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Hacia las primeras elecciones municipales

In document Historia de Elda (página 174-177)

Aprobada la Constitución en di- ciembre de 1978, se convocaron elec- ciones generales y municipales, y co- menzó a hablarse de candidatos: el del PSOE, García Blanes, sorprendía con unas declaraciones en las que afirma- ba que su condición de empresario «no

está reñido con el socialismo. Lo dijo Pablo Igle-

Manifestación masiva a favor de una mejora de la escolaridad en Elda. Octubre de 1977 (Archivo EMIDESA).

sias cuando fundó el Partido, que estaba abier- to a todos, sin exclusiones, si lo hace con bue- nas intenciones»… En las elecciones ge-

nerales de 1979 –en las que práctica- mente se repitieron los resultados de las celebradas en junio de 1977– hubo algún incidente cuando elementos de extrema derecha intentaron retirar una bandera republicana en un mitin del MCPV y se puso ya de manifiesto la cer- canía de USO a UCD, pues el sindicato prestó sus locales para un coloquio de Gamir sobre los problemas del calza- do; además, varios dirigentes de USO se entrevistaron en Madrid con los mi- nistros Fernández Ordóñez, Calvo Or- tega, García Díez, Abril Martorell y Ro- dríguez Sahagún, lo que se interpretó como un acto claramente electoralista. Mientras tanto, en el terreno labo- ral, se producía una huelga de marro- quinería y la negociación del convenio del calzado. CCOO y UGT propusieron que sólo estuvieran representadas en la mesa de negociación los sindicatos que tuvieran un 10% de afiliados en el sec- tor, USO y Sindicato Unitario (SU) lo re- ducían al 5% y la CNT se oponía a cual- quier reducción: cada sindicato opina- ba en función de su implantación en el sector. A finales de enero de 1979 se reunieron en Elda representantes esta- tales de las Federaciones del sector de UGT, CCOO y USO para unificar cri- terios ante el convenio. Se hablaba de so- licitar un aumento salarial entre el 16 y 19% y, al parecer, surgió cierta psicosis de que podría repetirse la conflictivi- dad social de los dos últimos años: en una asamblea celebrada en el Polideportivo de Elda, a la que asistieron unos mil trabajadores, hubo ya veladas amena- zas de huelga, a pesar de que en algún punto concreto –la aplicación del au- mento del 18% sobre incentivos– se ha- bía llegado a un acuer-

do entre FICE y los sin- dicatos.

De otro lado, la De- legación Provincial de Trabajo organizó unos cursillos para parados que produjeron en Elda una auténtica rebelión de los obreros, que ale- gaban que esos cursillos que no eran exactamen- te de formación profe- sional, sino de «forma-

ción precultural»: sólo un

15% de los que firmaban como prueba de su asistencia entraba a las clases de cul- tura general, mientras que el resto se quedaba charlando, fumando o escu- chando música. En el fondo, se intentaba también controlar el clandestinaje. Pero la mayoría de los parados, con subsi- dios que oscilaban entre las 15.000 y las 22.000 pesetas, aseguraban que se veían obligados al trabajo clandestino para poder mantener a su familia.

La Asamblea de Mujeres de Elda- Petrer, que mantenía en alto la bande- ra del feminismo con diversas actua- ciones, preparó, en el Día Internacio- nal de la Mujer Trabajadora, una jornada de denuncia, porque «no es justo que la mu-

jer trabajadora tenga una doble jornada: en casa y en la fábrica». Poco después, iniciaba

una campaña contra la Ley del Divorcio que proyectaba la UCD, que considera- ba insuficiente.

En las elecciones municipales de abril de 1979, se produjo un claro triun- fo del PSOE, que alcanzó más del 40% de los votos: la nueva corporación de- mocrática –compuesta por diez conce- jales del PSOE, cinco del PCE, ocho de UCD y dos de Coalición Democrática– reconoció por unanimidad el impor- tante papel jugado en la transición por Francisco Sogorb, al que algún periodista calificaba de «primer alcalde de la demo-

cracia». Merced al pacto municipal sus-

crito entre PSOE y PCE fue elegido al- calde Roberto García Blanes.

Mientras tanto, seguía discutién- dose el convenio del calzado, que se fir- mó a mediados de abril y fue calificado por algunos representantes sindicales como uno de los mejores de los últimos tiempos. De otro lado, se celebró en La Tafalera el IV Encuentro de las Asocia- ciones de Vecinos del País Valenciano, con representantes de 95 Asociaciones. Pese

Roberto García y Vicente Maestre, primeros ediles democráticos del

posfranquismo. Dos alcaldes para un solo entorno urbano: una relación difícil y necesaria (CEFIRE).

a las esperanzas puestas en el gobierno municipal democrático, pronto surgie- ron roces entre las Asociaciones de Ve- cinos y la nueva corporación, que mos- traba su disposición a colaborar con ellas, pero sin permitir que rebasaran sus límites de gestión.

La celebración del 25 de abril y del Primero de Mayo fueron apoyadas des- de el gobierno municipal de izquierdas; se izó la senyera en el Ayuntamiento y alcalde y concejales de izquierdas to- maron parte en la manifestación unita- ria del Primero de Mayo. Esta oficializa-

ción de determinadas fechas contrastaba

con la disminución de la participación popular en las actividades políticas y sindicales: en julio, apenas cien personas respondieron a una convocatoria de CCOO para manifestarse contra la po- lítica económica del gobierno. También los responsables de la Casa de la Juven- tud –que venía funcionando desde no- viembre de 1977– se quejaban de la es- casa ayuda que recibían y señalaban cómo iba disminuyendo la participa- ción de los jóvenes en sus actividades culturales y deportivas. Y en octubre, hubo una concentración ante el Ayun- tamiento en la que varios partidos y sin- dicatos solicitaron que una plaza de la ciudad llevase el nombre de «País Va- lencià», aunque en general la Diada trans- currió entre la indiferencia general.

En septiembre de 1979, hubo pro- blemas al inicio del curso escolar y nu-

merosos maestros de la localidad y de la vecina Petrer se concentraron para pedir la dimisión del Ministro, porque había más de mil quinientos alumnos sin cla- se por falta de pupitres; la Asociación de Vecinos de Cuatro Zonas-Barrio Es- tación lanzó un duro comunicado: «Ve-

mos sorprendidos que todo sigue igual».

El «desencanto»

Frente a esa falta de participación en las tradicionales actividades políticas y sindicales, los grupos de izquierda más activos plantearon nuevos temas, des- de la lucha contra las centrales nuclea- res hasta la despenalización del aborto o el paro juvenil. Sólo ante la grave cri- sis del calzado –sector en el que seguían los cierres– cerca de cuatro mil perso- nas se manifestaban, en diciembre, para exigir soluciones: se decía que en la co- marca cerca de sesenta empresas había solicitado suspensión de actividades en una sola semana y a primeros de 1980 se había doblado el número de perceptores del seguro de desempleo. Se decía, tam- bién, que con la reestructuración del sec- tor podían desaparecer hasta ocho mil puestos de trabajo. UGT, CCOO y USO negociaron el convenio, pero sólo lo fir- maron en marzo UGT y USO, junto a la patronal FICE, que continuaba su po- lémica con FICIA. En los meses siguientes, continuó la crisis –que afectó a empre- sas de la importancia de «Pedro García» o «Palizzio Bonilla»– y en septiembre se reunió en Madrid una comisión tripar- tita –gobierno, sindicatos y patronal– para analizar la cuestión.

Las disensiones entre los sindica- tos se agravaron con la salida de nu- merosos afiliados de USO y su paso a CCOO: Roque Miralles aseguró enton- ces que esos abandonos favorecían a USO puesto que le liberaban de gentes de extrema izquierda. En la manifesta- ción del Primero de Mayo de 1980 tam- bién se evidenciaron esas disensiones y CCOO se negó a firmar el comunicado final.

Hubo por estas fechas, mayo de 1980, varias acciones terroristas en Elda: una bomba en la plaza de Castelar, un artefacto lanzado contra la librería «Mar- tín Fierro» y un asalto con robo a los lo- cales de la CNT; en alguno de ellos, sus autores dejaron signos fascistas. En ese sentido, la presencia en Elda de Fuerza Nueva provocaría algunos enfrenta- Boletín Informativo de las

Asociaciones de Vecinos de Elda en 1981 (Archivo EMIDESA).

mientos e incidentes, sobre todo cuan- do se produjo la inauguración de su sede, meses más tarde.

En la vida municipal, hay que se- ñalar que los intentos de fortalecer la Mancomunidad entre Elda y Petrer no cuajaron, pese a que ambas corpora- ciones estaban gobernadas por el PSOE que no supo poner de acuerdo a García Blanes y Maestre, alcaldes respectivos de las dos ciudades. Además, había ro- ces entre los concejales comunistas y los socialistas –en concreto, en torno a una Semana de la Juventud en la que el alcalde impidió que se repartiese un ma- nifiesto ecológico porque contenía crí- ticas sobre la política municipal de zo- nas verdes–, y las Asociaciones de Veci- nos criticaban a la corporación por no haberles consultado en la elaboración de presupuestos y por su actitud en torno al tema de las contribuciones especiales. A finales de diciembre de 1980 se dio a conocer el documento básico elaborado por la comisión tripartita sobre el cal- zado, que reconocía la crisis y propo- nía, entre otras cosas, una fuerte inver- sión de administración y empresarios en promoción y publicidad, un aumento del 30% en la productividad y del 6% en los salarios, moratorias de pago a la Se- guridad Social, créditos para comprar maquinaria, jubilación anticipada en algunos casos, etc. Ese documento fue criticado por USO y ya en enero de 1981 se celebró una marcha contra la crisis, apo- yada por partidos y sindicatos de iz- quierda para conseguir «la supervivencia

de la ciudad», gravísimamente afectada por

la crisis del calzado. Asistieron unas dos mil personas, con la corporación mu- nicipal al frente: las pancartas protes- taban contra los cierres fraudulentos, los expedientes indiscriminados, las re- gulaciones sin sentido y el empeora- miento de las condiciones laborales.

En el terreno municipal, en el Ayun- tamiento de Elda todos los grupos mu- nicipales acordaron la supresión del yugo y las flechas del Monumento a los Caídos en la localidad, pero solo el PSOE y el PCE votaron a favor de que, en lu- gar de llamarse «Plaza de la Cruz de los Caídos», se denominara «Parque de la Concordia».

El golpe de Estado de 1981

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