No obstante, las organizaciones de mujeres de la región Caribe, como las del resto de país y de América Latina, se vieron enfrentadas muy tem prano a la disyuntiva entre la autonomía (frente a los partidos, sindicatos y agremiacio nes de clase a las que pertenecían sus compañeros de lucha) y la “doble m i litancia”. En 1984 las tensiones entre las autónomas y las partidistas llevaron finalmente a la ruptura, y las primeras se organizaron en el Colectivo de M u jeres de Barranquilla; luego vería la luz la Revista Chichamaya, producto del Colectivo com o expresión del pensamiento femenino.
236 Entrevista realizada en Barranquilla a Rafaela Vos Obeso y Ligia Cantillo, del Centro de Documentación Meira Delmar, Universidad del Atlántico, octubre de 2005.
237 Rafaela Vos Obeso, “Perfiles sociológicos e históricos del movimiento social de mujeres en la costa Caribe colombiana", en Revista Chichamaya, No. 13, p. 7, Barranquilla, Universidad del Atlántico, 1997.
Se produjo una ruptura porque yo m e asfixiaba dentro de estas estructuras. Al fin y al cabo en estas militancias la mujer se mantenía en el rol tradicional. [...] En un discur so de apertura y de cierre, renuncié, pues no aceptaba la manera en que ellos [varo nes dirigentes de izquierda] querían redireccionar el pensamiento de las mujeres [...] e hice mi ruptura en los años ochenta.238
El Colectivo de M ujeres de Barranquilla nació con una clara vocación académica: “concientizar a las mujeres sobre su historia a través de la creación de grupos académicos y de discusión, vinculando más mujeres al movimiento feminista, promoviendo la formación académ ica y difundiendo derechos de la m ujer”,239 como lo describe Rafaela Vos:
Muchas de las mujeres que éramos y somos académicas, organizamos en nuestros espacios, nichos deliberativos a los que les cambiábamos la estrategia: unas veces éramos grupo amplio, otras veces como colectivo...
Muchas mujeres del magisterio y universitarias, por cualquier cosa de la vida, tenían relaciones con hombres que tenían militancia; en esa militancia los hombres se fue ron por su propio camino, las mujeres tomaron otro proceso de crecimiento per sonal dentro del fem inism o y empezaron a organizar diferentes frentes, y ya sea al interior del magisterio, al interior de las universidades, pero también servían de apo yo a los sindicatos. Había muchas maestras que sus fines de semana iban a hacer activismo en los sectores obreros porque apoyaban la huelga u otra cosa. Las or ganizaciones de base eran de una militancia m últiple en donde se ampliaba el es pectro, y fuim os m uy estratégicas porque también teníamos que sobrevivir en unos medios tan consen/adores.
[...] después nos organizamos alrededor de la Revista Chichamaya. Fundamos el Cen tro de Documentación, hacíamos alianza con mujeres, por ejemplo, del voluntariado.
Las partidistas siguieron en su labor de crear comisiones femeninas en los sindicatos, y con un fuerte trabajo político popular. Así nacieron grupos
238 Entrevista a Rafaela Vos Obeso.
239 Rafaela Vos Obeso, “Colectivo de Mujeres de Barranquilla”, en “Mujeres que escribieron el siglo XX”, Revista En Otras Palabras, No. 7, Bogotá, enero-junio de 2000, p. 158.
como la Organización La Mujer, promovida por Ketty Gordon, Nasly y Nelly Palomo, con incidencia en Cartagena, Sincelejo, M ontería y Ovejas. La pre sencia y el reconocimiento de la O rganización La M ujer se mantuvo hasta co mienzos de los años noventa, y fue uno de los pocos grupos fem inistas de la costa que participó en el primero y segundo Encuentros Feministas de Am é rica Latina y el Caribe, realizados en Bogotá y Lim a (Perú) en 1981 y 1983, respectivamente.240
Los grupos de mujeres que se gestaron entre los años setenta y ochenta en Barranquilla y en las otras ciudades de la costa Caribe siguieron diversas trayectorias, que de alguna forma se relacionan con los orígenes de su mili- tancia y el desarrollo político y cultural de su contexto, en ocasiones en con sonancia con otras dinámicas nacionales, tanto del movimiento de mujeres como de otros procesos políticos del país. Reconociendo la com plejidad de la trama que surge de estas dinámicas, se pueden delinear los trazos gruesos de esas trayectorias en Barranquilla, así: unas continuaron en la línea predom i nantemente académica, desde la Universidad del Atlántico, el Centro de D o cumentación para la Mujer Meira Delmar, creado en 1995; otras abrieron un importante trabajo de promoción, formación y capacitación de diversos sectores sociales, no sólo profesionales sino también sectores populares urbanos, a tra vés de alianzas con entidades gubernamentales y otras organizaciones de mu jeres, algunas feministas, otras no; en este proceso han participado las mujeres presbiterianas,241 las negritudes, las organizaciones de paz, voluntariados fe meninos, entre otros. Otra línea la constituyen quienes siguen la trayectoria del trabajo popular con grupos y organizaciones de base, promoviendo el desarro llo, la educación, la capacitación, y en general m ejores condiciones de vida de las mujeres y sus familias, dentro de su militancia partidista y/o feminista. De estos procesos me ocuparé más adelante.
240 Yusmidia Solano Suárez, Regionalización..., op. cit., p. 82.
241 En la conversación surgen nombres: las del presbiterio con Gloria Ulloa y las de las negri tudes con María Victoria Cassiani, cuya organización lleva el nombre de Angela Davis, la líder norteamericana. Y la explicación del caso a la pregunta de las presbiterianas: el protes tantismo también tuvo su división en la teología de la liberación, esta corriente [...] estaba conformada por mujeres que trabajaron en procesos culturales y de base con la gente más vulnerable, que posteriormente confluyó en el movimiento ciudadano que llevó a la Alcaldía a Bernardo (“el Cura”) Hoyos.
Es im portante, sin em bargo, anotar que unas y otras, académ icas y activistas, pese a las diferencias de énfasis y perfiles, refuerzan m utuam en te un trabajo que am plía el espectro de las intervenciones y los grupos de m ujeres sobre las cuales confluyen sus acciones. Particulares coyunturas m arcarían nuevos énfasis en tales intervenciones, com o ha ocurrido prác ticam ente en todo el país con el problem a del desplazam iento forzado por efectos del conflicto arm ado. Igualm ente, otras coyunturas han constituido oportunidades de confluencia y apoyo m utuo, com o las fechas de conm e m oración en las organizaciones fem inistas, convertidas en celebraciones ge nerales: el 8 de m arzo, Día Internacional de la Mujer, el 25 de noviem bre, Día de la No V iolencia contra las M ujeres, y otras fechas especiales de la agenda fem inista.
También algunas de ellas migran por razones de trabajo o de estudio, y luego se radican en otras ciudades, como fue el caso del grupo Combate Mu jer, algunas de cuyas integrantes en los ochenta se radicaron en Bogotá y die ron paso a la creación de la Asociación M ujeres en Acción, que existió entre 1980 y 1990.242 Esas transmigraciones resultan en ocasiones ventajosas para te jer nuevas relaciones con otras organizaciones de los órdenes nacional e inter nacional, relaciones que redundan también en el ámbito regional.