La capacidad del alma La encarnación Encuentro Gracia
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Las iglesias y las escuelas públicas tratan con las mismas personas, pero las iglesias no tienen la misma tarea educacional que las escuelas. La psicología de la educación y las teorías del aprendizaje de la escuela secular pueden ser de ayuda, pero las iglesias no pueden descansar sólo en esos enfoques para entender su tarea de enseñanza-aprendizaje. La educación cristiana tiene una dimensión teológica que las iglesias no deben pasar por alto. Un estudio de ciertos principios teológicos puede llevarnos a una comprensión más clara de nuestra tarea educativa y de cómo debemos manejarla. También podemos ser llevados a ver la posibilidad de un tipo más profundo de aprendizaje al que denominamos “aprendizaje cristiano”. También podemos descubrir algunos caminos que debemos seguir si hemos de alcanzar ese tipo de aprendizaje.
La capacidad del alma
La doctrina de la capacidad del alma significa que cada persona tiene tanto la competencia como el derecho — bajo la dirección del Espíritu Santo — de interpretar las Escrituras. Cada individuo tiene no sólo el derecho sino también la responsabilidad de interpretar la Escrituras por sí mismo. El aprendizaje cristiano es por lo tanto individual y personal. Cada individuo es responsable ante Dios de la respuesta que le dé. Los padres, los predicadores y los maestros no deben usurpar u ocupar el lugar del individuo al hacer su propio estudio, su propio razonamiento y su propio aprendizaje. Aprender no es algo que se pueda hacer por un intermediario. El individuo debe hacer su propio aprendizaje o si no, éste no tendrá lugar.
La capacidad del alma también implica un principio de real importancia en el aprendizaje. Como cada individuo, bajo la dirección del Espíritu Santo, tiene la capacidad de interpretar las Escrituras por sí mismo, tiene de ese modo
enfoques que son significativos y valiosos. Por lo tanto, tiene la
responsabilidad de compartir sus enfoques con todos los demás del grupo de estudio. Una persona puede tener enfoques que no tienen otros pero que sí precisan. Por esa razón, cada miembro del grupo tiene la responsabilidad de
ser un participante activo y un contribuyente en el estudio en el cual tiene lugar el aprendizaje. El proceso de enseñanza-aprendizaje no es un monólogo en el cual una sola persona lo dice todo.
Debemos recordar que Dios es soberano. Enseña por medio de quien él quiere. La persona que está formalmente a cargo del grupo de estudio no es la única que enseña. En cualquier punto dado de la experiencia de enseñar el Espíritu Santo puede elegir a uno de los alumnos para que sea el maestro. El énfasis en la participación del grupo que aprende no es sólo una técnica educativa. La participación, en la que cada cual comparte sus propios enfoques con el grupo, se basa en el principio bíblico de que cada persona tiene acceso directo a Dios y por lo mismo la responsabilidad de compartir con otros lo que ella entiende que Dios le dice. Es un error que el alumno permanezca en silencio cuando, como hijo de Dios, puede contribuir a alguien que es su hermano o hermana. El alumno tampoco puede disculparse de asumir su responsabilidad y de contribuir al aprendizaje del grupo, aduciendo que su educación es limitada. No nos esforzaremos en minimizar la importancia de la instrucción. Pero los enfoques espirituales no están condicionados plenamente por la cantidad de instrucción que tenga una persona. A veces surgen enfoques transformadores a través de quienes tienen poca capacitación.
El concepto de la iglesia como comunidad debe ser considerado a esta altura para contrarrestar un posible individualismo extremo que pueda estar latente en la doctrina de la capacidad del alma. Es cierto que el individuo tiene el derecho de interpretar por sí mismo las Escrituras, pero tiene una obligación similar de llevar sus enfoques o conclusiones a la iglesia como comunidad de creyentes (o de cualquier otro grupo) para su análisis, reacción y posible corrección. Dios habla a todos los miembros de la comunidad cristiana y no sólo a una persona aislada. Por lo tanto, es un imperativo cristiano de todo individuo el someter su comprensión ante otros cristianos para beneficiarse de los enfoques y comprensiones de los demás. A menudo, Dios ha usado al grupo para ser el maestro de un individuo.
Sin embargo, debe entenderse claramente que el individuo no está atado por los criterios de la comunidad. En el análisis final, tiene que tomar su propia decisión.
Dado que cada persona es individualmente responsable ante Dios, debe ser libre para llegar a sus propias conclusiones.
La encarnación
Cuando el Dios infinito se dio para enseñarnos a los mortales (o sea para revelarse a nosotros), vino encarnado en Jesucristo. En tiempos anteriores y en
otras formas, Dios quiso revelarse a sí mismo, pero la más elevada y efectiva forma de presentación fue en la persona de su Hijo.
“Dios, habiendo hablado en otro tiempo muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo” (Heb. 1: 1, 2).
He aquí una demostración del hecho de que es por medio de la encarnación que una persona puede llegar a entender y apropiarse de lo que podríamos llamar una verdad abstracta. En el proceso de enseñanza-aprendizaje, la verdad es mejor comunicada cuando es encarnada. Esto sugiere tres cosas:
1. Los maestros deben encarnar la verdad que enseñan. Los maestros no enseñan tanto por lo que dicen o por lo que hacen, sino por lo que son.
2. Los maestros enseñan por medio de relaciones. Probablemente, enseñan mucho más por las relaciones que tienen con los alumnos (tanto dentro como fuera de la clase) que por las palabras que usan en la clase. La enseñanza llega más a través de relaciones que de la comunicación verbal. Esto no significa que los maestros no deben ser cuidadosos con las palabras que usan al enseñar; significa que debemos preocuparnos más con la relación que tenemos con los alumnos. Si los maestros están procurando enseñar el amor de Dios a un niño, ellos deben ser el amor de Dios para el alumno. Si han de compartir con un adolescente el hecho de que Dios lo acepta aun cuando sea un pecador, los maestros deben ser una expresión de la aceptación de Dios cuando el
adolescente ha sido un pecador. Es por medio de las relaciones que la verdad es enseñada y aprendida.
3. La verdad debe llegar a encarnarse en la vida de toda la congregación.
Esta es una de las mayores debilidades en la iglesia moderna. Con demasiada frecuencia, la vida de la congregación no se parece para nada a lo que declara creer. Se reconoce que la congregación está compuesta de pecadores salvados por la gracia, pero la vida de esos pecadores salvados debe aproximarse todo lo posible a la forma en que Jesús nos ha llamado a todos. Las iglesias procuran enseñar verbalmente que el seguidor de Cristo debe poner su vida en el altar de Dios, que debe ofrecer su vida como un sacrificio viviente, que cada cual debe negarse a sí mismo y tomar su cruz. Sin embargo, consideremos brevemente a un hombre adulto que ha pasado su vida como alcohólico. Sabe poco de la vida cristiana. Pero de repente tiene una experiencia radical de conversión. Se une a una iglesia. Asiste a la escuela dominical y al culto. Escucha la elevada y santa enseñanza y predicación, pero ve poca encarnación de esas verdades bíblicas en la vida de la congregación. Básicamente, lo que ve es un gran grupo de ocupantes de bancos. Por lo tanto, a través de lo que ve, llega a sentir que los duros dichos de Jesús son ideas que deben ser estudiadas en la escuela