Las complejidades econométricas que implica la falta de datos homogéneos y sistemáti- cos entre países con respecto a la desigualdad económica y la democracia nos impiden ofrecer conclusiones claras. Pese a que no se puede analizar adecuadamente la causalidad en forma directa, algunos de los siguientes resultados nos dan la pauta de cómo opera la desigualdad económica para impedir el surgimiento y la evolución de un sistema político competitivo.
Para ofrecer un análisis adecuado de este tema, sería deseable saber cómo se distribu- ye la riqueza entre la población de un país. Infortunadamente, no se dispone de esta información. Para llenar este vacío, se utilizan coeficientes de Gini de alta calidad compi- lados por el World Institute for Development Economics Research (Wider), que cuenta con el conjunto de datos más completo sobre desigualdad de ingresos dentro de un país, puesto que recoge información sobre países desarrollados, en desarrollo y en transición. Con respecto a la democracia, se utilizan dos variables diferentes: los derechos civiles y los derechos políticos. Estas variables provienen de la organización sin fines de lucro Freedom House, cuyos datos son usados ampliamente por los economistas. Consisten en mediciones subjetivas anuales de la expansión de las libertades políticas y civiles, elementos indispensables en una democracia. Las variables sobre las características socioeconómicas corresponden a los Indicadores de Desarrollo Mundial compilados por el Banco Mundial..
El conjunto de datos resultante utilizado para este análisis abarca 124 países (ver el Apéndice para obtener el listado completo de países) y la información corresponde al período de 1975 a 1999.
Una de las evidencias más notables es que los países en desarrollo no sólo son po- bres, sino que la distribución de sus recursos económicos está más concentrada en cier- tos estamentos de la población. Más aún, cuanto más alto es el nivel de desarrollo econó- mico, más bajo es el nivel de desigualdad de ingresos, en promedio.
¿Cómo se asocia esta desigualdad de ingresos con las características clave de la de- mocracia?
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Como se muestra en el cuadro 6.3, a mayor desigualdad de ingresos corresponde menor nivel de derechos políticos y civiles. Suponiendo que los países en desarrollo son los que exhiben niveles más altos de desigualdad de ingresos, estos resultados no dejan mucho espacio para la esperanza, ya que la población pobre parece que está fuertemente privada de una auténtica voz política y, por tanto, sus necesidades pueden fácilmente no ser escuchadas.
A pesar de que no se puede evaluar directamente el impacto de la desigualdad de ingresos en el nivel de democracia, se puede analizar el impacto de la primera en los factores que la bibliografía identifica como determinantes de la democracia.
Cuadro 6.2
Desigualdad de ingresos por países según nivel de ingresos, 1975-1999 En porcentaje Coeficinete de Gini Ingreso bajo Promedio 39,16 Máx. 63,10 Mín. 21,20 Desv. estándar 9,79
Ingreso medio bajo
Promedio 38,26
Máx. 61,00
Mín. 17,50
Desv. estándar 10,04
Ingreso medio alto
Promedio 37,64 Máx. 63,66 Mín. 17,80 Desv. estándar 13,76 Ingreso alto Promedio 30,49 Máx. 62,50 Mín. 16,63 Desv. estándar 6,73
Fuente: Wider y Banco Mundial.
Cuadro 6.3
Desigualdad de ingresos y libertad, 1975-1999 Correlación cruzada en %
Coeficiente de Gini
Derechos políticos -0,3073
Derechos civiles -0,2730
Fuente: Wider y Freedom House.
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Como se ve en el cuadro 6.4, y con la variable de control del nivel de desarrollo econó- mico, la desigualdad de ingresos tiene un impacto negativo importante en la mayoría de los determinantes de la democracia. Socava profundamente la expansión y prestación de los servicios públicos (como la salud y la educación), e impide, por tanto, que el pueblo desempeñe un papel efectivo en la política. Parece que la desigualdad de ingresos tam- bién reduce el acceso que la población tiene a la prensa y a los medios de comunicación masivos, lo que facilita que las acciones de gobierno se desarrollen libres de toda rendi- ción de cuentas.
Cuadro 6.4
Desigualdad de ingresos y algunos determinantes de la democracia, 1975-1999 124 países
Variable dependiente Diarios (por cada Radios (por cada 1.000 personas) 1.000 personas) Coeficiente t- estadístico Coeficiente t- estadístico
Gini -3,84384 -7,55 -1,718407 -0,14
PIB PPA per cápita 0,307038 10,22 0,0756153 16,6
PIB PPA per cápita cuadrado -6,80E-07 -5,64 -1,11E-06 -5,82
R2 0,5598 0,6232
Nº de observaciones 648 1266
Variable dependiente Gasto público en Tasas de analfabetismo educación (% del PIB) (% de mayores de 15) Coeficiente t- estadístico Coeficiente t- estadístico
Gini -0,0169045 -3,18 0,0736064 1,40
PIB PPA per cápita 0,0003741 13,3 -0,0087994 -23,12 PIB PPA per cápita cuadrado -1,10E-08 -9,06 3,77E-07 16,71
R2 0,354 0,5478
Nº de observaciones 1048 665
Variable dependiente Camas en hospitales Médicos (por cada (por cada 1.000 personas) 1.000 personas) Coeficiente t- estadístico Coeficiente t- estadístico
Gini -0,23200555 -6,54 -0,0303383 -7,53
PIB PPA per cápita 0,0009548 4,62 0,0002523 11,83
PIB PPA per cápita cuadrado -3,55E-08 -4,4 -7,72E-09 -9,12
R2 0,1657 0,4028
Nº de observaciones 543 711
Fuente: Indicadores del Desarrollo Mundial y Wider.
En el caso de los países en desarrollo, también parece que los resultados son muy
desalentadores. Para gestar una sociedad civil pujante que se encamine hacia un sistema
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político competitivo, el nivel de crecimiento económico debe ser lo suficientemente alto como para superar los efectos negativos de un alto nivel de desigualdad de ingresos.
Más aún, también parece que la desigualdad perjudica la capacidad de maniobra del sector público. El cuadro 6.5 muestra algunos resultados en esta materia. Las disparidades en la distribución de los ingresos reducen significativamente los ingresos por recaudación fiscal y la actividad económica del Estado, a través de la restricción del gasto público en el PIB general.
Cuadro 6.5
Desigualdad de ingresos y capacidad del Estado, 1975-1999 124 países
Variable dependiente Ingresos por impuestos Gastos públicos (% del PIB) totales (% del PIB) Coeficiente t-estadístico Coeficiente t-estadístico
GINI -0,2810921 -11,47 -0,310265 -9,52
PIB PPA per cápita 0,0019198 14,63 0,0019112 10,98
PIB PPA per cápita cuadrado -6,07E-08 -11,3 -5,97E-08 -8,37
R2 0,427 0,3147
Nº de observaciones 1188 1190
Fuente: Indicadores del Desarrollo Mundial y Wider.
Esta evidencia respalda la idea ya esbozada según la cual, en contextos con gran desigualdad de ingresos, las elites adineradas –que en realidad representan la mayor par- te de los impuestos que se recaudan– tienen los recursos para evitar el pago de impues- tos. Esto debilita seriamente la capacidad del Estado, puesto que no puede disponer de los recursos económicos necesarios para financiar sus actividades.
Considerando estos resultados preliminares, existen razones para pensar que la des- igualdad de ingresos perjudica la aparición de la democracia de dos maneras diferentes. Por una parte, reduce directamente el surgimiento de una sociedad civil pujante y capaci- tada, comprometida con un sistema político pluralista. Por otra parte, la desigualdad de ingresos debilita la capacidad del Estado para crear instituciones públicas eficientes y responsables, elementos clave para asegurar el buen funcionamiento de una democracia.
Conclusiones
La amplia bibliografía sobre los determinantes de la democracia identifica muchos facto- res institucionales, culturales y estructurales diferentes. No obstante, se ignora cuál es la combinación ideal de estos factores y han sido muchos los investigadores que nos han advertido sobre las dificultades de generalizar o incluso de encontrar una fórmula mágica.
Entre otros, Lipset (1997) argumenta: “Hay varios factores que determinan la probabili-
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dad de que nazca una democracia, pero no determinan su éxito o fracaso”. El impacto de todas estas variables cambia de acuerdo con el contexto en el que operan.
El análisis presentado aquí sugiere que, en el caso de los países en desarrollo, la des- igualdad económica aparece como un elemento clave en este proceso. Por cierto, debido a las características socioeconómicas del fracaso de un Estado, los bajos ingresos y el bajo nivel de desarrollo humano que muestran los países menos desarrollados, la des- igualdad económica desempeña un papel fundamental.
Por una parte, parece que el subdesarrollo socioeconómico perjudica el surgimiento de movimientos sociales internos que sean conducentes a un sistema democrático, un factor determinante fundamental de la democracia. En este escenario, la democracia y la cultura democrática en la que se sustenta deben ser promovidas por el Estado como cualquier otro bien público. Al hacerlo, el Estado tiene que prestar servicios públicos de manera eficiente, mejorando los procesos de redistribución para hacer que la sociedad en su conjunto participe en nuevas oportunidades económicas.
Sin embargo, y debido a su importancia económica en los países menos desarrolla- dos, las elites ricas de la sociedad tienen una influencia decisiva y sesgada sobre el Esta- do y sus actividades. La transición hacia un sistema político democrático y, por consi- guiente, hacia la expansión del derecho a voto implicaría no sólo perder su influencia sobre el Estado, sino también un incremento de la presión fiscal sobre ellas. Esto amena- zaría directamente su posición ventajosa en una sociedad con pocas oportunidades eco- nómicas y donde el Estado es el agente más rentable, sino el único, de la economía. Las elites adineradas tienen todos los medios económicos, los motivos y, por ende, los incen- tivos necesarios para impedir el paso a un sistema político más responsable.
Incluso en los países en desarrollo con prácticas democráticas recién establecidas, como son las elecciones generales, las elites ricas han podido convertir su poder econó- mico en poder político. Entre muchos otros factores, la falta de recursos económicos impide a los países menos desarrollados gestar mecanismos complementarios adecua- dos para evitarlo. Estos resultados refutan la operatividad del “teorema del votante me- dio” en el contexto de los países en desarrollo. En este ámbito, para hacer un análisis completo de los procesos de democratización es necesario analizar los grupos de interés. Además, parece justo afirmar que, para que emerjan factores que lleven a la democra- cia en los países en desarrollo, no es suficiente un desarrollo económico sostenido. Para que el crecimiento económico instale el “aparato” de democratización interna, hay que saber de qué manera se distribuyen estos nuevos recursos económicos y, por consiguien- te, debe tenerse en cuenta la gran disparidad en la distribución del ingreso, puesto que es fácil caer en un círculo vicioso que inhiba el proceso de democratización.
Entre otras razones, las grandes disparidades en la distribución de los ingresos han contribuido a que los procesos de democratización de muchos países en desarrollo no lograran el desarrollo económico esperado ni el alivio de los niveles de pobreza existen- tes. Esta situación ha llevado a que importantes franjas de la población comenzaran a
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pensar en las democracias y en el desarrollo económico como sustitutos y no como com- plementos, poniendo en jaque el éxito de una agenda de desarrollo más completa.
Las implicaciones políticas para la comunidad de desarrollo internacional son direc- tas. La democracia en los países en desarrollo debe ser un proceso de abajo hacia arriba; por consiguiente, la imposición de un sistema democrático tiene muchas probabilidades de no producir los resultados esperados. Przeworski (1998) enfatiza este punto argumen- tando que “pese a que la democracia es un sistema de derechos políticos positivos [...] no genera automáticamente las condiciones sociales y económicas requeridas para el ejerci- cio efectivo de esos derechos”. Para que ello ocurra, los países en desarrollo y en particu- lar la sociedad en su conjunto deben ser los protagonistas de sus cambios políticos; deben sentirse los verdaderos líderes del proceso. Tal como reconoce Lipset (1994): “La proclamación de las elecciones no asegura su integridad. El mundo exterior puede ayu- dar, pero las bases para una oposición institucionalizada y para la articulación de los valores e intereses deben provenir de adentro”.
Este trabajo ha intentado demostrar que, para que surja una sociedad civil pujante comprometida con el camino hacia un sistema político competitivo, es preciso conside- rar los efectos perniciosos de un alto nivel de desigualdad en los ingresos. Los esfuerzos deben orientarse hacia el desarrollo de mecanismos institucionales adecuados que eviten que las elites empleen sus recursos económicos para alcanzar poder político. Estos me- canismos tienen que proporcionar los medios para ejercer un control más amplio y direc- to sobre las actividades del sector público, haciendo que el sector público sea más res- ponsable.
No obstante, todas estas medidas no funcionarán a menos que las elites de los países en desarrollo participen en este proceso. Hoy día, los recursos económicos generados por estos grupos son cruciales para desarrollar las capacidades del Estado. El respaldo de las elites otorga legitimidad y en consecuencia a los jóvenes sistemas democráticos, alen- tando su rendimiento y fortaleciendo las instituciones públicas. Su participación en la agenda del desarrollo nacional resulta vital para garantizar su éxito.
El análisis empírico que se presenta en este trabajo ha permitido ofrecer algunas prue- bas de los efectos negativos de la desigualdad de los ingresos en el surgimiento y el éxito de la democratización. No obstante, los hallazgos presentados necesitan ser confirma- dos con más investigación, sobre todo ahora cuando cada vez se dispone de más datos. Además, los problemas de la calidad de los datos darán lugar a grandes dificultades para su análisis por lo que deben ser considerados exhaustivamente. En términos ideales y para un análisis, adecuado de los mecanismos estudiados a lo largo de este trabajo, sería de suma utilidad introducir los efectos de la desigualdad en la forma y el desempeño de las instituciones. A través de ellas es como la desigualdad y la exclusión se diseminan y distorsionan cada proyecto de desarrollo que se emprende.
Las limitaciones de tiempo y espacio han impedido ofrecer un análisis cuantitativo más sólido sobre la relación causal entre los dos elementos principales estudiados aquí:
la desigualdad de ingresos y los sistemas políticos. Los numerosos y diversos problemas
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técnicos que surgen al definir la relación, así como el modo en que se vinculan ambas variables, suponen inmensas complejidades estadísticas.
En vista de los resultados presentados en este trabajo, cabe concluir que las disparidades en la distribución del ingreso tienen efectos importantes en el desarrollo social de los países menos desarrollados. Por estas razones, la desigualdad de ingresos tiene que incluirse en la agenda de desarrollo, no como un sustituto de la pobreza, sino como un problema estructural presente en los países en desarrollo que pone obstáculos a todos los proyectos destinados a aliviar la pobreza. Si bien es un tema complicado debido a la dimensión subjetiva de justicia que conlleva, los niveles exagerados de des- igualdad de ingresos, que son de larga data en los países en desarrollo, implican una amenaza seria al desarrollo humano. No se pueden desatender los efectos perniciosos que, en el largo plazo, pueden tener las desigualdades sostenidas sobre los progresos alcanzados en términos de desarrollo.
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