aumento del 15% que le corresponde a España para cumplir el Protocolo de Kioto. Con este escenario, España debería comprar cada año derechos de emisión por 113 millones de toneladas de CO2-equivalente, que podrían costar entre

1.243 millones de euros (para un precio de 11 euros por tonelada) y 3.616 millones de euros (para un precio de 32 euros por tonelada). Invertir en efciencia energética, pues, no sólo tendría benefcios medioambientales sino que también supondría un importante ahorro económico para España.

De este modo, España frenaría la pérdida creciente de competitividad que implica el crecimiento de la intensidad energética. El crecimiento económico se podría desacoplar del aumento de los consumos energéticos, como demuestra la evolución europea. La rentabilidad económica de invertir en medidas de ahorro y efciencia es mucho mayor que hacerlo en energía nuclear y combustibles fósiles: por cada euro invertido en ahorro y efciencia energética se logran evitar 7 veces más emisiones de CO2 que con esa misma cantidad invertida en centrales nucleares.

Fuente: sendos comunicados de prensa de Greenpeace y de CC.OO. el 4 de marzo de 2004 (víspera del Día Mundial de la Efciencia Energética).

La ecoefciencia es necesaria, pero no sufciente —insisto en ello

muchas veces a lo largo de este capítulo--: es un error esperar de las estrategias de ecoefciencia algo más que un alivio temporal a nuestros problemas. Al fn y al cabo, desde los orígenes de la Revolución Industrial hasta nuestros días la efciencia en el uso del “factor naturaleza” (i.e., la cantidad de energía y materiales empleada por unidad de producto) no ha dejado de aumentar, en un factor mucho mayor que diez; pero el consumo absoluto de energía y materiales no por eso ha dejado de crecer. Como escribe Ernest Garcia:

“Según algunos cálculos, la reconciliación (provisional) del crecimiento con la protección de la naturaleza supondría una reducción de la ‘intensidad ambiental’, es decir, del consumo de energía y materiales por unidad de producto

hasta un dieciseisavo del nivel actual. Un uso más efciente de los recursos naturales es ciertamente posible. No es lo que viene sucediendo, pero podría pasar. No, sin embargo, con un margen infnito. La idea de una expansión económica progresivamente inmaterial es un contrasentido.”210

Contra la reducción del desarrollo sostenible a ecoefciencia

Al comienzo del capítulo 1 indiqué algo que me parece muy importante: de los cuatro principios que necesitamos para reconducir la hoy problemática relación entre sistemas humanos y sistemas naturales (recordemos: gestión generalizada de la demanda, biomímesis, ecoefciencia y precaución), sólo el principio

de ecoefciencia encaja de forma más o menos “natural” con la dinámica del capitalismo. Al fn y al cabo, la efciencia es uno de

los valores cardinales para el capitalismo industrial desde hace un par de siglos: a nadie debería sorprender que sea a través de esta puerta por donde la ecología logra introducirse un poquitín en la ciudad capitalista. Ésa es la razón de que “desarrollo sostenible” sea entendido por las empresas, y en general también por las autoridades públicas, de manera muy reductiva, en términos de ecoefciencia, y de casi nada más (lo veíamos al comienzo del capítulo 3).

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