de las supernovas
39. Filamentos y vacíos
Figura 39.1. Retrato. Esta imagen, llamada “Campo Ultra Profundo del Hubble”, muestra una porción del cielo que contiene unas diez mil galaxias y que, desde telescopios terrestres, aparece totalmente vacía. Constituye el retrato más profundo del Universo, y desvela las primeras galaxias que emergieron tras el Big Bang. Fuente: NASA, ESA y S. Beckwith (STScI) y el grupo HUDF.
Figura 39.2. Filamentos y vacíos. Esta simulación reconstruye la estructura a gran escala del Universo, dominada por regiones filamentosas —constituidas por la materia luminosa— alternadas con grandes vacíos. Fuente: Pichon y colaboradores (MNRAS).
galaxias en tres dimensiones, lo que requiere combinar la información de su posición en el cielo con sus distancias, calculadas mediante el corrimiento al rojo. El empleo de este método permitió, en octubre de 2003, el hallazgo de otra “muralla”, cuyo tamaño supera en un 80% a su predecesora. El descubrimiento se encuadra en el proyecto Sloan Digital Sky Survey, que proporcionará el mapa cósmico más completo obtenido hasta el momento y que constituirá una
valiosa herramienta para comprender el origen de la estructura a gran escala del Universo, que no es, ni mucho menos, uniforme o aleatoria: la distribución de las galaxias en el espacio se muestra como una colección de vacíos gigantes con forma de burbuja, separados por películas y filamentos de galaxias, con los supercúmulos apareciendo ocasionalmente como nodos relativamente densos. Parece que las “murallas” son sólo la punta del iceberg.
Figura 39.3. El Gran Atractor. Esta anomalía gravitatoria, que atrae a millones de galaxias en la dirección de la
constelación de Centauro, parece tener su centro en el cúmulo de Norma, que vemos en la imagen. Fuente: ESO.
Figura 39.4. Grandes murallas. Estos “mapas galácticos” muestran la nueva muralla, descubierta por el Sloan Digital Sky Survey (superior), y la hallada por Geller y Huchra en 1989 (inferior). Fuente: M. Juric y J. R. Gott y colaboradores. Otros indicios
De hecho, existen otros indicios que confirman esta imagen del Universo, en cierto modo similar a una esponja. El primero de ellos, el Gran Atractor, parece casi de ciencia ficción: se trata de una anomalía gravitatoria que atrae a millones de galaxias —entre ellas al Grupo Local, donde se encuentra la Vía Láctea— en la dirección de la
constelación de Centauro a una velocidad de entre 600 y miles de kilómetros por segundo. El Gran Atractor se encuentra a unos 250 millones de años luz y, aunque se ha calculado que debe de tener una masa equivalente a decenas de miles de galaxias para ejercer tal poder de atracción, no fue identificado hasta varios años después de su
descubrimiento. Parece estar relacionado con el Supercúmulo de Norma que, por hallarse en una región oscurecida por el polvo y las estrellas de la Vía Láctea, no ha podido ser estudiado en toda su dimensión.
Otra prueba de la estructura a gran escala es el Bosque de Lyman Alfa, que sugiere la existencia de finas “hojas” o películas de hidrógeno intergaláctico. Para entenderlo, imaginemos el Universo como un bosque, donde los árboles son nubes de hidrógeno que absorben la luz de objetos distantes
como los cuásares. Esta absorción queda reflejada en el espectro del cuásar, que presenta tantas líneas de absorción como nubes haya entre el cuásar y nosotros.
El futuro
Los diferentes indicios de la existencia de la estructura de filamentos y vacíos, como las “murallas”, el Gran Atractor o el Bosque de Lyman Alfa, deben complementarse con un cartografiado que, gracias a los avances tecnológicos, cada vez resulta más eficaz. De hecho, se ha hablado del “fin de la grandeza”: si bien hasta ahora hemos podido incluir los objetos celestes en sistemas cada vez mayores (las estrellas en cúmulos y éstos en galaxias, y éstas a su vez en cúmulos y supercúmulos), parece ser que ya no se encontrarán estructuras mayores y que la imagen del Universo será uniforme aunque se consigan mapas con escalas mucho mayores.
Son muchas las preguntas que surgen al observar la estructura a gran escala del Universo: ¿cómo se formaron los vacíos? ¿Qué tipo de materia
contienen?..., preguntas directamente relacionadas con el nacimiento, formación y evolución del Universo, es decir, con la cosmología. Lo abordaremos en el siguiente capítulo.
a humanidad ha desarrollado innumerables teorías para explicar el Universo, pero sólo una, el modelo estándar, goza hoy día de la
aceptación de los científicos
“—¿Por qué estás deprimido, Alvy? —El universo se expande, y si se expande ¡algún día se romperá y será el fin de todo!...
—¿Qué tiene que ver el Universo con esto? ¡Tú estás aquí en Brooklyn, y Brooklyn no se expande!”
De esta cómica manera, Woody Allen reflejaba en Annie Hall su preocupación por el futuro del Universo. Y es que esta curiosidad por lo que nos rodea forma parte de nuestra naturaleza humana. Preguntas como ¿es el universo infinito?, ¿tuvo un origen?, ¿cuál es nuestra posición en él? y otras
muchas, han sido objeto de sistemas de pensamiento que abarcan desde la mitología, la teología, la filosofía y la ciencia, sin que muchas veces quede clara la frontera entre ellas.
Los antiguos
La cosmología más antigua de la que tenemos constancia escrita es la Babilónica, cuyo Enuma elish (“Cuando en la parte superior”), escrito quince siglos antes de Cristo, describe el nacimiento del mundo a partir de un caos primordial. Al igual que en casi todas las primeras civilizaciones, su cosmología se basaba en creencias mitológicas y divinas.
Los pensadores griegos fueron los primeros en abordar las cuestiones sobre el Universo de una manera más