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Las fuerzas políticas

In document Historia de Elda (página 148-152)

En Elda, como en todo el Estado, el franquismo de estos años siguió siendo un régimen dictatorial de partido úni- co (el conglomerado ultraderechista Fa- lange Española de las JONS, reconver- tida oficialmente en Movimiento Na- cional), pero en él es fácil distinguir distintas orientaciones políticas y cen- tros de poder, cuyos miembros pudieron ejercer en exclusiva la gestión política del sistema y exponer su ideología, siem- pre y cuando mantuviesen la sumisión (adhesión inquebrantable, si se quiere) a los dictados del Caudillo.

El Consejo Local del Movimiento contaba con representantes de un con- junto de variopintas instituciones fa- langistas y similares, como los delegados de la Central Nacional Sindicalista, el Frente de Juventudes, los Excomba- tientes, los Excautivos, Auxilio Social, el Servicio Español del Magisterio, la Guar- dia de Franco y la Sección Femenina, que solía aportar la única mujer del Consejo. A ellos se unían representan- tes del Ayuntamiento, de los sindicatos y de las familias, que se reunían una vez al mes para tratar diversos temas, loca- les o no, teniendo únicamente carácter consultivo. Acostumbraba celebrar ac- tos conmemorativos en fechas señaladas como la proclamación de Franco como jefe del ejército rebelde durante la Gue- rra Civil o, especialmente, la de la muer- te de José Antonio Primo de Rivera –fun- dador de Falange–, con misa, ofrenda de flores en la Cruz de los Caídos y poco más, casi siempre de carácter interno y sin ninguna repercusión externa. Sus diferentes secciones se ocupaban de mantener el control de la sociedad por parte de los falangistas; así, el control de

niños y jóvenes varones se seguía ejer- ciendo a través del Frente de Juventudes, reconvertido en la OJE, que controlaba las clases de Política y de Educación fí- sica en las escuelas y organizaba actos de- portivos y campamentos veraniegos, todo ello con una marcada orientación paramilitar (escuadras, uniformes, es- tandartes...); del control social e ideo- lógico de la mujer se encargaba a la Sec- ción Femenina del partido, que en lo educativo era el complemento de la OJE, aunque también controlaba el sucedá- neo femenino del servicio militar, el Ser- vicio Social Obligatorio para las chicas. La fiscalización del magisterio, ejerci- do por el SEM, fue perdiendo fuerza y, poco a poco. tanto la Junta Municipal de Enseñanza como los actos del Día del Maestro pasaron a ser gestionados por el Ayuntamiento. Aunque el Consejo Local dirigía el funcionamiento del par- tido único en Elda, en la segunda mitad de los años sesenta ya se celebraron dis- tintos actos de grupos concretos, inte- grados en el Régimen y consentidos por éste, que trataban de diferenciarse po- líticamente; así, en Elda celebraron ac- tos públicos tanto los tradicionalistas del Círculo Adolfo Claravana (que trajo a Ma- ria Teresa de Borbón Parma y organizó peregrinaciones carlistas a Montejurra) como los falangistas doctrinarios afi- nes a Cantarero del Castillo o Diego Márquez, en los que realizaban diver- sas críticas teóricas al sistema que les mantenía.

La Iglesia católica seguía siendo el gran aliado del Régimen a través del lla- mado nacionalcatolicismo, mediante el cual una obtenía un trato absoluta- mente privilegiado como religión ofi- cial del Estado y el otro conseguía la le- gitimación práctica que le permitía con- seguir el apoyo o la conformidad de una amplia base social. En muchos actos públicos costaba distinguir los aspec- tos litúrgicos de una confesión y los po- líticos de un régimen dictatorial. Am- parándose en el apoyo oficial, el catoli- cismo local –que sólo disponía antes de la Guerra Civil del templo arrasado en 1936– contaba ya con cuatro nuevas pa- rroquias en 1968, tras la inauguración de San Francisco de Sales. Los sectores clericales tradicionales siguieron tor- pedeando el derecho al culto de los es- casos protestantes locales y conside- rando simple anécdota la voladura de la cabeza de la mahoma durante las fies- Roque Calpena, concejal,

director de FICIA y senador de UCD.

tas de moros, o considerándose jueces y garantes de la moral pública a todos los niveles; sin embargo, poco a poco se produjeron algunos cambios, como el derribo de la tapia que separaba las tumbas de los no católicos en el ce- menterio municipal, tras la libertad de cultos permitida en 1968.

A principios de los años sesenta to- davía se mantiene el catolicismo victo- rioso de las santas misiones, de las jor- nadas marianas como la que en junio de 1961 reunía a millares de personas al paso por Elda de la maredeueta valen- ciana, o de las confirmaciones masivas del obispo Barrachina con posteriores charlas en algún cine local. A finales del franquismo, siguiendo las directrices renovadoras del Concilio Vaticano II, la Iglesia fue adoptando nuevas formas de presencia social y atenuando su vin- culación con la dictadura. Así, su ac- tuación en el campo educativo, aunque llegaba a todas las escuelas, se centró especialmente en los sectores sociales acomodados, a través de centros como el de las carmelitas y especialmente la Sa- grada Familia, que desde 1966 pasa a ser dirigida por los jesuitas; otras formas de presencia eficaz se ejercían a través de alguna sala de cine, de la antigua Ra- dio Elda (sita en la Inmaculada) o del Cine-fórum Pracix, un auténtico espa- cio para la convivencia. En una ciudad eminentemente fabril, las nuevas pa- rroquias se ubicaron en barriadas y sur- gieron grupos cristianos obreros muy ac- tivos, como la HOAC, más soportados que bien vistos por la jerarquía ecle- siástica y por el catolicismo tradicional y bienpensante; finalmente, se trató de abrir un cauce de acercamiento hacia los grupos más marginados, como los gi- tanos, con la creación de un centro edu- cativo de Caritas en La Tafalera, que pronto consiguió la evangelización de al- gunas familias.

El nacionalcatolicismo local siguió representado hasta su muerte en 1966 por don José María Amat, cuyas bodas de plata como sacerdote se convirtie- ron en todo un acontecimiento social, con bendición papal y besamanos ma- sivo incluidos; el cura Amat, claro ex- ponente de la Iglesia vencedora, omni- presente protagonista en todas las inau- guraciones oficiales, no llegó a ver al nuevo templo de Santa Ana, cuya re- construcción dirigió con firmeza, con- vertido en sede del arciprestazgo de

Elda, logrado en la nochevieja de 1968. Sin embargo, Amat Martínez fue sólo el ejemplo paradigmático entre otros mu- chos sacerdotes locales claramente ali- neados con el poder, a veces de forma más radical o servil: Tomas Rocamora, por ejemplo, en 1964 en un poema en Valle afirma que «Caudillo que con su espada /

forjó a la España nueva/ (...)/ País con más libertad/ no existe en toda la tierra...». El

otro extremo, el de los sacerdotes abier- tos a las transformaciones del concilio, podría estar perfectamente representa- do por Francisco Coello, que en 1964 es nombrado ecónomo de la parroquia de San Francisco de Sales, todavía en un lo- cal provisional del mercado del barrio; desde el primer momento convirtió a su parroquia en un referente del com- promiso con los más débiles, el respeto a los derechos humanos y las ideas de- mocráticas. La homilía en el funeral de Teófilo del Valle, joven muerto por dis- paros de la policía en febrero de 1976, en las primeras semanas de la transi- ción política, será el momento históri- camente más significativo de su paso por aquella parroquia.

La organización sindical franquis- ta continuó con su función durante es- tos años, justificándola con un idílico dis- curso que pretendía armonizar los in- tereses de todos los agentes sociales como miembros de una entidad común superior. Es cierto que, en esos años, como afirma Calpena en 1965, «carecen

de autoridad», dentro de la estructura

del Estado, pero su misión es algo más que «provocar reuniones, celebrar consul-

tas...»: se trata de controlar en favor del

Régimen todas las actividades econó-

El Pizarro de balonmano, en la Pista Paz. En su origen, pertenecía al Frente de Juventudes de Falange (Archivo EMIDESA).

micas, de fiscalizar la acción empresarial y de reprimir cualquier intento de or- ganización autónoma de los trabaja- dores. En los años sesenta, ya no tratan de recuperar el modelo de funciona- miento gremial supuestamente basado en organizaciones medievales, que en el caso de Elda supuso el fomento del cul- to a los santos zapateros Crispín y Cris- piniano, tan decaído a la altura de 1970 que la concejalía de Aguas debía encar- garse de organizar la fiesta, tal vez por- que la ermita lindaba con el depósito. En la práctica, los sindicatos participaban en la corporación a través del tercio sin- dical, aunque también hubo gente fuer- temente vinculadas a ellos que accedió por el tercio de entidades y aún por el fa- miliar, se predicaba la defensa de los in- tereses de todas las clases, pero los con- cejales sindicales fueron casi exclusiva- mente empresarios y, pese a su escasísimo número, los funcionarios del vertica-

lismo que llegaron a concejal fueron muchos más que los obreros del calza- do.

El día a día de los sindicatos siguió controlado por el Delegado Comarcal –un funcionario del régimen no elegi- do por los afiliados sino nombrado des- de Madrid, que lo cambiaba con exce- siva frecuencia– y los burócratas a su car- go. El Delegado Local era elegido teóricamente por representantes obre- ros y patronales, y siempre fue un pa- trono, aunque en 1967 los delegados obreros presentaron un candidato pro- pio al que votaron todos ellos. La or- ganización fomentó algunas iniciati- vas como la creación en 1961 del Insti- tuto de Estudios Sociales (embrión de la actual Escuela de Relaciones Labo- rales), la integración de la antigua Co- munidad de Regantes de la Huerta de Elda en su estructura o la construcción de un centro sindical de Formación Profesional en La Torreta.

La autonomía de funcionamiento era nula, lo que hizo que hasta los em- presarios zapateros tratasen de poten- ciar desde 1965 una organización pro- pia, la Federación de Fabricantes, que sólo consiguió ser aprobada –como Agrupación Sindical, es decir, remar- cando su dependencia– a finales de 1970, con ámbito supracomarcal, aun- que con predominio del empresariado eldense y escasísima presencia de ilici- tanos. Pese a ser impulsada inicialmente por Roque Calpena en el breve tiempo que dirigió la CNS, la patronal del cal- zado pronto comenzó a polemizar con los órganos directivos de FICIA: tras la crisis de 1973, el enfrentamiento sote- rrado era ya tan fuerte que la organi- zación ferial impulsó un periódico –el

Nuevo Ciudad–, desde el que difundir

sus tesis y enfrentarse a la dirección na- Una visita del obispo a Elda en

1961 (Archivo EMIDESA).

Antigua sede de la CNS, el sindicato vertical franquista; hoy alberga la sede de CCOO y de CNT, esta última antigua dueña del solar (Archivo EMIDESA).

cional del Sindicato de la Piel y a la Agrupación eldense. En realidad, el sin- dicalismo franquista trató siempre de controlar una feria que, surgida como una modesta iniciativa local, alcanzó tal entidad que llegó a constituirse en un símbolo económico, al que no podía permitir funcionar libremente; a su vez, los gestores feriales trataron de impo- ner sus condiciones a quien quisiese participar en los certámenes, lo que ge- neraba malestar en muchos empresarios. Las presiones externas, los intereses que buscaban deslocalizar FICIA vieron fa- cilitada su labor por la división de los propios dirigentes zapateros eldenses. Los obreros siempre supieron que los sindicatos franquistas sólo eran una manera de controlar sus movimientos y reivindicaciones. Los ejemplos po- drían ser todo lo numerosos que se quiera: la mesa electoral en la elección de delegados en 1960 fue presidida por el jefe de cada empresa; el cargo de Jefe Local o el nombramiento de concejal es- taban poco menos que vetados para ellos; los convenios solían decidirse a es- paldas de la práctica totalidad de obre- ros... En torno a 1966, sindicalistas obreros representativos trataron de in- tegrarse en el verticalismo, en un in- tento democratizador que no obtuvo éxi- to; así, algunos miembros del futuro Movimiento Asambleario, como José Leal o Fernando Cabrera ocupan cargos de responsabilidad o forman parte de la comisión negociadora del convenio; en 1967, Vicente Belmonte es candi- dato a Delegado Local, empatando a votos con el candidato patronal; el 1 de mayo de 1968 decenas de obreros inician un conato de manifestación, que acabó con la detención de varios de ellos y el encarcelamiento de Sánchez Ba- rragán. Al final de franquismo, cente- nares de obreros participaban en dis- cusiones y actos sobre la situación la- boral y general, de forma más o menos organizada, más o menos activa; pero lo hacían al margen de una organización sindical anquilosada e inoperante, cuya desaparición solía pedirse al final de cada protesta.

Algunas otras entidades o grupos, de naturaleza no política, también man- tuvieron una presencia activa en la vida local. Entre todos ellos destaca en estos años el Centro Excursionista Eldense, constituido en 1956 y auténtico foco de actividades de todo tipo, no solo mon-

tañeras. Así, pronto contó con seccio- nes tan variadas como arqueología o filatelia; en 1967 lanza su plan de cons- trucción de una Ciudad Deportiva pro- pia, sin parangón a escala provincial; en 1968 impulsó Amigos de la Música y en los setenta puso en marcha el Par- que de Montaña de Rabosa. Desde el CEE, que se convirtió en la mayor en- tidad local de libre afiliación, con mi- les de asociados, se llegó a impulsar –aunque no oficialmente– una candi- datura a las elecciones municipales de 1973, que mejoró la participación y ob- tuvo un notable éxito.

Los medios de comunicación, prác- ticamente inexistentes en la primera posguerra, alcanzaron una influencia creciente. En 1956 nace Valle de Elda, que aún continúa publicándose; no sólo supuso un medio de difusión de todo tipo de noticias locales sino que, desde sus orígenes, constituyó también un canal de expresión para diversas opi- niones –en aquellos tiempos, casi siem- pre de carácter muy conservador–, siem- pre defensor de los intereses locales y trampolín de apoyo para distintas ini- ciativas, entre las que destaca especial- mente la de organizar una exposición del calzado local, que acabó desembocan- do en la FICIA. Otras iniciativas infor- mativas menores fueron el Diario de la

FICIA –de carácter económico, sólo pu-

blicado los días del certamen– o Nuevo

Ciudad, semanario de concepción mo-

derna, que dio cabida en sus páginas a todo tipo de opiniones y temas, pero que sólo se publicó en 1974. Los diarios de

Ciudad deportiva del Centro Excursionista Eldense (Archivo EMIDESA).

ámbito provincial o regional fueron ampliando las informaciones relativas a la ciudad, especialmente La Verdad, de la Editorial Católica, que publicaba varias páginas sobre Elda y tenía aquí re- dacción propia desde mediados de los sesenta, lo que lo convirtió en el dia- rio más leído de la ciudad durante mu- chos años, muy por delante de Infor-

mación, que en aquellos años era el por-

tavoz del Movimiento en la provincia. En 1956 surgieron los primeros in- tentos de radio local, en un primer mo- mento vinculados al Frente de Juven- tudes, el Radio Estudio de corta y desor- denada existencia; en 1959, en locales de la parroquia de la Inmaculada co- menzó a emitir Radio Elda, con nota- ble éxito hasta que en julio de 1965 fue clausurada, cuando el régimen reorde- nó la radiodifusión nacional. Ajenas al ámbito local, las emisiones de televi- sión, que en Elda se recibieron de for- ma experimental a partir de 1962, con- tribuyeron a cambiar los comporta- mientos sociales, en un doble sentido: por un lado, como instrumento del po- der político, difundiendo su ideología y fomentando la distracción masiva y acrítica; por otro, mostrando nuevos usos y costumbres, desde la vestimen- ta o la música a las imágenes de socie- dades capitalistas más desarrolladas, que transformaron los hábitos tradi- cionales.

Una época de luces y de

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