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AUTORIDAD Y RESPONSABILIDAD

In document Fundamentos de Antropología - YEPES (página 110-112)

5 LA CIENCIA, LOS VALORES Y LA VERDAD

6.9. AUTORIDAD Y RESPONSABILIDAD

El justo medio de la libertad social no puede prescindir ni de la libertad ni de la autoridad. Para ello pone el acento en la responsabilidad social de las personas. La autoridad es necesaria, y la libertad también. No puede prescindirse de ninguna de las dos, que es lo que tienden a hacer, respe- ctivamente, la tolerancia y el fundamentalismo, con la inevitable consecue- ncia del declive de la responsabilidad individual. Conseguir un uso respon- sable de la libertad obliga a preocuparse de que el sistema educativo tra-

nsmita valores morales (12.11, 17.9), entre los cuales debe ocupar un

lugar importante la utilidad social (13.8), en todos sus aspectos. Esto lo veremos más ampliamente al tratar de la importancia que para una socied- ad tienen sus tradiciones (9.8).

Por otra parte, es cierta la afirmación de muchos convencidos liberales330 de que la libertad es el motor de la historia, de la economía, de la políti-

ca, de la ciencia y de la sociedad entera. La creatividad humana no se

despliega si no es en un clima de libertad que, no sólo la permita, sino que la aliente. Por ejemplo, un estado que no estimule a los empresarios a inve- rtir, creará pobreza, no riqueza. La libertad es especialmente necesaria en el terreno económico y social: es preciso un clima de confianza y de apo- yo a la iniciativa privada.

La iniciativa privada es la mayor riqueza de una sociedad (I 3.6), y según

la mayor o menor importancia que se le dé, se diseñarán sistemas econó- micos socialistas o liberales (14.8). Sólo los pueblos libres son capaces

de progresar. Cuando no hay libertad, la vida social se paraliza, decae la

búsqueda de la verdad, desaparece la responsabilidad y la iniciativa, sob- revienen nuevas formas de miseria331, sobre todo culturales y económic- as. Para que todo esto se dé, es preciso que la autoridad no sea despóti-

ca, sino política, según una distinción que estableció Aristóteles332: a) Autoridad despótica es aquella que trata a los inferiores como instrum- entos inertes y mecánicos (déspota significa amo, propietario de esclavo- s). El uso que un carpintero hace del martillo un uso despótico, y esto qui- ere decir que el martillo no es libre, ni pone de su parte ninguna iniciativa (si la pusiera se originarían complicaciones: se iría de las manos). La auto-

ridad despótica es la adecuada para manejar instrumentos técnicos.

b) Autoridad política es aquella que trata a los inferiores como a seres lib- res, capaces de ejercer la inteligencia: las órdenes de la autoridad política se dan mediante el lenguaje, y se espera que el receptor las entienda y ejecute, poniendo en ellas su propia personalidad, ideas e iniciativa. La

autoridad política es la adecuada para mandar sobre las personas hum- anas, sean niños pequeños, empleados, alumnos, hijos, subordinados, cli-

La autoridad política es la que los hombres libres se dan a sí mismos,

para gobernarse cuando viven en sociedad. Cuando se manda con auto- ridad despótica sobre personas humanas, se les rebaja a la condición de instrumentos inertes, y sobreviene la falta de libertad, el autoritarismo (6.8), la rebelión y el desorden. Es mucho más fácil ejercer la autoridad d- espótica que la política, porque esta última exige el diálogo, la argumenta- ción razonada, la rectificación y mejora de las órdenes. Pero es la segun- da la adecuada para mandar sobre seres humanos, porque respeta la

libertad, apela a la responsabilidad, fomenta el diálogo y busca la pers- uasión racional, no la imposición autoritaria (9.5).

Uno de los aprendizajes más difíciles para el hombre es saber ejercer a-

utoridad política sobre los subordinados (11. 11), y no apelar a procedi-

mientos despóticos, retirando la confianza a la gente, quitándoles la oport- unidad de demostrar lo que valen y pueden. Lo fácil es dar golpes o repri- mir de modo violento. Lo difícil es confiar en las personas y convencer mediante el diálogo racional argumentado: «porque lo digo yo» no es ning- ún argumento, sino imposición voluntarista, ineficaz para dirigir hombres. A su vez, saber obedecer supone no eludir las órdenes: si lo súbditos no aceptan al que manda, o no le hacen caso, se paraliza la tarea común (9.6). Saber mandar y saber obedecer son requisitos necesarios para que exista autoridad política. Existe en ella un doble flujo: el que manda emite una orden al que obedece. Este la acepta y la ejerce, pero a su vez, ante los resultados (5.2) emite sugerencias de cambio, y así se establece el re- flujo, la aceptación por parte del que manda de un diálogo con los subordi- nados acerca de las condiciones de trabajo, los resultados obtenidos, etc. Si el que manda rechaza el reflujo, los subordinados a su vez dejan de a- ceptar el flujo de las órdenes, y se interrumpe el diálogo: se pasa entonc-

es a formas de autoridad despótica por parte de ambos, se apela a la fue-

rza como medio de presión, se abandona el diálogo, etc.333.

Cuando se confía en las personas, éstas se crecen y aumentan su crea- tividad, Su rendimiento y su motivación. Lo que hay que hacer es pedirles responsabilidades y conseguir que hagan suyas las órdenes. El mejor modo de que crezca la libertad social es que el que manda sepa ejercer la

autoridad política y aliente la libertad y la iniciativa, y que el que obedece acepte las órdenes y las ejecute de modo racional, libre y responsable,

haciéndose cargo de las consecuencias de su actuación. Todo esto pre- supone el diálogo racional (3.2.3) entre los que mandan y los que obedec- en, que es el único modo de garantizar un uso responsable de la libertad y en consecuencia, una sociedad realmente libre334. Como se ve, la consid- eración de la libertad social nos Lleva directamente a una gran cantidad de asuntos que tienen que ver con la convivencia humana, y que serán abo- rdados en su momento (9.4).

333En 9.5 se amplían estas ideas desde la consideración de la vida social. 334 Siguiendo una inspiración aristotélica, S. Rus y L. Polo proponen, en El

problema de la Fundamentación del Derecho, Universidad de Valladolid,

1987, 160-185, un modelo organizativo de sociedad basado en esto tipo de relaciones entre los que dirigen y los dirigidos.

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