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CRITERIOS OPERATIVOS DE SUSTENTABILIDAD ECOLÓGICA

In document Biomimesis Def (página 101-108)

1. Principio de irreversibilidad cero: reducir a cero las

intervenciones acumulativas y los daños irreversibles.

2. Principio de la recolección sostenible: las tasas de recolección

de los recursos renovables deben ser iguales a las tasas de regeneración de estos recursos.

3. Principio del vaciado sostenible: diremos que es sostenible la

explotación de recursos naturales no renovables cuando su tasa de vaciado sea igual a la tasa de creación de sustitutos renovables.

4. Principio de la emisión sostenible: las tasas de emisión de residuos

deben ser iguales a las capacidades naturales de asimilación de los ecosistemas a los que se emiten esos residuos (lo cual implica

emisión cero de residuos no biodegradables).

5. Principio de selección sostenible de tecnologías: han de

favorecerse las tecnologías que aumenten la productividad de los recursos (el volumen de valor extraído por unidad de recurso) frente a las tecnologías que incrementen la cantidad extraída de recursos (efciencia frente a crecimiento). El cambio tecnológico ha de promover la sustitución de recursos no renovables por

diseño concebidas para materializar ideales socialistas.

125 Ello resulta imperioso por la sencilla razón de que los gigantescos stocks de energía acumulados en los combustibles fósiles son perecederos e irrepetibles, y por otro lado el tipo de riesgos que impone a los seres humanos el desarrollo de la energía nuclear parecen éticamente inaceptables.

renovables en la línea de una “estrategia solar”.

6. Principio de precaución: ante la ineliminable incertidumbre y

la magnitud de los riesgos a que nos enfrentamos, se impone una actitud de vigilante anticipación que identifque y descarte de entrada las vías que podrían llevar a desenlaces catastrófcos, aun cuando la probabilidad de estos parezca pequeña y las vías alternativas más difíciles u onerosas.

Reproduzco el cuadro --inspirado en los trabajos del economista Herman E. Daly-- de mi artículo “Desarrollo sostenible: la lucha por la interpretación”, en el volumen colectivo De la

economía a la ecología (Trotta, Madrid 1994).

Hoy es posible producir lo sufciente como para cubrir las necesidades básicas, y lograr un nivel razonable de bienestar para todos y todas, con un impacto asumible sobre el medio ambiente. “A pesar de que casi todos los aspectos de la actual tecnosfera son antiecológicos, existen tecnologías que –aunque han sido poco utilizadas hasta ahora— son compatibles con la ecosfera.” 126 La base tecnológica para una sociedad en paz con la naturaleza existe ya: pero esa misma circunstancia nos indica que la crisis ecológica

global no puede resolverse de manera tecnocrática, que lo que está a la orden del día no es tanto un cambio tecnológico como, sobre todo,

un cambio social. Se trata de un proyecto inacabado --como todo

proyecto humano-- pero acaso viable, a condición de que sea capaz de concitar la sufciente cohesión de conciencias y voluntades.

La sociedad compatible con una biosfera humanizada pero ecológicamente sana, esa sociedad sustentable que podría desarrollarse a partir de la actual si conseguimos superar la crisis presente, sería más austera que las sociedades del despilfarro en el Norte de nuestro planeta, pero no más pobre; sería más igualitaria, pero sin reprimir la rica diversidad de lo humano; sería más libre, 126 Commoner, En paz con el planeta, op. cit., p. 23.

puesto que habría dado pasos decisivos hacia el autocontrol racional colectivo, hacia la dirección democrática y consciente de la evolución social; las personas integrantes de esa sociedad serían probablemente más felices.

Tres rasgos fundamentales de una futura economía “en paz con la naturaleza”

¿Cómo defnir el nuevo modelo? Aunque abordaremos esta cuestión de forma más sistemática en capítulos posteriores, vale la pena anticipar aquí, aunque sea de pasada, tres rasgos fundamentales de una futura economía “en paz con el planeta”:

1. Economía homeostática: “estado estacionario” en términos biofísicos (fnal del crecimiento material de la economía)

2. Energías renovables

3. Cierre de ciclos de materiales.

Importa no olvidarlo: dado que el límite ecológico clave es la capacidad de absorción del dióxido de carbono procedente de la quema de combustibles fósiles, el ritmo de la transición hacia sistemas productivos “ecocompatibles” equivale, grosso modo, al ritmo de la transición hacia las energías renovables.127 Sobre este asunto el físico Antonio Ruiz de Elvira nos interroga:

“Se sobreentiende que la energía debe ser ‘efciente’. Se dice que la energía solar es cara y es poco efciente.

Pero el estadio de La Peineta cuesta 150 millones de euros y ¿cuál es su ‘efciencia’? ¿Cuál es la ‘efciencia’ de la TVE? ¿Por qué tiene que ser efciente la energía y no la TVE?

127 Robert Goodland, Herman Daly, Salah El Serafy y Bernd von Droste: Environmentally

Los estados gastan montañas de dinero en cosas con efciencia nula y utilidad dudosa. ¿Cuál es la razón por la cual no pueden gastar dinero en cosas de efciencia pequeña pero no nula y utilidad evidente? Estas son las preguntas básicas que me hago acerca de lo cara que resulta la energía solar.”128

Para reconstruir la tecnosfera: biomímesis

Seguramente vale la pena ofrecer, en la sucinta formulación de una serie de tesis, algunos presupuestos importantes de las ideas y argumentaciones que se desarrollarán en este libro.

1. Mientras existan seres humanos, existirán tecnosferas, es decir, el conjunto de artefactos producidos por los seres humanos para satisfacer sus necesidades y deseos a partir de los recursos que ofrece el medio ambiente: somos esencialmente homo faber. 2. Ahora bien, contra cualquier tentación de sucumbir al

determinismo tecnológico, importa subrayar que son posibles

muchas tecnosferas, que algunas de ellas son preferibles y otras

francamente indeseables, y que nos importa mucho controlar democráticamente el proceso de modifcación de la tecnosfera. “Otras tecnosferas son posibles”, podíamos decir, remedando el conocido lema del Foro Social Mundial de Porto Alegre.

3. Hoy, la tecnosfera que prevalece en las sociedades industriales (y que tiende a extenderse al planeta entero) encaja mal con la biosfera que la contiene. Apreciamos incompatibilidades entre ambas; podríamos decir, con la gráfca metáfora de Barry Commoner, que la tecnosfera “está en guerra” con la biosfera (de donde resulta una crisis ecológica global cuya importancia

128 “De nuevo una refexión sobre la energía solar”, 23 de julio de 2002, en la página web www.not-clima.net

resulta imposible exagerar)129.

4. La biosfera no es producible por medios técnicos (tal y como

mostró el experimento Biosfera II en 1991-1993, aquella especie de enorme terrario construido en Arizona por científcos estadounidenses130), ni tampoco trascendible: no cabe pensar razonablemente en abandonarla para partir a la conquista de otros planetas131.

5. Si la tecnosfera “está en guerra” contra la casa común que es la biosfera, y ésta última no podemos abandonarla ni crear otra de recambio, entonces la gran cuestión –a la que no resulta exagerado caracterizar como “el tema de nuestro tiempo”— es:

¿cómo rediseñar la tecnosfera, o las tecnosferas, de manera que encajen armoniosamente dentro de la biosfera?

Al tratar de responder a esta decisiva pregunta, veremos que en realidad aparecen dos dimensiones del problema: una de escala, y otra de estructura (o diseño). Sistemas socioeconómicos humanos

demasiado grandes en relación con la biosfera que los contiene, por

una parte; y sistemas mal adaptados, sistemas humanos que encajan mal en los ecosistemas naturales. El problema de escala132 reclama un

129 Barry Commoner, En paz con el planeta, Crítica, Barcelona 1992, p. 15.

130 En septiembre de 1991, ocho investigadores se encerraron en Biosfera II, un invernadero hermético de 1’25 hectáreas construido en el desierto de Arizona, en cuyo interior se habían creado mini-ecosistemas. El intento de hacer funcionar aquello durante dos años sin ningún intercambio con el exterior (aparte el fujo de luz solar) fracasó: la degeneración de los ecosistemas artifciales fue rápida, y hubo que bombear oxígeno desde el exterior para, a trancas y barrancas, mantener al equipo investigador dentro del invernadero durante dos años. Puede verse una información sucinta en Thomas Prugh y Erik Assadourian, “¿Qué es la sostenibilidad?”, Worldwatch 20 (ed. española), Madrid 2004, p. 10-11. También Dorion Sagan, Biosferas, Alianza, Madrid 1995, p. 251 y ss. (el original inglés es de 1990).

131 Argumenté en este sentido en Gente que no quiere viajar a Marte (Los Libros de la Catarata, Madrid 2004). Véase en el mismo sentido Albert Jacquard, Éste es el tiempo

del mundo fnito, Acento, Madrid 1994, “Introducción”.

132 Exhaustivamente analizado por Óscar Carpintero en dos libros importantes: Entre la

economía y la naturaleza, Los Libros de la Catarata, Madrid 1999, capítulo 4; y El metabolismo de la economía española: recursos naturales y huella ecológica (1955- 2000), Lanzarote, Fundación César Manrique 2005, capítulo 2.

movimiento de autolimitación por parte de las sociedades humanas, que podríamos concebir (en términos de economía política) bajo la idea de gestión global de la demanda; el problema de diseño o estructura exige una reconstrucción de la tecnosfera de acuerdo con principios de biomímesis.

Voy a concluir este capítulo con unas breves observaciones sobre la idea de gestión global de la demanda, mientras que el concepto de biomímesis nos ocupará durante buena parte del resto de este libro133.

En un “mundo lleno”, gestión global de la demanda

Hasta hace un par de siglos, quizá sólo algunos decenios, podíamos pensar que el mundo estaba lleno de naturaleza y vacío de gente; hoy está cada vez más lleno de gente y vacío de naturaleza.

En un “mundo vacío”, perseguir la expansión continua de la oferta puede tener sentido; en un mundo lleno es un desatino (pensemos en los confictos contemporáneos relacionados con el abastecimiento de agua o de energía). Esto supone otro ejemplo importante de cómo cambian las reglas de juego (económico- sociales en este caso) cuando pasamos del “mundo vacío” al “mundo lleno”: la pregunta ya no es “cómo satisfacer un abastecimiento siempre en aumento de recursos naturales”, sino más bien: ¿cuáles son los límites biosféricos en lo que se refere a fuentes –de recursos naturales y energía— y a sumideros –de residuos y contaminación--, y cómo ajustamos el impacto humano (autorregulando nuestra población, nuestra tecnología, nuestras

133 Recordemos la terna de conceptos propuesta por Joseph Huber, y después por el Instituto Wuppertal, que ya mencioné en el capítulo anterior: Effzienz (efciencia)/

Konsistenz (coherencia entre biosfera y tecnosfera, más o menos equivalente a nuestra

biomímesis)/ Suffzienz (sufciencia o autolimitación). Cf. Manfred Linz: Weder

Mangel noch Übermass. Über Suffzienz und Suffzienzforschung, Wuppertal Institut

prácticas sociales y nuestras ideas sobre la vida buena) de manera que permanezcamos dentro de esos límites? Como se ve, la inversión de perspectiva es completa.

Otra manera de aproximarse a la misma idea: en un “mundo lleno”, la idea de soberanía del consumidor es anacrónica. En lugar de ello, los poderes públicos democráticos deben diseñar

estrategias de gestión de la demanda (no sólo en sectores donde la

idea ya es de uso corriente, como el uso de energía o de agua, sino también en otros donde aún no ha penetrado esta nueva perspectiva: los transportes, el consumo de carne y pescado, el uso de recursos minerales, etc.) para no superar los límites de sustentabilidad, preservando al mismo tiempo en todo lo posible la libertad de opción. Puesto que, en defnitiva, la economía es gestión de la

demanda, no gestión de la oferta:

“Sostenibilidad [en lo que a gestión del agua se refere] no es pasar de unas estrategias de oferta basadas en el hormigón a otras, también de oferta, basadas en la desalinización. Lo que se tiene que hacer es pasar a estrategias de gestión de la demanda y de conservación. Es decir, debemos entender que el agua dulce es limitada, del mismo modo que lo es el petróleo, la madera o el acero. No tiene sentido hablar de un défcit estructural de petróleo como no lo tiene hablar de un défcit estructural de agua. Hace falta articular precios adecuados y mecanismos de gestión de la escasez. Recordemos que la economía es gestión de la demanda, no gestión de la oferta”134.

En defnitiva, lejos de hallarnos ante los problemas “ingenieriles” de conseguir siempre más agua, energía, alimentos, sistemas de eliminación de residuos, etc., en realidad tenemos sobre todo que 134 Pedro Arrojo, “Un río es mucho más que agua” (entrevista), Debats Tecnològics 23 (Revista del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Barcelona), Barcelona, enero de 2005, p. 91.

resolver problemas flosófcos, políticos y económicos que se referen a la autogestión colectiva de las necesidades y los medios

para su satisfacción. En un “mundo lleno”, no se trata ya de un

(imposible) aumento indefnido de la oferta, sino de gestión global de la demanda. Volveré a abordar este asunto en el capítulo 7.

In document Biomimesis Def (página 101-108)