Yo sigo la opinión de muchos autores, de que la materia de la retórica es todo aquello de que se puede hablar. Sócrates, a quien introduce Platón hablando con Gorgias, parece decir que la materia de la retórica no está en las palabras, sino en las cosas. Y en el Fedro abiertamente dice que ella no se muestra solamente en los juicios y tribunales, sino aun en los asuntos caseros y cuotidianos, opinión que se conoce ser de Platón. Cicerón en un lugar dice que la materia de la oratoria es todo cuanto a ella se sujeta, aunque dice que sólo son algunas cosas. Mas en otra parte dice que el orador de todo debe hablar, por las palabras siguientes: Aunque atendida la esencia del orador y su profesión parece exigir y prometer el hablar con adorno y afluencia de palabras de cuanto se le ofrezca la ocasión 103 . Y aun dice más: el orador debe averiguar, oír, leer, disputar, tratar y ventilar cuanto ocurre en la vida humana, pues acerca de ella se versa la profesión de la oratoria y es materia suya 104 .
Ésta que nosotros llamamos materia, esto es, lo que se sujeta a la oratoria, unos dicen que es infinita; otros, que no es peculiar de la retórica: y llámanla arte vaga , porque ella habla de todas materias. Pero sobre esto no peleo; pues ellos confiesan que habla de todo, pero que no tiene materia fija, por ser muy vasta. Pero no porque sea así ha de ser infinita; pues también es vasta la materia de otras menores artes, como la arquitectura, pues se versa en todo lo que es útil para edificar: y el arte de grabar, pues trabaja ya en oro, ya en plata, ya en bronce, ya en hierro. La escultura, además de lo dicho, abarca también la madera, el marfil, mármol, vidrio y piedras preciosas. Ni deja de tener su materia la retórica, porque lo sea también de otra arte. Porque si pregunto cuál es la materia del estatuario, dirán que el bronce; si la de un fundidor de vasos , dirán lo mismo, que el bronce; y son cosa muy distinta las estatuas de los vasos. Ni la medicina deja de ser arte porque en las unturas y ejercicio corporal conviene con la de los luchadores, y aun con los artes de cocina en la cualidad de los manjares.
Ni tampoco tiene fuerza aquella otra réplica, de que la filosofía trata, como oficio suyo, de lo bueno, útil y justo, pues quien dice filósofo, ya entiende hombre de bien. Pues ¿quién extrañará que trate también de esta materia el orador, a quien no distingo del hombre de bien? Y más, cuando ya tengo demostrado que esta parte de la filosofía, que dejaron los oradores, se la apropiaron los filósofos, siendo peculiar de aquéllos. De manera que ellos han venido a meter la hoz en mies ajena.
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Del Orador , libro 1, capítulo 21.
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En conclusión, siendo materia de la dialéctica el disputar de lo que a ella se sujeta, y siendo por otra parte un discurso conciso, ¿por qué la oratoria, que es de estilo difuso, no tendrá la misma materia?
Suelen algunos decir: luego de todas las artes debe entender el orador, si ha de hablar de todas. Pudiera responderles con las palabras de Cicerón, quien dice: A mi parecer, ninguno puede llamarse orador acabado y perfecto, si no tuviere el conocimiento de todas las artes y ciencias . Pero yo me contento con que no ignore absolutamente aquello de lo que tiene que hablar, ya que no puede saberlo todo; y por otra parte debe ponerse en disposición de poder hablar de todas las causas y asuntos. Y ¿de qué asuntos podrá hablar? De aquéllos en que se hubiere impuesto de antemano. Asimismo aprenderá aquellas artes de que puede ocurrir el hablar; y sólo hablará de las que hubiere aprendido.
Pues qué, ¿no hablará por ventura un albañil de la fábrica de una casa, o un músico de la música mejor que un orador, que no entiende la materia que trata? Sin duda hablará mejor; porque un hombre del campo sin letras hablará mejor en causa propia que un orador, que ignora la naturaleza del pleito. Pero si éste se informa del músico, del albañil y del pleiteante, entonces hablará mejor que ellos. Pero cuando el albañil trate de la fábrica de la casa y el músico de su arte, si necesita probar algo, no será orador, pero hablará como si lo fuera: a la manera que cuando uno que no sabe medicina, ata una herida; el cual seguramente no será médico, pero obrará como tal.
Semejantes cosas ¿por ventura no ocurren en el género demostrativo, en el deliberativo, o en el judicial? Según esto, cuando se trató de la construcción del puerto de Ostia 105 , ningún orador debió dar su parecer, porque era obra de arquitectura. ¿No vemos que trata el orador de si los cardenales y tumores del cuerpo son indicio de indigestión o de veneno? Pues esto pertenece a la medicina. ¿Y no tratará también de números y medidas, aunque sea esto peculiar de la geometría? Creo que no hay arte alguna de que no se le ofrezca tratar al orador; y si nunca ocurriese nunca será materia suya. Por esto dije y no sin fundamento que la materia de la retórica es todo aquello de que trata, como lo prueba el lenguaje común. Pues cuando nos hemos encargado de un asunto, decimos frecuentemente en el exordio haber propuesto la materia.
No falta quien ha preguntado cuáles son los instrumentos de la retórica. Llamo instrumentos a aquellas cosas sin las que ni puede formarse la materia, ni llevarse la obra a debido efecto; pero de esto no necesita el arte, sino el artífice. Porque la ciencia para ser perfectamente tal, no necesita de
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instrumentos; pues lo será, aunque no haga ninguna obra. Pero necesita el artífice de ellos, como el grabador el buril, y del pincel el pintor. Y así dejemos esto para cuando se trate del orador.