Estrategias de estudiantes y docentes para modificar las regulaciones sexo-genéricas
16 Aquí hay un juego de palabras que puede prestar a la confusión.
En el primer caso, la intención es plantear que no se debe estereo- tipar a las personas por su vestimenta, y que el elemento etiqueta debe ser utilizado para su función utilitaria, que es limitarse a es- tablecer el nombre de un producto (sea ropa u otra). En el plano social, se “marca” o “estigmatiza” de forma simbólica a un cuerpo que expresa determinadas diacríticos.
PONENCIA | GT5
ficados y con la intención de construir marcos de justicia compartido con los/as estudiantes.
Si volvemos al caso analizado, vemos que los/as estudiantes se identifican a si mismos/as como sujetos con derecho a correr los límites de ese marco de justicia, a exigir una reconfiguración de los criterios que fundamentan las reglas; las reglas escritas, pero principalmente las reglas sociales. Las peleas que emergen en este paradigma no se limitan a la construcción de un consenso para actuar ante determinados conflictos, sino que se ven a si mismo con un rol pedagógico que aspira a prevenirlo. “Socializar para convencer” de que muchos de los conflictos que sucedieron, suce- den o sucederán deben abordarse con una mira- da crítica de género; mirada que se (des)aprende, ensaya y construye en basa a no una sino varias instancias y varios espacios, físicos y también vir- tuales. Las normas de sexo- género hegemónicas atraviesan todos los espacios y tiempos escolares (Morgade, 2011) y es por eso que la sublevación a ellas requiere un tipo de acción política que para ser efectiva debe tornarse capilar y sistemático. Como bien sabe el movimiento de mujeres, la lucha por una transformación cultural requiere interpelar tanto espacios de regulación estatal, como así también, los discursos que atraviesan di- versos elementos culturales, y muchas veces más difíciles de identificar.
Uno de los grande aportes de Judith Butler (2002) para desentrañar los mecanismos de perpetuación del sistema sexo-género hegemónico es la noción de performatividad del lenguaje para explicar que el género se construye con la repetición, una y otra vez de la norma (heterosexual). La performativi- dad debe entenderse no como un acto singular y deliberado, sino como la práctica reiterativa y re- ferencial mediante la cuál el discurso produce los efectos que nombra. De esta forma se “materia- liza” la diferencia sexual en aras de consolidar el imperativo heterosexual, y así el “sexo” adquiere su aspecto estabilizado y naturalizado.
Es así que la tarea del activismo estudiantil de gé- nero, como el movimiento feminista en general, apelen a vías que tengan por fin desestabilizar, desnaturalizar, quebrar un modo de socialización que se repite en las distintas dimensiones de la cultura, incluyendo los modos tradicionales de hacer política. Vale preguntarse entonces si es suficiente la democratización del espacio escolar
que se presenta en este nuevo paradigma para que se concreten las aspiraciones de la agenda feminista y de la disidencia sexual.
La acción visual y virtual : “Funcionan, las fotos funcionan”
La intervención finalmente desarrollada consis- tió en la elaboración de carteles con forma de etiquetas de ropa, en versión gigante, con una le- yenda común, “#Las etiquetas son para la ropa” y arriba “no me digas (por ejemplo) Zorra”. “De- díquemosnos a identificar en la semana cuales son las palabras que más escuchan para insultar, las agregamos”, había propuesto una docente. “Puta”, “marimacho”, “turra”, “zorra” o “puto”, “maricón”, “pollerudo”, y “turro”, fueron las pa- labras finalmente consensuadas. El “etiquetazo” en sí, se pensó como un evento para el cuál emer- gieron distintas ideas de interpelación, como por ejemplo, la opción de colgar estas etiquetas en el hall de entrada, o la idea de que estudiantes vestidas/as con ropa fuera de lo habitual (como varones con polleras) repartan algún material en relación a los estereotipos de género.
Finalmente la mayoría se estas ideas no se llegaron a concretar (menos la que describiremos), y los fac- tores podrían ser disimiles: la superposición con la movilización e intervención escolar del #Niuna- menos que requirió una atención y tiempo con- siderable, la ausencia prolongada por problemas familiares de una de las docentes impulsoras de la actividad, la circulación de distintos docentes y estudiantes en las reuniones, o sencillamente la
disolución del proyecto por falta de insistencia de los sujetos que los promocionaron17.
Ahora bien, una de las ideas si pudo concretarse. Un día de mayo, durante el horario de entre tur- no, un grupo de estudiantes y docentes del “gru- po ESI” se dedicó a recorrer la escuela con los carteles-etiquetas, preguntando a los distintos actores escolares si podían fotografiarlos soste- niendo alguno de ellos. La estudiante que tomó las fotos relató:
“Íbamos caminando por el colegio, los profes, alguno chicos más de ESI, e íbamos hablado “te querés sacar una foto? es una campaña por las etiquetas” le decíamos. Algunos se quedaban hablando. (…) Se sumaron todos por suerte. En ESI, haciendo carteles, y sacán- dose fotos también, se sumaron muchos
Investigadora: como fue que decidieron subir-
lo a Facebook?
No sé, salió así, corte, bueno saquemos fotos y subámosla a internet así vemos si se com- parte, si se hace viral o algo así
Investigadora: Y que pasó?
Tuvo mucha repercusión. Lo hice publico y mu- cho likes, un montón, por ejemplo los que ven- den en el buffet tuvieron muchos likes. No co- mentaban mucho, más que nada likes. (…) Ya habíamos hablado que yo saque foto porque también saco fotos en las marchas y a todo el mundo le gustaban. Funcionan, las fotos fun- cionan para llamar la atención. (…) Me paso también que hubo un festival acá en la escue- la, de rap, de free style, y yo hice el albúm, lo puse publico para que lo vean y muchos chi- cos que vinieron a competir tipo les gusto, lo pusieron de fotos de perfil y eso, y ahora estoy sacando fotos de la compe todas las fechas.
Las fotos funcionan para llamar la atención. Lo de las etiquetas “fue un éxito, tuvo más de 300 com- partidos” me había comentado otro estudiante. Para ser exactos, 378. El álbum consistió en 25