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Auge democrático y reacción conservadora

In document Historia de Elda (página 33-45)

Las décadas 1850-60 irán desarro- llando las opciones más radicales y an- tidinásticas, demócratas y republica- nas, que pronto pasarán a un primer plano. La caída de O´Donnell (1863) y el reajuste ministerial apartó a los pro- gresistas de acceder al poder por vías legales. Faltaba una grave crisis econó- mica (1866) de amplia repercusión en la burguesía y clases populares para que los partidos progresista, demócratas y republicanos firmaran en Ostende, Bél- gica, un pacto de acción para abrir un periodo constituyente sin los Borbo- nes. Las fuerzas opositoras organiza- rán sus bases de apoyo especialmente en las localidades en que los artesanos, jornaleros y pequeños propietarios eran abundantes.

En los tres años anteriores a la Re- volución del 68 los núcleos más acti- vos anti-isabelinos fundaron asocia- ciones que prepararon la conspiración. En Alicante (1864), la Tertulia de Ali-

cante, progresista, y el Círculo de Artesa- nos, demócrata, fundado por Eleuterio

Maisonnave. Al año siguiente se pre- sentaron el Círculo Democrático de Alcoy y el Círculo Popular de Elche. Dos figu- ras influyentes en la provincia comienzan a dibujar su importante protagonismo en la Setembrina: Francisco Javier Ca- rratalá, director del diario progresista El

Eco de Alicante, y Eleuterio Maisonnave

Cutayar, fundador de la revista demó- crata Fígaro.

Los preparativos para la revolución se fueron intensificando desde las pri- meras semanas de 1868, mientras el Gobierno a través de los gobernadores civiles acentuaba las medidas de repre- sión y vigilancia política. El 18 de sep- tiembre se sublevó la escuadra anclada en Cádiz; el 21 se produjeron dos esta- llidos revolucionarios en Alicante y Al- coy. En la primera se dieron choques armados con la Guardia Civil y tropas gubernamentales que controlaron ini- cialmente el levantamiento. En Alcoy triunfó la sublevación dirigida por una junta presidida por Agustín Albors. La reacción vino pronto; se declaró el estado de guerra en el distrito militar de Va- lencia y el 27 los alcoyanos se rinden ante las fuerzas enviadas desde Valen- cia y Albacete. Albors formará una par-

tida que operará en el área montañosa de La Marina. Estas partidas revolu- cionarias prepararán en las zonas ru- rales el futuro triunfo revolucionario e inculcarán mensajes con objetivos so- ciales más radicales que confiaban con- seguir en una república federal. Desde 1866 la orla norte provincial venía sien- do zona de actuación esporádica de las partidas, o gavillas, de Palloc y de To- más Bertomeu, Tomaset de Petrer. En los últimos meses del 68 dos dirigentes ra- dicales agitarán con pequeños grupos armados: Froilán Carvajal Rueda, di- rector de La Revolución, periódico del federalismo en Alicante, ope- rando entre Elda, Villena y la Foia de Castalla, y el ilicitano Emigdio Santamaría que re- corrió Elche y la Vega Baja h a s t a e n f r e n t a r s e e n Orihuela con los guberna- mentales el 27 de sep- tiembre.

El objetivo de estos grupos era el hostiga- miento mediante la tácti- ca de guerrillas, provocar la formación de juntas revolu- cionarias y reclamar dinero y víveres a los ayuntamientos. No eran grupos numerosos; las partidas de Carvajal, Bertomeu y Pa- lloc llegaron a sumar entre doscien- tos y trescientos hombres cada una. Otras aun eran más reducidas en miem- bros y radio de acción; la del impresor José Marcili Oliver, en Alicante, y la de Camilo Pérez Pastor, en Pego. Procu- raban actuar coordinamente, con rapi- dez y cortando las vías del ferrocarril Ali- cante-Madrid y los hilos y aparatos te- legráficos. Así, el 22 de septiembre Palloc y sus hombres se encontraban en Be- neixama de donde pasó a Biar, mientras que la partida de Tomás Bertomeu y Carvajal entraban en Elda, quemaron un retrato de Isabel II, formaron una jun- ta revolucionaria y salieron hacia Mo- nóvar con sesenta y tres duros y siete ca- rabinas.

Momentáneamente el gobierno isa- belino dominó la situación, pero tras el triunfo de los insurrectos en Alcolea las autoridades ni intentaron mante- nerse en los cargos. El 21 de septiembre el gobernador civil huyó de Alicante y se disolvió el Ayuntamiento; los revo- lucionarios tomaron el poder en los principales pueblos de la provincia y

Eleuterio Maisonnave, político alicantino cercano a Emilio Castelar.

constituyeron juntas que asumían la autoridad local. La composición de la junta alicantina reflejaba la dualidad social presente en el proceso. Los re- publicanos harán suyas las reivindica- ciones de los grupos populares y de sec- tores de la pequeña burguesía que que- darán plasmadas en los programas de las juntas, pero también en éstas esta- ba la burguesía dirigente que no perderá el control del proceso político. Unio- nistas, progresistas y los republicanos más moderados mantendrán a las jun- tas dentro de límites que no pusieran en peligro sus intereses económicos y la hegemonía social.

El 4 de octubre se celebraron por pri- mera vez elecciones por sufragio uni- versal masculino para los mayores de veinte años. En Alicante ciudad los republicanos obtuvieron el 53% de los votos, el 47% restante fue a los parti- dos monárquicos. El 5 de octubre se celebró elecciones para la Junta Revoluciona- ria de la Provincia que quedó forma- da por Tomás Es- paña Sotelo, mo- nárquico, presi- dente, Eleuterio Maisonnave, repu- blicano, secretario, y los vocales José Pove- da Escribano, José Gar- cía López, José Rizo, José Marcili Oliver, Juan Mas, José Vicient, Francisco Min- got, José Maria Soler, Rafael Chamorro, Vicente Galiana, Sabas Pi- nillos, Manuel Ausó Monzó, Joaquín Guardiola, Anacleto Rodríguez, Anto- nio Penalva y Gaspar Beltrán.

La junta electa asumió atribuciones provinciales, se encargó de supervisar la formación y elecciones de otras juntas locales. También procuró prioritaria- mente la conservación del orden pú- blico en la ciudad y la provincia. En el ámbito rural fue más difícil conseguir- lo. La junta provisional de Alicante di- solvió la guardia rural y solicitó a los je- fes de las partidas revolucionarias que garantizasen el orden y la propiedad; pero el radicalismo social de estas par- tidas armadas, compuestas por jornaleros en paro comandados por republicanos federales, inquietaron a la burguesía

que acordó la disolución de estas gavi- llas; éstas no lo aceptaron y continua- ron activas. La Columna Republicana de Carvajal se mantuvo hasta enero de 1869 para evitar levantamientos carlis- tas; la tensión llegará al enfrentamien- to abierto entre las partidas y los diri- gentes locales cuando la Diputación ordenó a los ayuntamientos que dis- pusieran medidas para garantizar la propiedad y el orden público. En estos momentos la acción de las juntas ani- madas por los sectores más moderados de la burguesía, se desligaba y enfren- taban a los republicanos más radicales.

La moderación de este órgano vol- vió a manifestarse cuando el 21 de oc- tubre el Gobierno provisional desde Madrid decretó la disolución de las jun- tas locales y obedeció sin resis- tencias. A partir de este mo- mento se estabilizó el fun-

cionamiento

administrativo provin- cial. El 21 de noviem- bre, bajo la presiden- cia del gobernador ci- vil Manuel González Llana, tomaron pose- sión los diputados provinciales de Ca- llosa d´En Sarrià, Dé- nia, Pego, Dolores, Orihuela, Villajoyosa, Jijona, Villena, Alican- te (Rafael Ausó), Elche (Emigdio Santamaría), Alcoy (Rafael Santonja) y Monóvar, que incluía a Elda, representada por el antiguo progresista y terrateniente vina- tero Joaquín Verdú Pérez.

Disueltas las juntas, en las eleccio- nes municipales de diciembre del 68 con sufragio universal masculino, las candidaturas republicanas obtuvieron la mayoría en Alicante, Elche y Alcoy, mientras que los monárquicos consi- guieron los núcleos rurales del interior. El 1 de enero del 69 tomaba posesión de la alcaldía alicantina el republicano Eleuterio Maisonnave, figura decisiva en la orientación moderada que adoptó el republicanismo. Desde la deposición de Isabel II la dinámica provincial estará protagonizada por dos grandes forma- ciones políticas que pondrán en práctica las dos formas de gobierno del Sexe- nio: la monarquía constitucional y la república, basadas en el sufragio uni- Retrato de Alfonso XII.

versal. Los primeros estarán constitui- dos por los unionistas y los progresis- tas, reorganizados en otoño del 68 al for- mar el Partido Monárquico Liberal, más tarde denominado Constitucional, nom- bre del diario alicantino que será su portavoz desde octubre de 1871 y ex- ponente del liberalismo sagastino en los primeros años de la restauración.

Los republicanos crecerán en la ciu- dad de Alicante con la fusión a finales de octubre del 68 de dos sociedades de- mócratas, el Circulo de Artesanos y Los

Amigos de la Libertad. También en el res-

to de la provincia se fundarán centros republicanos, destacando los de Elche, Alcoy y Elda, para difundir el mensaje republicano y organizar los comités electorales. Contaban con una compo- sición heterogénea que derivará en la división interna que afrontará el repu- blicanismo entre 1869-73, y que en los inicios de la Restauración desemboca- rá en diversas organizaciones políticas. Agrupaba a capas de la pequeña bur- guesía local, a jornaleros, artesanos y obreros, junto con miembros de la alta burguesía comercial y de negocios, los fabricantes alcoyanos del textil y grupos vinateros ligados a la producción y ex- portación de caldos a los mercados eu- ropeos, preferentemente al francés.

A lo largo del Sexenio se publicarán varios periódicos vinculados a las di- versas tendencias republicanas; algu- nos con proyección provincial, entre los que destacan La Revolución, El Dere-

cho y El Deber, La República Española, El Municipio, El Nuevo Municipio y El Inde- pendiente. Hasta enero de 1870 el co-

mité electoral republicano se encargó de la coordinación del partido en la pro- vincia y la ciudad de Alicante, para en- tonces constituir un comité provincial. Los republicanos federales de ésta im- pulsaron la fundación de clubs federa- listas en las pequeñas poblaciones que sirvieran de redes de apoyo electoral a sus candidatos y medios de formación política. El club republicano de Elda estaba presidido por José Joaquín Gon- zález Amat junto a otros eldenses, Juan Antonio Maestre, Gaspar Santo Baeza, José Payá Olcina y Francisco Santos Fe- rrando.

Del 15 al 18 de enero tuvieron lu- gar las elecciones a diputados a Cortes. El comité republicano presentó como candidato a Emilio Castelar Ripoll, muy conocido en Elda, Elche, las lo-

calidades del Vinalopó y Alicante y apo- yó al resto de las candidaturas repu- blicanas presentadas en su circuns- cripción: Emigdio Santamaría, Ramón Lagier Pomares, Eleuterio Maisonnave y José Fernando González. La candi- datura oponente monárquica presen- taba a Francisco Javier Carratalá, Tomás Capdepón Martínez, Luis Santonja Crespo, Antonio Rivero, Julián Espi- nós, Tomás España Sotelo, José Reus García y Juan Antonio Rascón. La ma- yoría de votos a la opción monárquica se tradujo en un mayor número de di- putados; por la circunscripción de Ali- cante (incluía a Elda) resultaron elec- tos Carratalá, Capdepón y Santonja y los republicanos Emigdio Santamaría y Maisonnave; por la circunscripción de Alcoy sólo el republicano Agustín Albors y los monárquicos Antonio Romero Ortiz, Nicolás María Rivero y José Abas- cal. En general, los monárquicos ga- naron en las áreas rurales mientras que los republicanos lo hicieron en los nú- cleos urbanos. Igualmente éstos se in- clinaron por candidatos locales (Elche, Santamaría, Alcoy, Albors y Alicante, Maisonnave) frente a la figura presti- giosa e influyente en la capital de Cas- telar, quien favorecerá la ascendente carrera política del joven Maisonnave (1840-90).

La aprobación por las Cortes re- sultantes de la Constitución de 1869 y de la monarquía democrática no fue aceptada por amplios sectores de las bases republicanas proclives al federa- lismo y a la confrontación con los mo- nárquicos. La ruptura definitiva de la coalición antidinástica se planteó con crudeza a raíz de los pactos federales y la insurrección de octubre de 1869. Des- de mayo los federales de la provincia se integraron en el Pacto de Tortosa suscrito por representantes de los te- rritorios de la antigua Corona de Ara- gón. Los tres diputados por Alicante también firmaron el Pacto, aunque hi- cieron público un escrito en el que pe- dían conservar la calma y el orden. La suspensión de las garantías constitu- cionales en abril y una sublevación car- lista a comienzos del verano del 69 ge- neraron un tenso ambiente que provo- có la preparación de la insurrección federal de octubre. La base organizati- va la proporcionó la red de clubs o cír- culos republicanos federales que se mul- tiplicaron durante estos meses por las

Portada de la Constitución Española de 1876, que restauró la Monarquía.

comarcas, tanto en las principales lo- calidades como en pequeños núcleos rurales. En el Vinalopó y su entorno se fundaron círculos en Alicante, Jijona, Al- coi, Alcoleja, Agres, Villena, Sax, Petrer, Monóvar, Novelda, Aspe, Pinoso, El- che, Crevillente y Orihuela. En Elda el

Club Republicano Federal se instaló en la

planta baja del Casino. Era su presi- dente Francisco Rico; secretario, Anto- nio Vidal; vocales, Bonifacio Pérez, Gas- par Santo, Pedro Romero, Luis Juan y José María Neza.

La figura de Castelar se popularizó en extremo en estos momentos. El 24 de noviembre visitó Elda recibiendo una amplia acogida por sus simpatizantes. Al día siguiente fue a Alcoy y recibió idéntico reconocimiento en proporción al número de sus habitantes, 15000 per- sonas le esperaban, según el periódico federal de Alicante La Revolución, que en polémica con el diario madrileño

Las Novedades argumentaba la exacti-

tud del número de quienes le aclamaron. Las manifestaciones se sucedían por casi todas las comarcas con un fren- te común de reivindicaciones; pedían la abolición del injusto sistema de recluta (las quintas y las matrículas de mar), la abolición de la esclavitud en Cuba, la se- paración de la Iglesia y del Estado y la república federal. El 5 de diciembre se produjo un movimiento de estas ca- racterísticas en Crevillente. El 6 en Ali- cante fueron siete mil manifestantes republicanos. Y el lunes 8 en Petrer qui- nientas personas tras una gran bande- ra roja con el lema República Federal par- tieron desde la plaza de la Constitu- ción, –donde el alcalde José Rico Amat animó a la pronta instauración del fe- deralismo–, hacia la plazuela de la ermita de San Bonifacio; allí Francisco Ponti y Tomás Bertomeu pronunciaron dis- cursos de agitación. El 9 de diciembre este último y sesenta y siete republica- nos más, en nombre de Villena, Petrer, Agost, San Vicente y Aguas de Busot, ele- varon un escrito al presidente del Go- bierno provisional en el que reclamaban que se realizasen todas las aspiraciones del programa revolucionario procla- mado en septiembre, y advertían de que de no ser así le retirarían cualquier apo- yo.

El movimiento federalista tuvo su articulación clave con la reunión y fir- ma en Tortosa, el 18 de mayo de 1869, de un Pacto que pretendía ser el inicio

de la construcción de la República. El co- mité republicano de Alicante se adhirió a los acuerdos al día siguiente de ser firmados. El 27 del mismo mes el comité republicano nacional declaró su com-

pleta adhesión al acuerdo tomado en Torto- sa por las provincias que compusieron la an- tigua Corona de Aragón, y pidió a los de-

más comités que desarrollaran la

Confederación Ibérica. Al día siguiente

los diputados republicanos de Aragón, Cataluña y Valencia declararon en Ma- drid que en este movimiento federal no hay

peligro alguno para la unidad de la patria, para la unidad de nuestra España [...] sino culminar la unión federal con Portugal y co- menzar la construcción de Los Estados Uni- dos de Europa. Además de Pi i Margall, Fi-

gueras y otros, firmaron los diputados Agustín Albors, Emigdio Santamaría, Castelar y Maisonnave.

La Constitución fue aprobada por las Cortes el 6 de junio del 69; parale- lamente el pretendiente carlista Carlos VII avisaba desde París de nuevos alza- mientos, que en nuestro entorno fueron focos muy localizados en pequeños nú- cleos de la sierra Aitana y en las inme- diaciones de Monovar; fácilmente fue- ron controlados por los Voluntarios de la Libertad de Alcoy y Cocentaina, fuer- zas de la Guardia Civil y del grupo de To- más Bertomeu. El mes de octubre fue el de las sublevaciones federales, espe- cialmente en Aragón, Cataluña, Valen- cia, Murcia y Andalucia. Las partidas comandadas por Bertomeu (Tomaset), Ca- milo Pérez Pastor, Palloc y Froilán Car- vajal actuaron sin éxito frente a la re- presión gubernamental que fusiló a éste en Ibi y destituyó a los ayuntamientos de Alcoy, Alicante y Elche. La influen- cia de Maisonnave al desautorizar los pla- nes de Carvajal desanimó a muchos fe- derales. Antes de morir Froilán comentó que le secundaron los pocos, pero buenos

hijos de Alicante, junto con los republi-

canos de San Vicente, Villena, Novel- da, Monovar, Petrer y Elda.

El fracasado levantamiento repu- blicano produjo una profunda escisión que acabó con el Pacto Federal de Tor- tosa y los que le siguieron. La posición de Pi i Margall resultó fortalecida pese a crecer la tendencia unitaria represen- tada por Castelar y Maisonnave, alcal- de nuevamente de Alicante tras las elec- ciones de enero de 1870. En marzo una asamblea general del partido eligió un directorio de orientación federal, al que Escudo de Elda en 1884.

se enfrentaron los unitarios oponiendo una Declaración de la Prensa suscrita por los periódicos republicanos madrile- ños (7 de mayo). Los enfrentamientos personales y una agotadora disputa ideológica se extendieron por todos los ámbitos republicanos. El Círculo Republicano de Alicante con su comi- té cerró filas en torno a Maisonnave abierto partidario del unitarismo de- fendido por Castelar; pero no así los clubs federales más radicales que de- sautorizaron al comité local. El propio Comité Republicano Federal de la Pro- vincia de Alicante quedó dividido entre los seguidores del directorio del parti- do y los que se adherieron a la Decla- ración de la Prensa. Los primeros con- taron con el apoyo de las organizacio- nes de Torrevieja, Villafranqueza, Villajoyosa, La Nucia, Callosa d´En Sa- rrià, Calpe, Tàrbena, Benifallim, Sax y el comité federal del distrito de Monó- var, integrado por José Aparicio (Mo- nóvar), Joaquín Llorens (Novelda), Fran- cisco Ponti Villaseca (Petrer) y los re- presentantes de Elda José Payá y Francisco de Paula Rico.

Promulgada la Constitución de 1869, las Cortes aprobaron una amplia legislación que debía desarrollar los principios constitucionales y demo- cratizar el funcionamiento de las insti- tuciones del Estado hasta el nivel de la gestión municipal. La inestabilidad gu- bernamental, la guerra de Cuba y la in- surrección carlista obstaculizaron los proyectos que intentaron afianzar la monarquía de Amadeo de Saboya (no- viembre 1870-febrero 1873). El rey fi- nalmente abdicó y el Congreso y el Se- nado, reunidos en asamblea nacional, proclamaron la República de forma or- denada y pacífica.

Se mantuvo el aparato estatal he- redado de la monarquía mientras no se aprobase una nueva constitución. Pron- to se hizo evidente el contraste entre el Gobierno, preocupado por el mante- nimiento del orden, y las bases federa- les frustadas en sus intentos de cons- truir un nuevo Estado de abajo hacia arriba que atendiese sus reivindicacio- nes sociales inmediatas: reparto de tie- rras, abolición de las quintas y del im- puesto de consumos, reducción de la jor- nada y aumentos salariales, protección del trabajo infantil y enseñanza obli- gatoria gratuita. En el seno de los re- publicanos se fueron perfilando los co-

nocidos como benévolos e intransigentes, según se optase por la lentitud del pro- ceso constituyente o la inmediata pro- clamación del federalismo. Las elec-

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