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COMPETITIVIDAD FRENTE A PRODUCTIVIDAD Y EFICIENCIA

In document Biomimesis Def (página 143-146)

“Poner la competitividad como un elevado objetivo social puede verse como muestra de infantilismo o de peligrosa paranoia. Porque además es un objetivo no cuantifcable que como la adicción a las productos tóxicos siempre pide más. Producir más, trabajar más, no tiene sentido si no es para garantizar una vida satisfactoria a la gente. Y hay bastante evidencia de que las largas y variables jornadas laborales, el desempleo recurrente y la reducción de la protección social contribuyen negativamente al bienestar social. Por ello ya hace algunos años Paul Krugman, un economista no radical, reunió varios de sus trabajos como crítica a la competitividad y recordó que lo que sí mejora la vida de la gente es la productividad, entendida como mejora de las formas de producir (aunque las mediciones de la misma no escapan tampoco a la controversia cuando se toman en consideración los impactos ecológicos de algunas de las técnicas que mejoran la productividad del trabajo). Resulta asimismo evidente que en muchos casos la competitividad no sólo se consigue haciendo las cosas mejor sino deteriorando las condiciones sociales y ambientales del proceso productivo (de la misma forma que muchas competiciones se ganan comprando al árbitro, haciendo trampas,

con doping, o forman parte simplemente de juegos amañados). De hecho, a pesar de la retórica sobre la inversión en tecnología, lo que se está pidiendo a la población europea es que acepte el deterioro de sus derechos sociales en aras de este gran objetivo colectivo.

(...) La competitividad nunca puede ser un objetivo primario de las sociedades humanas. Éstas deben preocuparse por satisfacer necesidades básicas y garantizar a todo el mundo una vida con niveles aceptables de autonomía y capacidad de realización. Aunque sin duda cuáles son estas necesidades es un tema discutible, que exige contar con buenos mecanismos para garantizar un serio debate social (y que posiblemente pueden dar lugar a soluciones diferentes), que la actual estructura económica resulta insatisfactoria en muchos aspectos e imposible de sostener es también cierto. Y ello obliga sin duda a replantear los objetivos y las formas de las políticas comunitarias. Lo que se diría evidente es que la potencial amenaza china nos indica dos cosas igualmente preocupantes: que una parte de nuestra prosperidad se sustenta en un juego de suma cero que resulta fatal si caemos en el lado perdedor, y que el impacto ecológico que generará la copia de nuestro modelo por otro 20% de la población mundial puede ser terrible. Pero esta toma de conciencia también nos indica que si basamos la respuesta en la competitividad el resultado puede ser catastrófco. Por ello me parece tan decepcionante oír a los supuestos (o reales) representantes de los y las asalariadas hablar en términos de competitividad y olvidarse de crear una nueva conciencia social en la que la cooperación, la búsqueda de salidas colectivas, la regulación consciente sustituya a la locura de un mundo actual regido por una capa de machos que aún están obsesionados en demostrar que la tienen más larga que nadie.”

Albert Recio, profesor de economía en la UAB (comentando la “cumbre de primavera” de la UE celebrada el 22 y 23 de marzo de 2005)

“Revolución de la efciencia”, factor 4, factor 10

Como los actuales sistemas industriales son espectacularmente inefcientes en términos económico-ecológicos (es decir: la productividad con que emplean energía y materias primas es muy baja, y el derroche energético y de materiales elevadísimo), tenemos un amplio margen de mejora en este ámbito. Así, para EE.UU. se ha estimado que sólo el 6% del fujo de materiales (que es el mayor del mundo) se convierte realmente en productos178. En general, la relación entre el desperdicio y los productos duraderos que forman la riqueza material puede ser más bien de cien a uno. En términos

de energía, toda la economía tiene una efciencia menor de 10% --y tal vez de apenas unos puntos porcentuales-- de lo que sería factible obtener de acuerdo con las leyes de la física179.

Lo que ha dado en llamarse revolución de la efciencia en el uso de la energía y los materiales empleados en la producción hace hoy verosímil, según los estudios más serios, duplicar la satisfacción

de las necesidades humanas reduciendo a la mitad el consumo de recursos naturales y el consiguiente impacto ambiental: éste es el

“factor cuatro” al que se referieron Ernst Ulrich von Weiszäcker, L. Hunter Lovins y Amory B. Lovins a mediados de los noventa en un informe al Club de Roma.

“El factor 4 signifca multiplicar la productividad de los recursos. Nuestra pretensión es extraer cuatro veces más bienestar de un barril de petróleo o de una tonelada de tierra. De este modo podremos duplicar nuestro bienestar y al mismo tiempo reducir a la mitad el desgaste de la naturaleza” 180.

178 R.U. Ayres, Technology and Environment, National Academy of Sciences, Washington D.C. 1989. Un libro importante, en lo que a sostenibilidad del uso de materiales se refere, es Ken Geiser: Materials Matter. Towards a Sustainable Materials Policy, The MIT Press, Cambridge (Mass.) 2001.

179 Paul Hawken, L. Hunter Lovins y Amory B. Lovins: Natural Capitalism. Creating the

Next Industrial Revolution, Little, Brown & Co., Boston/ Nueva York 1999, p. 15.

La estrategia de factor 4 sería un componente esencial de cualquier transición hacia una sociedad sustentable, aunque sólo como primera etapa (el debate en el mundo de habla inglesa o alemana se orienta ya hacia el factor 10... e incluso se habla de un factor 20)181. Se trata en cierta manera de lograr la cuadratura del círculo: cómo hacer socialmente aceptable el doloroso “apretarse el cinturón” ecológico que parece más inexcusable a cada día que pasa, cómo hacer una revolución económico-ecológica sin que nadie pierda.182

FACTOR 10: LA REDUCCIÓN DEL ESPACIO AMBIENTAL

In document Biomimesis Def (página 143-146)