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Sonetos amatorios

2. Sonetos y Parasonetos

2.5. Aspectos temáticos

2.5.2. Sonetos amatorios

Al igual que Jorge Guillen, Alameda no es poeta que haya cultivado con especial asiduidad los temas amorosos, y cuando lo hace la presencia del sentimiento amoroso suele aparecer o bien como contemplación, que para el poeta “es la forma más pura del amor”62, o como recuerdo, siendo en todos los casos, imposible individualizar al ser

amado. No hay en ellos erotismo, ni cuerpo a cuerpo, ni presencia del ser amado.

En “Soneto de las ascuas”63 la voz poética nos sitúa ante la contemplación de un

cuadro, objeto inerte, cuyo movimiento tan solo se sugiere por la presencia de “barcos”, que denotan movilidad, la inacción también es remarcada por el verbo fue situado al final de la estrofa, marcando en su soledad lo ya acabado. En los primeros versos descriptivos del paisaje se concentra un simbolismo que ineluctablemente conduce al tema de la muerte: acabamiento, final de la vida (“ocaso”); con la muerte cerca (“la mar al pie”); “barcos de amarillos aparejos”, que en este contexto tanto recuerda a la barca de Caronte, a ello se une el color elegido, pues para el poeta en su personal simbolismo, el “amarillo”, es presagio de tragedia y de muerte. Comprobamos que donde parece haber espacio, un lugar físico, lo que hay es tiempo, un final que se acerca, un tiempo que se acaba:

En este ocaso, con la mar al pie y barcos de amarillos aparejos,

60 J. Alameda, op. cit., pág. 16.

61 J. Alameda, “El Planeta”, op. cit., pág. 50. 62 J. Alameda, Ejercicios decimales, pág.199.

63 Este soneto se encuentra también en el disco-libro José Alameda, el poeta, y esculpido en el busto que

Humberto Peraza hizo del autor, el cual quedó expuesto, el 20 de enero de 1983, en la entrada principal de la plaza de toros La luz de León (Guanajuato, México), en su pedestal reza: “A José Alameda, por su labor literaria en la Fiesta. Alberto Bailleres”.

156 teñidos por los últimos reflejos

del día, que ya casi se nos fue64.

Un soneto de evocación y de recuerdo de un amor, que no deja de ser un motivo más desde el cual el poeta mira el paso del tiempo y el cercano fin de su vida. No obstante, no hay dolor, ni angustia en estos versos, lo que hay es nostalgia y aceptación, hermanando el final del día con el final de su pasión: “sólo sé que hay belleza en esta hora/ de melancólica consumación, / en que el día se rinde y se desdora/ como las ascuas de nuestra pasión”65.

En “Soneto de la estrella” el yo poético, como en el soneto anterior, está alejado de la pasión, lo que le queda es el recuerdo de lo que el poeta sintió en un momento, la memoria de lo que fue. Concretiza esta evocación en los ojos de la amada, descritos mediante series encadenadas de adjetivos y de sustantivos de signo cósmico, y en la similitud que guardan con las estrellas:

Mirando a las estrellas he vuelto a ver tus ojos, siempre lejanos, tristes, como el olvido, lentos, impasibles, al día, a la luz y a los vientos y a la sombra que viene tras los ocasos rojos. La memoria devuelve como el mar los despojos de lo que, cuando vivo, tenía otros acentos. Pero tu luz lejana fulgura por momentos

y a mis plantas entrega tus recuerdos de hinojos66.

En los tercetos, la comparación con las estrellas le sirve a la voz poética para poner de manifiesto la indiferencia de la amada:

Serenísimas siempre hasta en su parpadeo, esa gracia inmutable que tienen las estrellas, ajenas como tú al dolor y al deseo,

es lo que las imanta y las hace más bellas.

Como tú que por siempre y, desde siempre, creo, tan lejos de este mundo, perteneces a ellas67.

El soneto “El amor por teléfono” presenta, como veremos, una rica intertextualidad. En la página que antecede al poema, José Alamedatras escribir el título del mismo, transcribe la misma cita repetida a lo largo del tiempo por diferentes autores:

“…la voz a ti debida. Garcilaso: Égloga III”.

64 J. Alameda, Sonetos y Parasonetos, pág. 17. 65Ibidem.

66Ibidem, pág. 6.

157 “…la voz a ti debida. Cervantes: estancias para Altisidora, en el Quijote. Capítulo LXIX”.

“La voz a ti debida (Poema). Pedro Salinas”68.

Como sabemos, Salinas toma parte del verso 12 de la égloga III “pienso mover la voz a ti debida”, como título para uno de sus poemas y para el primer libro de su trilogía amorosa en claro homenaje a Garcilaso. En un contexto muy diferente, pone Cervantes en boca del cantor, músico y poeta dos estancias cantadas a Altisidora, siendo la segunda estrofa, literalmente, la segunda de la égloga III de Garcilaso69. Será en el capítulo siguiente en el que don Quijote hará mención de la autoría de la octava: “¿qué tienen que ver las estancias de Garcilaso con la muerte desta señora?”.Con este intertexto, consigue Cervantes un doble y opuesto propósito: el ataque a Avellaneda y el homenaje al poeta renacentista.

La reelaboración que ha sufrido el cuarto verso de la octava real de Garcilaso a través del tiempo, llegará también a Alameda, en cuyo poema “El amor por teléfono” volverá a aparecer en claro homenaje al poeta renacentista:

Cuando llega de lejos por el hilo tu voz hasta mi voz a ti debida, unánime con ella va la vida,

la sangre va colmada de su estilo70.

Antonio Gallego señalaba que “toda la voz de la poesía amorosa española, desde el Renacimiento a hoy, es La voz a ti debida, y esta última voz, compuesta en cursiva, es la voz de Garcilaso de la Vega. O lo que es lo mismo: Garcilaso, el gran poeta del amor del siglo XVI, asimilado por Salinas, el gran poeta del amor del XX: ambos son la base de nuestra lírica sentimental”71. Por otra parte, el título del poema “El amor por

teléfono” es una clara alusión al soneto “El poeta habla por teléfono con el amor” de Lorca, convirtiéndose de esta manera, a través del título y de las citas, en homenaje a

68Ibidem, pág. 7.

69 En el capítulo LXIX, Don Quijote y Sancho son víctimas de una burla según la cual Altisidora ha

muerto debido al amor no correspondido que siente por don Quijote. Para devolverle la vida a Altisidora, Sancho deberá someterse a diferentes vejaciones. Con la perfecta escenificación de la fingida muerte consiguen engañar y burlarse del caballero y de su escudero.

La estrofa en cuestión, dice así: “Y aun no se me figura que me toca / aqueste oficio solamente en vida, / mas con la lengua muerta y fría en la boca / pienso mover la voz a ti debida. / Libre mi alma de su estrecha roca, / por el estigio lago conducida, / celebrándote irá, y aquel sonido / hará parar las aguas del olvido” (Don Quijote de la Mancha, capítulo LXIX, pág. 1186-1187)

70 J. Alameda, op. cit., pág. 8.

71 Tomamos la cita de Monserrat Escarpín Gual, “Garcilaso de la Vega y Pedro Salinas: La voz a ti

debida”, Revista de Literatura, julio-diciembre de 2008, vol. LXX, número 140, págs. 554. M. Escarpín

158 estos cuatro poetas. Con la voz que le llega al poeta a través del hilo telefónico le llega la vida, “cantando va sobre mi vieja herida”. Es un amor salvador, curativo que detiene el tiempo y concentra la eternidad en ese feliz momento, expresado por medio de estructuras paralelas bimembres, en perfecta sintonía con los dos componentes, con los dos amantes:

Oigo mía tu voz, mío tu aliento, tuyos mi corazón y su latido, tengo el maravilloso sentimiento de que se queda el tiempo detenido, cabe la eternidad en el momento y un sencillo milagro se ha cumplido72.

“Soneto del amor que se apaga”, es la expresión lírica de las secuelas del desamor, explicitadas en los cuartetos y que recorren el corazón, el alma, la razón, el cuerpo, en definitiva, el ser al completo:

El combustible amor, casi cenizas, que deja un corazón a la deriva, en el alma una estela punitiva y un escorial de sueños hecho trizas, deja también de sus antiguas lizas en la frente una sombra pensativa y una duda en el pie que, desde arriba, abajo intuye tierras movedizas.

El amor se extingue, pero el recuerdo queda, pues aunque ya no exista nunca se podrá comparar a lo que no ha existido. Así lo expresa en los versos conclusivos:

Nunca muere del todo lo vivido, pues como deja huella de su planta, nunca es igual que lo que nunca ha sido. En tierra yace y todavía canta,

aunque sea su canto ya un gemido, por el polvo que lleva en la garganta73.

Este soneto se presta a un sustancioso estudio comparativo y textual con el famoso soneto de Quevedo “Amor constante, más allá de la muerte”74, en el que el poeta

barroco esencialmente nos dice: podré morir, pero no morirá mi amor. No es ahora el momento para hacerlo, pero tan solo señalar, que Alameda recoge la tradición poética y la trasmuta, le da un nuevo sentido, pues no es el cuerpo el que se convertirá en “polvo

72 J. Alameda, op. cit., pág. 8. 73 J. Alameda, op. cit., pág.15.

159 enamorado”, sino el amor ya viejo, personificado por “el polvo que lleva en la garganta”.

“Playa con figura” describe la contemplación de un ser solitario, la voz poética crea un espacio subjetivo en el que solo caben él y la figura contemplada. En su descripción, el poeta no se detiene en las partes del cuerpo, tan solo en la silueta “rosa en azul” - carne en mar-, en la armonía de líneas, y colores:

En una irisación de primavera vi tu contorno, rosa en el azul, que se fue precisando sobre un tul de vaga lontananza marinera75.

Bécquer escribió al final de su vida: “la silueta de una mujer que se destaca ligera y graciosa sobre la sábana de espuma del mar y el dilatado horizonte del cielo ¿qué sentimientos no despierta?, ¿cuánta poesía no tiene?”76. Sensación parecida debió

inspirar este soneto.

En el siguiente cuarteto el tono cambia y hace su aparición el humor, y las gafas pasan a ser un“crustáceo no catalogado”, imagen en la que encontramos el eco de las greguerías de Gómez de la Serna:

Las gafas, que de pronto hube notado, quité rápidamente de mis ojos

y en la arena pararon los despojos de tal crustáceo no catalogado77.

“Glosa de amor”, es la única composición en la que la voz poética se dirige directamente al objeto de su amor, y expresa el sentimiento amoroso en presente. Es posible que el poema esté dedicado a Olga Breeskin78, una joven vedette de la que el poeta estuvo enamorado al final de su vida.

Las imágenes que el poeta utiliza para construir este soneto proceden de la tradición petrarquista, que en múltiples ocasiones contrapuso los sintagmas “río de lágrimas” a “llamas del corazón” para expresar el sentimiento del enamorado. Alameda, siguiendo la tradición, contrapone “un río de llanto” con “a llamas vivo y a torrentes muero”, a lo

75 J. Alameda, op. cit., pág. 18.

76 Gustavo Adolfo Bécquer, “Las dos olas”, Obras completas, Madrid, Aguilar, 1973, pág. 686. Publicado

por vez primera en La Ilustración de Madrid, 27 de febrero de 1870.

77J. Alameda, op. cit., pág. 18.

78 Olga Breeskin, (Ciudad de México, 1951, actualmente vive en Estados Unidos). Es una violinista,

bailarina y actriz mexicana, conocida principalmente por haber sido una de las vedettes más famosas de los años setenta y ochenta. En su infancia aprendió a tocar el violín con su padre, el concertista ruso Elías Breeskin. Estos conocimientos tuvieron mucho que ver en la fama que alcanzó, pues en sus actuaciones, la joven y bella Olga, salía a escena muy ligera de ropa e interpretaba piezas al violín que intercalaba con sugerentes bailes.

160 que se une el eco de “Llama de amor viva” de san Juan. Toma Alameda el último terceto del soneto anónimo “A Cristo crucificado”, poema que expresa el puro amor a Dios, al que la voz lírica ofrece amar sin necesidad del premio eterno del cielo y temer sin la necesidad de la amenaza del castigo, igualmente eterno del infierno.En este caso es una cita explícita, marcada por medio de comillas, pero sin indicación sobre su procedencia79. Alameda utiliza la inserción del terceto para potenciar su sentimiento

amoroso y expresar la pureza de su amor. El intertexto queda así recontextualizado al cambiar el receptor y por ende, el amor divino por el humano, reelaborando la tradición recibida desde la asunción del sentido original de los versos citados.

Este soneto muestra un juego intertextual muy rico, donde la referencia culta convive armoniosamente con frases hechas procedentes del acervo popular, como a

duras penas, o a trancas y a barrancas, del mismo campo semántico que la anterior, o

el dicho proverbial espera y desespera, expresión popular que abre el proverbio cantar XXX de Antonio Machado80, y que a nuestro poeta le sirve para introducir el terceto final, del poeta anónimo, una vez reconocida la incapacidad que tiene para expresar de forma exacta su sentimiento:

Para decirte, amor, cómo te quiero es el verso lo único que tengo y en él a duras penas me sostengo con esta angustia de mi amor postrero. Es un río de llanto, un largo Duero por el que a trancas y a barrancas vengo, en el puente del verso me detengo y a llamas vivo y a torrentes muero. Cuando aprieta el amor de tal manera, tan solo el verso ajeno le depara justa voz al que espera y desespera. “No me tienes que dar por qué te quiera, pues, aunque cuanto espero no esperara, lo mismo que te quiero, te quisiera”81.

79 El soneto ha sido atribuido a numerosos autores –santa Teresa, san Juan de la Cruz, san Francisco

Javier, san Ignacio de Loyola, tampoco ha faltado la atribución a Lope de Vega y a otros autores-. Por lo que para la mayor parte de los críticos de la investigación literaria sigue siendo anónimo.

80 A. Machado, “El que espera desespera, / dice la voz popular. / ¡Qué verdad tan verdadera! / La verdad

es lo que es, / y sigue siendo verdad / aunque se piense al revés”. A. Machado, “Proverbios y cantares”,

Campos de Castilla (ed. G. Ribbans), Madrid, Cátedra, 1991, pág. 221.

81 El terceto injertado por Alameda presenta algunas variaciones respeto a la versión más extendida del

famoso soneto: “No me tienes que dar porque te quiera, / pues aunque lo que espero no esperara, / lo mismo que te quiero te quisiera”.

161 “Glosa de amor” es un entrelazado de voces donde la voz de Alameda se mezcla y se disuelve. Más una galantería con la intención de conseguir los favores de la amada que un sentimiento profundo de amor.