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Atendiendo a las características de los procesos en estudio, asumo que la com binación y complementariedad de enfoques es adecuada a la intención de analizar los discursos y las prácticas de los movimientos organizados de mujeres, desde dentro, con un sentido relacional, en interacción con el contex­ to y con otros grupos/movimientos y con el Estado.

Las teorías constructivistas de los m ovim ientos sociales contem porá­ neos reconocen un fuerte componente discursivo en su definición como actor social y en su comprensión conceptual; de acuerdo con esta interpretación, lo discursivo constituye, da forma, transforma y (re)orienta la acción de eso que se nombra como movimiento social.

Adopto entonces una com prensión de los movim ientos sociales a partir de sus discursos y prácticas en los procesos de organización, movilización so­ cial y difusión de sus propuestas.97 La comprensión constructivista del movi­ miento y su captura conceptual a través de sus discursos — los propios y los de otros actores sobre aquél — permiten abordar sus trayectorias organizati­ vas, sus conflictos, así como los marcos interpretativos construidos en su inte­ racción con la sociedad, a partir de los cuales reorientarán sus objetivos.

El enfoque constructivista que asumo98 insiste menos en una explicación por factores externos determ inantes (como la estructura, el contexto, la clase)

96 Según Manuel Castells, “ninguna identidad puede ser una esencia y ninguna identidad tiene, per se, un valor progresista o regresivo fuera de su contexto histórico. Un asunto diferente y muy importante, son los beneficios de cada identidad para la gente que pertenece a ella”, en La era de la información: el poder de la identidad, vol. 2, Madrid, Alianza, 1997, p. 30.

97 José Manuel Sabucedo, op. cit., p. 171.

98 Enrique Larafta, La construcción de los movimientos sociales, primera parte, caps. 2 y 3, Madrid, Alianza, 1999.

y privilegia el análisis de lo que acontece en el interior del movimiento: en los procesos cognoscitivos en los que se gestan identidades y marcos de significa­ ción; en los que se producen atribuciones de sentido normativo, simbólico y sentidos de solidaridad o antagonismos.

El contexto es, en esta comprensión, un elem ento im portante con el cual interactúa el movimiento, no un determinante a priori de la acción y las identi­ dades mismas. Frente a la idea de actores sociales abstractos, preconstituidos, inalterables en el tiempo, este enfoque concibe la acción colectiva en constante transform ación."

En esta misma línea de análisis de la acción colectiva, discurso y organi­ zación son parte de la misma realidad que se debe interpretar. El discurso de los movimientos sociales brinda una manera de entender el mundo, y la orga­ nización es el medio por el cual se difunde el discurso y se propicia el logro o desarrollo del proyecto contenido en el discurso.

Las form aciones sociales, com o los grupos étnicos, las culturas, las naciones o los géneros no deben ser consideradas com o totalidades supra-subjetivas que gene­ ran y determ inan la acción humana. Por el contrario, deben ser interpretadas com o construcciones políticas, por tanto, resultado de la historia, es decir, provisionales y reemplazables.100

Así enmarcado el trabajo, estoy asumiendo la noción de discurso con la consideración de que éste tiene una importancia decisiva en la configuración de la realidad social,101 visión que coincide con el enfoque constructivista. En­ tiendo entonces el discurso com o constitutivo y constituyente de la realidad

99 Cfr. José Manuel Sabucedo, op. cit., pp. 165-178.

100 María Eugenia Ibarra, Transformaciones identitarias de las mujeres como resultado de su par­ ticipación política en las guerrillas y en las acciones colectivas por la paz en Colombia, Madrid, Universidad Complutense, tesis de grado en ciencias políticas y sociología, 2006 (versión electrónica del primer capítulo cedida por la autora).

101 La capacidad “realizativa” o “performativa” del discurso tiene diversas trayectorias en la literatura especializada. El lingüista inglés J. L. Austin introdujo una propuesta según la cual la enunciación de un discurso constituye al mismo tiempo un acto que realiza lo enunciado (en J. L. Austin, How to do Things with Words, Oxford, Oxford University Press, 1962; Peter Berger y Thomas Luchmann, La construcción social de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu, 2005; John R. Searle, La construcción de la realidad social, Buenos Aires, Paidós, 1995).

social, al tiempo que orientador de la acción. Esta perspectiva rompe la oposi­ ción discursivo/extradiscursivo, pensamiento/realidad, amplía el campo del que pueden dar cuenta las relaciones sociales y admite la contradicción.102 Siguiendo a Foucault, no pretendo tratar los discursos como conjuntos de sig­ nos (de elementos significantes que envían a contenidos o a representaciones), sino como prácticas que forman sistemáticamente los objetos de que hablan.103

En este sentido, una formación discursiva está definida por una regulari­ dad (un orden, correlaciones, posiciones en funcionamiento, transformaciones) entre los objetos, los tipos de enunciación, los conceptos, las elecciones tem á­ ticas.104 Es este sistema de relaciones el que permite la creación sistemática de objetivos, conceptos y estrategias; tales relaciones definen las condiciones bajo las cuales pueden incorporarse al discurso objetos, conceptos, teorías y estrategias, a la vez que ese sistema define un campo, crea una formación discur­ siva particular.

De esta misma perspectiva del discurso se desprenden criterios y con­ ceptos que resultan fundam entales para la lectura de los m ovim ientos que aquí me propongo:

Por una parte, el carácter incompleto, no clausurado de toda formación discursiva y, al mismo tiempo, el carácter relacional y m óvil de toda identi­ dad. De allí la afirmación de Laclau y Mouffe de que “no es la pobreza de sig­ nificados, sino, al contrario, la polisemia, la que desarticula una estructura discursiva”.105 Esta postura me permite defender una hipótesis de lectura so­ bre la “fragm entación” que percibe de otra manera las tensiones, los nudos y rupturas de los m ovim ientos sociales.

Por otra, conceptos como articulación y sobredeterminación confluyen en el mismo propósito: la articulación se entiende como toda práctica que esta­ blece una relación tal entre elementos, que la identidad de éstos resulta modi­ ficada como resultado de esa práctica.

102 Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2004, pp. 149 y 150.

103 Michel Foucault, La arqueología del saber, México, Siglo XXI, 1984, pp. 80-81. Ibid., pp. 62-63.

105 Laclau y Mouffe, op. cit., p. 154.

Negar la existencia de un vínculo a priori necesario, entre las posiciones de sujeto, no quiere decir que no haya constantes esfuerzos para establecer entre ellas víncu­ los históricos, contingentes y variables. Este tipo de vínculo [...] es lo que designa­ mos como “ articulación” . Aunque no exista un vínculo necesario entre las diferentes posiciones de sujeto, en el campo de la política siempre hay discursos que tratan de proveer una articulación entre ellas desde diferentes puntos de partida. [...] no hay ninguna posición de sujetos cuyos vínculos con otros estén asegurados de manera definitiva y, por tanto, no hay identidad social que pueda ser completa y permanen­ tem ente adquirida. Ello no significa, sin embargo, que no podamos retener nociones com o “ clase trabajadora” , “ varones” , “ mujeres” , “ negras” y otros significantes que se refieran a sujetos colectivos.106

A esta com prensión de las articulaciones habría que añadir que éstas en su aplicación a los m ovimientos no son algo mecánico sino estratégico, con al­ tos componentes de racionalidad (instrumental, si se quiere), tienen una fina­ lidad, un propósito, pero también importantes dosis de com prom iso, pasión, deseos, sueños y proyectos.

Por su parte la noción de sobredeterminación parte de una crítica a las pos­ turas esencialistas y quiere mostrar la dispersión y reagregación social y política que define nuevas lógicas de constitución de los sujetos sociales. Es decir que

Estamos en el campo de la sobredeterminación de unas identidades por otras. No se trata, sin embargo, de la dispersión absoluta de las posicionalidades, ni de la unifica­ ción, igualmente absoluta, en un “ sujeto trascendente” , sino de reconocer el carác­ ter polisémico, ambiguo e incompleto que la sobredeterminación incorpora en toda identidad discursiva.107

En esta misma línea de análisis sigo las huellas del trabajo de Arturo Es­ cobar,108 quien sostiene que el sistema de relaciones en toda form ación discur­ siva también establece una práctica discursiva que determ ina las reglas del juego

106 Ibid., pp. 142-143; véase “Feminismo, ciudadanía y política democrática radical”, en Chantal Mouffe (ed.), El retorno de lo político, Barcelona, Paidós, 1999, p. 16.

107 Laclau y Mouffe, op. cit., pp. 142,163-164. 108 Arturo Escobar, La invención..., op. cit.

en el respectivo campo: quién puede hablar, desde qué punto de vista, con qué autoridad y según qué calificaciones define las reglas que deben seguir­ se para el surgimiento, denominación, análisis y eventual transformación de cualquier problema, teoría u objeto en un plan o política.109

En esta com prensión, form an parte del discurso los valores y las concep­ ciones que tiene el mundo “desarrollado” del “atrasado” y, en consecuencia, elementos com o el etnocentrismo y el patriarcalismo dominantes en el Occiden­ te moderno, los cuales ingresan al campo discursivo del desarrollo.110 En este sentido habría que añadir preguntas acerca de qué discursos se excluyen o niegan, y cóm o se reproducen en los discursos los proyectos hegemónicos.111

Con respecto al trabajo de Escobar, pretendo acercarme a la construc­ ción e institucionalización del discurso global sobre la mujer, con el supuesto de que esta trama de instituciones, organismos, convenciones, acuerdos y leyes; teorías, conceptos y categorías; métodos, estrategias y técnicas, no existe in­ dependientemente de unas agendas y unos actores sociales que la ponen en m archa, agendas y actores con intereses, relaciones de poder, concepciones de mundo y de futuro, al tiempo que con valoraciones particulares sobre las culturas, las prácticas y las formas de vida de las y los otros(as).

Deseo insistir en que este “aparato” institucional es creación humana y no funciona de modo unidireccional: “otros” y “otras” con sus discursos, sus prácticas, sus proyectos y propósitos, también juegan estratégicamente en esta construcción, y no son necesariamente agentes pasivos de las intervencio­ nes. En este escenario de relaciones de poder se han construido, reconstruido y transformado los discursos y las prácticas de las mujeres sobre sí mismas y sobre el horizonte de sentido que construyen.

Debo subrayar unas decisiones que tienen que ver con la pretensión de centrar la investigación en los discursos y las prácticas de las mujeres y su acción

109 Objetos son, en este caso, la pobreza, la tecnología, el crecimiento demográfico; también los valores culturales, los componentes étnicos, raciales, religiosos y geopolíticos asociados en este caso al problema del “atraso”. Es decir, todo aquello que la mirada del experto(a) hace visible, objetiviza, para la intervención o la investigación. Ibid. pp. 88-89.

110 Ibid., p. 92.

111 Véase al.respecto Walter Mignolo, Historias locales/diseños globales..., op. cit.; Santiago Cas- tro-Gómez, La hybris del punto cero, Editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2005, p. 42.

política crítica del orden patriarcal. En este sentido, mi enfoque confiere m e­ nor peso a la construcción del dispositivo analítico interpretativo de aquellas estrategias que pueden subordinar el discurso que pretendo destacar. En este mismo sentido hago uso de las fuentes bibliográficas privilegiando la litera­ tura escrita por mujeres, así com o la relación que se establece entre el m ovi­ miento y el contexto.

Desde otro ángulo, pero con el mismo sentido de potenciar la acción y el discurso de las mujeres, ahora en las regiones, y teniendo en cuenta que los metadiscursos globales y nacionales subordinan la acción colectiva em ­ pírica regional/local, confiero a esta localización una particular im portancia en el desarrollo del trabajo, sustentada en la diferencia geopolítica y cultural existente entre regiones, y entre éstas y el centro, sin olvidar el telón de fon­ do global/nacional.

En esta dirección, y consistentemente con el enfoque asumido, opté por el siguiente modus operandi, que ha guiado este trabajo de investigación:

La propuesta metodológica básica se sustenta en una aproxim ación cua­ litativa fenomenológica, es decir, centrada en las experiencias intersubjetivas de las protagonistas, siempre en interacción con el contexto. Sigo, por tanto, unos criterios cualitativos para rastrear la información, procurando dar cuenta de las diferencias (políticas, culturales, generacionales, históricas, étnicas, entre otras), dado el carácter heterogéneo y cam biante del movimiento.

Para ello utilizo, adem ás de las convencionales fuentes bibliográficas y docum entales, la entrevista, unas veces individual, otras colectiva, que se torna en muchas ocasiones conversaciones en las que quien interroga toma parte en el diálogo, pero, igualm ente, en otras — como lo sugiere el enfoque fenom enológico—, intento poner entre paréntesis el propio juicio. Este esfuer­ zo es así m ismo consistente con la idea de dejar hablar y escuchar las voces de las mujeres, razón por la cual buena parte de las narraciones de las protagonistas quedan registradas incluso con sus expresiones idiosincrásicas. Buena parte de esta intención está inspirada en los debates y propuestas de los estudios culturales y de la subalternidad. En este mismo sentido, creo que seguir las huellas del m ovim iento es transitar en muy buena m edida por fuera de la aca­ demia, pues a quienes interpelo son preferencialm ente activistas, profesiona­ les en ONG, expertas en distintos temas relacionados con la problem ática de mujeres/fem inistas, aunque algunas también son académicas.

Así mismo, en el proceso de la entrevista/ conversación no sólo se evocan los recuerdos de momentos y eventos personales y fundacionales del movimiento, de iniciación de las mujeres en su experiencia de militantes, activistas, académi­ cas o profesionales, sino que se abren los baúles, los archivos fotográficos, de recortes de prensa, de folletos, chapolas, escritos y archivos electrónicos, por supuesto. De muchas partes del país llegaron a mis manos, por intermediación de otras mujeres, documentos electrónicos que contienen desde reflexiones per­ sonales, pasando por artículos inéditos, hasta tesis de maestría y doctorado, parciales o totales. Así mismo, una fuente riquísima de información son las pu­ blicaciones de las redes y de los centros de documentación de organizaciones.

Por otra parte, y asum iendo íntegramente el compromiso de no ser aje­ na a los procesos vividos, cada m om ento de interacción con las mujeres en muchos de los espacios y eventos en que tuve la posibilidad de estar a lo largo de tres años, me otorgó una condición particular de participante desde dentro, en ocasiones en roles muy activos (coordinando o participando en talleres, es­ cribiendo documentos de reflexión), pero ante todo escuchando y aprendiendo de mujeres del movim iento con experiencias en la acción, en la plaza, en la ca­ lle, en los barrios, en las comunidades rurales y en los resguardos. Escuchar y aprender de viva voz de mujeres, vivencias que no se conocen ni aprenden en los libros, ha sido parte del acumulado personal de este trabajo.

La más relevante de las decisiones metodológicas asumidas tiene que ver con el énfasis regional que he otorgado a la investigación: frente a la impo­ sibilidad de cubrir adecuadamente procesos que tienen lugar en toda la geo­ grafía colom biana, y existiendo un buen soporte investigativo e informativo sobre procesos históricos nacionales, he optado por una mirada que dé cuenta de procesos e historias localizados en dos regiones del país, cercanas a mi expe­ riencia cultural y existencial. Ellas son la región Caribe y la región nororiental de Colombia. En cada región se recogen historias y procesos que algunas pro­ tagonistas del movimiento han construido a lo largo de su existencia.

El énfasis regional no descarta, sin em bargo, el contexto y la dinámica nacional del movimiento. Si bien el privilegio de la región quiere subrayar su importancia en la dinámica del movimiento en general y sus diferencias, esto se hace a su vez porque las lecturas desde el centro capital son dominantes y subor­ dinan lo regional. No obstante, el ingreso por lo regional, a la vez que implica descubrir los procesos de construcción autónoma, descubre también el tipo de relación que se establece con las iniciativas nacionales.

Así las cosas, lo que hago en este caso es invertir una lógica, la lógica centro-región, por la de región-centro. Pero en el proceso reconstructivo, el acercamiento inicial se hizo a escenarios nacionales desde la ciudad capital, porque indiscutiblemente todo pasa por/en Bogotá: reuniones nacionales de balance y perspectivas, asambleas, seminarios, talleres nacionales, así como eventos internacionales. Si bien estos eventos se realizan en la capital, ofrecen la ventaja de poder tener reunidas en tiempo y espacio a representantes de las regiones más distantes de mis propias posibilidades, como el archipiélago de San Andrés o Quibdó, por ejemplo. Sin em bargo, dar cuenta de cada lugar de la geografía supera las posibilidades de este trabajo. Efectivam ente, la co­ bertura geográfica es restringida y no da cuenta de procesos muy importantes en otras regiones y ciudades del país, como M edellin o Cali, por ejemplo.

Tengo, por supuesto, un conjunto de preguntas que desde su concepción animan el propósito de esta investigación; algunas de ellas se han transformado en el proceso, otras se mantienen; unas superan las posibilidades de un tra­ bajo acotado en tiempo y espacio, como éste, y quedan como parte de los re­ tos para otros trabajos, y ante todo, como desafíos para el propio movimiento; otras emergen en el proceso mismo de búsqueda: ¿qué incidencia tienen las prácticas y los discursos de las mujeres en la transform ación de estructuras y relaciones sociales patriarcales? ¿En qué espacios se construyen y resigni- fican tales prácticas y discursos? ¿Cuáles son las form as organizativas domi­ nantes? ¿Qué contradicciones y articulaciones producen en la movilización? ¿Cuáles son los temas y los problemas alrededor de los cuales se organizan? ¿Qué pasa con las reivindicaciones propiam ente fem eninas cuando éstas son desplazadas por otras más generales, como la guerra y la paz, por ejemplo? ¿Qué papel juegan en estos procesos aspectos del contexto de orden geopolí- tico, económico y cultural?

En síntesis, indago por los procesos en los cuales los m ovim ientos socia­ les de mujeres se constituyen como actores políticos, en qué contextos y con qué consecuencias (buscadas o perversas) para el proyecto de transformación construido por el feminismo de la segunda ola.

LA AGENDA GLOBAL Y LA INSTITUCIONALIZACIÓN

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