republicana
El nuevo Gobierno español del fi- nal de la Dictadura necesitaba recupe- rar la legalidad constitucional y convocó elecciones municipales mediante el real decreto del 13 de marzo de 1931 para, después, convocar elecciones genera- les. La elecciones municipales estuvie- ron reguladas por la Ley de 1877 y la Ley electoral de 1907, que permitían la par- ticipación de cualquier partido legali- zado y el voto universal masculino para
los mayores de 25 años, así como la presentación de candidatos obreros y de clases medias.
Los comicios se celebraron el 12 de abril de 1931 en Elda como en el resto de España. Ganó las elecciones la coalición republicano radical socia- lista con 15 concejales electos de un total de 18, mientras que la coalición monárquica sólo consiguió 3 conceja- les. Entre los concejales monárquicos
El republicanismo eldense alcanzó su momento de gloria en 1932 cuando el presidente de la República Niceto Alcalá Zamora estuvo en Elda para colocar la primera piedra del monumento a Castelar (Archivo EMIDESA).
Procesión del Cristo del Buen Suceso, ante el ayuntamiento, en 1933.
electos estaba el exalcalde Francisco Alonso Rico, que sólo obtuvo 60 vo- tos, y entre los de la coalición ganado- ra, el socialista Luis Arráez que obtuvo 774 votos y el republicano Vicente Gil Navarro con 768 votos, por ejemplo.
Las calles de Elda se llenaron de banderas republicanas, como en el res- to del país, el rey Alfonso XIII se mar- chó al exilio y el 14 de abril se procla- mó la II República Española y se ins- t a u r ó u n G o b i e r n o P r o v i s i o n a l republicano en Madrid. El primer Ayun- tamiento republicano de Elda se cons- tituyó el 15 de abril de 1931 con ca- rácter provisional y transitorio ante el cambio de régimen. Lo integraron los concejales electos el 12 de abril y fue ele- gido alcalde el concejal más votado en las elecciones municipales, Emérito Maestre que había recibido 845 votos. El nuevo Ayuntamiento cambió nom- bres emblemáticos de calles y plazas de la ciudad y abrió un expediente ad- ministrativo sobre la gestión municipal de los años de la Dictadura.
El 11 de mayo de 1931 estalló en toda España el anticlericalismo conte- nido durante la época de la Dictadura y gestado desde los tiempos de las re- voluciones liberales del siglo XIX. En Elda, la violencia anticlerical se cebó en la iglesia de Santa Ana el 12 de mayo, que fue asaltada e incendiada, y en los domicilios particulares también asal- tados del exalcalde y jefe de la Unión Pa- triótica Francisco Alonso y del párro- co Luis Abad Navarro.
La coalición electoral no era una coalición de gobierno municipal y no tardaron en llegar las discrepancias en el seno de la Corporación Municipal, so-
bre todo después de lo sucedido en la iglesia de Santa Ana, en los domicilios particulares de políticos y de destaca- dos católicos y el inicio de la búsque- da de responsables. El alcalde dimitió el 6 de julio de 1931 y, tras unas vota- ciones reñidas entre Vicente Gil y Aqui- lino Bañón, fue elegido nuevo alcalde Vicente Gil Navarro el 16 de julio de 1931. Las tensiones y desacuerdos con- tinuaron y Vicente Gil dimitió el 3 de diciembre del mismo año. Finalmente, fue elegido alcalde Aquilino Bañón Sáez el 12 de diciembre, el cual renun- ció un año más tarde, el 12 de enero de 1933, ante la falta de colaboración de los radicales en el Gobierno local. El radical Joaquín Vera Pérez fue elegido para sustituirlo el 9 de febrero de 1933 y permaneció en el cargo de alcalde hasta 1934.
Pese a las discrepancias de partidos y tendencias, Elda era indudablemen- te republicana, como corroboraron los resultados de las elecciones a Cortes constituyentes celebradas el 28 de ju- nio de 1931, poco después de las mu- nicipales. El candidato más votado en las generales fue el republicano inde- pendiente Carlos Esplá seguido por el candidato del Partido Republicano Ra- dical Socialista aliado con el PSOE y por el del Partido Republicano Radical. El republicanismo eldense alcanzó su mo- mento de gloria cuando el presidente de la República Niceto Alcalá Zamora estuvo en Elda el 16 de enero de 1932 para colocar la primera piedra del mo- numento a Castelar, al que el republi- cano eldense José Aracil Romero tantos esfuerzos y dinero había dedicado des- de los tiempos de la Dictadura, y visi- tó las fábricas de calzado para escu- char las necesidades de la industria. La pujanza del lerrouxismo condujo, el 14 de abril de 1932, a la inauguración del Círculo Republicano Radical de Elda presidido por Joaquín Vera Pérez y la constitución de la Agrupación Fe- minista Radical presidida por Mercedes Domínguez Blanco. Por su lado, el Par- tido Republicano Radical Socialista contó con el liderazgo y actividad de Ángel Vera Coronel, que fue recom- pensado con los cargos de gobernador civil en Cádiz, Cáceres y Zaragoza. La Juventud Republicano Radical Socialista publicó, desde mayo de 1931, el sema- nario Horizonte. La Agrupación Socia- lista de Elda también progresó. En oc- Acciones del Banco de Elda,
constituido en 1933 para financiar la industria local del calzado (Archivo EMIDESA).
La nueva Estación del ferrocarril de Elda se terminó de construir durante la II República, pasando en 1933 a denominarse de Elda- Petrer a petición del Ayuntamiento de Petrer (Archivo EMIDESA).
tubre de 1931, alcanzó los 90 afiliados y, el 19 de junio de 1932, se constituyó la Federación Provincial de Juventu- des Socialistas cuya Comisión Ejecutiva tendría la residencia en Elda y edita- ría el semanario Rebelión.
La República fue una etapa de cre- cimiento económico, urbano, cultural y poblacional para Elda. La ciudad su- peró los 18.000 habitantes en 1935. Se editaron las revistas culturales El Cro-
nista de orientación obrera, Elda Ex-
traordinario y Albor de orientación bur- guesa republicana. El Orfeón Sinfóni- co Eldense desarrolló su actividad entre 1932 y 1935. El Banco de Elda abrió sus puertas en 1933, se edificó una casa cuartel para la Guardia Civil, CAMPSA instaló un surtidor de gasolina, se inau- guró el Grupo Escolar, hubo notables mejoras urbanas y prolongación de ca- lles e, incluso, se empezaron los nichos del cementerio. También se terminó de construir la Estación de Ferrocarril de Elda, que pasó a denominarse de Elda-Petrer a partir de 1933 a petición del Ayuntamiento de Petrer y como consecuencia del avance conseguido por el desarrollo de la conurbación de Elda-Petrer y su trama de relaciones y focos de atracción.
Sin embargo, el progreso estuvo acompañado por un crecimiento de la conflictividad social y política como jamás había experimentado la ciudad. El despido de 70 trabajadores de la fá-
brica de Guarinos en 1931 provocó una huelga y, en mayo, 149 obreros cene- tistas del calzado se declararon en huel- ga para que se reconociese su sindica- to. Los anarcosindicalistas se ha- bían reorganizado el mismo mes de abril de 1931 y pro- movieron inmediatamente actos revolucionarios para intentar recuperar el pro- tagonismo perdido du- rante la Dictadura y com- batir el sistema, ahora re- publicano. Sus actividades se iniciaron en Elda en 1931 con la publicación de Proa como medio de pro- paganda y con acciones com- bativas que no cesaron a lo largo de la II República. En 1931, la CNT ya no era el gran sindicato ma- yoritario de 1919 y contaba con poco más de 1.000 afiliados ahora. La UGT le disputaba filiación y creció hasta su- mar casi los 1.000 afiliados en 1934. Un momento especialmente duro fue el enfrentamiento de los anarcosindica- listas contra los socialistas producido el 6 de abril de 1932 con motivo de un mitin socialista en el Coliseo España de Elda, que los anarcosindicalistas boi- cotearon violentamente. El 19 de mayo de 1932 hubo una huelga duramente re- primida por la Guardia Civil y el 10 de mayo de 1933 se lanzaron bombas en el entierro de José Joaquín Amat. Tras las
Niña vestida de marianica, como se denominó popularmente a estas alegorías republicanas (Archivo EMIDESA).
Manifestación de las organizaciones obreras en los meses previos a la Guerra Civil (Revista Fiestas Mayores).
elecciones generales del 19 de noviem- bre de 1933, que ganó la CEDA, los anarcosindicalistas respondieron con nuevos atentados, que en Elda costa- ron la vida a dos personas durante la huelga del 8 de diciembre de 1933. La represión del nuevo Gobierno español hizo que la UGT y la CNT acercasen sus posiciones y constituyeran la Alian- za Obrera en febrero de 1934 y que la Fe- deración Provincial de Juventudes So- cialistas reunida en Elda el 25 de fe- brero de 1934 optase por la insurrección revolucionaria contra el nuevo Go- bierno. La insurrección estalló final- mente en octubre de 1934, coincidien- do con los sucesos de Asturias, y fue duramente reprimida. El 27 de marzo de 1935, en el Consejo de Guerra cele- brado en Alicante, fueron condenados a prisión 4 eldenses detenidos por los he- chos de octubre de 1934.
Los políticos de las oligarquías de los partidos tradicionales de la Res- tauración, desarticulados por la Dic- tadura y perdedores en las elecciones municipales y generales de 1931, se ha- bían reorganizado y habían articula- do una fuerza política nueva entre 1931 y 1933. En 1933 la nueva fuerza, la De- recha Regional, abrió un centro en Elda y, tras la estructuración nacional de los diversos partidos regionales en la CEDA el 28 de febrero de 1933, ésta se implantó en Elda bajo la presidencia de Pedro Vera Vidal y, más tarde, de Tomás Pellín Palomares, que había presidido la Juventud de Acción Popular de la localidad vinculada a la CEDA.
La victoria electoral de la CEDA en las elecciones generales de noviembre de 1933 motivó que los partidos republi- canos se reorganizasen para intentar responder a la derrota sufrida a manos de los herederos de la oligarquía tradi- cional. En abril de 1934, se constituyó la Izquierda Republicana de Azaña para intentar unir a los republicanos y en- frentarse a la CEDA victoriosa. El el- dense Angel Vera Coronel y sus corre- ligionarios se situaron en esta línea po- lítica azañista. Los concejales Aquilino Bañón y Maximiliano García se defi- nieron como lerrouxistas radicales. Los republicanos no consiguieron la uni- dad ansiada y, en agosto, hubo otra es- cisión dentro de los radicales y, en ene- ro de 1935, se estableció en Elda el Cír- culo de Unión Republicana presidido por Joaquín Vera Santo.
El gobierno aprovechó las insu- rrecciones de octubre de 1934 para sus- pender al alcalde y los concejales del Ayuntamiento de Elda mediante orden gubernativa el 25 y 29 de octubre de 1934 y encarcelar a los más significati- vos. Acto seguido, el gobernador civil nombró una Comisión Gestora presi- dida por Enrique Puigcerver Foglietti, que permaneció en el cargo de alcalde hasta julio de 1935, en que lo sustitu- yó Juan Lorenzo Calpena. Tras estos hechos, el republicanismo eldense en- tró en una fase de crisis, aunque Fran- cisco Beltrán siguió fiel al Partido Re- publicano Radical de Lerroux en 1935 pese a su pacto de Gobierno con la CEDA. Los republicanos independien-
Crédito para la construcción del cuartel de la Guardia Civil, emitido en 1933 (Revista Fiestas
tes eldenses también vieron con bue- nos ojos que el Partido Republicano Independiente de Joaquín Chapaprieta entrase en el Gobierno. Los radicales pagaron cara su colaboración con la CEDA y, en las elecciones de 1936, su pre- sencia en Elda quedó como algo testi- monial con un grupo presidido por Ro- dolfo Guarinos Vera. Los republicanos independientes desaparecieron de la escena política. En el campo contrario, se había ido articulando la Falange bajo la jefatura local de Luis Batllés.
La izquierda y los republicanos no lerrouxistas ni independientes se re- organizaron en el Frente Popular, jun- to a socialistas y comunistas, y ganaron las elecciones generales del 16 de fe- brero de 1936, en las que el semanario socialista Rebelión de la segunda época sirvió de medio de propaganda para el Frente Popular. Inmediatamente, se li- beró a los presos políticos de octubre de 1934, cesó la Comisión Gestora del Ayuntamiento y se repuso en sus car- gos a los concejales y alcalde anteriores, es decir, al alcalde Joaquín Vera que fa- lleció de muerte natural el 17 de mayo de 1936 en su domicilio, poco antes de que empezase la Guerra Civil.
La ciudad de la guerra de
1936 a 1939
Cuando empezó la Guerra Civil Española con la sublevación militar del 18 de julio de 1936, el alcalde de Elda era Vicente Gil, que había sido elegido a propuesta de Unión Republicana tras el fallecimiento de Joaquín Vera, y los obreros del calzado de la conurbación de Elda y Petrer estaban en huelga ante la crítica situación por la que atravesaba la industria en aquellos momentos. Pese a que la huelga fue desconvocada por el recién constituido Comité An- tifascista que detentaba el poder real de la localidad, los obreros la continuaron hasta la primera semana de agosto de 1936. Cuando terminó la huelga, de las 90 fábricas que había en la conur- bación de Elda y Petrer, solamente las grandes sociedades anónimas de Ro- dolfo Guarinos, José Martínez y Pedro Bellod se habían mantenido activas con subcontratas de producción en los pueblos vecinos, mientras que los pe- queños industriales estaban descapi- talizados. Estos últimos, con la ayuda del Comité Antifascista, constituyeron
una sociedad mercantil limitada el 18 de agosto de 1936 denominada SICEP (Sindicato de la Industria del Calzado de Elda y Petrer) y dedicada a prestar re- cursos financieros, materias primas y co- mercializar el calzado de los pequeños empresarios asociados, que pusieron en marcha nuevamente sus empresas. Por el contrario, los gerentes de las grandes sociedades anónimas aban- donaron sus fábricas ante el desarrollo de los acontecimientos de julio y agos- to de 1936.
Como respuesta contra el levan- tamiento militar de la derecha espa- ñola, empezó un proceso de revolu- ción social, violencia política, repre- sión y venganzas personales en toda España, que en Elda se saldó con ex- polios de los locales de la Derecha Re- gional, de la Iglesia y de las residencias de destacados cedistas, católicos e in- dustriales como Rodolfo Guarinos y Antonio Porta, la destrucción de la iglesia de Santa Ana y el asesinato de un cabo, 4 guardias civiles y 28 personas de ideología antirrepublicana, como el jefe local de Falange Luis Batllés o el cura párroco Luis Abad. La mayoría de los industriales y personas de destacada significación derechista huyeron o se es- condieron en los pueblos cercanos para salvar la vida.
Elda permaneció durante toda la guerra en la zona fiel a la II República. El poder municipal pasó a manos de los partidos IR, PSOE, PCE y de las orga-
Gente de la FAI a principios de la Guerra Civil. Obsérvese la exaltación de la violencia (Archivo EMIDESA).
nizaciones sindicales revolucionarias CNT y UGT, que constituyeron el Con- sejo Municipal Antifascista el 26 de agosto de 1936, después de los días de descontrol, incertidumbre y violencia incontrolada que se desarrolló entre el 18 de julio y el 26 de agosto de 1936. Los sindicatos y los partidos citados ha- bían armado a sus asociados para de- fender la II República contra los gol- pistas y controlaron la ciudad me- diante el Comité Antifascist a. El Consejo Municipal absorbió al citado Comité y sustituyó al viejo Ayunta- miento. Lo conformaron 5 concejales asociados de cada sindicato mayori- tario respectivamente, 2 de IR, 2 del PSOE y 1 del PCE. Fue elegido presi- dente del Consejo Municipal Antifas- cista el primer obrero alcalde de Elda, Manuel Bellot Orgilés, que fue llama- do a filas en el verano de 1938. Lo sus- tituyó en la Alcaldía otro obrero, Ma- nuel Vera Rico, que se incorporó a fi- las como el primero en enero de 1939 y lo sustituyó Manuel Alberola Caste- lló, el último alcalde de Elda del perio- do de la guerra.
La guerra supuso la llegada al po- der municipal de las organizaciones del movimiento obrero, que no sólo controlaron la política local sino que in-
tentaron desarrollar sus proyectos de re- volución social y económica en com- petencia con las prioridades de una economía de guerra y de los sectores me- dios republicanos partidarios del ca- pitalismo. Los partidos católicos que ha- bían agrupado los intereses y el perso- nal político descendiente de la oligarquía de la Restauración fueron duramente perseguidos y se disolvieron; la mayo- ría de los partidos republicanos se vo- latilizaron, excepto la Izquierda Repu- blicana de Azaña que contaba con 2 concejales en el Consejo Municipal; y los partidos del movimiento obrero se consolidaron y crecieron, incluso, el PCE, que tenía una escasa presencia antes de la guerra, se desarrolló como fuerza política alternativa a los anar- cosindicalistas y a los socialistas y lle- gó a contar con 230 afiliados en 1938. Los anarcosindicalistas publicaron in- mediatamente Nuevo Rumbo y los so- cialistas, iniciaron la tercera época del semanario Rebelión para propagar sus ideas e informar a la población local. La ciudad no padeció los efectos di- rectos de las acciones de guerra, no fue bombardeada nunca, y se convirtió en una ciudad de retaguardia por exce- lencia. A Elda llegaban noticias de los frentes de combate y se producía calzado El Consejo Municipal de Elda
puso en circulación billetes de 1 peseta, de 50 y de 25 céntimos en 1937 para resolver los problemas motivados en el comercio por la carencia de estos valores en la circulación de las monedas del Gobierno (Archivo EMIDESA).
y armamento para la guerra, se esta- blecieron Hospitales de Sangre, se al- bergó alrededor de 500 refugiados en- tre los que había numerosos niños de Madrid, se intentó remediar la caren- cia de moneda fraccionaria con la emi- sión de monedas locales de necesidad en 1937 y se desarrollo un proceso re- volucionario cada vez más tenue, a me- dida que los jóvenes más revoluciona- rios se marchaban al frente.
El ejemplo más conocido de las iniciativas revolucionarias fue la so- cialización de las principales fábricas de calzado. Los trabajadores de las so- ciedades anónimas más importantes de Elda (Rodolfo Guarinos, José Mar- tínez, Pedro Bellod, Francisco Rivas y Pablo Maestre), afiliados en propor- ciones similares a UGT y CNT, con- fiscaron las fábricas abandonadas por sus gerentes, las pusieron en marcha y se dedicaron a producir calzado para el Ejército republicano con el concur- so de la Escuela de Artes y Oficios de Elda. Así se constituyó Industrias de la Piel Socializadas de Elda que emplea- ba a 2.800 trabajadores en 1937. Las ges- tiones del SICEP no dieron los resul- tados esperados, porque los pequeños empresarios se dedicaron a producir cal- zado civil, y la pujante Industrias de la Piel Socializadas, que adquirió el mar- co legal de Cooperativa Obrera de la In- dustria del Calzado y Similares el 2 de octubre de 1937, compró el negocio de ventas del SICEP por un millón y me- dio de pesetas el 31 de mayo de 1938. Un hecho extraordinario fue la adaptación para la producción de ar- mamento de los talleres pequeños me- talúrgicos que asistían a la industria za- patera y reparaban vehículos. La Coo- perativa Metalúrgica UGT llegó a fabricar 120 granadas diarias y las In- dustrias Socializadas de Metalurgia CNT, 40 por semana con dificultades. La CNT estaba más interesada en aten- der las necesidades de la industria del calzado que la de armamentos. Ade- más, durante la segunda mitad de 1938 y como consecuencia de la ocupación por las tropas franquistas de la pro- vincia de Castellón, el Gobierno deci- dió trasladar, a petición del Comité Comarcal del PCE con sede en Elda, las fábricas nº 11 y 22 de la Subsecretaría de Armamentos a la conurbación de