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De los argumentos o pruebas

In document INSTITUCIONES ORATORIAS QUINTILIANO (página 195-200)

I. Qué es argumento.-II. Se pueden tomar de las personas o de las cosas. 1.º Los que miran a las personas se tocan brevemente. 2.º Por cosas entendemos causas, lugares, tiempo, facultades o instrumentos y el modo. Añádense la definición, género, especie, diferencia, propiedades de la cosa, negación de lo que es, semejanza, contrarios, repugnantes, derivados y comparación.-III. La naturaleza de las cosas no permite recorrer todas las especies de argumentos. Considérese lo que pretendemos probar. Pónese ejemplo de una causa de esta naturaleza.-IV. Qué juicio debemos hacer de estos lugares y qué uso.

I. Vamos a los argumentos, bajo cuyo nombre entienden los griegos los entimemas, epiqueremas y demostraciones; aunque entre éstos admiten alguna diferencia, pero el fin casi es uno mismo. Siendo el argumento una manera de probar la cosa deduciendo unas de otras, como cuando probamos lo dudoso por lo cierto, es forzoso que en la causa haya algo que no admita duda. Porque si no hay ninguna cosa cierta o por donde hacer evidente lo dudoso, no hay medio para probar.

Cosas ciertas llamamos primeramente las que se sujetan a los sentidos, como lo que vemos u oímos, y semejantes a éstas son las señales. En segundo lugar las que admite el consentimiento de todos; verbigracia: que hay Dios, que los padres deben ser amados. En tercer lugar lo que está establecido por las leyes y lo que está recibido por la opinión común del país donde se trata la causa o por la costumbre. Así vemos que muchas de las cosas del derecho se fundan en la costumbre, no en las leyes. Últimamente todo aquello que está ya antes probado, aquello en que convienen las partes y lo que el contrario no niega. Así argumentaremos de este modo: Porque hay providencia que gobierne el mundo, debe haber gobierno en una república. Así como deberá haber gobierno en una república, siendo el mundo gobernado con providencia .

El que ha de manejar los argumentos debe tener bien conocida la naturaleza de las cosas para saber lo que da de sí cada una de ellas. De donde nacen los argumentos llamados verosímiles . De éstos hay tres especies. La primera, que es la más fuerte, es de lo que comúnmente acaece; verbigracia: El amar los padres a sus hijos , porque esto es lo que comúnmente vemos. En segundo lugar, atendido el orden regular; verbigracia: Que llegue a mañana el que hoy está sano y bueno . En tercer lugar, porque no es cosa repugnante; verbigracia: Que el hurto que se hizo en una casa lo cometiese quien estuvo en ella . Por eso Aristóteles, en el libro segundo de la retórica, recorre muy por menor lo que a cada cosa y a cada hombre suele acontecer de ordinario; qué cosas o qué suerte de persona tienen entre sí naturalmente antipatía o simpatía; quiénes codician las riquezas y honras, y quiénes

dan en superstición; qué cosas aprueban los buenos; qué pretensiones tienen los malos; cuáles son las pasiones de un soldado y cuáles las de un campesino y los medios para evitar o conseguir cualquier cosa.

Pero yo omito todo esto, porque, además de ser obra larga e imposible, o, por mejor decir, infinita, es cosa que depende del entendimiento común a todos. Si alguno entendiere serle esto de provecho, ya le he mostrado adónde debe acudir. Todas las cosas probablemente ciertas, de donde suelen tomarse la mayor parte de los argumentos, nacen de las siguientes fuentes: Si es probable, que un hijo haya muerto a su mismo padre; que éste haya cometido incesto con su propia hija . Al contrario: Que nada tiene de nuevo el dar veneno una madrastra y el cometer adulterio un lujurioso . Y de estas otras: Si la maldad se cometió públicamente; si dijo una mentira por una corta cantidad de dinero . Porque cada una de estas personas tiene sus costumbres, conforme a las cuales obra ordinariamente, pero no siempre. De otra manera serían pruebas indubitables, no argumentos.

II. Examinemos ahora los lugares de donde se sacan los argumentos, aunque algunos tienen por tales a los que pusimos arriba. Por lugares entiendo no aquéllos que comúnmente entendemos, como cuando tratamos largamente contra la lujuria y adulterio y otros semejantes, sino aquéllos como manantiales de donde debemos sacar las pruebas. Pues a la manera que no en cualquier tierra se crían todas las cosas y no es fácil encontrar un ave o fiera si ignoramos el país que las produce y donde moran, y así como entre los peces unos gustan de lugares llanos, otros de escabrosos, en distintas regiones y playas, y en vano buscarás en nuestro mar el pez elope o escaro ; a este modo no cualquier argumento se toma de cualquier cosa, y así no se deben buscar indiferentemente en todo. Por otra parte, el sacar los argumentos si no se sabe dónde se ha de acudir está expuesto a muchos errores, y si no aplicamos la meditación para discurrirlos, después de muchas fatigas no daremos con ellos sino por una rara casualidad. Pero, al contrario, el que sepa las fuentes de cada argumento, cuando se le presente dicho lugar al punto le ocurrirá la prueba.

1.º Primeramente los argumentos se han de tomar de las personas, pues, como ya dijimos, la primera división que hacemos es de personas y de cosas. De forma que la causa, tiempo, lugar, ocasión, instrumentos y modos, vienen a ser como accidentes de la cosa. Me parece no debo tratar, como muchos lo hicieron, de todos los accidentes de las personas, sino de aquéllos de donde tomaremos los argumentos. Y es como sigue:

La primera circunstancia de persona de donde sacaremos la prueba es el linaje 167 , porque comúnmente los hijos suelen ser parecidos a quienes los engendraron, y aun de aquí suelen tomar, digamos así, las semillas primeras o para la virtud, o para el vicio.

La nación 168 , porque cada nación tiene sus costumbres peculiares, y no son unas mismas en un romano, en un griego y en un bárbaro.

La patria , porque de la misma suerte los estilos y costumbres varían según los pueblos y aun las opiniones.

El sexo 169 ; verbigracia: un latrocinio más creíble se hace en el hombre, y en la mujer el dar veneno. La edad 170 , porque una cosa conviene más a unos años que a otros.

La educación y enseñanza 171 , pues importa mucho el saber los maestros y la crianza que uno ha tenido.

La forma del cuerpo y complexión 172 , por cuanto de la hermosura se saca argumento de liviandad, y de la robustez y firmeza, de desvergüenza del sujeto, o se funda argumento en contrario de la complexión contraria.

167

Para que de cada uno de estos lugares pueda cada cual deducir los argumentos en semejante asunto, pondremos, siguiendo las observaciones de Rollin, el lugar de las oraciones donde Cicerón se vale de semejantes pruebas. Linaje . Sept. oración contra Verres, números 30 y 139. Pro Sextio , número 6.

168

7, Verrinas , número 166. Pro Arquia , número 4, hablando de los testigos asiáticos. Pro Flacco , número 919.

169

Pro Sextio , número 48.

170

Por Roscio Amerino , número 39. Por la Ley Manilia , número 61.

171

Por Quincio , número 55. Filípicas 2, número 18.

172

La fortuna 173 , siendo cierto que una cosa no se hace igualmente probable en el rico que en el pobre, en uno que tiene amigos, parientes y deudos y en quien nada de esto tiene.

La condición y estado 174 , habiendo mucha diferencia entre el noble y el plebeyo, entre uno que tiene empleo público y entre el particular. Y va a decir mucho que uno sea padre de familia, ciudadano, libre, casado y tenga hijos, o hijo de familia, extranjero, esclavo, soltero y sin hijo alguno.

La índole 175 , porque el ser avaro, iracundo, misericordioso, cruel y riguroso por lo común, o prueban o hacen increíble la cosa. Asimismo el trato en comer y vestir , como si es frugal, parco o rústico.

Los estudios y profesiones 176 , pues vemos que son distintas las pasiones y modo de pensar del labrador, comerciante, abogado, soldado, navegante, médico, etc.

Debe también tenerse muy presente el pie de que cada uno cojea: si se aparenta ser rico y poderoso, si presume de erudito, si afecta el ser justo y llevar las cosas por sus cabales. Asimismo sus procedimientos y dichos de la vida pasada. Porque de lo pasado sacamos argumento para lo presente. Algunos ponen también por lugar retórico de persona la etimología del nombre que le cupo 177 ; pero rara vez podrá sacarse de ahí argumento, y entonces será muy débil, a no concurrir otras causas

173

Por Quincio , número 93. Por Roscio Amerino , números 133, 134.

174

Allí mismo.

175

Ley Manilia , número 66. Contra Pisón , número 41. Pro Cælio , número 12.

176

Por Roscio Amerino , número 75. Por Murena , números 61, 66. Pro Cælio , números 45, 49.

177

Por Roscio Amerino sobre la del nombre Crisógono . Que los antiguos, cuya religión no tenía más estribos ni fundamentos que un encadenamiento de supersticiones y vanas observancias, hiciesen mucho hincapié en la etimología para probar que uno era bueno o malo, sencillo o solapado, etc. , ya parece era tolerable y aun preciso para ir consiguientes a sus principios. Según este argumento no era muy difícil acumular cualquier robo a Verres , pues que su mismo nombre requería que barriese y limpiase cuanto encontraba a la mano. Pero en el día de hoy sería o puerilidad o superstición necia el pretender probar que uno tiene buen corazón porque se llama Benigno , y que no cabe ninguna ruindad en los Bonifacios , ni inconsideración en los Prudencios : y al contrario, que todo ha de ser

que acrediten que lo que le atribuimos cuadra bien al nombre que tiene, como el de sabio , grande , prudente y sencillo . Así vemos que en Léntulo 178 el nombre de Cornelio parecía aciago y que le hacía sospechoso de la conjuración, pues según rezaban los pronósticos de las sibilas y las respuestas de los agoreros, la dominación de Roma había de recaer sobre tres de la raza de los Cornelios, y él creía ser el tercero después de Sila y Cina, porque él también era Cornelio. También hallamos en Eurípides que el hermano de Polinices se valió contra él de la etimología del nombre 179 , como de argumento, pero frívolo, de sus malas costumbres. Pero donde éste tiene más frecuente uso es en las chanzas, como lo usó Cicerón repetidas veces contra Verres.

De este o semejante modo son los argumentos que se sacan de las personas. Porque es imposible el recorrer todo cuanto se ofrece que decir en esta y otras materias, y nos contentamos con apuntar y mostrar el camino a los que quieran saber la cosa más a fondo.

2.º Vamos ahora a los adjuntos de las cosas, que, por ir unidas con las personas, son las primeras que debemos tener presentes. En cualquier cosa, pues, lo primero que se considera es por qué se hizo , dónde , en qué tiempo , de qué modo, o por qué medio , esto es, por quiénes.

Los argumentos primeramente pueden tomarse de las causas de un hecho sucedido ya o de una cosa que puede suceder 180 , cuya materia, que unos llaman ylen , otros dynamin , comprende

robos, trampas y zancadillas en los que tienen el apellido de Ladrones y Zorrillas . Solamente entre los poetas, y no siempre, es tolerable este juguete de los nombres.

178

Véase lo que observa Salustio en la historia de esta conjuración, capítulo 3.

179

La fuerza y etimología de la palabra Polinices es el que siempre vence y sale con la suya .

180

La causa es de cuatro modos: Material . Candelero de Júpiter. Oración 6, contra Verres, número 64. Formal . Por una y otra pondera Cicerón los hurtos de Verres. Oración 6, números 4, 72, 74, 124. Por la naturaleza del alma, que es la forma del cuerpo humano, prueba él mismo que no es temible la muerte. Pro Sextio , número 47. Asimismo que atendida la excelencia del alma, debemos evitar los deleites corporales. Oficios 1, números 105, 106. Eficiente . El deleite corporal es causa eficiente de muchos males. Libro de la vejez, números 39, 41. La opulencia de Capua lo fue de su arrogancia. 2 de la ley Agraria, número 94. Y Verres fue la causa de las maldades que cometieron sus camaradas. Oración 4, contra Verres, número 26. Final . El fin de la guerra es la paz. Filípicas 7, número 19, y el huir la esclavitud. Filípicas 8, número 12. Cicerón también aprieta a Tuberón con el fin que tuvo en tomar las armas contra César. Pro Ligario , número 9. [Según noticia de] Rollin.

dos géneros y cada uno cuatro especies. Porque comúnmente el motivo de hacer alguna cosa o es por conseguir algún bien, o por aumentarlo, o por conservarlo, o para hacer uso de él, o por huir algún mal, o vernos libres de él, o por aminorarlo, o trocarlo por otro menor 181 . Las cuales cuatro cosas importa mucho el saberlas cuando se delibera. Éstos son los motivos de hacer alguna cosa buena, porque las malas comúnmente nacen de opiniones erróneas, siendo el principio que nos mueve una cosa que, siendo perjudicial, la tenemos por buena. De aquí dimanan las opiniones falsas y las pasiones del hombre, entre las cuales las más ordinarias son: ira, odio, envidia, codicia, esperanza, ambición, atrevimiento, miedo y otras a este tenor. Júntanse a veces a lo dicho otras cosas casuales, como ignorancia y embriaguez. Las cuales, como quiera que a veces excusan la culpa, pero otras sirven para confirmarla, como si uno mató a Antonio pretendiendo matar a Juan.

Otras veces se sacan los argumentos del lugar 182 . Porque para probar alguna cosa va a decir mucho que sea llano o montuoso, que sea marítimo o tierra adentro, erial o sembrado, poblado o desierto, cercano o apartado, ventajoso para lo que se pretende o al contrario. Del cual argumento vemos que Cicerón hace mucho uso en la causa de Milón. Este y otros argumentos semejantes sirven para las del género deliberativo, pero alguna vez para el judicial: como si el lugar es sagrado o profano, público o secreto, nuestro o extraño. En las personas: si es persona pública o un mero particular, padre de familia, extranjero, etc. Porque de aquí nacen los pleitos y causas forenses; verbigracia: el que hurta de un templo, como tú lo hiciste, no cometió simple hurto, sino sacrilegio . El lugar se reduce frecuentemente a la cualidad, porque una misma cosa no está bien ni es lícita en cualquier parte. ¿Qué más? Debemos tener presente el pueblo donde se trata la causa, pues es notable la diferencia de leyes y costumbres de cada país. Sirve esto también para recomendar o vituperar la cosa. Así Áyax (Ovidio, Metamorfosis , libro 13, verso 6):

Delante de las naves pleiteamos, Y Ulises conmigo se compara.

Y Milón oyó que uno de los cargos que le hacían era el haber muerto a Clodio en el primer lugar, donde estaban enterrados sus mayores. Pro Milone , 17, 18.

181

Como el conmutar la muerte en destierro o en cárcel perpetua; el destierro de un lugar incómodo y penoso a otro no tan trabajoso; la cárcel en pena pecuniaria, etc.

182

Oración 2 de la ley Agraria, número 94. Pro Milone , número 53. Filípicas 2, números 63, 104, 105.

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