Ministerio apostólico, parte 5 (5:1–21)
14. Porque el amor de Cristo nos controla, porque estamos convencidos que uno murió por todos; por consiguiente, todos murieron.
La brevedad de este versículo no tiene porqué disminuir la pertinencia de su mensaje. Estas pocas palabras presentan el evangelio que se debe entender en el contexto de este capítulo. Pablo se enfrenta a los intrusos y recuerda a los miembros de la iglesia de Corinto su fidelidad para con ellos como ministro de ese evangelio. Plenamente consciente de la discordia que los intrusos causaban, busca acabar con el conflicto recordándoles a sus lectores el evangelio de Cristo.
a. «Porque el amor de Cristo nos controla». La conexión de este versículo con el precedente, es clara. Pablo demuestra su equilibrio mental cuando predica el evangelio de salvación. Ese evangelio demuestra el indescriptible amor de Cristo hacia su pueblo.
El Nuevo Testamento emplea la expresión el amor de Cristo sólo tres veces: Pablo ofrece esa pregunta retórica: «¿Quién nos apartará del amor de Cristo» (Ro. 8:35); se refiere a la dimensión del amor de Cristo y dice que sobrepasa todo conocimiento humano (Ef. 3:18–19); y observa que el amor de Cristo nos controla (v. 14). Dios origina este amor, pues fue él quien envió a su Hijo unigénito a redimir a los pecadores (Jn. 3:16; Ro. 5:8). Él elige a su pueblo en amor y los hace más que vencedores en Cristo Jesús (Ro. 1:7; 8:37).59
[p 211] Algunos traductores proveen un genitivo objetivo en esta frase: «nuestro amor por Cristo».60 Pero muchos eruditos perciben la frase como un genitivo subjetivo: el amor que
Cristo tiene por nosotros. No queremos decir que el amor de Cristo por nosotros no genere nuestro amor por él, sino que la intención de este versículo es manifestar la muerte de Cristo como evidencia de su amor.
56 Referirse a Jerome Murphy O’Connor, The Theology of the Second Letter to the Corinthians, serie New
Testament Theology (Cambridge: Cambridge University Press, 1991), p. 56.
57 Albrecht Oepke, TDNT, 2:460, observa que Pablo difícilmente estaba fuera de sí durante sus experiencias
extáticas. Esto es cierto; pero éxtasis es un estado «en el que la consciencia está total o parcialmente anu- lada» (Bauer, p. 245). Las palabras que Pablo oyó, tenían significado para él pero no para otros (cf. Hch. 22:9).
58 Calvino, II Corinthians, p. 74.
59 Consultar Ethelbert Stauffer, TDNT, 1:49.
60 TNT; Héring, Second Epistle of Paul, pp. 41–42; Armin Kretzer, EDNT, 3:306; Windisch, Der Zweite
Korintherbrief, p. 181. Ambas interpretaciones las sugiere Ernest B. Allo, Saint Paul Seconde Épître aux Corinthiens, 2ª ed. (Paris: Gabalda, 1956), p. 165.
El verbo griego sunejei, que yo he traducido como «nos controla», posee otras variantes. A continuación ofrezco unas cuantas versiones:
1. «Porque el amor de Cristo nos constriñe» (RV60) 2. «El amor de Cristo nos obliga» (NVI)
3. «Porque el amor de Cristo nos apremia» (BJ) 4. «El amor de Cristo gobierna nuestras vidas» (VP) 5. «El amor de Cristo domina nuestras vidas» (BLS)
La importancia de este verbo griego consiste en que Pablo y todos los creyentes están completamente dominados por el amor de Cristo, y no pueden hacer otra cosa que vivir por él.61 Tal como Pablo escribe en otro lugar: «He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, si-
no que Cristo vive en mí. La vida que vivo en el cuerpo, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gá. 2:20). En cuanto a Pablo, personalmente, dice que Cristo lo controla. Y una pretensión semejante sus adversarios nunca la podrían hacer, pues eran gobernados no por Cristo, sino por sus propias ambiciones.
b. «Porque estamos convencidos que uno murió por todos; por consiguiente, todos
murieron». La cláusula uno murió por todos, que con toda claridad expresa el amor de Cristo, es el evangelio resumido—quizás una especie de confesión de fe de la iglesia primitiva.
Elogiamos la verdad de esta declaración, pues toda la Escritura da testimonio de ella (véase 1 Co. 15:3). Llegamos a esta conclusión por medio de la lectura de la Palabra de Dios.
Que Cristo murió en el Calvario, es un hecho; que murió por todos, es el evangelio. Pero, ¿cómo explicamos los términos por y todos?
En primer lugar, tomemos la preposición por (en griego, huper). Ocurre en Juan 11:50, donde el sumo sacerdote Caifás sugiere al Sanedrín que es mejor que un hombre muera por el pueblo, que ver destruida a toda la nación. La preposición huper, con referencia a la muerte de Cristo, significa «sustitución» como, por ejemplo, en las palabras de la institución de la Cena del Señor: «Ésta es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos» (Mr.
14:24; Lc. 22:20). Cristo dio su cuerpo por sus seguidores (Lc. 22:19; 1 Co. 11:24; y véase Jn. 6:51). [p 212] Sufrió y murió por los pecadores (1 P. 2:21; 3:18); y entregó su vida por su propia voluntad (1 Jn. 3:16). En la declaración «Cristo murió por nuestros pecados» (1 Co. 15:3), el término huper nos da a entender que Jesús es nuestro representante y nuestro sustituto. Cristo nos representa intercediendo por nuestra causa ante el Padre (1 Jn. 2:1), y también es nuestro sustituto al tomar nuestro lugar y llevar nuestros pecados (v. 21).62 De
modo semejante, «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, al hacerse maldición por nosotros» (Gá. 3:13). Cuando la preposición huper ocurre en el contexto de la muerte de Cristo, significa sustitución.63 Por eso, el hecho de que Cristo, por medio de su muerte,
removió la maldición que había sobre la humanidad, es verdaderamente un resumen del evangelio. En segundo lugar, el adjetivo todos ocurre dos veces en este versículo y una en el 15. ¿Pensaba Pablo que Cristo murió por todos y cada uno de los seres humanos? ¿O se refiere sólo a los creyentes? Podemos decir que la muerte expiatoria de Cristo es suficiente para toda la gente; pero eficiente para todos los verdaderos creyentes. Jesús eligió a Judas Iscariote pa- ra que formase parte de los doce discípulos, sin embargo lo llama «un diablo» y «aquel conde- nado a la destrucción» (Jn. 6:70; 17:12). Sólo aquellos que, por medio de la fe, se apropian de
RV Versión Revisada
61 Helmut Köster, TDNT, 7:883.
62 Contra Richard T. Mead, «Exegesis of II Corinthians 5:14–21», en Interpreting II Corinthians 5:14–21. An
Exercise in Hermeneutics, ed. Jack P. Lewis, SBEC 17 (Lewiston, N.Y.: Edwin Mellen, 1989), p. 147.
la muerte de Cristo, están incluidos en la palabra todos. Debemos examinar, pues, el uso de esta palabra, primero en las epístolas de Pablo y, después, en los versículos 14 y 15. Sólo después de haber hecho esto, podremos apreciar plenamente el significado de este pasaje.
El uso de «todos» en las epístolas paulinas no siempre significa universalidad. El apóstol refutó el lema corintio «todo me está permitido» (1 Co. 6:12; 10:23), en el contexto de la inmo- ralidad sexual y de las viandas ofrecidas a los ídolos. Y la afirmación de Pablo: «todo es vues- tro» (1 Co. 3:21), aparece en su discusión sobre la sabiduría terrenal y la celestial. Como siempre, el contexto determina el sentido de una determinada expresión.
Si examinamos detenidamente la redacción de los versículos 14 y 15, nos daremos cuenta de que la expresión todos está modificada por tres personas o cualidades: el amor de Cristo que nos gobierna, el pronombre nos, y los que viven para él. Cristo murió por todos los que creen en él, pues la fe es un elemento esencial en la redención del creyente. A todos los verdaderos creyentes, Cristo extiende su amor redentor. Aunque el pronombre nos frecuentemente se refiere a Pablo y sus colaboradores, aquí es lo suficientemente amplio como para abarcar a todos los seguidores de Cristo.
Además, este texto debe explicarse en armonía con otros pasajes similares (Ro. 5:18; 1 Co. 15:22). Sólo aquellos que tienen verdadera fe en Jesucristo reciben la vida eterna, son
reconciliados con Dios y son justificados. Los que han muerto [p 213] con Cristo son quienes reciben la vida eterna (Ro. 6:8). Hay aquellos que están unidos a él en su muerte y
resurrección y están vivos para Dios.
«Por consiguiente, todos murieron» es una breve declaración, que parece ser obvia y quizá hasta innecesaria. Pero esta declaración es una continuación de la cláusula anterior: «uno murió por todos». Allí el verbo morir tiene un significado literal, que alude a la muerte física de Cristo en la cruz. Aquí, el mismo verbo puede tomarse en sentido figurado, a saber, el alzamiento de la maldición de la muerte (Gn. 2:17; 3:17–19; Gá. 3:13). Consecuentemente, la muerte de todos los que murieron apunta hacia la muerte que Cristo, en calidad de
representante y sustituto de ellos, sufrió por todo su pueblo. Ofrezco tres observaciones: Pablo deduce una consecuencia de la cláusula anterior al usar por consiguiente en «por consiguiente, todos murieron»; en segundo lugar, el original griego dice literalmente «los todos», para especificar un grupo particular; finalmente, el verbo murieron, en esta breve cláusula, aparece en pretérito e indica una sola acción. Esta acción ocurrió en el Calvario, pero su importancia es para el presente.64
En otras palabras, Pablo, inequívocamente, declara que Dios entregó a su Hijo por todos nosotros (Ro. 8:32); y ahora parece decir que «Cristo murió por todos nosotros». Todos los que murieron, metafóricamente, en la cruz, murieron con él,65 ya que Cristo y su pueblo forman
un solo cuerpo (1 Co. 12:27; Ef. 1:23; Col. 1:18, 24). En la cruz del Calvario, Cristo Jesús asestó el golpe mortal a la muerte y liberó a su pueblo de la esclavitud del pecado (Ro. 6:6–7).
15. Y él murió por todos para que los que viven ya no vivan más para sí, sino para