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Más allá de Neptuno

In document Un viaje al Cosmos en 52 semanas (página 93-97)

Figura 20.2. Roca y hielo. Concepción artística de Quaoar, un objeto del cinturón de Kuiper. Fuente: NASA y G. Bacon. Figura 20.1. Confines. Esta recreación artística muestra el cinturón de Kuiper, desde donde el Sol aparece como un pequeño y lejano punto brillante. Fuente: Calvin J. Hamilton.

C. Leonard y Keneth Edgeworth, en los años 1930 y 1943 respectivamente, aunque más a modo de conjetura que como algo real. En 1951, Gerard Kuiper sugirió la existencia de un cinturón de pequeños cuerpos más allá de Plutón, basándose en la creencia de que la nebulosa solar no podía terminar abruptamente en Plutón. Hubo que esperar hasta 1980 para que el científico uruguayo Julio Fernández publicara un artículo que aportaba las razones físicas que demostraban la existencia de un cinturón de cuerpos más allá de Neptuno. Fernández propuso que los cometas de corto periodo —aquellos que giran alrededor del Sol en menos de 200 años— debían proceder de una zona situada más allá de Neptuno, y no de una nube esférica de cuerpos ubicada a gran distancia del Sol y conocida como nube de Oort. Razonamientos posteriores de gran peso físico apoyaban con fuerza la hipótesis planteada por Fernández.

La confirmación de lo calculado por Fernández tuvo lugar en 1992, con la detección del primer objeto más allá de Neptuno —aparte de Plutón— realizada por los astrofísicos David Jewitt y Jane Luu. Este objeto fue bautizado 1992QB1, y constituyó el primero de una larga lista de objetos transneptunianos que aumenta casi a diario. El conjunto de estos cuerpos recibe el nombre de Cinturón de Kuiper o,

Figura 20.3. Comparación. Plutón sigue siendo el mayor de los objetos transneptunianos encontrados. Es, sin embargo, menor que la Luna. Fuente: NASA JPL/Caltech.

simplemente, cinturón de objetos transneptunianos.

¿Por qué los astrónomos no descubrieron antes estos objetos? La respuesta está en que se trata de objetos muy lejanos y muy oscuros que reflejan sólo entre un 4 y un 8% de la “luz” solar que reciben. La detección sólo fue posible cuando se contó con detectores electrónicos más sensibles que las placas fotográficas.

Radiografía de un TNO

El agua helada parece ser el principal componente de los objetos

transneptunianos, aunque debido a su oscuridad sólo ha podido detectarse en los de mayor tamaño, y con los telescopios más avanzados. Muchos de los objetos descubiertos son sistemas dobles, similares al que forman Plutón y Caronte. Este carácter binario ha permitido estimar su masa y su densidad, esta última compatible con una composición de roca y hielo de agua. Son objetos, por tanto, muy frágiles, cuya estructura puede deformarse fácilmente debido a la propia rotación. Sedna 1.200-1.700 km de diámetro Quaoar 1.200 km Plutón 2.200 km La Luna 3.300 km La Tierra 12.000 km

La extraña familia helada

Los TNOs actualmente conocidos pueden clasificarse en varias familias:

- Objetos clásicos o del cinturón principal: a ellos pertenece el primero de

los descubiertos, por lo que a veces se llaman también “cubewanos” (de la pronunciación inglesa de QB1). Muestran

órbitas poco excéntricas situadas a distancias entre las 40 y 50 UA (una UA equivale a la distancia media entre la Tierra y el Sol).

- Plutinos: presentan órbitas similares a la de Plutón, reguladas por el planeta Neptuno. Todos ellos efectúan dos giros completos alrededor del Sol en el tiempo en que Neptuno efectúa tres (esto se conoce como resonancia 2:3).

- Objetos dispersados: tan numerosos como la suma de las dos familias anteriores, fueron expulsados del cinturón principal al tener un encuentro cercano con Neptuno; por ello, sus órbitas son muy excéntricas e inclinadas. Debido a perturbaciones en su órbita estos cuerpos pueden, eventualmente, situarse entre Júpiter y Neptuno y sumarse al grupo de los objetos llamados Centauros. Estos objetos no son estrictamente transneptunianos, ya que no están más allá de Neptuno, pero sí se relacionan con ellos. Los Centauros pueden evolucionar para dar lugar a los cometas de corto periodo.

- Otros objetos: se han descubierto dos objetos que no pertenecen a ninguna de las clasificaciones anteriores: 2000CR105 y 2003VB12, este último bautizado Sedna por sus descubridores. Se encuentran a enormes distancias del Sol (Sedna fue descubierto cuando se hallaba a ¡90 UA del sol!) y algunos científicos han sugerido que dichos cuerpos podrían pertenecer a la llamada nube interna de Oort.

Los límites del Sistema Solar, desde Granada

Desde el observatorio de Sierra

Nevada, perteneciente al Instituto de Astrofísica de Andalucía, se estudian las propiedades de los objetos más lejanos del Sistema Solar: los TNOs. También se dedica mucho tiempo de observación al rastreo el cielo con cuatro telescopios robóticos —conocidos como Tetrascopio—, especialmente diseñados para la búsqueda de nuevos objetos

transneptunianos.

Nuevos horizontes

El futuro del estudio de estos cuerpos avanzará muchísimo con el

lanzamiento de la misión “New Horizons”, que tiene previsto llegar a Plutón en el año 2015 y que visitará después algún otro objeto transneptuniano. Aportará información muy valiosa y algunas de las claves para entender estos cuerpos, los más primitivos y lejanos de nuestro Sistema Solar.

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os cometas, cuyo nombre en griego significa “estrellas con cabellera”, pueden desvelar información sobre el origen del Sistema Solar

En el siglo XVI, el astrónomo danés Tycho Brahe demostró que los cometas eran objetos celestes, y no fenómenos atmosféricos de carácter funesto como se creía hasta entonces. Un siglo después, los estudios de Isaac Newton y Edmond Halley nos aportaron dos datos fundamentales: que el brillo del cometa procede en gran medida de la luz del Sol reflejada en pequeñas partículas de polvo, y que la mayoría de los cometas, como los planetas, giran alrededor del Sol y, por tanto, nos visitan

periódicamente.

Bolas de nieve sucia

A finales del siglo XIX se empezó a estudiar la composición de los cometas y se descubrió que, además de polvo, los cometas contenían algunos gases. Pero la confirmación inequívoca sobre su composición y su naturaleza se hizo esperar hasta la década de los setenta del siglo pasado y, sobre todo, hasta la reciente visita del cometa Halley en 1985. Dicho cometa, nombrado así en reconocimiento al trabajo de Edmond Halley, ha sido uno de los objetos astronómicos más observados de la historia. Numerosos observatorios de todo el mundo apuntaron sus telescopios hacia él, y se utilizaron prácticamente todos los tipos de instrumentación disponibles. Además, seis sondas espaciales salieron al encuentro del Halley: dos japonesas,

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21. Radiantes bolas

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