CAPÍTULO IV MODOS DE APREHENSIÓN.
N. B Vuelvo a insistir en la necesidad de ubicar cada dato en el con-
texto de toda la prueba, y más aún, en el conjunto de lo que se conoce del sujeto examinado: si las G, aún en un número elevado, tienen con- tenidos desagradables, sado-masoquistas, deterioro y similares ( como
26 .- “Ambición” deriva de “ambire”, que significa rodear con ambos brazos, abarcar ; de allí su relación con las G y con la oralidad.
los que suelen llamarse“mórbidos”) y en general evidentes signos de conß icto, tendrán seguramente otra signiÞ cación que la arriba enun- ciada; si las G son muy pocas, en una persona de la que sabemos que dispone de buena inteligencia, la disminución no se relaciona segura- mente con una característica “aptitudinal”, sino con problemas de otra índole; nada nos dice pues la cantidad de G, si no atendemos a los otros aspectos de las respuestas, que nos pueden indicar que las G surgen a veces de procesos psicológicos diferentes, y consiguientemente no tienen todas la misma signiÞ cación.
La “tendencia al detallamiento” surge de la inclinación a un pensamiento algo más evolucionado y diferenciado, indica el predominio de la conciencia, de la aceptación de los límites de la realidad, del súper yo. 27 – está representada por un -. relativo-
aumento de D y en particular de Dd, pequeños y de buen ajuste formal –
Si ambas tendencias –globalización y detallamiento - con- ß uyen, gobernándose recíprocamente, resultan las G combina- torias, que señalan amplitud de visión e igualmente una fuerte actitud consciente estructurante: tal sería la situación de produc- tividad (que se corresponde mejor con la “genitalidad” que los D).
En suma: las (buenas) G indican buen nivel de la ener- gía psíquica, ambición, visión de futuro, optimismo, todas estas, condiciones para la realización; lo que se refuerza en las buenas combinatorias complejas: “Cuanto más organizada es la G, más fuerte es la tendencia a no dejar nada librado al azar, de modo que todo en la vida concurra al cumplimiento de metas amplias, tal vez difíciles de alcanzar pero reconocidamente valiosas; hay esfuerzo y capacidad para planiÞ car el futuro mediante activi- dades organizadas”(Piotrowski, op.cit. 78); La calidad de la rea- lización entonces posible estará en relación con la calidad de las G (su adecuación formal, complejidad y originalidad), mientras
27 .-Algunas experiencias indican que la ingesta de alcohol disminuye el número de Dd; será por que, lo mismo que el súper yo, los Dd son solubles en alcohol... igual que la conciencia que representan...
que la posibilidad de realización concreta dependerá de los fac- tores que determinan la conducta motriz maniÞ esta: la fuerza ordenada de los impulsos, que se maniÞ esta en las respuestas cromáticas; por eso, cuanto más RC, de modo absoluto y rela- tivo, más disposición a la acción. Esto se refuerza con las M de extensión, sobre todo las de contenido activo y/o agresivo que apoyan la realización en cuanto implican el deseo del sujeto de imponerse y dominar; también con las B, en cuanto agresividad “positiva” (iniciativa, disposición a superar obstáculos).
Pero puede haber en el protocolo factores que conspiren contra las posibilidades de realización: varios claroscuros (RK) diÞ cultan la actividad exterior aunque haya RC; M pasivas, que señalan rechazo de la competición, sugieren que los planes pue- den quedar en meros deseos.
El “Tipo vivencial” debe ser particularmente atendido: en extrotensivos normales o dilatados es mayor la tendencia a ac- tuar sobre el mundo exterior; si en cambio el T.V.es fuertemente introtrotensivo, la realización puede quedar en proyectos y efec- tuarse sólo en la fantasía. En tipos coartados, posiblemente haya bloqueos que resten efectividad.
La proporción M : G tiene que ver con la relación entre actividad interior y capacidad productiva: si hay muchas G y po- cas M, probablemente haya ambiciones y un nivel de aspiracio- nes mayor que los recursos internos; en estos casos puede suce- der que las muchas G estén indicando necesidad de compensar sentimientos de insuÞ ciencia.
Si por el contrario, hay muchas M y pocas G, puede pen- sarse que el sujeto preÞ ere sus “sueños” y tiende poco a la “pro- ductividad” en la realidad.
G y función sintética del yo
Un aspecto muy importante sobre el que se pueden obtener datos deduciéndolos del nivel de organización (recuérdese que lo dicho sobre esto en las G, en su medida se puede aplicar a los restantes modos de aprehensión), está referido a la “función sintética del yo”; este concepto, insinuado
ya por Freud 28 y desarrollado después por Nunberg (24) y otros
autores, es descrito como una función que evoluciona a la par de la cristalización y maduración del yo; se maniÞ esta en la capacidad de éste para intermediar entre elementos internos y externos, para poner en consonancia ideas y conß ictos, y sobre todo en una gran necesidad de causalidad; cuanto menos integrado está el yo, más fácilmente tolera contradicciones y establece falsas relaciones causales, que denuncian la presencia del P.P. (frecuentemente justiÞ cadas mediante racionalizaciones, cuando todavía puede intervenir el P.S.). Cuando el yo debilitado ya no reprime suÞ cientemente, surge el temor a verse invadido por elementos primitivos, acentuándose entonces una gran necesidad de causalidad, de organización.
Muchas Gv son típicas del esfuerzo del yo para mante- ner una síntesis que ya casi no funciona; señalan una integración aparente, una solidez artiÞ cial.
Cuando hay esta falla en el yo, todo tipo de respuesta combinatoria, sea o no G, expresa la necesidad de unidad, de sín- tesis y relación causal. Muchas G combinatorias, forzadas, mal logradas, a veces como una simple sumatoria de partes, indican la necesidad del sujeto de organización y unidad a toda costa. En el esfuerzo por llegar a las G (a veces con expresiones de frustra- ción por no lograrlo), en los comentarios sobre la “dispersión” de la lámina (se ve particularmente en la X), se percibe el esfuer- zo del sujeto angustiado por la deÞ ciencia del yo en su función sintética. En neuróticos es frecuente la ansiosa búsqueda de re- laciones; particularmente los paranoides establecen relación aún entre respuestas de varias láminas, como buscando una unidad para todo el test.
En la forma paranoide de esquizofrenia, la función sin- tética del yo se deÞ ende aún de su derrumbe: al estudiar Hertz los signos Rorschach de 35 esquizofrénicos paranoides, sobre diez indicadores que establece, los cuatro primeros se reÞ eren a la organización de las respuestas: observa una fuerte tendencia
28 .- Freud habla de esto al tratar en 1900 la interpretación de los sueños, y después en “Totem y Tabú”; considera que es tarea del yo conciliar demandas conflictivas del ello, superyo y mundo real; dice también que es la tendencia del pensamiento establecer un orden del material disponible de modo que se integre un todo inteligible.
a organizar, incluso relacionando detalles con áreas del fondo, pero con mal nivel formal; muchas veces las relaciones son in- apropiadas y aún bizarras. 29 También en orgánicos cerebrales es
perceptible la diÞ cultad y el esfuerzo para lograr G (25). 30
Evaluación cuantitativa
La mayoría de las G en un protocolo “promedio” son del tipo Ges..- Las Gv., más las pocas “amorfas”, llegan a ser un 14 %; las que incluyen de alguna forma el fondo, son 6%, y las combinatorias mas o menos complejas (que combinan más de dos áreas), 5%. (Porcentajes sobre el total de G del protocolo). Es decir: en un protocolo de unas 25 R, habría 1 ó dos Gv (nubes, paisaje), alguna GB o Gb (máscara, mariposa con manchas), alguna Gc mas o menos compleja, y el resto, Ges. o “combinatorias sencillas”.
En casi todas las láminas se producen con relativa facili- dad respuestas G más o menos vagas o “banales”; pero no todas facilitan en la misma medida las buenas G, sean esquemáticas superiores o combinatorias; se pueden ordenar en diÞ cultad cre- ciente así las diez láminas: I – V – IV – VI – VII – II - III - VIII - IX – X. ; por supuesto, es más valiosa una buena G producida en una lámina “difícil”. (La III se ubica en ese lugar no como “G técnica”, sino en cuanto se incluyen las áreas rojas).
Porcentualmente, se espera un 40 – 50 % de G 31; los que
estiman que la presencia de G en un protocolo debe considerarse como número absoluto, para una inteligencia media esperan por lo menos – en un protocolo con un número normal de respues- tas- seis G y dos M, para un nivel intelectual mejor, al menos ocho G y cuatro M.
29 .- “Se llama bizarra a una combinación insólita de cualidades que dan la impresión de lo extraño y fantástico, y parecen expresar una intención desconcertante de paradoja e ilogicidad”. “El grado en que la convicción delirante se separa de la realidad culturalmente consensuada”
30 .- Ver en “Fenómenos especiales” lo referido a las reacciones ante la fragmentación del estímulo.
31 .- Posiblemente este % sea algo mayor que el de la población general, ya que la muestra analizada estaba compuesta de personas residentes en una gran ciudad, de instrucción media o superior, y de nivel intelectual algo superior al término medio, factores todos que contribuyen a aumentar el número de G.
En caso de una variación grande del % de G, la interpre- tación dependerá también del “modo” que correlativamente va- ríe.
Una disminución muy notable de G habiendo evidencias de inteligencia buena (en algunos raros casos hay sólo 1), debe juzgarse como una problema afectivo, no intelectual.
El atender al número absoluto de G tiene su razón de ser: los % están tomados dentro de un R medio ; pero si R sube mu- cho, ya no es muy fácil producir buenas G, por tanto aún para una inteligencia “buena”, no puede esperarse que aumenten porcentualmente en proporción al aumento de R; y si disminuye mucho el R, en una buena inteligencia no tiene por qué disminuir en la misma proporción el número absoluto de G, el % podría en- tonces aumentar. En general, los % tienen su signiÞ cado dentro
de un R medio. Obviamente se debe atender a los factores que
llevan al notable aumento o disminución de R. Las respuestas “G patológicas”
Este tipo de respuestas debe ser observado con cuidado y siem- pre en el contexto del test en particular y de los datos clínicos en general.
Siempre indican la presencia de una lógica primitiva, de x
un pensamiento en el que tienen vigencia los mecanis- mos del proceso primario.
Tienen connotaciones patológicas, y se asocian con con- x
fusión entre marcos de referencia internos y externos, yo y no yo, fantasía y percepción, etc., e indican una necesi- dad de unión y organización a cualquier costo, que de- nuncia falencias tanto más serias en la función sintética del yo, cuando menos comprensibles, más arbitrarias y bizarras son, cuando menos capaz es el sujeto de tener una conciencia crítica de la inadecuación de su respuesta, cuando otros datos clínicos o del test apuntan en la mis- ma dirección patológica.
Aún cuando los demás elementos de juicio parezcan no x
evidenciar otra cosa que un grado de anormalidad me- nos severo, la presencia de este tipo de respuestas debe
alertar sobre la posibilidad de una patología grave aun- que larvada. Rapaport dice que “ una o dos de estas res- puestas en un protocolo pueden ser el único índice de una esquizofrenia simple o de un desorden paranoide oculto…o revelan una desorganización que lleva en sí, potencialmente, un menoscabo psicótico”.
En un protocolo sano no puede haber respuestas de esta x
índole, mucho menos si son muy ilógicas e irreales, sea o no el sujeto capaz de reconocerlas y criticarlas como tales.
Pero si alguna aparece “atenuada”, comprensible, con x
capacidad crítica por parte del examinado, y esto sobre todo en un protocolo fecundo y original, con evidencias de buena inteligencia, puede ser expresión de humor y creatividad; sabemos que suponen un movimiento regre- sivo del pensamiento, pero en este caso sería “voluntario y al servicio del yo”. En la lámina I del Z-Test, un exami- nado dice : “¡Flor de diablo!”, y explica después, riendo: “el centro me pareció una ß or, y toda la mancha, un dia- blo, por eso asocié…” (ambas percepciones por separado son enteramente correctas).
Recuérdese que, si bien presentamos aquí esta modalidad de res- puestas como G, puede encontrarse en otros modos de aprehensión, con semejante signiÞ cación.
Respuestas contaminadas
Las contaminadas “verdaderas” (que cumplen las condiciones propuestas por Piotrowski) son típicas de esquizofrénicos (aunque pueden aparecer en otras psicosis), que no atienden a los límites entre objetos independientes, de modo que los funden en la misma percepción (= condensación). Podrían ser consideradas, como el delirio, “síntomas restitutivos” ante la experiencia de disgregación psíquica propia de la psicosis, y en particular de la esquizofrenia (26). Con frecuencia son expresadas en neologismos.
Ames encontró contaminaciones en niños hasta los cinco años, lo que sería otro indicio de la relación del pensamiento es-
quizofrénico con el infantil, vía regresión.
Para Beck (27), contaminaciones también se encuentran en la excitación maníaca, en encefalopatías, en toxicomanías, y accidentalmente en casos de deÞ ciencia mental.
Los bordelines esquizoides que están al borde de la des- compensación, caracterizan su pensamiento por la tendencia a la contaminación, pero manteniendo conciencia de la naturaleza inapropiada de su percepción, si bien esta tendencia se concreta- rá en contaminaciones verdaderas en los “deslizamientos psicó- ticos” de estos enfermos.
La “tendencia a contaminación”, o “contaminaciones ate- nuadas”, “cruzamientos, mezclas y formas intermedias…donde el control de la realidad está mantenido, el que las interpreta siente estas mezclas como irreales” (Bohm), no son propiamente contaminaciones porque no se da la superposición de perceptos en la misma área. No es fácil establecer con seguridad cuándo se está ante una “tendencia a contaminar” enfermiza, pues el sólo hecho de combinar de modo ajeno a la realidad tangible, aunque sugiere un pensamiento regresivo (como también apare- ce tantas veces en el juego, el arte, etc.) no necesariamente tiene implicaciones patológicas; la mitología nos muestra muchísimos ejemplos, también presentan extrañas combinaciones las gárgo- las de las catedrales medievales, etc.; alguien puede ver en V “El diablo”: cuernos y pies de cabra, alas de murciélago; pero así se lo ha representado desde el medioevo, e incluso así aparece en “Fantasía” de W. Disney; o el D superior de VII, “Cara de chica con orejas de conejo” (“Una conejita de Play Boy”). En cambio, V c: “Dos aves, cogote Þ nito, curiosamente tienen abajo pies huma- nos, acá (salientes laterales) pata y cola, aunque más parecen de perro”, ya tiene un fuerte tuÞ llo a contaminación, y está dentro de un contexto que avala esto. Pero es recomendable examinar bien el protocolo donde hay estas respuestas: nivel evolutivo, sentido de realidad, relación entre el proceso primario y el se- cundario, etc.
En estas “tendencias”, las partes combinadas casi siem- pre son formas bien vistas, y la respuesta completa puede ser F+ (como en el citado ejemplo del “diablo”, o F- (y casi siempre entonces O-), como en el último de los ejemplos .
guramente, O-.
En nuestro grupo de 400 protocolos “normales” y 200 “neuróticos leves” no encontramos ninguna verdadera contami- nación.
Respuestas “confabuladas” DG - DdG
Suponen la presencia del “desplazamiento” como expresión del proceso primario en el pensamiento. Las “peores” – en el sentido de más arbitrarias y bizarras- se las encuentra en psicóticos, orgánicos cerebrales, deÞ cientes mentales, algunos psicópatas y como cosa normal, en niños pequeños; (VI : “elefante” (D2 parece la trompa) ; V : “vaca” (por que las salientes centrales superiores parecen cuernos): VIII: “Interior del cuerpo humano”, (por que en el B1 se ven vértebras y costillas).
Otras no son tan raras ni arbitrarias, y se las puede ver, aunque no con frecuencia, en personas no sospechadas de pato- logía severa (como el “cangrejo,” I, y el “águila”, de I c); parece tratarse entonces de “sujetos que se engañan acerca de la reali- dad, que observan de modo superÞ cial y llenan con sus fanta- sías las lagunas de la observación; personas que sucumben fácil- mente a sus autoengaños, y toman por objetivamente real lo que fantasean”(Zulliger, 62), o indican tendencia a llegar a conclusio- nes sin fundamentos, a apoyarse en evidencias insuÞ cientes; fal- ta de paciencia en llegar a conclusiones, insistencia en conformar la realidad a sus deseos” (Piotrowski, 81). Pero en todos los casos la elemental cautela indica la necesidad de inspeccionar el proto- colo y el caso todo ante el riesgo de que una respuesta aparente- mente “inofensiva” sea “la punta de un iceberg” patológico.
Loosli–Usteri (28), dice que DG con inteligencia al me- nos media, sobre todo si hay un pronunciado egocentrismo ( colores lábiles) hace sospechar tendencias a la mentira y al robo (en acuerdo con Zulliger). Blatt y Auerbach (op. cit.) las han ob- servado también en borderlines. DdG, según Bohm, son más comunes en niños y esquizofrénicos.
Combinaciones confabuladas
ellas “una relación accidental es interpretada como una relación real”; las partes combinadas son casi siempre formas aceptables, pero la relación que se establece entre ellas pasa por alto la lógica realista, realizándose una síntesis apresurada, arbitraria, sin suÞ ciente análisis previo; Holt las llama “combinaciones arbitrarias de percepciones separadas”, y considera que en ellas está el mecanismo de “condensación”.
En normales inteligentes con registros ricos y extensos “pueden aparecer como buscando un efecto humorístico”.
Blatt y Auerbach consideran que estas respuestas apare- cen en todos los tipos de borderlines, y dado que implican infe- rencias ilógicas y no realistas, es más probable que se caracteri- cen por lo sobreespecíÞ co y sobreideacional, lo que es más típico del trastorno de personalidad borderline “introyectivo”.
Estas respuestas, cada tipo en su modalidad, realizan una síntesis apresurada y arbitraria, sin suÞ ciente “capacidad de de- mora” para adecuar la reacción a la realidad; se pueden conside- rar, pues, en la columna de la aprehensión, como equivalentes al color lábil (C) en los determinantes.
La confusión entre lo real y la fantasía que se hace patente en estas respuestas, supone una “pérdida de distancia”, al tomar la lámina como una realidad, y la fantasía como una percepción, con la consiguiente disminución (a veces hasta la anulación) de la “conciencia de interpretación”.
Respuestas de “Detalle” (D)
Todos están acordes en asignarles la función de indicar un enfo- que práctico, concreto de la realidad que se presenta, la actitud de interesarse por las cosas más obvias e inmediatas, por lo que está “más a mano”; puede haber capacidad de análisis, pero no mucha disposición a integrar y organizar. Esto se deduce de la condición perceptual de D, que, según vimos, es un subtotal que “emerge” de la mancha claramente segregado por razones de aislamiento espacial, posición central, diferenciación cromática, etc., y por tanto perceptible sin ningún especial esfuerzo. De allí que se lo considere un “modo” que, -como tal- contribuye limi- tadamente al conocimiento de lo singular de una personalidad e
ilustra poco sobre las diferencias entre los individuos.
Si varios D son también O+, seguramente la persona tiene una buena inteligencia práctica.
En personas inteligentes, muchos D F+ comunes, sin ori- ginalidad, sugieren la presencia de inseguridad, el temor a per- der sus puntos de referencia si no se apoyan en lo obvio e inme- diato, reforzando la capacidad adaptativa en forma de adhesión pasiva a la realidad inmediata.
D con F+ es uno de los “factores de contacto social”, e integra el “síndrome del sentido común”, al que matiza con una particular tonalidad práctica, por lo que su aumento o disminu- ción incidirá en la modalidad de adaptación a la vida cotidiana. Si los D tienen cualidad combinatoria, lo que no es fre- cuente, indican condiciones semejantes a las de las G del mismo tipo, pero para el interés y la acción en ámbitos más limitado y prácticos.
Siendo en general “fáciles”, si son formalmente inadecua- dos hay que buscar el origen del bajo nivel formal, en algún déÞ - cit intelectual o en factores afectivos (choques, por ej.).
Puede esperarse que aproximadamente entre 50 y 60% de las respuestas sean D; pero tanto su aumento como su dismi- nución cobran sentido en el contexto del conjunto de los modos de aprehensión; es decir, según a costa de qué “modo” se logra el