3. Perro que nunca vuelve
3.4. Aquellas criaturas
Las “criaturas” que transitan en esta sección son: “Adolescencia I”, “II Mediodía”, “III Otoño”, “Soledad”, “Horario”, y “La sospecha”.El primer poema de esta serie está dividido en tres partes, cuyos títulos remiten, aparentemente, a una etapa de la vida (“Adolescencia I”); a una parte del día (“II Mediodía”), y a una época del año (“III Otoño”). Sin embargo, el autor recurre a estos términos para evocar tres recuerdos del sentimiento amoroso que corresponden a tres momentos diferentes de la adolescencia.
120Ibidem, pág. 82
176 En la serie de versos de “Adolescencia”, el tiempo pasado y el presente se entrecruzan; un deambular por calles desconocidas, jóvenes que exploran y buscan con el ansia de descubrir la vida van “a soñar su hora inmensa, /tiempo sin pasaporte, alba indecisa/ entre la realidad y la sospecha”121. En este último verso oímos el eco de La
realidad y el deseo de Luis Cernuda, paratexto que Alameda reelabora sustituyendo
unos de sus elementos.La imagen del amor pasado regresa, y el poeta actualiza el recuerdo iniciando un imaginario diálogo con el objeto de su amor, sin detenerse en la descripción física, a la que tan solo alude “podías haber sido rubia/ de tan pálidamente ser morena”, lo trascendental es que este amor fue para él un indicio, una señal, una referencia que le sigue acompañando:
mi punto universal de referencia, lo que Dios es en la filosofía,
lo que tú sola entre las sombras eras. Cuando de noche sufro el resplandor de la ciudad concreta,
con su parpadear incoherente de confusas luciérnagas,
imagino que pasa como sombra
el cuerpo de tu olvido, por la niebla122.
El amor que el poeta expresa en “Mediodía” es un amor puro, de corte neoplatónico que le llega a través de la contemplación, de la mirada-el espíritu que emana del ser amado:
De tu silencio nunca me fatigo, es tu luz la que llega sin palabras, sin romperse en las cosas tan pequeñas y pronto muertas, cosas cotidianas123.
La voz poética refuerza las características del espíritu de la amada al compararlo con el ave, motivo arraigado en la tradición literaria como metáfora del alma:
Espíritu diáfano, tan puro
como el ave que canta en la muralla sin conocer la piedra, sólo el canto, exhalación completa de su alma124.
Este símil también sirve al poeta para realzar al ser amado por medio de una expresiva sinestesia: “porque el ave no tiene como tú/ su melodía en la mirada”, e
121 J. Alameda,op. cit., pág. 84. 122 J. Alameda, op. cit., pág. 84. 123Ibidem.
177 insistir mediante la antítesis en el término origen del poema -el silencio-: “Pero no hay un sonido que se iguale/ al silencio perfecto con que callas”125. Este silencio se
metamorfosea en un mundo en armonía, en quietud, en silencio, donde todo calla: El mundo está muy claro.
Su certidumbre mágica es de calles desnudas, pensativas estatuas y el aire que dibuja las torres más lejanas126.
Versos que traen a la memoria el célebre verso de Jorge Guillen “El mundo está bien/ Hecho”127.Es “Mediodía” una imagen viva, toda ella en presente, tendremos que
llegar al último verso para comprobar que se trata de un pasado ya concluido, mas este final tampoco nos aclara si estos versos fueron pensados para un hombre o para una mujer: “Tal el mundo, divina criatura, / en que tú palpitabas”.
De muy distinta índole es la voz poética de “Otoño”128. Si en el anterior el silencio
era piedra angular en la expresión del sentimiento amoroso, aquí desde el nombre mismo de ella, será la palabra, el sonido: “Te llamabas Calíope”, musa de la poesía épica y de la elocuencia en la mitología griega. Es el único poema de tema amoroso que contiene el nombre de la amada, aunque la probabilidad de que sea real es bastante escasa. Una expresión sensual de “ojos aselvados”, de “prodigiosa arquitectura/ terrenal y directa”, de un cabello “de raíces vegetales” y el sol cautivo en su “piel color madera” palpita en el poema y nos adentra en las humedades de la tierra. Amada con nombre propio y una presencia corporal exuberante y rotunda que impedía estar atentos a sus palabras:
Pero nadie te oía porque eras
una letra a la vista, un gran poema contra el hastío,
una gran salvación por la belleza.
El juego de tiempos verbales va del pasado al futuro, un futuro en el que la información temporal ha sido desplazada por la modal, expresando la posibilidad “ahora estarás muy lejos”, “vivirás en Sudamérica” y “los jóvenes querrán besar tu mano”.
125 Es imposible al leer estos versos no recordar los versos de Pablo Neruda:”me gusta cuando callas/
porque estás como ausente” en el “Poema XV” de Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
126 J. Alameda, op. cit., págs. 84-85.
127 J. Guillén, “Beato sillón” en Aire nuestro. Cántico, Madrid, Anaya/Muchnik, 1993, pág. 239. 128 J. Alameda, op. cit., pág. 85.
178 Evocación de un recuerdo cuya emoción no ha encallecido con el paso del tiempo: “Te recuerdo como algo que no muere. / Como si aquí estuvieras”.
En la siguiente composición, “Soledad”129, el poeta utiliza la anécdota de un
solitario paseo por el campo para plasmar su reiterada preocupación por el paso del tiempo y la soledad del hombre ante el mundo. Constatación que nos llega estructurada en varias imágenes donde el imperceptible paso del tiempo y la soledad se alternan.Acompañamos al poeta en su paseo en una “tarde de azul indiferente”; gradualmente el poema camina por el día, y como el tiempo, que no avisa de su paso, “de improviso, el horizonte/ nos ofrece un crepúsculo dorado”, para desembocar en “la angustia sin causa de la noche”. Todo ello se produce con sigilo, con el mismo sigilo con el que avanza el tiempo metaforizado en “un gigante de puntillas / que se va sin alertar de su paso”; gigantes que habitan en la noche, la pueblan y ponen al descubierto la soledad del hombre, los miedos y preludian su “angustia sin causa”:
La sombra tiende un cobertor de sueño sobre el paisaje que como embrujado se puebla de gigantes invisibles, de lejanos y agudos gritos largos. Con la angustia sin causa de la noche, náufrago es el nombre solitario, único personaje frente al mundo en la desierta inmensidad del campo.
Los principios compositivos de las siguientes estrofas son la simetría, el contraste y la deixis. La simetría se encuentra en todos los planos del poema: cinco estrofas isométricas formadas por cuatro versos isosilábicos cada una. Sobre la base de una sintaxis sencilla, destacan las estructuras bimembres coordinadas, presentes en cuatro de las cinco estrofas, y las estructuras paralelas que articulan y cohesionan el poema:
Las estrellas altísimas y la marea baja hacen la noche densa aquí, sobre la playa. Desde el fondo invisible llega una voz muy clara que se sabe de lejos y palpita cercana. Alguien está cantando allí, sobre la barca. Y desde el mar oscuro me llega su voz blanca.
179 La tomo entre mis manos
y la tiendo en la playa, voz húmeda y tirante como una fina sábana. Mañana con el sol, cuando vuelva a buscarla, llorará por el aire
la voz evaporada.
Otro elemento primordial en esta composición son los contrastes entre elementos contrarios, emparejados en posiciones paralelas: “Las estrellas altísimas/ y la marea
baja”; “que se sabe de lejos/ y palpita cercana”; “Y desde el mar oscuro/ me llega su
voz blanca”; “La tomo entre mis manos/ y la tiendo en la playa”. El tercer eje estructurador, al que hacíamos referencia, es la deixis. Por medio de este procedimiento lingüístico, el poeta consigue que la idea encerrada en forma de imágenes se concrete en un tiempo y un espacio real. La oposición de los adverbios aquí/allí divide el poema entre el lugar donde se encuentra el poeta “aquí, sobre la playa” y el sitio donde alguien canta “allí, sobre la barca”.
El tiempo, tema recurrente, casi obsesivo en la obra de José Alameda, es analizado, segmentado, visto desde muy diferentes ángulos por el autor. En “Horario I”130, el
tiempo se fragmenta, se acorta como el verso, en tiempos de noche y tiempos de día, relacionados antitéticamente: En la noche todo es claro, mental, limpio, dibujado. En el día todo es duda, luces, confusión, angustia.
La noche corresponde a tiempos de libertad y el día a tiempos de restricciones. La noche es inspiración, “por donde crece la flor/ cortable y fresca del sí”; el día es la realidad, lo tangible “cierra las puertas y escribe/ sobre los muros su no”. Espacio y tiempo adoptan formas nuevas, y la voz poética se incluye en el nosotros:
En la noche del ensueño,
pasamos y repasamos por en medio.
130 J. Alameda, op. cit., pág. 90.
180 En el día
se nos cruzan
volúmenes obstinados, impenetrables figuras.
En las estrofas conclusivas se produce una extensión semántica y ya no solo son los hechos que acontecen, sino que es la noche o el día en sí mismos, los que se convierten en metáfora de la idea desarrollada: “La noche es un campo dócil”, “El día –cuerpos, paredes/opaca conspiración-” Junto a esta extensión semántica también se produce lo que se podría llamar una progresiva ampliación métrica: de los primeros dieciséis versos, once de ellos son tetrasílabos, combinados con un trisílabo, tres octosílabos y un hexasílabo. Sin embargo, en las dos últimas estrofas todos los versos son octosilábicos.
Este poema se inserta en la tradición de los escritores alemanes que desde finales del siglo XVIII consideraban primordial el valor de los sueños, en palabras de Jean Paul: “El sueño sepulta el primer mundo, sus noches, sus congojas, y nos brinda un segundo mundo con las formas que hemos amado y perdido, con escenas demasiado vastas para nuestra minúscula Tierra”131. No obstante, como dijera Guillén refiriéndose
a Bécquer, “nuestro poeta no se abandona blandamente a la divagación y la efusión”132.
En “Horario II”133, Alameda retoma el sentir la vida como tiempo fluyente, tema
literario de larga ascendencia, y que presenta una clara filiación con autores del Barroco que, como él, ante la brevedad de la vida, sintieron la angustia del tiempo:
El pasado que tengo es lo que ya no tengo. El futuro que tengo aún no es, es un sueño. Y el presente se va, se está yendo, arena que resbala entre los dedos.
La misma idea fue expresada de forma similar por Quevedo: “Ayer se fue; mañana no ha llegado; / hoy se está yendo sin parar un punto: / soy un fue y un será, y un es cansado”134; así como por el autor de La lirade las musas, Gabriel Bocángel135:
131 Según cita de J. Guillén en Lenguaje y poesía, pág. 114. 132Ibidem, pág. 116.
133 J. Alameda, op. cit., pág. 90.
134F.de Quevedo, último terceto de “[¡Ah de la vida!]” en Parnaso español (sonetos), Ramón García
González (ed.), Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de
Cervantes,2003.http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmczg707 [Consultado: 20 de febrero de 2015]
181 Lo que pasó ya falta; lo futuro
Aún no se vive; lo que está presente,
No está, porque es su esencia el movimiento136.
Y siglos después, por Alameda, que toma prestados los versos, no sabemos si consciente o inconscientemente, entablando un diálogo con la tradición literaria española.
“Lasospecha”137 es la criatura que cierra esta sección. Una advertencia sobre la
facilidad con la que la desconfianza se puede instalar en nosotros: Está esperando al final de la escalera.
O escapa, mariposa inevitable, al levantar la hoja de papel. Hasta los escritorios oficiales llega multiplicada en hormiguero. Y culmina como una garrapata en el báculo insigne del prelado.
La sospecha llega a la política, a la administración, a la iglesia, a los ricos y a los pobres; se manifiesta de improviso y te consume. Y, como la manzana del Paraíso, una vez probada te transforma:
Lo mismo en las ruinas del convento que en la inauguración del gran cinema. La invencible sospecha, siempre oblicua, que acaso nace en el primer beso.