8 — Hacer que el estudio sea algo personal
Principio 3: Aplicar el estudio
La situación de la vida debe ser ayudar a la clase a aplicar la meta del estudio presentado por el maestro haciendo la elección adecuada. En el ejemplo de Santiago y la torta, si él hubiera elegido confesar que se la había comido aunque sabía que su madre le castigaría, estaría cumpliendo la meta del estudio que es: “Se debe decir la verdad a pesar de las dificultades.” El maestro no revela la meta del estudio a la clase, pero debe ser algo inherente a esa situación.
Usar una situación concreta de la vida no es lo mismo que aplicar el estudio a la vida. Al aplicar el estudio a la vida, el maestro señala cómo se aplican a ella las verdades que han sido estudiadas en clase. Termina con una exhortación a la clase para que las aplique. Una situación concreta no lleva a una aplicación
generalizada, sino que presenta el problema espiritual que está envuelto en el estudio en términos de una situación realista y específica en la cual pueden estar envueltos los alumnos con facilidad. Extrae la verdad espiritual del ámbito de lo abstracto y lo teórico. Este enfoque permite que grupos de
distintas edades vean más claramente la relación de una verdad religiosa con la vida porque es presentado en términos de una situación concreta de la vida. Hay un conflicto envuelto y una decisión que debe tomarse.
Una situación concreta no es lo mismo que una ilustración. Esta es una historia o episodio que está completo en sí mismo. En una ilustración se dice cuál es el fin o resultado. En una situación concreta no se lo dice. Se guía al grupo hasta el punto en el cual hay que tomar una decisión, pero no se indica cuál es. En el clímax del conflicto, cuando la lucha entre la respuesta humana y la cristiana está en lo más agudo, el maestro confronta a los alumnos con la pregunta de qué haría cada uno. Este es uno de los valores de una situación concreta: como el resultado no ha sido dicho, queda abierto el camino para un debate o
posibles resultados que serán sugeridos por los alumnos.
A menudo los maestros usan ilustraciones y piensan que han presentado situaciones concretas. ¿Cuál es la diferencia entre una ilustración y una
situación concreta? Una ilustración dice a la clase que algo fue dicho o hecho o describe la situación en que ocurrió. En el ámbito de una clase de escuela dominical, tiene el fin de alentar a la clase a seguir ese ejemplo. (O a no seguirlo si tal es el caso.) En una situación concreta, el maestro presenta una situación realista y conflictiva, la eleva al plano donde debe ser tomada una decisión difícil y entonces pregunta qué haría cada uno.
Si los alumnos no responden cuando el maestro les pregunta qué harían, éste debe guiar al grupo a enfrentar el tema hasta que lo hagan. Debe dar algún tiempo para que lo piensen y entonces preguntar qué harían. Quizá no estén seguros de lo que harían. Quizá sea la primera vez que al fin han comenzando a ver cómo una verdad espiritual juega un papel en las experiencias diarias. ¿Qué se debe hacer si los alumnos responden livianamente? ¿Qué pasa si uno de los alumnos da la respuesta correcta sólo porque sabe que lo es? El maestro debe discernir si la respuesta es sincera. Si se contesta con liviandad, hay por lo menos dos cosas que el maestro puede hacer. Puede preguntar si realmente es eso lo que haría él o ella. Unas pocas preguntas probatorias de ese tipo harán saber a la clase que el maestro no se satisface con una respuesta ligera. Si la situación es tan real que la clase llega a reaccionar emocionalmente, por lo común los demás alumnos responderán con un “¡Ah sí!” al que contestó livianamente. A menudo los otros alumnos pueden manejar una situación mejor que el maestro.
Es importante que el maestro tenga un tiempo amplio para esta parte de la lección. Si el problema es algo real para el grupo y es difícil tomar una
decisión, es probable que el maestro deba dirigir al grupo a repensar la verdad espiritual que han aceptado demasiado fácilmente antes. Cuando el grupo estudia las dificultades que se presentan y los posibles cursos de acción, dirán al maestro lo que piensan por primera vez en lugar de lo que piensan que el maestro quiere que digan. Después de ver lo que puede significar una verdad espiritual en una situación vital específica, puede ser necesario que el maestro dirija a la clase a reaceptar la meta que tenía en mente.
El uso de una situación concreta es una de las formas más o menos dramáticas que hay para que el estudio sea algo personal. Hay caminos más sencillos. Por ejemplo, el maestro puede decir: “¿Qué significa este estudio para sus vidas personales?” O puede pedir a la clase que indique una situación de su propia experiencia en la cual está envuelta la verdad espiritual que han estado considerando. Una vez más, la variedad es la sal de la vida.
Por cierto, el maestro no usará una situación concreta todos los domingos. Probablemente no debe usarse más de una vez por mes. (De hecho, en el próximo capítulo señalaremos que el estudio que busca una respuesta de conducta no debe ser usado más de una vez por mes.) Corresponde al maestro desarrollar otros caminos para hacer de la lección algo personal de modo que los alumnos sean llevados a relacionar la verdad espiritual con sus vidas personales.
Puede haber ocasiones cuando el maestro tiene para presentar una situación concreta tan realista que la clase se verá envuelta tan profundamente que él determinará introducir el estudio con esa situación. Luego usa la sección del plan de clase que llamamos “desarrollo del estudio” para analizar no sólo el texto básico sino también las enseñanzas de toda la Biblia que se relacionan con el problema. Esto dará al maestro y a los alumnos más tiempo para la lección.
Errores que deben evitarse
Hay algunos errores comunes en el uso de situaciones concretas. A menudo carecen de efectividad o clímax. Debe fascinar al grupo, llevando a cada uno fuertemente a la situación en que se identifiquen con los personajes de la misma.
Si el maestro narra esa situación concreta usando la segunda persona (“tú” o lo que fuere) en vez de poner nombres a los personajes, la debilita en gran
medida. Al narrarla, sólo deben usarse pronombres de tercera persona (“él” o “ella”, etc.). No comencemos a narrar una situación concreta diciendo:
“Supongamos que usted y María fueran”… Haga que la situación sea completamente objetiva evitando los pronombres de segunda persona (“tú”, “ustedes”, etc.) hasta la pregunta final: “¿Qué haría usted?”
Cuando la situación de la vida no está debidamente relacionada con la meta del estudio, hay falta de unidad. Si la meta del maestro tiene que ver con algún aspecto de la reverencia, no tendrá valor presentar un ejemplo de situación concreta que tenga que ver con la pureza. La meta del maestro debe determinar todo lo que esté contenido en el estudio. El estudio bíblico, el desarrollo del mismo, la situación concreta, todo debe estar relacionado.
Una situación concreta se debilita cuando el maestro sugiere alternativas a la clase. Por ejemplo, después de exponer una situación concreta, el maestro no debe decir: “¿Ustedes harían esto o harían aquello?” Es mejor omitir las alternativas y dejar la decisión completamente abierta sin sugerir un curso de acción. La clase puede presentar algunas alternativas que el maestro ni siquiera ha considerado. Si se sugieren alternativas, se limita el razonamiento por parte de la clase.
A veces la respuesta correcta a una situación concreta es demasiado obvia. La decisión se hace demasiado fácil. Cuando ese es el caso, es generalmente porque el maestro no ha colocado en la situación todas las tentaciones y atractivos, presiones y pasiones que están en la verdadera situación vital y eso lleva a que las personas hagan la elección humana. Otras veces, la situación no es suficientemente real para el grupo. Si ha de serlo, las situaciones deben centrarse en los intereses cotidianos del grupo de esa edad. El maestro debe preguntarse a sí mismo si eso puede ocurrir o si esa situación puede llegar a tener lugar en la vida de algún miembro de la clase.
Finalmente, en algunos casos, la situación no está relacionada en forma suficiente para un grupo de esa edad. Si un maestro tiene un grupo de
adolescentes, no usará una situación de personas adultas sexagenarias. No es fácil que el maestro personalice su enseñanza. A menos que eso sea hecho, las enseñanzas de Jesús no llegarán a ser una fuerza vital y conductora en la vida diaria como deben ser. Los resultados merecen cualquier esfuerzo que el maestro deba hacer.
Variantes
El uso de una situación que plantee lo que haría cada uno no es la única forma de lograr que un estudio sea personal. También en esto, si se hace lo mismo todos los domingos, probablemente sea la mejor forma de tener un estudio aburrido. Variedad es la solución. Otra forma muy próxima es lo que se sugirió en este capítulo de pedir a los alumnos que imaginen y compartan una
situación concreta. Como este libro tiene como propósito la enseñanza de adolescentes, jóvenes y adultos, sólo los que están en la primera adolescencia pueden tener problemas al respecto. Una clase pequeña podría hacerlo en grupo. Una clase más grande debe ser dividida en grupos menores. A veces un miembro de la clase puede haber enfrentado una situación que quiera
compartir con los demás.
Aunque el maestro debe tener cuidado de no confundir una situación concreta con una ilustración, una de éstas es una forma excelente de enfatizar y poner vitalidad a una cualidad o acción moral.
Otra forma dramatizada es que el maestro dé vida a una verdad moral o
espiritual elaborando una situación y haciendo que los alumnos representen esa situación. Debemos usar más la dramatización, porque es un método poderoso y efectivo. Puede exigir algo más de tiempo de parte del maestro, pero si es bien hecho ciertamente producirá interés, participación y vida en la clase. Esto completa el cuarto paso en el plan de clase de respuesta de conducta: cómo hacer que el estudio sea algo personal. En el próximo capítulo,
llegaremos al quinto y quizá más importante paso en el plan de un estudio que busque una respuesta de conducta.