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Mano de obra empleada en el laboreo de las tierras y en el pastoreo de

Capítulo 3. El escenario (III) El paisaje agrario a mediados del siglo XVIII El

6. Mano de obra empleada en el laboreo de las tierras y en el pastoreo de

Durante la Edad Moderna, el porcentaje de cultivadores directos que no trabajaban tierras de su propiedad era elevado177; instituciones como el mayorazgo y la amortización limitaban el mercado de compra-venta de tierra por el lado de la oferta. La superficie cultivable explotada bajo formas contractuales de cesión del usufructo de la tierra a cambio del pago de una renta era una realidad ampliamente extendida en la provincia abulense, al menos, durante los siglos XVI, XVII y XVIII178. Como en otros lugares de la Submeseta norte castellana, esas figuras constituían uno de los ejes fundamentales a través de los cuales se desarrollaban las relaciones sociales y económicas en el agro castellano durante el Antiguo Régimen179. La ampliación de los ingresos señoriales se sustentaba en criterios extensivos, en una mejora del cobro de los derechos adquiridos, en la obtención y arrendamiento de rentas fiscales de la Corona, y en maximizar los ingresos por renta de la tierra pero no en inversiones de capital que redundasen en un aumento de la

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En la provincia de Ávila, a principios del siglo XIX, la extensión de tierras de labor de amortización civil y eclesiástica era de 239.591 fanegas, que si se comparan con las de los labradores propietarios, 38.252 fanegas, suponía que las manos muertas poseían más de seis veces de área cultivada; en 1804, en 74 núcleos de población de 242 los labradores no poseían predio labrantío alguno. Las tierras cultivadas por arrendadores eran 295.163 fanegas; es decir, casi 8 veces más que las que cultivaban sus propietarios. Además, los labradores propietarios que sólo trabajaban sus tierras eran 564 y los que eran sólo arrendatarios 3.884. Borjas (1804: XX-XXII).

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La relación que Canga Argüelles recoge del Censo de Godoy de 1797 del total de activos agrarios españoles, o labradores, como así se denominan en el censo, un 30,3 por 100 eran arrendatarios, y en la Submeseta norte castellana estos casi duplicaban a los cultivadores propietarios de la tierra que labraban. Robledo (1984: 74). No obstante, en este último territorio se observan diferencias notables entre las distintas provincias: en Palencia el número de labradores propietarios era de 2.277, el de arrendatarios de 5.477 y el de jornaleros 10.897 (el 87,8 por 100 de los labradores no eran dueños de, al menos de una parte, las tierras que cultivaban), Marcos (1985: 92-93); en Salamanca, Soria y León, la proporción de arrendatarios superaba el 50 por 100, Sebastián (1990: 53); en la provincia de Ávila el Censo de 1797 recogió para Ávila 1.603 labradores propietarios, 6.565 arrendatarios y 7.724 jornaleros. Cuervo (2006: 11). Conviene recordar la imprecisión de los términos del censo, no todos los arrendatarios o jornaleros eran sólo eso, sino que las figuras mixtas abundaban; no obstante, sí proporcionan una visión general de la importancia de la gestión indirecta de los patrimonios territoriales.

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Véanse, entre otros, los trabajos de Marcos (1985); García Sanz (1986); Álvarez Vázquez (1987); Yun (1987); Sebastián (1990 y 1999); López García (1990); Cuervo (2006).

productividad en el campo. La utilización generalizada de fórmulas de cesión a corto plazo, como el arrendamiento, y el peso de la renta territorial sobre la producción agraria desalentaban y/o imposibilitaban las inversiones de aquellos que la cultivaban180; en una muestra de localidades situadas en las comarcas septentrional y central de la provincia de Ávila la tasa de la renta de la tierra osciló entre un 27,0 por 100 y un 33,5 por 100 de la producción bruta de cereal181. En este contexto, difícilmente podían introducirse innovaciones en la relación tierra, trabajo y capital182. Si no se dispone de capital o, quien dispone de él no lo canaliza hacia la inversión productiva agraria, difícilmente las innovaciones técnicas podían progresar183; así, frecuentemente se utilizan términos, no del todo correctos, como conservadurismo y respeto a la tradición para referirse a las técnicas de cultivo durante la Edad Moderna184. El utillaje agrario empleado por los campesinos abulenses no varió sustancialmente

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El profesor García Sanz estableció que todas las exacciones que debían realizar las unidades de explotación campesinas durante el Antiguo Régimen supondrían en torno al 43 por 100 de la producción (suponiendo una tasa de la renta del 25 por 100); del 57 por 100 restante, 50 puntos porcentuales serían empleados en la reproducción de las condiciones de la unidad de explotación agraria (subsistencia de la familia campesina y reposición de los factores de producción). Por consiguiente, solamente el 7 por 100 de la producción agraria bruta podía ser llevado al mercado para su venta y obtener liquidez, dinero que el campesino debía decidir si dedicarlo a la compra de mercancías y servicios necesarios para la familia o ahorrarlo para consumo futuro o inversión. En este contexto difícilmente la inversión productiva por parte de las pequeñas unidades de explotación agrarias era posible. García Sanz (1985b: 66).

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En la España península, la tasa de la renta de la tierra se situaba en torno al 30 por 100 de la producción bruta cerealista en el último cuarto del siglo XVI, cuando en muchos lugares la renta de la tierra alcanzó los valores máximos del Quinientos e, incluso, del Antiguo Régimen. Cuervo (2006: 16). En el decenio de 1590, la renta de la tierra equivalía al 32 por 100 de la producción en la Tierra de Santiago y al 28,3 por 100 en la de Salamanca; hacia 1575 en Castilla la Nueva dicho porcentaje ascendía al 27,8 por 100. Marcos (2000: 425-426). En el Oriente leonés, en el sexenio 1588-1593, el valor de la renta de la tierra suponía el 30,5 por 100 de la producción bruta. Sebastián (1992: 61). Entre 1536 y 1563, en La Rioja, la renta de la tierra suponía una detracción de entre el 25 y el 30 por 100 de la cosecha obtenida en un año común y del 30 por 100 en la Bureba (Burgos); en esta última llegó a representar el 37,5 por 100 de la cosecHas. Brumont (1984: 31-32 y 109-110). En tierras abulenses, la renta de la tierra osciló entre un 27,0 por 100 y un 33,5 por 100 de la producción bruta de cereal; el último porcentaje corresponde al momento de máximo valor alcanzado por la renta de la tierra, en 1559. Cuervo (2006: 16). 182 Yun (2004: 215-244). 183 Marcos (2000: 67 y ss.). 184

Una buena prueba de ello es la ya citada obra de Gabriel Alonso Herrera, Agricultura

General, publicada por primera vez en 1513, fue reeditada en 1818-1819 considerándose con

mucho la mejor obra publicada en esos años. García Sanz y Sanz Fernández (1988: 44); Marcos (2000: 67).

respecto del utilizado por sus antepasados durante los siglos medievales: arado romano, hoz o guadaña, azada o azadón, trillo, yugo, pala, y carro o carreta185; el fertilizante empleado procedía de la acumulación de excrementos orgánicos (animal y humano); y, la fuente de energía era de origen muscular. En síntesis, la actividad agrícola abulense, como la castellana, debía sustentarse en el uso de mucha tierra y bastante mano de obra. Por consiguiente, no se puede concluir el análisis del paisaje agrario a mediados del siglo XVIII sin estudiar el factor trabajo.

En el análisis de la población activa agraria se han empleado el Estado “G” de los Mapas o Estados Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada. En esta documentación se recogió la población activa masculina mayor de 18 años indicando su profesión; por tanto, no se contabilizó ni la mano de obra femenina ni la infantil; de modo que, la población activa agraria está sesgada a la baja, porque el trabajo femenino e infantil no era baladí sobre todo en los momentos de la siega y de la trilla. El análisis de la mano de obra en el sector primario se ha realizado en las 136 localidades que integran la muestra utilizada en epígrafes anteriores. Ahora bien, siendo estrictos, la población corresponde a 105 núcleos poblados, las 136 localidades que forman la muestra menos los 31 despoblados que la integran; sin embargo, se ha optado por continuar nominando la muestra de “136 localidades” pues sus predios eran cultivados por los vecinos de alguno de los núcleos de población rural que la forman. En el Cuadro 30 se presenta el valor medio que representaba la población activa agraria masculina mayor de 18 años en el total de población activa masculina mayor de 18 años y la desviación típica de las medias.

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Muchas veces esta herramientas solían ser construidas y reparadas por los propios labradores; quizá, se podría señalar como un avance el aumento del empleo del hierro en la elaboración de los aperos García Sanz y Sanz Fernández (1988: 44); Marcos (2000: 67-69); Sebastián (1992: 84-86).

Cuadro 29 : Valor medio del peso de la población activa agraria masculina mayor de 18 años sobre el total de población activa masculina mayor de 18 años en 136 localidades rurales de la provincia de Ávila hacia 1752 (en %).

Media Desviación típica

La Moraña 89,5 9,9

Valle de Amblés 95,4 5,2

Allende los Puertos 84,1 21,5

Provincia 89,9 13,7

Fuentes: las citadas en el Cuadro 28 y elaboración propia.

En el conjunto de la muestra, el 89,9 por 100 de la población activa masculina mayor de 18 años estaba empleado en el sector primario; ahora bien, la alta desviación típica evidencia los elevados contrastes locales que existían. Era en Valle de Amblé donde la ratio población activa agraria/población activa total era la más elevada: en La Moraña la población activa agraria representaba un 89,5 por 100 de la población activa, en Valle de Amblés un 95,4 por 100 y en Allende los Puertos un 84,1 por 100. En las comarcas septentrional y central la homogeneidad en la distribución de la población activa era mucho mayor que en la meridional, el valor de la desviación típica de la variable era de: 9,9, 5,2 y 21,5, respectivamente. La razón de tales diferencias radica en que el principal renglón de las economías de La Moraña y de Valle de Amblés lo constituía la actividad agropecuaria, mientras que en Allende los Puertos existía una mayor diversidad económica; en esta última se ha constatado una importante actividad arriera, carbonera y maderera186.

Para finalizar este capítulo se ha tratado de determinar si, a mediados del siglo XVIII, la población activa agraria permanente, aquella que en el Catastro fue contabilizada como labradores, era suficiente considerando la extensión de

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la superficie cultivada187; en este menester se ha estimado el valor de la ratio población activa agraria permanente/superficie cultivada y se compararán los resultados obtenidos con su valor en otras áreas castellanas. Los resultados se presentan en el Cuadro 30.

Cuadro 30 : Relación entre la población activa agraria permanente masculina mayor de 18 años y la extensión de la superficie cultivada en 136 localidades rurales de la provincia de Ávila hacia 1752 (en Habs./Km2.). Superficie cultivada en Km2. Labradores Labradores / Superficie cultivada La Moraña 357,2 745 2,1 Valle de Amblés 168,3 512 3,0

Allende los Puertos 543,6 1.056 1,9

Provincia 1.069,1 2.313 2,2

Fuentes: las citadas en el Cuadro 28 y elaboración propia.

Según las cifras del Cuadro 30, en el total de la muestra el número de labradores por cada kilómetro de tierra cultivada era de 2,2; en ninguna de las comarcas el valor de la ratio superó el valor de 3. En otras zonas castellanas el total de activos agrarios por unidad de superficie era netamente mayor, nunca inferior el valor de la ratio a 4,2. Por consiguiente, el número de labradores en la provincia de Ávila era insuficiente en relación a la suficiente cultivada. En la Corona de Castilla la escasez relativa de fuerza de trabajo entre distintos territorios condicionó movimientos migratorios temporales188; considerando el valor de la ratio labradores/superficie cultivada, la provincia de Ávila debió de

187 Bajo el concepto “labradores” en el Catastro del Marqués de la Ensenada se incluyeron

labradores cabeza de casa, hijos y criados de labranza masculinos mayores de 18 años.

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Sobre los movimientos migratorios desde la cornisa Cantábrica hacia el interior peninsular véanse, entre otros: Barreiro (1994); Ansón Calvo (1994); Sebastián (1992: 87); Lanza (2001).

ser receptora de mano de obra agraria. En el Cuadro 31 se consigna la aportación del número de jornaleros al total de población activa agraria.

Cuadro 31 : Proporción de trabajadores temporales sobre el total de población activa masculina mayor de 18 años empleada en el sector primario en 136 localidades rurales de la provincia de Ávila hacia 1752 (en %).

Media Desviación típica

La Moraña 57,0 17,0

Valle de Amblés 53,9 14,3

Allende los Puertos 56,4 21,4

Provincia 56,3 16,9

Fuentes: las citadas en el Cuadro 28 y elaboración propia.

La media de la ratio temporeros agrarios / población activa agraria total en el conjunto de la muestra superaba el 50 por 100; es decir, más de la mitad de la población activa agraria masculina mayor de 18 años estaba formada por trabajadores temporales. En las tres comarcas las medias de las ratios eran similares, algo más elevadas en La Moraña y en Allende los Puertos que en Valle de Amblés: 57,0 por 100, 53,9 por 100 y 56,4 por 100, respectivamente. Quizá, lo más destacable es el alto valor alcanzado por las desviaciones típicas que indican una gran diversidad de realidades, en particular, en la comarca meridional; el valor de la desviación típica de la media de las ratios temporeros/población activa agraria en La Moraña era de 17,0 en Valle de Amblés de 14,3 y en Allende los Puertos de 21,4. Es muy probable que en esta última, el mayor número de trabajadores temporales se concentraran en las fértiles tierras del sector meridional de la comarca, el Valle del Tiétar, y aquel fuera reducido en las zonas montañosas. Ahora bien, es necesario determinar si la aportación de jornaleros explicaría la extensión de la superficie. En el Cuadro 32 se exponen los valores de la ratio población activa agraria total / superficie cultivada.

Cuadro 32 : Relación entre la población activa agraria masculina mayor de 18 años y la extensión de la superficie cultivada en 136 localidades rurales de la provincia de Ávila hacia 1752 (en Habs./Km2.).

Superficie cultivada en Km2. Población activa agraria Población activa agraria / Superficie cultivada La Moraña 357,2 1.856 5,2 Valle de Amblés 168,3 1.194 7,1

Allende los Puertos 543,6 2.800 5,2

Total muestra 1.069,1 5.850 5,5

Oriente leonés 232,6 1.847 7,9

Tierra de Campos 4,2

Castilla la Vieja 6,4

Fuentes: las citadas en el Cuadro 28; Sebastián (1992: 86-87); Yun (1987: 481); y elaboración propia.

Si se observan las cifras del Cuadro 32, en el conjunto de la provincia de Ávila el número de efectivos agrarios en relación a la extensión de superficie cultivada, 5,5, era sensiblemente inferior al determinado por el profesor Sebastián Amarilla para el Oriente leones, 7,9, y al de Castilla la Vieja estimado por el profesor Yun, 6,4; sin embargo, era superior al de Tierra de Campos, 4,2, también calculado por el profesor Yun. A nivel comarcal, los valores de las ratios población activa agraria/superficie cultivada en las comarcas septentrional y meridional parecen apuntar a que parte de la población activa agraria en dichas regiones trabajaba, al menos simultáneamente, en la actividad ganadera; en La Moraña, la comarca que guarda más similitudes con Tierra de Campos, el valor de la variable era un 23,8 por 100 y en Valle de Amblés un 10,9 por 100 superior al de Castilla la Vieja.

A mediados del siglo XVIII, en la provincia de Ávila la actividad agropecuaria acaparaba la mayoría de la población activa masculina mayor de 18 años; sin embargo, el total de fuerza de trabajo permanente no era, en comparación con otras áreas castellanas, suficiente para la realización de las faenas agrarias por lo que los trabajadores temporeros fueron abundantes en la provincia: más de

la mitad de la población activa agraria masculina mayor de 18 años de la provincia de Ávila la constituía mano de obra temporal.

7. Conclusiones

La inexistencia de cambios técnicos relevantes en la agricultura abulense determinó que, al igual que en muchas otras zonas castellanas, los factores de producción principales fueran: la tierra, los animales y la mano de obra. Las principales conclusiones de este capítulo giran, como no podía ser de otra manera, en torno a los citados factores productivos en cada una de las tres comarcas agrarias de la provincia de Ávila:

1) En La Moraña se localizaban las mejores tierras de toda la provincia para la producción de cereales; este hecho junto a la escasez relativa de superficies susceptibles de aprovechamiento ganadero y forestal determinaron que el principal renglón de la actividad económica de la comarca septentrional fuese la agricultura cerealista relegando al resto de producciones a una papel secundario; además, la proximidad del mercado de Arévalo debió de constituir un importantes estímulo para la producción de áridos. El resto de bienes, mosto, frutas y hortalizas, se obtenían fundamentalmente para completar la dieta de los morañegos. La actividad pecuaria se concebía como una actividad necesaria para las faenas agrícolas y/o complementaría que podía proporcionar ingresos extras. El mayor protagonismo de las cabañas ganaderas era del ganado menor, y dentro de este del ovino. El ganado bovino representaba el mayor porcentaje dentro de las cabañas mayores; los bueyes, y en caso necesario también las vacas, eran los animales por excelencia empleados en las faenas agrícolas. Sin embargo, para el transporte de personas o mercancías se preferían las bestias de herradura. Los esquilmos forestales y cinegéticos se realizaban para la el autoconsumo de la unidad de explotación campesina. El sector primario era, rotundamente, el principal sector de actividad económica, al menos desde el punto de vista de la dedicación de la población

activa; sin embargo, el volumen de población activa agraria no parece que fuese suficiente en relación con la superficie puesta en cultivo por lo que la aportación de trabajadores temporales debido de ser crucial. 2) En Valle de Amblés las condiciones geográficas condicionaron que la

superficie apta para el cultivo de cereales fuera menor que en la Moraña y que en las tierras cerealistas se obtuviesen rendimientos elevados por unidad de semilla sembrada; estos dos factores condicionaron que las tierras disponibles se sembrasen de centeno pues era en esta especie en la que se obtenían los mayores rendimientos. Además, la mayor presencia del regadío permitió que en la comarca se desarrollara una agricultura de huerta y sobre de todo de producción de lino con fines mercantiles estimulada por la proximidad de la capital abulense y la demanda que desde ella realizaba diferentes artesanos. Pero fue la importante dotación natural de dehesas, pastos naturales y montes la que determinó que en la comarca central de la provincia de Ávila se desarrollase un importante sector pecuario autónomo de la actividad agraria. La cría de cabezas bovinas y ovinas para la venta, así como el aprovechamiento de sus esquilmos, queso, lana y carne debió de compensar la menor presencia de predios cerealistas. En Valle de Amblés la aportación de jornaleros a la actividad agraria fue menor que en las comarcas septentrional y meridional, y considerando la abundante mano de obra agraria en relación a la superficie cultivada esta se empleaba tanto en las faenas agrícolas como en las pecuarias.

3) En Allende los Puertos tampoco eran abundantes las tierras aptas para el cultivo, sobre todo en la franja ocupada por la Sierra de Gredos predominante en la comarca meridional, y el centeno también era el grano por excelencia. Durante los siglos anteriores, los habitantes de esta comarca no sólo se adaptaron al medio sino que también aprendieron a aprovechar los recursos disponibles. Como en Valle de Amblés se desarrolló una importante actividad pecuaria independiente de la agricultura, y la composición de las cabañas ganaderas variaba en función de la orografía y los pastos disponibles. Las grandes

extensiones boscosas, particularmente de pinares, facilitaron el desarrollo de una actividad forestal, tanto de madera como de carboneo, con una clara orientación al mercado. Además en los valles de la comarca, fundamentalmente en el Valle del Tiétar, pero también en el del Bajo Alberche y en el de Corneja, se desarrolló una agricultura de huerta muy variada, y, como la actividad forestal, con una clara orientación mercantil. En suma, en Allende los Puertos, se desarrolló,