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Orocomay suena soñador, como a abundancia, a la exuberancia de la sierra, a lo exótico de los paisajes de este Magdalena que tiene todos los climas del mundo en 200 kilómetros a la redonda. "Oro" se me hace como a valioso, a grande, y lo "may" como a tierno, como a nuestro [...] ¡Puro sacrilegio! Es una libre interpretación con nuestra mentalidad occidentalizada de un nombre de una cultura prehispánica. Orocomay es el nombre de una cacica de una tribu de mujeres amazonas, que quisimos rescatar del olvido.

Yusmidia Solano Suárez Es difícil escapar al embrujo de las palabras de las mujeres de la Corpo­ ración Orocomay (1991), como ellas al del mar y el paisaje de la Sierra Nevada de Santa Marta. Celebro el sentim iento y la capacidad de sorprenderme con ese mundo que no me es ajeno. No sé cómo lo hacemos, pero las cosas más sencillas, cercanas y cotidianas se transform an con la m agia de las palabras, y aunque mucha gente proteste por lo que voy a decir, lo diré: M acondo no lo inventó García Márquez: existe en la ensoñación de cada nativo de la región Caribe colombiana.

Volviendo a la historia del grupo de mujeres de Santa Marta, sorprende encontrarse con el documento269 cuyo fragm ento abre esta página, el cual re­ coge además, en unos cuantos párrafos, los antecedentes de este grupo surgi­ do de la amistad, la solidaridad y opciones de vida que son también políticas. “Nos juntam os para compartir sueños, poemas, regalos, fiestas, fogatas, tor­ tas, conocimientos, expectativas. Pero también estamos dispuestas a asumir la tristeza y la nostalgia cuando llegan, separadas como estam os de nuestros nexos afectivos más fuertes.

Contra toda suposición etnocéntrica, de que en la costa sólo convoca la “rumba”, estas mujeres se reunían para discutir temas varios, comentar la pro­ gramación cultural en la ciudad, asuntos de interés locales o globales: la Con­ ferencia Mundial sobre M edio Ambiente (Brasil, junio de 1992), la lectura de libros feministas, los problemas ambientales más cercanos (la Ciénaga Grande

269 Nace Orocomay, grupo de mujeres de Santa Marta, y así se titulan las dos hojas amarillas, sacadas de los archivos y firmadas el 1 de agosto de 1991, por Yusmidia, a secas.

y la m uerte de los manglares por la construcción de la carretera Barranquilla- Santa Marta).

Santa Marta y, en general, la costa Caribe colombiana, han sido terreno fértil para la pervivencia de tradiciones patrimonialistas y clientelistas de la política, y los m ovim ientos sociales están im buidos por estas prácticas, poco reflexionadas por los propios activistas, sean hombres o mujeres. Así las cosas, im pulsar m ovim ientos por los derechos de las mujeres es toda una experien­ cia renovadora pero en contravía, en un contexto cultural y político adverso. Las demandas de las gentes por sus derechos son objeto de transacciones y negociaciones a través de las cuales los políticos de oficio m antienen sus clien­ telas y obtienen a su vez prebendas burocráticas; los derechos siguen siendo “favores” que ellos “conceden”, y de lo cual no se salvan las mujeres en polí­ tica. Este contexto, a la vez que ilustra las condiciones en las que las promo­ toras se encuentran en Santa Marta, muestra también las limitaciones para el movim iento de mujeres y sus posibilidades de participación en los espacios de “poder”.

Elvira Camacho, coordinadora de Orocomay en el m omento de la entre­ vista, responde a las inquietudes planteadas por este trabajo, abre los cajones de archivo, unos libros de actas y otros docum entos de esa época, y lee: “La inquietud nace el día 8 de marzo del 91, Día Internacional de la Mujer. Ini­ cialm ente nos denominamos Mujeres Activas, posteriormente surgieron otros nombres, en un concurso de nombres, con tarjetón y todo”.

En un texto más formal, Yusmidia Solano narra que en Santa Marta

[...] se crea el 8 de marzo de 1991, la Corporación de Mujeres Orocomay, legalizada mediante Personería Jurídica No. 508 del 23 de junio de 1992 de la Gobernación del Magdalena. Surgió ante la necesidad de promover la defensa de los derechos de las mujeres, transformar la situación de desigualdad en que éstas viven, para apoyar con servicios de asesoría psicológica, jurídica y de formulación de proyectos a mujeres ur­ banas y rurales, y para ofrecer servicios cualificados de capacitación e investigación a la comunidad local, regional y nacional.270

270 Yusmidia Solano, Regionalización..., op. cit. Este mismo documento registra los nombres de sus fun­ dadoras: Myriam Rincón Reina, María Andrea Hernández, Gloria Carmona, Angélica Fahrem- berger, Adriana Santos Martínez, Gloria Mejía Duque, Leda Mendoza Sotomayor, Yusmidia Solano Suárez, Monique Facuseh, Gloria Barrera Arias y Diana Patricia Salazar. Después de

insisto en la pregunta a Elvira Camacho, la m ás antigua en la organiza­ ción: ¿Pero qué las congrega, qué las junta?

Cuando llegan a Santa Marta se dan cuenta que es una ciudad quieta, no tropie­ zan con absolutamente nada. [Lo que las reúne] es la misma necesidad de hacer cosas. Porque la ciudad no ofrece nada; casi todas eran profesionales, Miriam, que ahora está en Europa, era artesana y trabajaba en el grupo en igualdad de condicio­ nes. Ella también es poeta, trabajaba en teatro. Es la necesidad de amistad y de es­ pacio cultural y social.271

La participación de Yusmidia Solano, que viene del m ovim iento de m u­ jeres del orden nacional, y la llegada de otras mujeres, hace que la Corporación tome nuevos rumbos y se plantee nuevas tareas ante la necesidad de apoyar a las mujeres víctimas de la violencia intrafamiliar y del conflicto armado, y ofrecer servicios a las organizaciones de mujeres de la región. Esto se hace por medio de la capacitación, el acompañamiento, la investigación, la promoción, la divulgación, la realización de campañas y la conm em oración de fechas es­ peciales, como son el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el 28 de mayo, Día Internacional de la Salud de la Mujer, y el 25 de noviembre, Día de la No Violencia contra las Mujeres.272 Elvira evoca sus recuerdos y explica:

En una etapa consideramos que el nom bre Orocomay no recogía las necesidades, las expectativas, no era un nombre moderno. Y nosotras veíamos que en las imá­ genes corporativas que aparecían en los grupos de mujeres había sím bolos m uy fe ­ ministas, m uy específicos, y cuando cum plim os 10 años nos regalamos un taller, con una m ujer que vino a Barranquilla y nos trabajó lo que significaba la imagen

varios procesos de reestructuración en que gran parte de las socias iniciales se han retirado, se han vinculado a la organización: Mónica Durán Scott, Jaidy Madera Calderón, Nidia Romero Cabas, Lilia Fernández Aguas, Elvira Camacho Piña, Yajaira Rivera Lara, Irma Cantillo Bolaño, Zulma Chacín de Luque, María Ester Correa y María Cristina Rodríguez.

271 Entrevista colectiva a cuatro mujeres de varias organizaciones reunidas en la sede de Oroco­ may: Elvira Camacho, coordinadora y antigua en la organización, Josefina Miranda, abogada radicada en Ciénaga (Magdalena), Marlyn Arévalo, profesora de la Universidad del Magda­ lena, Cecilia Fernández Díaz Granados, maestra y sindicalista, todas vinculadas a IMP.

272 ídem.

corporativa en una organización. [Concluimos que] no podíamos cambiar el nom ­ bre Orocomay porque hacía parte de nuestra historia; oro significa brillo, poder, y

may, ternura.

En el caso de Santa Marta, como en el de otras ciudades, como Carta­ gena, y en alguna m edida Bucaramanga, los grupos de mujeres de esta gene­ ración no se plantean desde un primer m om ento una orientación feminista consciente y/o explícita, aunque seguramente hay excepciones en cada una de ellas. Por consiguiente, un compromiso de mujeres, además feminista, en la primera etapa, no es m uy evidente, pero con el correr del tiempo y los apor­ tes de aquellas que viajan dentro y fuera del país, y las ideas que circulan, en los cursos, en Internet, en los encuentros, “nosotras fuimos haciendo concien­ c ia ... ¿un grupo para qué? Y ahí se empezaron a dar discusiones sobre todo lo que pasaba en el país. Y así nos metimos en el cuento”, dice Elvira Camacho para referirse al fem inism o.273

Sin em bargo, es posible afirmar que aun siendo hoy m ucho más amplia la circulación y difusión del discurso fem inista en sus distintas versiones, así com o am plia la procedencia de las m ujeres — de sectores urbano-populares, rurales, de com unidades afrodescendientes e indígenas, “pobres históricos”, población desplazada por la g u erra—, esto hace im posible y no deseable adoptar/im poner una opción fem inista hegem ónica entre las bases sociales del m ovim iento. En cada intercam bio con las m ujeres se evidencia que ellas son m ucho m ás sensibles y receptivas, en los tiem pos recientes, a un dis­ curso diseñado desde “la perspectiva de género” o por “la defensa de los derechos de las m ujeres”, m ás que desde una convicción fem inista explícita y consciente.

La historia de Orocomay se mezcla inevitablemente con los proyectos de una de sus promotoras, proveniente de Córdoba y Sucre: Yusmidia Solano. Con ella surge ese proyecto que parece form ar parte de su existencia: el sueño de constituir una Red de Mujeres de la región Caribe, en el que se embarca con Orocom ay tres años después de un primer intento de creación de esta orga­ nización, y a partir de algunos reajustes en su composición y orientación po­ lítica. Así, la prim era etapa de esta iniciativa tiene sede en Santa Marta, en la

Corporación Orocomay, vinculada a la Red N acional de Mujeres; la segunda, en Barranquilla, en la Asociación para la Promoción de la Familia (Aprodefa), liderada por Audes Jim énez y vinculada a un proyecto nacional, Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz. Así, la Red Regional de Mujeres del Caribe, luego de un período de limitadas posibilidades de encuentro entre las organi­ zaciones regionales, a través del proyecto IM P reactiva el proceso de formación de esta estrategia en los departam entos del Caribe colom biano. Sin perder de vista la relación de Orocomay con la Red Caribe, paso a ocuparm e de la his­ toria de este proceso.

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