Capítulo 2. El escenario (II) La ocupación del escenario durante la Edad Media
2. Los siglos medievales: la formación de un espacio socioeconómico
2.1. La Alta Edad Media, Ávila ¿una tierra de nadie?
El territorio que ocupa gran parte la actual provincia de Ávila era, desde los años centrales del siglo VIII hasta los primeros decenios del siglo X, tierra de nadie; las sierras de Gredos y de Guadarrama se convirtieron en la frontera septentrional castellana con los andalusíes. Los musulmanes nuca tuvieron un
29
especial interés por establecer un control permanente en las tierras situadas al norte de la cadena montañosa; las sierras centrales de la península se convirtieron en un límite ecológico, político y mental, que sólo en contadas ocasiones fue sobrepasado por los amiríes. Por consiguiente, las tierras de La Moraña y las de Valle de Amblés nunca formaron parte de los dominios islámicos; además, quizá con la única excepción de la campaña organizada contra Simancas en el año 983, quedó bastante al margen de los itinerarios bélicos árabes30. Por su parte, las tierras más meridionales de la provincia constituían un territorio peculiar y semiautónomo dentro de al-Andalus con una mayoría de población de origen ibérico, muladí y mozárabe, y un concentrado poblamiento beréber. Ahora bien, las tierras abulenses de las comarcas septentrional y central nunca se despoblaron del todo, pero si es cierto que durante la Alta Edad Media se produjo una reducción del número de efectivos demográficos y una disminución y relocalización de los núcleos de población31; en Allende los Puertos, se repetía el patrón anterior pero, a diferencia de La Moraña y de Valle de Amblés, en ningún momento su territorio se convirtió en tierra de nadie; además, durante el primer tercio del siglo X, la cada vez mayor presión militar cristiana determinó el reforzamiento militar musulmán en la comarca meridional abulense diseñando el papel de Extremadura castellana que la caracterizó hasta finales del siglo XIII y que determinaría la posterior organización política y económica de Allende los Puertos.
30
La repetición de campañas contra Salamanca, Ledesma y Sepúlveda deja entrever los fines del plan de ataque: parece que se buscaba como objetivo prioritario evitar el afianzamiento de las cabeceras de mayor valor estratégico y más densamente pobladas y las tierras abulenses no reunían esas características. Barrios (2000a: 205).
31
Existen ejemplos de ordenación eclesiástica que confirman la existencia, en las llanuras de La Moraña, de un viejo poblamiento estable y consistente. En 1037 aparece Sieteiglesias, el pueblo más septentrional del obispado medieval abulense (hoy despoblado), como perteneciente a la diócesis palentina; en 1090, habían pasado a formar parte del obispado de Palencia las villas de Olmedo y Arévalo. Barrios (2000b: 232).
2.2. Conquista y repoblación: la construcción del territorio
abulense
La conquista cristiana de Toledo en 1085 y la repoblación inmediatamente posterior significaron, sin duda, un cambio cuantitativo y cualitativo de gran trascendencia; la recuperación del reino visigótico permitió reforzar la retaguardia y consolidar la seguridad en los nuevos territorios, a pesar de la rápida reacción almorávide. El traslado de la línea fronteriza hasta el valle del Tajo favoreció la repoblación de buena parte de las tierras abiertas situadas al sur de la cuenca del Duero32. Ahora bien, dada su condición de “extremadura” y su reducida densidad demográfica era necesario estimular el asentamiento de población en los nuevos espacios recuperados así como su puesta en explotación para afianzar las nuevas fronteras33. El proceso de repoblación de este vasto territorio fuese una obra consciente del poder central, se crearon nuevas villas a las cuales los monarcas concedieron “amplios territorios y grandes privilegios (fueros)”34
. Las villas se constituyeron como cabeza de un amplio territorio denominado alfoz, donde se ubicaban varias poblaciones35. El alfoz y el concejo cabeza del mismo formaban las denominadas comunidades de villa y tierra; la villa era el centro de gobierno y administración de la comunidad. Con la formación de las comunidades de villa y tierra se consolidaron las estructuras de poder local que se mantendrían vigentes hasta el final del Antiguo Régimen36.
En la provincia de Ávila, los numerosos cambios de todo signo que provocaron estos hechos permiten considerar tal momento como el comienzo
32
García de Valdeavellano (1977: 233-256).
33
Valdeón, Salrach y Zabalo (1989: 12-31).
34“La repoblación desarrollada en el territorio situado al sur del Duero suele ser denominada
“concejil” o de “frontera”. La primera mención alude al hecho de la constitución de poderosos concejos de Extremadura; la segunda, al carácter general dado al territorio, que pasó a ser la frontera meridional del reino castellano-leonés. En todo caso, se trataba de una repoblación dirigida por las autoridades del reino, que no dejaban nada a la improvisación”. Valdeón, Salrach y Zabalo (1989: 17).
35
García de Valdeavellano (1977: 233-244).
36
Sobre la formación de los concejos durante la Edad Media, su estructura administrativa y política, véase Monsalvo (1990).
de una nueva etapa histórica. La fijación de la nueva frontera entre los reinos cristianos y musulmanes, ahora claramente definida y situada más al sur, determinó que fuese ineludible para ambas partes asegurar la retaguardia. En este sentido, la repoblación de La Moraña y de Valle de Amblés fue desde el principio un objetivo prioritario de los monarcas castellanos. En este contexto se formaron dos comunidades de villa y tierra: la comunidad de villa y tierra de Arévalo, que ocupaba casi la totalidad de la comarca de la Moraña; y la comunidad de villa y tierra de Ávila, que abarcaba el Valle de Amblés, el suroeste de La Moraña y las estribaciones septentrionales de la Sierra de Gredos37. La reorganización política del espacio de la comarca meridional no se produjo de forma definitiva hasta la segunda mitad del siglo XIII cuando se produjo un intenso proceso de señorialización que dio lugar a la consolidación de cuatro extensos estados nobiliarios yuxtapuestos a los diferentes partidos ya establecidos38.
En la repoblación de La Moraña y de Valle de Amblés se pueden identificar dos etapas: la primera, comenzó en torno al año 1085 y se prolongó hasta mediados del siglo XII, y afectó a las mejores tierras; y la segunda, que se produjo entre mediados del siglo XII y los decenios iniciales del Doscientos, supuso la creación de nuevos núcleos de población y la reorganización demográfica de amplios espacios.
Durante la primera fase se concluiría prácticamente la repoblación de las zonas agrícolas, llanas y alomadas de La Moraña y buena parte de Valle de Amblés; el paisaje definido se caracterizó por un elevado número de núcleos de pequeño tamaño, característica que se mantuvo durante los siglos medievales y modernos posteriores. Los repobladores iniciales fueron, en su mayoría, familias campesinas dando lugar a la creación de numerosas localidades, en las que junto a la posesión individual de carácter familiar
37
Sobre la historia de la comunidad de villa y tierra de Arévalo merece destacar la obra de Montalvo (1928) y sobre la de la comunidad de villa y tierra de Ávila la de Moreno Núñez (1992).
38
Los estados nobiliarios que se formaron fueron los de Miranda, Mombeltrán, Navamorcuende y de las Navas del Marqués; y los partidos judiciales eran los de Bonilla, Villatoro, Villafranca, La Adrada y de Oropesa, este último en la actualidad en el territorio provincial de Toledo.
coexistía la posesión común de los vecinos del lugar, que se convirtieron en el marco básico de producción económica.
Durante la segunda etapa, la dinámica repobladora se caracterizó, en La Moraña y en Valle de Amblés, por la readaptación y consolidación del entramado de núcleos rurales constituido en la fase anterior debido al crecimiento demográfico natural y a la llegada de nuevos flujos migratorios: se formaron algunos nuevos núcleos de población en tierras que continuaban vacías y en lugares estratégicos, especialmente, cerca de la frontera con el reino de León, pero el número de asentamientos no aumentó de una forma tan espectacular como en la etapa anterior39. La repoblación en esta segunda fase fue, básicamente, de corto radio, protagonizada por familias que abandonaron localidades en las regiones abulenses más densamente pobladas y formaron otras nuevas. El resultado fue la creación de diminutas aldeas entre las ya existentes y la formación de nuevos núcleos de población fija, sobre todo, hacia el sur y el oeste de la provincia.
En Allende los Puertos los ritmos y formas de repoblación difirieron a los de La Moraña y Valle de Amblés. La comarca meridional siempre gozó de población de una forma continuada. La conquista cristiana del territorio supuso inicialmente cierta regresión demográfica, pues en la contienda se destruyeron la mayoría de las infraestructuras que garantizaban la seguridad de la zona. En suma, se produjo una ruptura en la estabilidad del poblamiento generada durante los siglos altomedievales, se reforzó el carácter de frontera de la zona y, debido a la rápida reacción militar almorávide, la comarca meridional se convirtió en un territorio inseguro poco atractivo para posibles nuevos moradores. En la repoblación posterior de Allende los Puertos también se pueden distinguir dos fases. La primera se inició con la destrucción del castillo
39
En 1157, Alfonso VII repartió el reino entre sus dos hijos Sancho III, al que le correspondió el reino de Castilla, y Fernando II, que heredó el reino de León. Este hecho, propio de una mentalidad típicamente feudal, determinó que las tierras más occidentales de la provincia se convirtieran en un área fronteriza y que sus habitantes se vieran envueltos en frecuentes disputas convirtiéndola en una zona poco atractiva para nuevos pobladores y que, quizás, explique el relativo retraso en la ocupación del valle de Corneja, de los tramos más abiertos y bajos del curso alto del Tormes y de los tierras alomadas de La Serrota. Barrios (2000b: 247).
de Albalate por las huestes cristianas; la decidida política regia de repoblar y controlar la zona de Plasencia tuvo como resultado que, desde mediados del siglo XII, se produjeran los primeros movimientos migratorios hacia los valles interiores de la comarca; este proceso repoblador se detuvo a fines de la centuria debido a la nueva oleada bélica tanto por parte de los musulmanes como de los leoneses que intentaron sacar provecho de la debilidad de las dificultades castellanas. Durante buena parte del siglo XIII, los monarcas castellanos para afianzar las fronteras y conseguir el asentamiento de población en los territorios reconquistados concedieron a señoríos ya fundados y a otros nuevos, fundamentalmente nobiliarios, y a los miembros de la oligarquía local de la capital abulense extensos territorios en el sur de Valle de Amblés y, sobre todo, en la comarca de Allende los Puertos. La segunda fase, que se prolongó desde el último tercio del siglo XIII hasta el último tercio del siglo XIV, la desaparición de la tensión bélica, que se alejó definitivamente de Allende los Puertos después de la victoria cristiana en Las Navas de Tolosa en 1212, la normalización y desarrollo de varias rutas de trashumancia ganadera a través de Allende los Puertos y el desarrollo económico de la zona sur contribuyeron a estimular un proceso de repoblación intenso que protagonizaron, principalmente, repobladores de las comarcas septentrional y central de la provincia; el área meridional de la comarca se convirtió en uno de los territorios más florecientes de la Corona de Castilla40.
En suma, en la comarca meridional predominaron durante mucho tiempo los pueblos ganaderos, con un número reducido de vecinos permanentes y localizados en unos pocos enclaves; sólo desde los últimos decenios del siglo XIII se produjo una ocupación y explotación sistemática del territorio con un marcado carácter ganadero y señorial y la constitución de casi todos los núcleos de población, por entonces, ya hacía varios decenios que el proceso repoblador había puesto su fin en La Moraña y en casi todo Valle de Amblés.
40
2.3. La culminación del proceso repoblador: las
características del poblamiento abulense
Una de las consecuencias más importantes y perdurables de la culminación del proceso de repoblación en su doble sentido de reconstrucción demográfica y de organización a partir de los asentamientos anteriores, fue la constitución de toda una red de poblamiento, cuyas características básicas, a pesar de los cambios posteriores, se perciben hoy todavía con bastante nitidez.
Hacia mediados del siglo XIII la provincia de Ávila contaba con un elevado número de núcleos de población estables, la densidad provincial era elevada: un lugar cada 21,7 kilómetros cuadrados; ahora bien, la estructura de la ocupación del espacio presentaba fuertes contrastes comarcales: el principal rasgo que caracterizaba el territorio abulense era el elevado número de núcleos de población pequeños en La Moraña y en Valle de Amblés frente al vacío de Allende los Puertos41.
En las comarcas septentrional y central de la provincia de Ávila, con menos la mitad de la superficie total provincial, se concentraban casi dos tercios de los pueblos existentes; su densidad de asentamiento era muy superior al de la media de la provincia: un lugar cada 11,8 kilómetros cuadrados. A mediados del siglo XIII, tanto en La Moraña como en Valle de Amblés, el proceso plurisecular de colonización agraria ya estaba consolidado; el modelo de ocupación del territorio se caracterizó, en ambas comarcas, por un poblamiento denso con numerosos pequeños núcleos de población muy próximos entre sí. La ciudad de Ávila y la villa de Arévalo se constituyeron como auténticos polos de atracción y ejercieron como centros de influencia y dominación en los distintos aspectos de la vida social, política y económica de sus alfoces; el tamaño de los núcleos de población aumentaba según lo hacía la distancia con aquellas.
41
En Allende los Puertos, el flujo migratorio llegó con años de retraso y de forma menos intensivo que lo acaecido en las comarcas septentrional y central, el número de núcleos de población era muy inferior al de La Moraña y al de Valle de Amblés: con algo más de la mitad del territorio provincial sólo albergaba a un tercio del total de localidades abulenses. Además, los contrastes intracomarcales eran acusados: 1) en Valle de Corneja y en Tierra de Pinares, al sudoeste y al este de la provincia, respectivamente, la densidad de poblamiento era bastante baja: un lugar cada 40 kilómetros cuadrados; y 2) en los valles serranos y en las zona más meridional apenas existían núcleos de población: uno cada 200 kilómetros cuadrados. Desde mediados del siglo XIII, como ya se ha señalado, la acción combinada de diferentes factores tuvo como resultado un aumento espectacular de asentamiento de la población en la comarca meridional, fue desde entonces cuando se realizó de verdad la colonización de la mayor parte de este territorio. En los valles centrales y más encajonados de la comarca se consolidó y amplio un modelo de asentamiento demográfico caracterizado por la existencia de localidades diminutas al lado de núcleos de población de mediano y gran tamaño. Al sur de la Sierra de Gredos, los intereses señoriales y ganaderos favorecieron el aumento de los asentamientos que también se caracterizaron por la yuxtaposición de localidades de pequeño y gran tamaño.
Las pautas del poblamiento posterior evidencian, al menos hasta las postrimerías del Cuatrocientos, una cierta persistencia y continuidad de los fenómenos iniciados en los siglos anteriores, si bien, los efectos de una posible caída demográfica a mediados del siglo XIV pudieran haber acentuado o corregido algunos de los rasgos descritos, principalmente relativos, a las diferencias intercomarcales en la densidad del poblamiento. Durante el siglo XV se produjo crecimiento económico y demográfico: el valor de los arrendamientos de los diezmos del Cabildo de la Catedral de Ávila42
42
El valor de los arrendamiento de los diezmos correspondientes al Cabildo de la Catedral de Ávila aumentaron entre 1400 y 1442; pero más que las cifras absolutas es muy interesante la tendencia, a partir del cuarto decenio del Cuatrocientos se disparan, entre 1430 y 1540 el valor de aquellos aumentó un 150 por 100 en términos monetarios. Monsalvo (2006: 58-59); Barrios (1991).
aumentaron más de un 100 por 100 durante la primera mitad del Cuatrocientos, que apunta a que hubo un crecimiento de la producción agraria y también, en un régimen de productivo de tipo extensivo, un aumento de los brazos empleados en ella; sin embargo, la expansión económica y demográfica del siglo XV no modificó sustancialmente las estructuras básicas del poblamiento definido en los siglos anteriores.
Resumiendo, en los últimos siglos medievales, el paisaje poblacional de la provincia de Ávila se caracterizó por la concentración de abulenses en pequeños núcleos de población en La Moraña y en Valle de Amblés, más dispersos en la última, y la práctica concentración absoluta de la población en unas pocas localidades de mayor tamaño en Allende los Puertos: en La Moraña y en Valle de Amblés apareció un poblamiento intercalar con “aldeyuelas” y en Allende los Puertos se estabilizó entonces un poblamiento permanente con núcleos nuevos y relativamente grandes. La realidad demográfica tardomedieval abulense fue el reflejo y soporte de unas
determinadas condiciones históricas y de diferentes características
socioeconómicas comarcales; y aunque el fenómeno de repoblación medieval tuvo una larga duración y su dinámica no afectó de la misma manera a todas las comarcas, está claro que sus resultados pusieron las bases para la reordenación y reproducción de la vida económica y social de la provincia.