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El zoo de las galaxias

In document Un viaje al Cosmos en 52 semanas (página 147-151)

de las supernovas

34. El zoo de las galaxias

Figura 34.1. Lenticular. Existe un tipo de galaxias que parece un estado de transición entre las elípticas y las espirales; se trata de las galaxias lenticulares que, como NGC 2787, poseen una suave extensión similar a un disco que emerge del bulbo pero que carece de estructura espiral. Fuente: HST.

Figura 34.2. Barrada. La galaxia espiral NGC 5850 muestra claramente una barra. Fuente: HST.

estelar. Y ciñendo la galaxia

encontramos el halo, una amplia esfera formada por algunos cúmulos

globulares y estrellas viejas dispersas. Se piensa que, a distancias muchísimo mayores, se extiende un halo de materia no visible, o materia oscura.

Las espirales son el tipo de galaxias más abundante en nuestra vecindad y muestran diversas variedades, dependiendo del grosor de su bulbo o la definición de los brazos. La presencia de “barras” —estructuras que se extienden a ambos lados del núcleo— constituye otra característica

fundamental de estas galaxias (de hecho, dos tercios de las espirales, incluida la Vía Láctea, son barradas). Las simulaciones numéricas, que han reconstruido la evolución de una barra comprimiendo miles de millones de años en unos pocos segundos, muestran que la aparición y evolución de la barra produce efectos fundamentales en la vida de una galaxia espiral, ya que actúa como un transportador de material desde las partes exteriores del disco hacia el centro y engorda el bulbo. Curiosamente, esto puede llevar a la autodestrucción de la barra y a un cambio en la clasificación morfológica de la galaxia. Se cree que las barras podrían, además, producir la formación de estrellas de manera violenta en las partes próximas al núcleo galáctico, así como proporcionar el material necesario para alimentar el agujero

negro central. Esto da lugar, a su vez, a la llamada actividad nuclear, que produce una cantidad de energía mucho mayor de la que se podría atribuir a los procesos normales de las estrellas o del material interestelar en el núcleo de esas galaxias.

Elípticas e irregulares

Las galaxias elípticas son sistemas semejantes, grosso modo, a un balón de rugby. Se componen de estrellas viejas y polvo (apenas tienen gas) y no presentan detalles estructurales importantes, aparte de un núcleo concentrado alrededor del que se observa una nebulosidad cuyo brillo decrece suavemente hacia el exterior. Estas galaxias constituyen la población dominante de las partes centrales de los cúmulos de galaxias.

Figura 34.3. Diversas formas. Este esquema muestra la clasificación morfológica propuesta por Hubble.

Figura 34.4. Irregular. La gran Nube de Magallanes, una galaxia satélite de la Vía Láctea. Fuente: NASA.

Figura 34.5. Vecindario galáctico. La Vía Láctea, rodeada de un séquito de galaxias enanas. Más allá se encuentra Andrómeda, otra galaxia espiral. Fuente: Mark A. Garlick.

disparar el proceso de formación estelar.

Las excepciones

Existen, finalmente, galaxias que no se ajustan al esquema de Hubble, como las galaxias perturbadas por la interacción con otras. Pero también Por su parte, las galaxias irregulares

muestran un aspecto muy variado, aunque en general bastante amorfo. Contienen gran cantidad de gas y son ricas en estrellas jóvenes. Aún se ignora la razón de su forma irregular, aunque en muchos casos se atribuye a la interacción o a la colisión con otras galaxias cercanas que, además de romper las formas originales, puede

quedan fuera de la clasificación aquellas cuya apariencia no está conectada con la interacción de forma evidente, como las conocidas como galaxias enanas por su tamaño físico —menos de la mitad de una galaxia normal—, junto con otras que, con tamaños similares a los de galaxias espirales, muestran luminosidades muy inferiores —conocidas por ello como galaxias de bajo brillo superficial—.

Investigación

Evolución galáctica

Hubble diseñó un esquema evolutivo donde las galaxias elípticas constituían las galaxias tempranas que se convertirían en galaxias tardías, o espirales. Ahora sabemos que esto es incorrecto: las galaxias espirales muestran un alto grado de rotación y las elípticas no. Como éstas no pueden empezar a rotar de forma espontánea, resulta poco probable que se conviertan en espirales. En sentido inverso, la evolución sí puede tener lugar ya que todo apunta a que algunas galaxias elípticas se han formado tras la colisión y fusión de dos o más galaxias espirales.

En la actualidad, los astrónomos no consideran las galaxias como sistemas inmutables en el tiempo, sino en permanente cambio; en consecuencia, su lugar en la secuencia de Hubble cambiará a lo largo de sus vidas.

Quedan, todavía, muchas preguntas abiertas: ¿Qué provoca que una galaxia sea de un tipo morfológico u otro? ¿Mantiene la misma forma durante toda su vida? ¿Existe una relación entre ésta y el momento en la vida del Universo en el que se formó?

a humanidad lleva siglos intentando responder a dos preguntas básicas: ¿Qué es la Vía Láctea? Y ¿cómo se formó?

La historia de la Astronomía nos ha puesto en contacto con diversos entes que podrían considerarse trazadores de la evolución del pensamiento humano. Uno de estos objetos, quizás uno de los más hermosos, es la Vía Láctea. La Galaxia ha conformado mitos, ha generado historias, paradojas y poesías y es sujeto del arte y de la ciencia. Hoy en día, aparte de dar nombre a numerosos productos comerciales, constituye un laboratorio cosmológico singular.

El conocimiento de la Galaxia

El primer trabajo científico acerca de la naturaleza de la Vía Láctea data del siglo XVI. En 1609, Galileo apunta su rudimentario telescopio a la Vía Láctea y escribe: “… lo que hemos observado en tercer lugar es la naturaleza o materia de la Vía Láctea […] La galaxia no es, en efecto, más que un amasijo de innumerables estrellas diseminadas por grupos”. Por primera vez conocemos de forma científica de qué está hecha la Galaxia, lo que, entre otras cosas, potencia el espíritu crítico: el conocimiento griego no es inmutable, Aristóteles se equivoca como cualquier hijo de vecino y, por lo tanto, debemos revisar el cuerpo de doctrina a la luz de la nueva filosofía.

E

MILIO

J. A

LFARO

35. La historia de nuestra

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