• No se han encontrado resultados

Así que, todos nosotros, con rostros descubiertos, contemplamos la gloria

In document 2 Corintios (página 110-116)

Ministerio apostólico, parte 3 (3:1–18)

18. Así que, todos nosotros, con rostros descubiertos, contemplamos la gloria

reflejada del Señor, y somos transformados en la misma imagen, de un grado de gloria a otro, así como del Señor, esto es, del Espíritu.

Pablo resume ahora los pensamientos que ha expuesto en este capítulo, especialmente en las palabras que ha repetido. Nótense expresiones tales como «rostro» (v. 13), «gloria» (vv. 7– 11), «Señor» (vv. 16–17) y «Espíritu» (vv. 3, 6, 8, 17). También usa el término descubierto como antónimo de «velo» (vv. 13–16). Y añade tres nuevos términos: «reflejo», «imagen» y

«transformar».

a. «Así que, todos nosotros, con rostros descubiertos, contemplamos la gloria reflejada del Señor». Pablo comienza con una introducción: «Así que, todos nosotros», que incluye a cada uno de sus lectores. No se dirige simplemente al pueblo judío, ya que los miembros del nuevo

66 Lc. 4:18 [Is. 61:1]; Hch. 5:9; 8:39; 16:7; Ro. 8:9; 2 Co. 3:17, 18; Fil. 1:19; 1 P. 1:11. De modo semejante,

las referencias al Espíritu de Dios son numerosas (Mt. 3:16; 12:28; Ro. 8:9, 14; 1 Co. 2:11, 12, 14; 3:16; 6:11; 7:40; 2 Co. 3:3; Ef. 4:30; Fil. 3:3; 1 P. 4:14; Jn. 4:2).

67 Héring, Second Epistle of Paul, p. 27. Por contraste, véase David Greenwood, «The Lord Is the Spirit:

pacto son judíos y gentiles. Debido a esto, es más bien enfático cuando dice literalmente «to- dos nosotros», al incluir a cada creyente.68

Mucho se ha escrito sobre las palabras que vienen a continuación en este texto: «con rostros descubiertos, contemplamos la gloria reflejada del Señor». Son múltiples las variantes que se presentan para entender esta frase, pues cada palabra tiene su significado propio y, además, se da a diversas interpretaciones.

[p 146] En primer lugar, es evidente el contraste entre el rostro cubierto de Moisés ante los israelitas, y el rostro descubierto de los cristianos ante el Señor. En la presencia de Dios, Moisés se quitó el velo y luego, ante los israelitas, reflejó la gloria de Dios. Si miramos a Cris- to, los cristianos lo hacen sin velo y, entonces, reflejan la gloria del Señor, por así decirlo, como en un espejo.69 Entre Moisés ante Dios, y el cristiano en la presencia de Cristo,

podemos observar un cierto paralelismo. Pero entre los israelitas y los cristianos, también hay un contraste. Los israelitas, a causa de su ceguera espiritual (v. 14a), no se atrevían a mirar la gloria de Dios que la faz de Moisés reflejaba. Un velo cubría sus corazones mientras persistieran en su rechazo al Señor (v. 15). Los cristianos, sin embargo, viven en la presencia del Señor.70 Moisés estuvo ante Dios por un tiempo limitado; pero los cristianos tienen la

promesa del Señor de que estará siempre con ellos (Mt. 28:20). El velo de Moisés tipificaba la dureza de corazón de Israel; las caras descubiertas de los cristianos significaban su confianza (véase v. 12), porque tenían comunión con el Padre y con el Hijo (1 Jn. 1:4).

En segundo lugar, el verbo griego katoptrizein, que aquí se nos presenta en participio de presente, voz media o pasiva, sucede sólo una vez en el Nuevo Testamento. Debido a este hecho, su significado es dado a debate. Sabemos que, en la voz activa, significa «reflejar, mostrar en un espejo». La voz pasiva se traduce por «ser reflejado», y la voz media significa «contemplar algo en un espejo». La interrogante consiste en que si este participio griego debiera interpretarse como voz activa o pasiva. Podrían darse las siguientes cuatro traducciones representativas:

1. «contemplamos como en un espejo la gloria» (NASB, LBLA)71

2. «contemplamos la gloria del Señor» (RSV) 3. «reflejamos la gloria del Señor» (NIV)

4. «mirando … como en un espejo la gloria» (RV60)72

Cada una de estas versiones tiene su propia fuerza y sus partidarios; pero el quid de la cuestión está realmente entre contemplar y reflejar. Algunos traductores omiten las palabras en un espejo, porque opinan que esa frase está implícita en las traducciones contemplar o reflejar. Yo he adoptado la voz media, en una combinación de la segunda y tercera lectura: «contemplamos la gloria reflejada del Señor». Y lo hago así por las siguientes razones:

1. La voz activa y la media a veces son idénticas en significado; aquí el versículo puede significar «reflejar».

68 Belleville afirma que el contexto (3:2, 12; 5:11) habla exclusivamente de Pablo y sus colaboradores, que

son los verdaderos ministros del nuevo pacto (Reflections of Glory, pp. 275–276). Pero Pablo alude a todos los miembros de la iglesia universal (Kim, Origin of Paul’s Gospel, p. 231).

69 Morna D. Hooker, «Beyond the Things That Are Written? St. Paul’s Use of the Scripture», NTS 27 (1980–

81): 301.

70 Referirse a Jan Lambrecht, «Transformation in II Cor. 3,18», Bib 64 (1983): 247.

NASB New American Standard Bible

71 Referirse a Furnish, II Corinthians, p. 214.

NIV Nueva Versión Internacional

2. Algunos escritores de los primeros siglos de nuestra era interpretaban el verbo katoptri- zein como «reflejar».73

[p 147] 3. Incluso cuando nos decidimos por la lectura contemplar, debemos admitir que el significado más profundo del verbo es que Cristo refleja su gloria en nuestras vidas. La conclusión es que por nuestra conducta la gente se da cuenta de que somos seguidores de Jesús (cf. Hch. 4:13).

En tercer lugar, los tres apóstoles Pedro, Santiago y Juan vieron la gloria del Señor cuan- do Jesús se transfiguró (Mt. 17:1–3 y paralelos). Juan escribe: «El Verbo se hizo carne y habi- tó entre nosotros. Hemos visto su gloria, la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn. 1:14). Pedro señala: «Fuimos testigos presenciales de su majestad. Porque él re- cibió honor y gloria de parte de Dios Padre cuando la voz se le dirigió desde la majestuosa gloria» (2 P. 1:16–17). Pedro encarece a sus lectores a seguir en las pisadas de Jesús (2 P. 2:21b). Después de haber visto la gloria de Jesús cerca de Damasco (Hch. 9:3–9 y paralelos), Pablo reflejaba su gloria. Este reflejo glorioso del Señor no es algo que los cristianos

experimenten sólo de manera pasiva. Por el contrario, reflejan la gloria de Cristo como un ejercicio activo, que coincide con su proceso de santificación. Así pues, Pablo recalca algunas de las muy conocidas virtudes cristianas, como fruto del Espíritu: «amor, gozo, paz,

paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio» (Gá. 5:22–23). Por último, Moisés reflejaba la gloria de Dios después de haber estado en su presencia. Cuando les habló a los israelitas y les comunicó el mensaje divino, ellos pudieron contemplar el radiante resplandor de su rostro (Éx. 34:34–35). A causa de sus endurecidos corazones, tuvieron que pedirle que se cubriera el rostro. Los cristianos, sin embargo, han sido

perdonados por el sacrificio expiatorio de Cristo. Ellos ven y reflejan la gloria de su Señor a cara descubierta. A la luz de la segunda parte del texto—«[nosotros] somos transformados en la misma imagen»—Pablo parece tener en mente la gloria de Dios revelada en Cristo.

b. «Y somos transformados en la misma imagen». Esta es la parte principal del versículo que recibe un énfasis especial. El verbo está en presente y en voz pasiva, lo cual significa que esa transformación es un proceso cuyo agente está implícito, pero que hace su obra en

nosotros.

El verbo griego metamorphousthai (ser transformado) ocurre sólo cuatro veces en el Nuevo Testamento (Mt. 17:2; Mr. 9:2; Ro. 12:2; 2 Co. 3:18). Las dos primeras veces que ocurre son pasajes paralelos que se refieren a las transfiguración de Jesús en presencia de Moisés y Elías, con Juan y Santiago como observadores. Aquello fue un cambio externo visible del aspecto de Jesús. El tercer y cuarto de los pasajes citados (Ro. 12:2; 2 Co. 3:18) hablan de un cambio interno que no se puede observan fácilmente. Esa transformación cambia a la

persona completamente, en el corazón, alma y mente. La tercera vez que ocurre es para expresar el mandato positivo de Pablo a los romanos de que sean «transformados por medio de la renovación de su mente» La última vez que se usa el término es en una declaración descriptiva, en el presente texto.

¿Qué significa ser transformado? ¿Cómo somos transformados? Y ¿quién es el que nos transforma? Jesús, «el primogénito entre muchos hermanos» (Ro. 8:29), fue glorificado en el monte de la transfiguración. Por ser el precursor, [p 148] nos asegura que nosotros también seremos glorificados. Ya en esta vida somos transformados a su imagen, ahora como en un inicio; pero, en última instancia, sin duda que lo seremos en gloria total. La transformación que ocurre en el interior de una persona, afecta a todos sus pensamientos, palabras y obras. Las consecuencias externas se hacen inmediatamente aparentes y, gradualmente, cada vez más claras. (Incidentalmente, el mismo Pablo es un excelente ejemplo de la transformación

interior de un fanático fariseo en un obediente siervo de Cristo.) El Espíritu guía a los creyen- tes hacia Cristo, cuya imagen ellos reflejan; porque son cartas vivas que cualquiera puede leer (v. 2).

Actualmente podemos ver la gloria del Señor y conocer que hemos sido cambiados a su semejanza por la obra del Espíritu Santo.74 Cuando llegue la consumación de los tiempos,

seremos plenamente glorificados, como el Hijo de Dios (Ro. 8:30; 1 Co. 15:49, 51–52). c. «En la misma imagen, de un grado de gloria a otro». Pablo usa la palabra griega eikon (semejanza, imagen) también en 4:4, con referencia a Cristo. Los creyentes son

transformados a la imagen de Cristo porque, como cristianos, son portadores de su nombre. Son hermanos y hermanas de Jesús en la familia de Dios (Heb. 2:11). La expresión misma imagen, no quiere decir que todos los creyentes sean iguales en aspecto. Sino más bien que todos los que sean guiados por el Espíritu, en gozosa obediencia a Cristo, son transformados para que sean portadores de su imagen. Son personas que, gradualmente, van de un grado de gloria a otro. Pablo modifica un concepto, del Antiguo Testamento, que aparece en los Salmos: «Van de poder en poder, hasta que cada uno se presente delante de Dios en Sión» (Sal. 84:7; LXX, 83:8). Aquí aplica Pablo esta idea a los creyentes que, en su vida terrenal, progresan en el camino de la santificación; al final, son trasladados de la tierra al cielo, de una gloria parcial, a una gloria plena.

d. «Así como del Señor, esto es, del Espíritu». El texto griego de esta frase contiene solamente cuatro palabras, que se traducen literalmente: «como del Señor Espíritu». La interpretación de estas palabras es difícil y ha dado lugar a diversas variantes. Una de ellas es simplemente: «como por el Señor, el Espíritu» (LBLA); pero otras ofrecen una paráfrasis del texto y dicen: «así es como actúa el Señor, que es el Espíritu» (BJ; cf. NEB), o «y eso muy adecuadamente, viendo que todo es obrado por el Señor, no es obrado por nadie más que el Espíritu» (Cassirer). Incluso hay quienes alteran el lugar que ocupan los nombres Señor y Espíritu: «como por el Espíritu del Señor» (RV60).

¿Cómo podemos determinar el significado de estas palabras? Las primeras palabras de la cláusula son «así como». Pablo introduce una comparación en el sentido de estas palabras iniciales y su alternativa: «así también». Con esta correlación implícita, quiere decir: «Tal como Moisés reflejó la gloria de Dios y [p 149] se transfiguró, así también nosotros somos transformados, de gloria en gloria, a la imagen del Señor. Así como Moisés se volvió hacia Dios, así mismo nosotros nos volvemos hacia el Señor, de donde proviene nuestra gloria por la obra del Espíritu Santo».75 Sabemos que Jesús, el cual cambia nuestras vidas, es el

manantial del que procede la transformación de nuestro hombre interior. Este cambio se produce por la obra del Espíritu Santo (véase v. 17). «Nuestra transformación total es obra del Señor, en el Espíritu Santo, por él y a través de él».76

Nótese también que la expresión Espíritu es la última palabra del versículo, porque con ello se enfatiza su relevancia. Por lo tanto, el énfasis que hace Pablo sobre el Espíritu Santo resume todas las referencias que se hacen en este capítulo acerca del Espíritu (vv. 3, 6, 8, 17). El Señor Jesús, por mediación del Espíritu Santo, trae a nuestros corazones y vidas la plenitud de la obra de salvación.

74 Consultar a Johannes Behm, TDNT, 4:758–59; Johannes M. Nützel, EDNT, 2:415; Jan Lambrecht, «“Tot

steeds groter glory” (II Kor. 3,18)», Collat 29 (1983): 131–138. NEB Nueva Biblia Inglesa

75 Cf. Stockhausen, «Moses’ Veil», p. 276; Dunn, «II Corinthians III.17», p. 314.

76 R. C. H. Lenski, The Interpretation of St. Paul’s First and Second Epistle to the Corinthians (Columbus:

Wartburg, 1946), p. 951. C. F. D. Moule entiende que lo que el texto quiere decir es que nosotros experi- mentamos al Señor como Espíritu: «II Cor. 3:18b, καθάπερ ἀπὸ κυρίου πνεύματος», en Neues Testament und

Geschichte: Historisches Geschehen und Deutung im Neuen Testament: Oscar Cullmann zum 70. Geburtstag,

Consideraciones doctrinales en 3:18

Los dos primeros capítulos del Evangelio de Lucas enseñan que, quienes tienen algo que decir relativo a la concepción y nacimiento de Jesús, están llenos del Espíritu Santo. Leemos que María, Isabel, Zacarías y Simeón reciben el don del Espíritu (Lc. 1:35, 41, 67; 2:25, respectivamente). Todos ellos hacen declaraciones proféticas, que aguardan su cumplimiento en Jesucristo.

El ángel Gabriel le dijo a Zacarías que Juan el Bautista, desde su nacimiento, sería lleno del Espí- ritu Santo (Lc. 1:15). Cuando Jesús fue bautizado, el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma (Lc. 3:22). Llenos del Espíritu, proclamaban la Palabra de Dios y hablaban con autoridad. Aunque Jesús realizó multitud de milagros, su obra consistía, esencialmente, en la predicación y en- señanza de las Buenas Nuevas.

En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles, los cuales

inmediatamente empezaron a hablar en las proximidades del templo (Hch. 2:1–40). Pablo, después de que Jesús lo llamara en las cercanías de Damasco, también fue lleno del Espíritu Santo e

inmediatamente comenzó a predicar que Jesús es el Hijo de Dios (Hch. 9:17, 20). De modo parecido, Felipe y Esteban fueron guiados por el Espíritu en su ministerio de la Palabra.

En dos lugares sucesivos (1 Co. 3:16; 6:19). Pablo les dice a los creyentes que ellos también han recibido el Espíritu Santo, que mora en ellos. Y, en 2 Corintios 3, recalca la obra y la influencia del Espíritu en los corazones y vidas de los creyentes. De hecho, este capítulo en particular tiene siete referencias al Espíritu (vv. 3, 6 [dos], 8, 17 [dos], 18), y es considerado el capítulo de 2 Corintios que habla del Espíritu.

El poder del Espíritu Santo está presente en la predicación, cuando se escucha y cuando se pone en práctica la Palabra de Dios en la vida de todo creyente verdadero. Llenos del Espíritu, los

predicadores hablan con autoridad cuando proclaman el mensaje de salvación. Los oyentes cuyo corazón el Espíritu haya tocado, son espiritualmente resucitados y aceptan el mensaje por la fe. Y, por la obra del Espíritu en sus corazones, reflejan la gloria de Dios, de modo que todo el mundo puede ver que son seguidores de Jesús.

[p 150] Palabras, frases y construcciones griegas en 3:12–18

Versículos 12–13

ἔχοντες—este participio, en tiempo presente, tiene una connotación causal: «porque« o «ya que». καὶ οὐ—«no somos».77 La partícula negativa no niega el verbo principal ἐτίθει, sino el verbo tácito

ser. El sujeto de esta oración proviene del versículo precedente. El tiempo imperfecto del verbo

principal denota una práctica habitual: «quien solía ponerse».

πρὸς τὸ μὴ ἀτενίσαι—esta frase expresa propósito junto al verbo negado por la partícula. El tiempo aoristo nos sugiere una sola acción (véase comentario al v. 7).

Versículo 14

ἀλλὰ—se trata de una conjunción adversativa genuina.

ἐπωρώθη—este aoristo incoativo señala el inicio del acto de endurecimiento del corazón de la persona.

τὰ νοήματα—nótese el plural, que frecuentemente se traduce en singular como «mente». La expresión aparece seis veces en el Nuevo Testamento; cinco de ellas están en esta epístola (2:11; 13:14; 4:4; 10:5; 11:3), y una en Filipenses 4:7.

μὴ ἀνακαλυπτόμενον—puede ser un nominativo absoluto o estar en concordancia con el sustantivo κάλυμμα. La segunda opción es la correcta, pues la remoción se refiere al velo y no al antiguo pacto.78

Versículos 15–16

77 Friedrich Blass y Albert Debrunner, A Greek Grammar of the New Testament and Other Early Christian

Literature, trad. y rev. Robert Funk (Chicago: University of Chicago Press, 1961), #482.

ἡνίκα—esta partícula ocurre dos veces en el Nuevo Testamento (vv. 15–16). Con el subjuntivo en ambos versículos, significa «cada vez que, siempre que».79

τὴν καρδίαν αὐτῶν—«el corazón de ellos». Es evidente la preferencia semítica por el uso del nombre en singular. «Algo que pertenece a toda y cada persona del grupo, se coloca en singular».80

ἐπιστρέψῃ—el sujeto del verbo («alguien se convierte»), debe proveerse por el contexto.

Versículos 17–18

ὁ δὲ κύριος—muchos eruditos opinan que el artículo determinado es anafórico [repetición de una o varias palabras al comienzo de una frase], y se refiere al versículo anterior, donde va junto al nombre κύριος, que carece de artículo determinado. Este nombre anartróico [sin articulación] se refiere, normalmente a Dios el Señor—dicen ellos—y de esta manera el uso anafórico del artículo determinado, del versículo 17, casi funciona como un pronombre demostrativo: este Señor. Sin embargo, el nombre κύριος, en el Nuevo Testamento, se usa frecuentemente como nombre personal. Acompañado del artículo determinado, señala al Padre (2 Ti. 1:16, 18); y sin dicho artículo, el nombre alude a Cristo (Ro. 10:13; 1 Co. 4:4; 7:22). «Es muy probable que Pablo se refiera a Cristo en el

versículo 17».81

[p 151] καθάπερ ἀπὸ—la partícula καθάπερ es una combinación de κατά (según), ἅ (que, cual), y la partícula enclítica enfática—περ. La palabra implica comparación, que en este versículo debe suplirse del contexto. La preposición ἀπό denota origen, fuente.

Resumen del capítulo 3

Los adversarios de Pablo lo están presionando para que presente sus cartas de recomendación a la iglesia de Corinto. Él pregunta si es que las necesita, dado que los mismos corintios son el vivo testimonio de su ministerio. Hablando figuradamente, Pablo indica que la carta que buscan no está escrita con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo en los corazones de los corintios.

El apóstol dice que Dios les ha dado a él y a sus compañeros una aptitud competente para el ministerio del nuevo pacto. Presenta el contraste de la letra que mata y el Espíritu que da vida. Las cartas grabadas en piedra eran del antiguo pacto. Como ministro de este pacto, Moisés irradiaba la gloria de Dios. Pablo pregunta si el ministerio del Espíritu no es incluso más glorioso que el ministerio de Moisés. El primero de los ministerios trae condenación; pero el segundo, justicia. El ministerio del antiguo pacto es puesto a un lado y queda obsoleto; pero el ministerio del nuevo pacto es glorioso y para siempre.

Pablo toma un pasaje del Antiguo Testamento, que habla de Moisés cubriéndose con un velo su rostro radiante, a petición del pueblo de Israel. El velo que tapaba sus corazones y mentes les impedía comprender el mensaje del antiguo pacto. Sólo cuando alguno se vuelve hacia el Señor, el velo se quita. Cuando el velo se quita, escribe Pablo, hay libertad, la que el Espíritu del Señor provee. Concluye diciendo que todos los creyentes reflejan la gloria del Señor cuando son transformados a su imagen. Incrementan gradualmente esa gloria, que derivan del Señor por la obra del Espíritu.

79 Bauer, p. 348. Véase también Blass y Debrunner, Greek Grammar, #455.1. 80 Turner, Grammar of the New Testament Greek, p. 23.

[p 153]

4

Ministerio apostólico, parte 4

In document 2 Corintios (página 110-116)

Outline

Documento similar