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La trayectoria de la población durante los siglos XVI, XVII, X

Capítulo 2. El escenario (II) La ocupación del escenario durante la Edad Media

3. Ávila en la Submeseta norte castellana, España y Europa durante los

3.1. La trayectoria de la población durante los siglos XVI, XVII, X

Entre 1500 y 1850, en Europa occidental, se registró un gran ciclo plurisecular de expansión demográfica: la población europea aumentó en torno a un 211,9 por 100 a una tasa anual de un 0,33 por 100. Sin embargo, en la distribución temporal del crecimiento de la población se observan importantes contrastes interseculares: entre 1500 y 1600, la variable aumentó un 32,8 por 100; entre 1600 y 1700, un 6,7 por 100; entre 1700 y 1800, un 53,7 por 100; y, entre 1800 y 1850, un 43,2 por 100; es decir, a unas tasas de crecimiento anual

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Algunos años después, en 2005, el profesor Van Zanden se mostró aún más pesimista con la trayectoria de la economía española, también con la de otros países europeos. Según sus nuevas investigaciones, durante la Edad Modera, entre 1500 y 1800, el PIB per cápita descendió en España un 16,1 por 100. Sin embargo, el profesor Van Zanden utilizó las cifras aportadas por el profesor Carreras en la estimación del PIB en 1500 que, muy probablemente, subestiman el número de habitantes en dicho año. Van Zanden (2005: 27).

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No obstante, si se considera que todo apunta a que el trabajo del profesor Carreras infravalora el número de habitantes en 1500 el crecimiento del PIB por habitante según las estimaciones del profesor Carreras habría sido inferior. Llopis (2004: 15).

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acumulativo del 0,28 por 100, del 0,07 por 100, del 0,26 por 100 y del 0,72 por 100, respectivamente55.

El crecimiento demográfico que operó durante el Quinientos no supuso una ruptura con los modelos de poblamiento consolidados durante las centurias medievales, al contrario: en buena parte de Europa occidental dominaron las permanencias, al menos en lo que atañe a la distribución de los europeos en localidades relativamente dispersas, al mayor peso de los núcleos de población rurales y a la inexistencia de grandes ciudades56; ahora bien, será durante esta centuria cuando se consoliden las bases de la formación de estas últimas, siendo los movimientos migratorios desde el campo hacia las ciudades más grandes y, aparentemente, prósperas uno de los fenómenos que constatan el citado proceso de urbanización57. El aumento de población no fue de idéntica intensidad en todas las regiones europeas: por ejemplo, el que operó en Inglaterra superó en 21,7 puntos porcentuales al que tuvo lugar en el conjunto del continente y el francés fue inferior a este en 17,0 puntos porcentuales58.

El exiguo crecimiento de la población que se produjo durante el siglo XVII fue debido a que muchas áreas de Europa occidental cerraron el siglo con un saldo demográfico negativo y en otras apenas varió el número de habitantes entre principios y finales de la centuria59: entre 1600 y 1700, la población en

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Biraben (1979: 16).

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A principios del siglo XVI sólo cuatro ciudades contaba con una población próxima a los 100.000 habitantes: Milán, Nápoles, Venecia y País, en las postrimerías del Quinientos eran ocho, a las cuatro anteriores hay que añadir Roma, Palermo, Londres y Lisboa. Bracco (2003: 44).

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La ratio población urbana/población rural paso del 3,1 por 100 al 5,8 por 100 en Inglaterra, del 6,1 por 100 al 11,4 por 100 en España, del 3,0 por 100 al 14,1 por 100 en Portugal y en los Países Bajos del 15,8 por 100 al 24,3 por 100. Bracco (2003: 45).

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Biraben (1979: 16).

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Las crisis económicas del siglo XVII no afectaron de forma uniforme a todas las regiones europeas; como señala el profesor Guenzi operaron tres modelos: el primero estaría formado por la llanura padana, la península Ibérica y una amplia extensión de Alemania formada por las áreas comprendidas entre el Elba y el Rihn y entre Baviera y Westfalia y se caracterizó por un notable retroceso demográfico; el segundo, se diferenciaría por un estancamiento prolongado de la población en la que se incluirían Francia, la parte alemana situada al este del río Elba; y el tercero, y último, el que se produjo en Inglaterra, Irlanda o las Provincias Unidas, que estaba representado por la continuidad del crecimiento registrado durante la centuria anterior pero que las crisis económicas del Seiscientos moderaron. Guenzi (2003: 83).

Alemania descendió un 6,3 por 100 y la población italiana casi no varió (aumentó un exiguo 0,8 por 100)60. Durante el Seiscientos, las regiones europeas conocieron una etapa de repetidas crisis agrarias y epidémicas que detuvieron la tendencia creciente de la trayectoria demográfica iniciada en los decenios centrales del Cuatrocientos. En una gran parte de Europa se había alcanzado el nivel máximo de carga del territorio rompiéndose el precario equilibrio entre población y recursos alcanzado durante el siglo XVI. Si bien, uno de los efectos más visibles de las crisis que se produjeron durante el siglo XVII, fundamentalmente durante la primera mitad, fue la disminución del número de efectivos demográficos (las curvas de bautismos caen abruptamente y las tasas de mortalidad alcanzaron cotas muy elevadas) también operaron, en parte como consecuencia de la misma merma de la población, una serie de cambios, como la reordenación del paisaje agrario o de la composición de la producción agropecuaria, yuxtapuestos al mantenimiento de algunas de las estructuras económicas consolidadas en los siglos precedentes, que favorecieron el crecimiento demográfico, y económico, que se produjo en las centurias posteriores61.

Posteriormente, durante el siglo XVIII, en Europa occidental se produjo un elevado crecimiento demográfico, mucho más intenso durante la segunda mitad de la centuria, casi del doble: entre 1700 y 1750, la población europea aumentó un 16,8 por 100 y, entre 1750 y 1800, un 31,5 por 100. Como en los siglos anteriores el crecimiento no se distribuyó de forma homogénea en el espacio: el mayor ascenso tuvo lugar en Gran Bretaña, un 152,9 por 10062; en el extremo opuesto se identifican, por ejemplo, Francia e Italia en los que el aumento demográfico apenas alcanzó el 45,0 por 100. Durante la primera mitad del siglo XIX, a pesar de los conflictos bélicos que tuvieron lugar en los tres primeros lustros de la centuria, la mayoría de las regiones de Europa

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Biraben (1979: 16).

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Sobre lo acaecido en el siglo XVII en Europa véase Bilbao (1989).

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El ritmo de crecimiento demográfico en Gran Bretaña fue especialmente intenso durante la segunda mitad del siglo: entre 1700 y 1750, la población británica creció a una tasa anual acumulativa de un 0,46 por 100 y, entre 1750 y 1800, a una de un 1,10 por 100. Biraben (1979: 16).

occidental disfrutaron de un fuerte crecimiento demográfico: entre 1820 y 1850, la población británica aumentó a una tasa media anual de un 0,85 por 100, la alemana a una de un 1,02 por 100 y la italiana a una de un 0,79 por 100. Los avances desarrollados en Gran Bretaña durante la Revolución Industrial, que derivaron en considerables ganancias de la productividad del trabajo, se extendieron por algunas regiones europeas (como Bélgica, Suecia, Noruega o Dinamarca) favoreciendo la difusión de los cambios en los procesos de producción que derivaron en importantes variaciones en la distribución de la población activa a favor del sector secundario en detrimento del sector primario. En el conjunto de las transformaciones que tuvieron lugar durante la primera mitad del siglo XIX las dinámicas demográficas fueron una pieza clave y su conocimiento es imprescindible para entender los cambios sociales y económicos que operaron durante el Ochocientos entre los que destacan: 1) el inicio en algunos países del “proceso de transición demográfica”, y 2) la intensificación del proceso de urbanización63. En suma, desde 1500 a 1850 Europa experimentó un gran ciclo de crecimiento demográfico, mucho más intenso en los últimos ciento cincuenta años, y que esconde un importante movimiento recesivo que se produjo durante el siglo XVII.

En España, entre 1530 y 1850 la población aumentó un 232,1 por 100, a una tasa de crecimiento anual acumulativo de un 0,36 por 100, tasas muy similares a la del conjunto europeo64; sin embargo, este crecimiento, como ocurrió en Europa, no se distribuyó de manera uniforme ni en el tiempo ni en el espacio. Durante el siglo XVI se estima que la población española aumentó un 41,2 por 100 entre 1530 y 1591 a una tasa media anual acumulativa de un 0,57 por 100. En la actualidad, aunque no se dispone de estimaciones del número de habitantes en España en 1700 que permitan medir el saldo demográfico del siglo XVII, la trayectoria de las series bautismales y el hecho de que desde

63Durante la primera mitad del Ochocientos la “transición demográfica” ya era un hecho, por

ejemplo, en Suecia y en Francia. Livi Bacci (1990: 111). En 1850, 22 ciudades europeas superaban los cien mil habitantes. Fontana (2003: 217).

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Las tasas de variación y de crecimiento se han calculado aceptando como válida la cifra de 4.698.000 habitantes en 1530 y de 15.500.000 en 1850. Marcos (2000: 322). Pérez Moreda (2004: 121).

finales del siglo XVI hasta las postrimerías del siglo XVIII la población creciese solamente a una tasa del 0,22 por 100 (tasa bastante inferior a las registradas en los siglos XVI y XVIII) 65, apuntan a que durante el Seiscientos la población española disminuyó o, como mucho, se situó en unos niveles similares a los alcanzados en las postrimerías del Quinientos66. A continuación, durante el siglo XVIII, se inició una nueva etapa de crecimiento demográfico; se estima que la población española aumentó a una tasa del 0,42 por 10067. Durante la primera mitad del Siglo de las Luces, una vez superadas las dificultades de los primeros quince años de la centuria, la población española aumentó, entre 1800 y 1860, un 40,9 por 100 a una tasa anual acumulativa del 0,57 por 10068.

El crecimiento demográfico que se produjo en la Península durante el siglo XVI (0,36 por 100 anual) fue mayor en la Corona de Castilla que en la de Aragón: creció a una tasa del 0,59 por 100 en la primera y del 0,47 por 100 en la segunda. Ahora bien, en tierras castellanas, también se produjeron disparidades territoriales. Las regiones que iniciaron el Quinientos con mayores densidades demográficas, como era el caso de Castilla la Vieja, registraron un menor crecimiento demográfico que el resto de los territorios: entre 1530 y 1591, el número de habitantes en Castilla la Vieja aumentó a un ritmo anual del 0,29 por 100; entre las mismas fechas, como se expondrá in extenso en el Capítulo 6 de esta tesis doctoral, el número de vecinos pecheros abulenses, creció a una tasa anual de un 0,28 por 100, idéntica a la registrada en el conjunto de las regiones castellano-viejas.

El saldo negativo o, en el mejor de los casos, neutro, de la población española durante el siglo XVII encubre dos grandes dinámicas demográficas en esa centuria: la primera relacionada con la heterogeneidad de la distribución de la trayectoria de la población en el tiempo; y la segunda con las diversidades

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España hacia 1591 contaba con unos 6.632.000 y con unos 10.400.000 en 1787. Marcos (2000: 322 y 556).

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El crecimiento demográfico anual durante el siglo XVIII fue de un 0,42 por 100, casi el doble del producido entre 1591 y 1787; por tanto, la tasa de crecimiento de 0,22 por 100 desde 1591 a 1787 recoge movimientos de ida y vuelta. Marcos (2000: 455).

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Livi Bacci (1968: 84-90) y Pérez Moreda (2004: 122).

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espaciales. En la mayor parte de España el hundimiento de los nacimientos se detuvo a mediados de los años treinta; no obstante, a pesar de que en muchas regiones españolas la población inició el camino del crecimiento en el último tercio del Seiscientos, en la mayoría el saldo demográfico secular fue negativo: en 1700, en la mayor parte de la Península no se habían recuperado los niveles bautismales alcanzados en los últimos decenios del siglo XVI69. La dinámica demográfica en el territorio abulense no constituyó ninguna excepción en el marco de la Submeseta norte castellana como se expondrá en detalle en los Capítulos 4, 5 y 6 de esta tesis doctoral.

La etapa de recuperación demográfica iniciada en los últimos decenios del Seiscientos se truncó durante los primeros años del Setecientos como consecuencia, fundamentalmente, de la Guerra de Sucesión; una vez superados los difíciles comienzos de la centuria la población retomó de nuevo la senda ascendente: durante el siglo XVIII, el número de españoles aumentó en torno a tres millones de habitantes70. El crecimiento no se distribuyó de forma homogénea por todo el territorio nacional: en 1787, en algunos territorios se habían superado los niveles demográficos de 1591 y en otros no71: entre 1591 y 1787, en el conjunto de la Submeseta norte castellana el número de habitantes aumentó en torno a un 4,5 por 100, pero en la provincia de Zamora la población descendió un 20,5 por 10072; en 1787, el número de habitantes en País Vasco y Navarra superaba al de 1591 en un 80,7 por 10073. En la

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Llopis y Pérez Moreda (2003).

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Según las estimaciones del profesor Bustelo, apoyándose en las investigaciones previas realizadas por el profesor Livi Bacci, el crecimiento fue más intenso durante la segunda mitad del siglo XVIII que durante la primera: la población habría crecido a una tasa anual de un 0,39 entre 1712-1717 y 1768, de un 0,50 por 100 entre 1768-1787 y de un 0,45 por 100 entre 1787 y 1797. El profesor Eiras Roel estimó que el crecimiento habría sido más intenso en la primera mitad del Setecientos: la población habría crecido a una tasa de un 0,39 por 100 en el ramo 1700-1752, de un 0,28 por 100 entre 1752 y 1787 y de un 0,21 por 100 en el tramo 1787-1797. Marcos (2000: 557-562).

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Durante el siglo XVIII, según las curvas de bautismos, las regiones que más crecieron fueron las del litoral mediterráneo: Cataluña, Valencia y Murcia; y las que menos: Galicia, Cantabria, País Vasco, La rioja, Castilla la Nueva y Andalucía. Pérez Moreda (2004: 138).

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García España y Molinié-Bertrand (1986); I.N.E. (1989); y Carasa (1993).

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provincia abulense también se produjo un crecimiento demográfico durante el siglo XVIII, pero en 1787 no se alcanzaron los niveles de finales del siglo XVI.

Durante la primera mitad del Ochocientos, también en España se produjo un fuerte crecimiento demográfico, aunque ligeramente inferior al de la media del continente: entre 1800 y 1860, la población española aumentó a un ritmo anual de un 0,57 por 100; fue el mayor ascenso conocido hasta el momento, y de hecho, superior al que se registró durante la segunda mitad de la centuria74. Ahora bien, durante los primeros quince años del Siglo de las Luces como consecuencia de las crisis agrarias de 1803-1805, las crisis epidémicas y los efectos devastadores de la Guerra de la Independencia, no sólo se interrumpió la dinámica de crecimiento demográfico iniciado cien años atrás, sino que además, se perdió cerca de un millón de habitantes75. A continuación se produjo una rápida recuperación que determinó el saldo demográfico entre 1800 y 1816 no fuese negativo y que la población española creciese, entre 1815 y 1860, a una tasa media superior al 0,75 por 100 anual76. En la provincia de Ávila también se prolongó durante la primera mitad del siglo XIX el crecimiento iniciado durante el siglo XVIII, de modo que por fin, en 1857 se superó el número de habitantes de 1591.

Por consiguiente, en España, al igual que en Europa se dibujan a grosso modo tres grandes ciclos económicos durante los siglos XVI, XVII, XVIII y primera mitad del siglo XIX: 1) durante el Quinientos se produjo una etapa de expansión económica; 2) a continuación, durante la primera mitad de la centuria siguiente acaeció una etapa de recesión económica y, posteriormente, desde mediados del siglo tuvo lugar una fase de estancamiento o lenta recuperación que determinó que en buena parte de los países europeos, aunque no en todos, el siglo XVII se cerrara con unos niveles productivos similares o ligeramente inferiores a los de la centuria precedente; y 3) durante el siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, la economía europea, incluida, la

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La población española creció a una tasa de un 0,43 por 100 durante la segunda mitad del siglo XIX. Pérez Moreda (2004: 121-122); Biraben (1979: 16).

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Pérez Moreda (2004: 127-130).

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española, disfrutaron de una nueva etapa de crecimiento económico. La trayectoria de la economía abulense no constituyó ninguna excepción; ahora bien, las crisis del siglo XVII golpearon en términos relativos duramente a la provincia de Ávila, y la recuperación posterior fue lenta y tardía como se analizará en capítulos posteriores.

En las líneas que siguen se describe lo que ocurrió en el único núcleo